Cómo ha de vivir la iglesia

16/01/2005

Introducción

Todos queremos ver muchas conversiones. Dios es el primero que quiere que eso sea así. No obstante existen impedimentos que no ayudan a que eso sea de esa manera todas las veces. Encontramos en 1 Timoteo 2: 4;<<(Dios) quiere que todos los hombres sean salvos y vengan al conocimiento de la verdad>>

Todos los hombres tenemos responsabilidad; tanto los creyentes, como los impíos en este asunto. Unos en cuanto a cumplir con la Gran Comisión, y los otros en cuanto a estar dispuestos a escuchar y recibir la Palabra.

La Biblia nos enseña acerca de estas cosas, y será bueno prestar atención para poder entender mejor lo que necesitamos entender, para conocer que esperar, y que no; y para saber que hacer, y que no.

La respuesta de los samaritanos (los del mundo)

En el libro de los Hechos de los Apóstoles vemos que, cuando al producirse aquella diáspora motivada por la muerte de Esteban, y la consiguiente persecución en Jerusalén, los discípulos se fueron, esparciéndose por Judea y Samaria (ver Hchs. 8: 1), eso motivó que la Palabra <<corriera y fuera glorificada>> (2 Ts. 3: 1). Felipe el evangelista fue a Samaria, predicando a Cristo, haciendo el Señor a través de él numerosos prodigios y señales (Hchs. 8:1-12).

A los samaritanos (los antiguos israelitas), la Palabra de Cristo a la sazón, todavía no les había llegado como había llegado a Jerusalén y a Judea. Fue Felipe a quien Dios usó, y los samaritanos atendieron a esa Palabra:

(Hechos 8: 5-8) << 5 Entonces Felipe, descendiendo a la ciudad de Samaria, les predicaba a Cristo. 6 La gente, unánime, escuchaba atentamente las cosas que decía Felipe , oyendo y viendo las señales que hacía, 7 pues de muchos que tenían espíritus impuros, salían estos lanzando gritos; y muchos paralíticos y cojos eran sanados; 8 así que había gran gozo en aquella ciudad>> .

Los milagros se producían porque había expectativa por parte de las gentes, porque ESTABAN UNÁNIMES, ESCUCHANDO ATENTAMENTE LAS COSAS QUE DECÍA FELIPE.

Los milagros y las señales, siguen a la exposición de la Palabra (Mc. 16: 20), así que esos samaritanos vieron el poder de Dios a causa de que atendieron a la Palabra.

Así pues, para que haya conversiones, la gente a la que se le predique deberá ser digna del mensaje.

La gente de Samaria había sido preparada por el Espíritu Santo previamente, y por eso recibieron unánimes y atención la predicación de Felipe (Hchs. 8: 6).

La responsabilidad de los creyentes

En cuanto a lo que es nuestra responsabilidad como creyentes, la Palabra nos da ciertas claves para entender cual es el camino en el que deberíamos andar para ver multiplicación en la Iglesia: Hechos 9: 31; << 31 Entonces las iglesias tenían paz por toda Judea, Galilea y Samaria; eran edificadas, andando en el temor del Señor, y se acrecentaban fortalecidas por el Espíritu Santo>>

Esas iglesias, que del griego original se traduce por Iglesia (en singular), eran las que se habían formado por la predicación de Felipe, y la intervención de Pedro y de Juan (Hchs. 8: 14-17), y la obra anónima de muchos discípulos que salieron de la iglesia de Jerusalén a causa de la persecución que se desató después del martirio de Esteban (Hchs. 7).

Entonces, nos dice la Palabra que las iglesias sitas en Judea, Galilea y Samaria, tenían paz, eran edificadas y crecían.

La traducción literal del griego dice así: <<Entretanto, la Iglesia por toda Judea y Galilea y Samaria tenía paz, siendo edificada y andando en el temor del Señor, y con la consolación (o ánimo) del Espíritu Santo, se multiplicaba>> (Hechos 9: 31)

Aquellos que habían prestado atención a las palabras de Felipe y los demás discípulos, y que habían creído en el mensaje, formaban ahora esas congregaciones repartidas por Judea, Galilea y Samaria.

Ahora bien, nos será muy útil analizar con detenimiento cuales eran las características que conformaban la esencia espiritual de esas iglesias.

La iglesia tenía paz

<<Entretanto, la Iglesia por toda Judea y Galilea y Samaria tenía paz …>> :

La paz es el resultado directo de la presencia y obra del Espíritu Santo en el creyente y en la congregación.

Allí donde no se le resiste al Espíritu Santo, hay paz. Allí donde se produce resistencia al Espíritu Santo, no la hay.

La Palabra nos exhorta a busquemos la paz como un bien supremo:

<< 1 Yo, pues, preso en el Señor, os ruego que andéis como es digno de la vocación con que fuisteis llamados: 2 con toda humildad y mansedumbre , soportándoos con paciencia los unos a los otros en amor , 3 procurando mantener la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz >> (Efesios 4: 1)

La unidad que proviene del Espíritu Santo se evidencia por la paz que debemos edificar y cuidar. No se puede mantener la unidad del Espíritu sin la previa paz del Espíritu.

La paz es fruto del Espíritu Santo, y con ella viene la provisión y bendiciones diversas de Dios a los suyos. Sólo en el contexto de la paz viene lo que es de Dios a los suyos. Sin paz, no hay bendición.

Aunque la paz sea la obra directa del Espíritu Santo, no es menos cierto que deberemos cuidarla y mantenerla cada uno de nosotros, así como desearla.

Dice Proverbios 17: 1; <<Mejor es un bocado seco y en paz , que una casa de contiendas llena de provisiones>> . Mejor ser pocos, pero en paz, que muchos, pero sin ella.

Lo contrario de la paz sería : La contienda, la disensión, la turbación, la exigencia, la imposición, el control y la manipulación, el abuso de poder y de autoridad, las habladurías, los chismes, las críticas, la murmuración, el descontento, el pensar y hablar mal, la calumnia, etc.

En una iglesia donde no se haya formado la verdadera paz, no podrá haber verdadera bendición de Dios. Para que esa se produzca, es necesario que primeramente exista la paz.

Si queremos ver crecimiento y madurez en la congregación, será IMPRESCINDIBLE que sigamos trabajando hacia la formación y estabilización de la paz de Cristo en ella.

  La Iglesia deberá ser edificada

<<Entretanto, la Iglesia…siendo edificada…>> :

Siendo la paz el ingrediente básico para el avance de la Iglesia, la siguiente premisa es la EDIFICACIÓN de la misma.

En el contexto de la paz, la Iglesia debe ser edificada. Pablo enseñaba así:

<<Y él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros, 12 a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo>> (Efesios 4: 11, 12)

Para la edificación del cuerpo de Cristo, los cinco ministerios mencionados deberán ministrar a los santos (que son todos aquellos que sin tener ministerio en sí, tienen sus dones), para que a su vez ellos hagan la obra ministerial varia.

Por ejemplo, el pastor predica los domingos, para que los santos que escuchan pongan en práctica esa enseñanza, primero en sus propias vidas, y luego a su alrededor, según deba de ser.

En el contexto de iglesia local, cuando los santos se ponen en marcha, la iglesia como tal es edificada.ASÍ PUES, UNA IGLESIA ESTÁ SIENDO EDIFICADA, CUANDO TODOS Y CADA UNO ESTÁN EN SU LUGAR, HACIENDO LA OBRA.Nunca una iglesia será edificada convenientemente, si sólo es el pastor el que está activo, y unos pocos más.

  La Iglesia andando en el temor de Dios

<<Entretanto, la Iglesia… andando en el temor del Señor …>> :

Para que la Iglesia avance, en la paz y en la edificación, deberá ANDAR EN EL TEMOR DE DIOS.Dice en Proverbios 1: 7; <<El principio de la sabiduría es el temor de Jehová>> . Esa sabiduría es la antítesis de la necedad destructiva que produce un fruto carnal y diabólico.

La sabiduría de Dios es la que muestra la importancia del respeto mutuo, y aun más, del amor que nos debemos procesar los unos a los otros.

Sólo podemos respetarnos verdaderamente los unos a los otros si previamente andamos en el temor de Dios, así como amarnos.

El temor de Dios es la clave del éxito en nuestra vida espiritual; sin él, estamos a merced de nuestra propia carne, y del diablo.

Una de las características principales del rebelde es que no teme a Dios. El temor de Dios es la antítesis de la rebeldía.

Sólo el que teme a Dios puede ser sensible al toque del Espíritu Santo.

EL TEMOR DE DIOS ES EL PRINCIPIO DE LA VIDA.

Andar en el temor de Dios nos habla de algo que está en movimiento, que no está estático. Es una acción continua en la cual Dios está siempre presente en la vida del individuo y de la iglesia.

Andando en el poder del Espíritu Santo

<<Entretanto, la Iglesia por toda Judea y Galilea y Samaria tenía paz, siendo edificada y andando en el temor del Señor, y con la consolación (o ánimo, o poder) del Espíritu Santo…>> : Como consecuencia de andar en paz, edificando, y en el temor del Señor, la iglesia andará en el poder del Espíritu Santo, siempre que se le de cabida.

Dice Efesios 5: 18; <<…antes bien sed llenos del Espíritu…>>: La palabra en griego que traducimos por << sed llenos>> , es “plerusze” , y en el modo del tiempo del verbo en que está, nos sugiere la idea de ser <<constantemente>> llenos del Espíritu Santo. En otras palabras, que andemos a cada momento en la plenitud o llenura del Espíritu Santo.

En la plenitud del Espíritu Santo (que es independiente del estado anímico en que podamos hallarnos en ese momento), los dones del Espíritu son activados, y consecuentemente, el poder del Espíritu es manifestado. En la plenitud del Espíritu, no sólo los dones, sino también el fruto es activado, así pues la iglesia rebosará de amor y del resto de las bendiciones que provienen de ese fruto santo.

ES LA RESPONSABILIDAD DE CADA UNO EL BUSCAR LA PLENITUD DEL ESPÍRITU SANTO EN CUANTO A CADA UNO.

El crecimiento o multiplicación de la Iglesia

<<Entretanto, la Iglesia por toda Judea y Galilea y Samaria tenía paz, siendo edificada y andando en el temor del Señor, y con la consolación (o ánimo) del Espíritu Santo, se multiplicaba >> (Hechos 9: 31)

Estamos viendo como en el caso de las congregaciones de Judea, Galilea y Samaria había crecimiento a causa de hacer las cosas bien. ¿Hemos por tanto, de llegar a la conclusión de que si cada iglesia hace lo mismo el crecimiento será un hecho? No.

Nunca olvidemos que el crecimiento lo da Dios:

1 Corintios 3: 5-7 <<¿Qué, pues, es Pablo, y qué es Apolos? Servidores por medio de los cuales habéis creído; y eso según lo que a cada uno concedió el Señor. 6 Yo planté, Apolos regó; pero el crecimiento lo ha dado Dios . 7 Así que ni el que planta es algo, ni el que riega, sino Dios, que da el crecimiento >> .

La conclusión aquí es que, sea que Dios vaya a multiplicar o no la Iglesia, nosotros como creyentes, deberemos vivir en el mismo espíritu y obra de esas iglesias que nos precedieron y que son ejemplo para nosotros.Porque amamos a Dios queremos vivir como Él quiere, independientemente de los resultados en cuanto a éxito de crecimiento numérico, el cual, obviamente deseamos también.

Predicaciones