DIVISIÓN, ¿SÍ O NO?

 “Pues en primer lugar, cuando os reunís como iglesia, oigo que hay entre vosotros divisiones; y en parte lo creo. 19 Porque es preciso que entre vosotros haya disensiones, para que se hagan manifiestos entre vosotros los que son aprobados” (1 Corintios 11: 18, 19)

Sabemos que en la iglesia de Corinto, había todo tipo de personas, y muchos ni siquiera habían nacido de nuevo. De todo ello, las disensiones estaban servidas.

Pero aquí hay algo digno de ser destacado, y es lo siguiente;

1. La división, si existe, es preciso que se manifieste

“Porque es preciso que entre vosotros haya disensiones, para que se hagan manifiestos entre vosotros los que son aprobados” (1 Corintios 11:19)

Pablo les dice que es necesario o conveniente que hayan disensiones…A priori podrían extrañarnos estas palabras del apóstol, pero si lo vemos con atención, nos apercibimos  de una gran verdad que no todos contemplan:

Sí es preciso que se manifiesten las divisiones para saber quienes son, de los hermanos, los verdaderos respecto de los falsos.

Leemos en Efesios 5: 25-27;

“…Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella, 26 para santificarla, habiéndola purificado en el lavamiento del agua por la palabra, 27 a fin de presentársela a sí mismo, una iglesia gloriosa, que no tuviese mancha ni arruga ni cosa semejante, sino que fuese santa y sin mancha”

El Señor, dice la Escritura, regresará sobre las nubes para llevarse con El una Iglesia:

  1. Santa (que significa, apartada para Él)
  2. Purificada en el lavamiento del agua por la Palabra (por lo tanto, una Iglesia que sigue la sana doctrina)
  3. Sin mancha ni arruga, ni cosa por el estilo.

Esta es la Iglesia que Cristo viene a buscar.

Entonces, Pablo, siguiendo el dictamen del Señor, sabía que era necesario que en la iglesia de Corinto se manifestara lo que era obvio: división, que en este sentido actuaría como esclarecimiento.

De hecho, la palabra que se traduce por disensión en la versión Reina Valera, es la griega “airéseis” y que se podría traducir también por: bandos, partidos.

Evidentemente, un bando era el formado por la gente nacida de nuevo, y por tanto, verdadero pueblo de Dios. El otro bando, estaría formado por gentes que eran cristianos profesantes, pero sólo de nombre.

Esos dos bandos, estaban allí, implícitos en el contexto de la asamblea, y era preciso que se manifestara lo que había. De eso se encarga el Espíritu Santo.

En una congregación verdaderamente de Cristo, y que por tanto tiene el candelero de oro bien encendido (Ap. 1: 20), raro es que de vez en cuando no se produzcan escisiones, quedando siempre en esa iglesia los fieles y comprometidos.

2. Cuando no se manifiesta lo que realmente existe

Es triste y lamentable cuando una iglesia o congregación, donde existen realmente esos dos bandos, o dos realidades espirituales, se presenta ante los ojos de los demás como una uniformidad y unidad que pretende ser de Dios, pero que obviamente no lo puede ser.

Algo así como: “Aquí todo va bien”; “aquí no hay problema alguno”

Si eso perdura y perdura, lo más probable es que exista un problema de base.

Ese problema podría ser el siguiente: el derivado de la actuación y motivos de los que presiden dicha congregación, es decir, del propio pastor y ancianos, que estarían más preocupados por la apariencia de “éxito” de su ministerio, que de la verdad, la honestidad y la transparencia.

Todo ello seguramente cubierto con el engaño de creer que la misericordia siempre ha de estar, convirtiendo esa misericordia en libertinaje, por ser de hecho una falsa misericordia.

Existe la posibilidad, por tanto, de camuflar y disfrazar de santo lo que en realidad no lo es, y todavía creer, o hacer creer que se está haciendo lo correcto.

Los hijos de Elí y Elí

Ese ejemplo lo vemos en el A. T. en la persona del sumo sacerdote Elí, que supo hacer la vista gorda ante el pecado abominable y continuo de sus hijos Ofni y Finess:

“Y le mostraré que yo juzgaré su casa para siempre, por la iniquidad que él sabe; porque sus hijos han blasfemado a Dios, y él no los ha estorbado(1 Samuel 3: 13)

Elí fue el claro ejemplo de pasividad ante una situación insostenible que requería intervención sin dilación: el pecado abominable de sus hijos.

3. La responsabilidad de los ancianos, y el ejemplo de Jesús

Por lo tanto, dentro de la responsabilidad de los responsables de la iglesia, está el permitir que el Espíritu Santo limpie la congregación siempre. Muchas veces esto no estará exento de dolor.

Un ejemplo claro de esa dolorosa limpieza espiritual, la tenemos en la experiencia  del propio Señor Jesucristo.

Cuando Él les hablaba a los judíos (que serían los creyentes de aquel tiempo), muchos no creyeron en Él, aun y cuando Él les hablaba palabras de vida eterna.

Decían para sí que ese era el hijo de José, el carpintero del pueblo…no podían creer, porque le menospreciaron.

Consideraban que las palabras de Jesús no tenían base alguna, al considerar la debilidad aparente de Jesús:

Al oírlas, muchos de sus discípulos dijeron: Dura es esta palabra; ¿quién la puede oír? Sabiendo Jesús en sí mismo que sus discípulos murmuraban de esto, les dijo: ¿Esto os ofende? ¿Pues qué, si viereis al Hijo del Hombre subir adonde estaba primero? El espíritu es el que da vida; la carne para nada aprovecha; las palabras que yo os he hablado son espíritu y son vida. Pero hay algunos de vosotros que no creen. Porque Jesús sabía desde el principio quiénes eran los que no creían, y quién le había de entregar. Y dijo: Por eso os he dicho que ninguno puede venir a mí, si no le fuere dado del Padre. Desde entonces muchos de sus discípulos volvieron atrás, y ya no andaban con él. Dijo entonces Jesús a los doce: ¿Queréis acaso iros también vosotros?” (Juan 6: 60-67)

Notemos que hasta los doce, especialmente escogidos por el Padre, tuvieron que pasar por la prueba de la fe, aunque la superaron.

4. Conclusión

“Apartaos, apartaos, salid de ahí, no toquéis cosa inmunda; salid de en medio de ella; purificaos los que lleváis los utensilios de Jehová.” (Isaías 52: 11)

El Señor continuamente busca para los suyos la separación de todo lo que es abominable a Sus santos ojos. Esto mayormente actúa en el contexto de Su iglesia.

Esa es la razón por la cual Dios permite, en las congregaciones suyas, regidas por una autoridad espiritual recta ante Sus ojos (es decir, pastores rectos), que se produzcan cuando es necesario divisiones que actúan a modo de separación.

El mal fruto es echado fuera, y el buen fruto permanece.

“vosotros sois el templo del Dios viviente, como Dios dijo:
    Habitaré y andaré entre ellos,
    Y seré su Dios,
    Y ellos serán mi pueblo.
    Por lo cual,
    Salid de en medio de ellos, y apartaos, dice el Señor,
    Y no toquéis lo inmundo;
    Y yo os recibiré”
(2 Corintios 6: 16, 17)//

© Miguel Rosell Carrillo, pastor de Centro Rey, Madrid, España.
2009
www.centrorey.org