LA SOBRE-EDIFICACIÓN

“Conforme a la gracia de Dios que me ha sido dada, yo como perito arquitecto puse el fundamento, y otro edifica encima; pero cada uno mire cómo sobreedifica. 11 Porque nadie puede poner otro fundamento que el que está puesto, el cual es Jesucristo.  12 Y si sobre este fundamento alguno edificare oro, plata, piedras preciosas, madera, heno, hojarasca,  13 la obra de cada uno se hará manifiesta; porque el día la declarará, pues por el fuego será revelada; y la obra de cada uno cuál sea, el fuego la probará. 14 Si permaneciere la obra de alguno que sobreedificó, recibirá recompensa” (1 Corintios 3: 10-14)

1. El fundamento: Cristo

“Conforme a la gracia de Dios que me ha sido dada, yo como perito arquitecto puse el fundamento, y otro edifica encima; pero cada uno mire cómo sobreedifica. 11 Porque nadie puede poner otro fundamento que el que está puesto, el cual es Jesucristo”:

Pablo se llama a sí mismo “perito arquitecto” espiritualmente hablando, y como tal, Dios le encargó el poner el fundamento; es decir: Cristo.

Aquí Pablo empieza someramente a definir su ministerio. ‘...Yo como perito arquitecto puse el fundamento...’:En griego: ‘sabio arquitecto’. Pablo no tiene falsa modestia, y se define como lo que en realidad es: ‘un sabio arquitecto’. ‘Sabio’ (sophos en griego) por cuanto había recibido del Señor la sabiduría para su trabajo en El.

Aquí vemos una comparación con los obreros que erigieron y adornaron el Tabernáculo (Exodo 35: 10).

Estos requerían de la sabiduría de Dios para hacer la obra de Dios. Como arquitecto (en griego: architecton), debía supervisar el operativo de construcción del fundamento del edificio de Dios (1 Pedro 2: 5). El sabía que había sido comisionado por el Señor para ‘poner el fundamento’. Ese fundamento no es sino el mismo Cristo (v. 11).

Pablo predicó a Cristo, y a este crucificado (1 Co. 1: 23). La doctrina paulina es básica para entender a cabalidad el Evangelio.

2. Cada uno mire como sobreedifica

“… y otro edifica encima; pero cada uno mire cómo sobreedifica…:

No sólo es importante el tener el fundamento, cual es Cristo, sino que también es importante como se sobreedifica sobre ese Fundamento.

Aunque el fundamento haya sido bien colocado, siempre habrá que atender con diligencia a la obra de sobre-edificación con pericia y temor de Dios. 

Así que, no bastará con haber puesto el fundamento correcto el cual siempre será Cristo, sino el hecho de ‘acabar la carrera con gozo...’ (Hechos 20: 24).

“11 Porque nadie puede poner otro fundamento que el que está puesto, el cual es Jesucristo”:

Cuando hablamos del fundamento que es Cristo,  hemos de ser precisos. Ese Cristo es el Personaje, Su obra, Su mensaje, Su Espíritu, Su doctrina, en fin, lo que llamamos “el fundamento de los apóstoles y profetas” (Ef. 2: 20) sobre el que debemos estar edificados. Es decir, la Biblia, la Palabra de Dios.

Si alguien, mostrándose como cristiano, y diciendo que predica a Cristo, enseña otra cosa y la coloca a la par de Cristo, esto es prohibido por el Señor.

Un ejemplo sería el catolicismo romano, el cual habla de Cristo, pero también enseña la “tradición” o doctrina papal, poniendo eso por encima de la misma Palabra de Dios. Eso es anatema.

Otro “fundamento”, sería la falsa “visión del G12”, que coloca dicha “visión” a la par de la revelación bíblica o del mismo fundamento de apóstoles y profetas (Ef. 2: 20). Esto es tropelía.

No se puede poner otro fundamento al lado del Fundamento, porque siempre se sobre-edificará en un solo fundamento, ¡no en dos a la vez!

Teniendo claro que hemos de sobreedificar sobre el Fundamento, veamos que significa eso, y cómo debiera de ser.

3. …edificare oro, plata, piedras preciosas, madera, heno, hojarasca

12 Y si sobre este fundamento alguno edificare oro, plata, piedras preciosas, madera, heno, hojarasca,  13 la obra de cada uno se hará manifiesta; porque el día la declarará, pues por el fuego será revelada; y la obra de cada uno cuál sea, el fuego la probará”:

Pues la Biblia es clara en cuanto a que hay que sobreedificar.

Hay que sobreedificar, porque hay que vivir el día a día.

Dios no busca teóricos, Dios busca hacedores de Su Palabra (Sant. 1: 22). El que sólo es oidor de la Palabra y no hacedor, se engaña a sí mismo.

El que sólo es oidor, probablemente no sea de Cristo.

Pero si uno es de Cristo, no puede solamente quedarse con el conocimiento de Cristo en la cabeza día tras día. Debe por fuerza vivir a Cristo día tras día.

Partimos de la base de que “alguien sobre este fundamento edificare…”

Necesariamente, el que conoce a Cristo (y eso implica haber nacido de nuevo Jn. 3: 3), evidenciará un comportamiento, una obra, un ser y estar, un hacer, etc. concretos. Todo ello es sobreedificar.

La prueba de Dios

“…la obra de cada uno se hará manifiesta; porque el día la declarará, pues por el fuego será revelada; y la obra de cada uno cuál sea, el fuego la probará”:

La Palabra nos dice que lo que resultare ser nuestra sobre-edificación como discípulos de Cristo, en un momento dado será probado por fuego.

Evidentemente es el día del Tribunal de Cristo (Romanos 14: 10; 2 Corintios 5: 10). En ese día, no se juzgará nuestra salvación, pero sí nuestras obras.

Pero aquí podemos sacar otra enseñanza que va en paralelo.

Ese fuego, es el fuego que prueba la consistencia de esa sobre-edificación en el contexto del día a día.

Es el fuego de la prueba.

A. La calidad de la sobre-edificación

“Y si sobre este fundamento alguno edificare oro, plata, piedras preciosas, madera, heno, hojarasca”.

Estos diferentes elementos naturales citados, definen los elementos espirituales, que son los que realmente cuentan.

Notemos que no hay ningún elemento que sea inmundo en sí mismo.

Esto nos lleva a la siguiente reflexión:

Nadie que es de Cristo practica el pecado

Fijémonos que en ningún caso se está hablando de obras malas en sí mismas - es decir, maldad, malicia, engaño, inmoralidad, mala fe, etc.:

Pero fornicación y toda inmundicia, o avaricia, ni aun se nombre entre vosotros, como conviene a santos” (Efesios 5: 3)

Todas estas son cosas que ni siquiera se le pasan por la cabeza a los que verdaderamente son de Cristo.

Ejemplo: nadie que realmente es de Cristo, ni se goza, ni se explaya en relatar con todo lujo de detalles actos inmorales de terceros, haciendo comentarios que lejos de edificar, envilecen.

Ningún verdadero cristiano lo hace, porque no se goza de todo ello en modo alguno. La Palabra es bien clara al respecto:

comprobando lo que es agradable al Señor. No participéis en las obras infructuosas de las tinieblas, sino más bien reprendedlas; porque vergonzoso es aun hablar de lo que ellos hacen en secreto (Efesios 5: 10-12)

Entonces, ¿de qué está hablando aquí la Palabra?

“Y si sobre este fundamento alguno edificare oro, plata, piedras preciosas, madera, heno, hojarasca”.

Está hablando de la calidad de la sobre-edificación, y de la motivación y actitud a la hora de llevarla a cabo.

Todo aquel que es cristiano de veras, pretende agradar al Señor que le rescató. Eso es inherente en la vida del salvo.

No obstante, a pesar de ese buen propósito, no siempre lo hace, por diferentes causas, y en definitiva la base de todo ello, es falta de amor a Dios en cierta medida.

La sobre-edificación siempre deberá ser conforme a la voluntad de Dios expresada por el Espíritu Santo y dirigida a la vida de cada uno.

Si no es así, si uno en definitiva pretende servir a Dios, pero a su manera, poniendo sus condiciones, con motivaciones que no son demasiado correctas en sí, etc. entonces estará sobre-edificando madera, heno, hojarasca, y esos elementos se destruyen con el fuego, no así los metales preciosos, que son purificados con el fuego.

En esta vida, el fuego de la prueba es una constante, gracias a Dios, porque nos ayuda a entender mejor qué es lo que es valioso para el Señor, y qué no lo es, según destruya lo que hacemos, defendemos, enseñamos, etc., o no.//

© Miguel Rosell Carrillo, pastor de Centro Rey, Madrid, España.
www.centrorey.org