LA ORACIÓN PAULINA (II)

1.El amor que excede a todo conocimiento

(Efesios 3: 14-21) “Por esta causa doblo mis rodillas ante el Padre de nuestro Señor Jesucristo, 15 de quien toma nombre toda familia en los cielos y en la tierra, 16 para que os dé, conforme a las riquezas de su gloria, el ser fortalecidos con poder en el hombre interior por su Espíritu; 17 para que habite Cristo por la fe en vuestros corazones a fin de que, arraigados y cimentados en amor, 18 seáis plenamente capaces de comprender con todos los santos cuál sea la anchura, la longitud, la profundidad y la altura, 19 y de conocer el amor de Cristo, que excede a todo conocimiento, para que seáis llenos de toda la plenitud de Dios. 20 Y a Aquel que es poderoso para hacer todas las cosas mucho más abundantemente de lo que pedimos o entendemos, según el poder que actúa en nosotros, 21 a él sea gloria en la iglesia en Cristo Jesús por todas las edades, por los siglos de los siglos. Amén.”

Recordemos lo visto el domingo pasado:

Por causa de que:

  • Los gentiles son coherederos y miembros del mismo cuerpo (juntamente con los judíos) (Ef. 3: 6);
  • II. Los gentiles son copartícipes de la promesa en Cristo Jesús por medio del evangelio, del cual Pablo fue hecho ministro por el don de la gracia de Dios que le fue dado según la operación de su poder. (Ef. 3: 7)
  • II. La multiforme sabiduría de Dios es ahora dada a conocer por medio de la Iglesia a los principados y potestades en los lugares celestiales. (Ef. 3: 10)

 

Y por todo ello, Pablo dobla sus rodillas ante el Padre en el nombre de Jesucristo, para una serie de rogativas:

Para que conforme a las riquezas de su gloria, sean fortalecidos con poder en el hombre interior por su Espíritu; (v.17), y así habite Cristo por la fe en los corazones...”

Hay otros aspectos que Pablo quería que sus efesios conocieran, y por lo cual doblaba sus rodillas. Los veremos en esta sesión.

Arraigados y cimentados en amor

(Efesios 3: 14, 16, 17)“Por esta causa doblo mis rodillas ante el Padre de nuestro Señor Jesucristo... para que os dé, conforme a las riquezas de su gloria, el ser fortalecidos con poder en el hombre interior por su Espíritu; para que habite Cristo por la fe en vuestros corazones a fin de que, arraigados y cimentados en amor...”:

Veremos que arraigados y cimentados en amor, los efesios debían ser capaces de una serie de cosas.

Cuando Cristo ampliamente habita en nuestro corazón. Cuando Cristo realmente es el Rey de nuestra existencia, y está sentado en el trono de nuestra vida. Cuando verdaderamente somos discípulos de Cristo, y no sólo “creyentes”, entonces necesariamente estaremos arraigados y cimentados en amor, ya que Dios es amor, y Cristo es Dios.

Ese tipo de amor en el cual el verdadero discípulo es arraigado y cimentado, como si se tratara de una buena y fértil tierra en la que se sustenta, es la consecuencia directa de la intervención poderosa de Cristo en su vida.

De esta manera, ya no vive el discípulo (conforme a su voluntad y deseos carnales), sino Cristo en él, produciendo tanto el querer como el hacer por su buena voluntad:

(Filipenses 2: 13) “porque Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad.”

Este estar arraigados y cimentados en amor, significa el cumplimiento literal de los dos mandamientos de los cuales dependen toda la ley y los profetas:

“Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente; y amarás a tu prójimo como a ti mismo.” (Mt. 22: 37-39)

Leamos a continuación otra exposición acerca del amor, esta vez del apóstol Juan:

(1 Juan 4: 8-12)  “Amados, amémonos unos a otros; porque el amor es de Dios. Todo aquel que ama, es nacido de Dios, y conoce a Dios. 8 El que no ama, no ha conocido a Dios; porque Dios es amor. 9 En esto se mostró el amor de Dios para con nosotros, en que Dios envió a su Hijo unigénito al mundo, para que vivamos por él. 10 En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros, y envió a su Hijo en propiciación por nuestros pecados. 11 Amados, si Dios nos ha amado así, debemos también nosotros amarnos unos a otros. 12 Nadie ha visto jamás a Dios. Si nos amamos unos a otros, Dios permanece en nosotros, y su amor se ha perfeccionado en nosotros.”

(1 Juan 4: 19-21) “Nosotros le amamos a él, porque él nos amó primero. 20 Si alguno dice: Yo amo a Dios, y aborrece a su hermano, es mentiroso. Pues el que no ama a su hermano a quien ha visto, ¿cómo puede amar a Dios a quien no ha visto? 21 Y nosotros tenemos este mandamiento de él: El que ama a Dios, ame también a su hermano.”

Arraigados, cimentados, sobreedificados en Cristo, así debemos andar, como también el apóstol lo enseña a los discípulos de Colosas:

(Colosenses 2: 6, 7) “Por tanto, de la manera que habéis recibido al Señor Jesucristo, andad en él; 7 arraigados y sobreedificados en él, y confirmados en la fe, así como habéis sido enseñados, abundando en acciones de gracias.”

2. La anchura, la longitud, la profundidad y la altura, del amor de Cristo

“...a fin de que, arraigados y cimentados en amor, 18 seáis plenamente capaces de comprender con todos los santos cuál sea la anchura, la longitud, la profundidad y la altura, 19 y de conocer el amor de Cristo, que excede a todo conocimiento, para que seáis llenos de toda la plenitud de Dios.”:

Arraigados y cimentados en amor, tal y como hemos comentado, podemos entonces ser plenamente capaces de comprender juntamente con el resto de los santos todo el volumen del amor de Cristo, lo cual significa conocer al mismo Cristo.

“...plenamente capaces de comprender...”: un creyente que no ande en la plenitud de vida por el Espíritu Santo, y por lo tanto, en amor, no puede verdaderamente llegar a comprender la plenitud del amor de Dios. Esa luz no le será revelada.

Vivir conforme a la perfecta voluntad de Dios, es vivir arraigados y cimentados en amor, ya que Dios es amor. Sólo así, en perfecta obediencia, el Espíritu Santo nos capacita a ir entendiendo la vastedad del amor de Cristo. Como dice MacArthur:

“La anchura, la longitud, la profundidad y la altura, no son cuatro características del amor, sino el esfuerzo literario del apóstol para describir su vastedad, alcance y perfección”

Llegados a este punto, sería práctico recordar las características del amor de Dios, que Pablo mismo describe en 1 Corintios 13: 4-8a;

“El amor es benigno, es sufrido; el amor no tiene envidia, el amor no es jactancioso, no se envanece, no hace nada indebido, no busca lo suyo, nos se irrita, no guarda rencor. No se goza de la injusticia, mas se goza de la verdad. Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta; el amor nunca deja de ser...”

Ese amor que excede a todo conocimiento
“....cuál sea la anchura, la longitud, la profundidad y la altura, y de conocer el amor de Cristo, que excede a todo conocimiento...”:

Este tipo de amor, excede a todo conocimiento – es decir – va más allá de toda imaginación y comprensión humana, y capacidad humana de producirlo. Ese tipo de amor sólo puede ser concedido por Dios a sus verdaderos hijos, y producido por Su Espíritu, así como experimentado a lo largo de la vida, también a través de pruebas, experiencias agradables y desagradables.

Como dice Foulkes (citado en Matthew Henry):

“El amor de Cristo es infinitamente mayor de lo que el hombre puede plenamente conocer o imaginar; es superior al conocimiento (1 Co. 8: 1), incluso al conocimiento espiritual (1 Co. 13: 2). Necesita hallar expresión en la experiencia, en penas y alegrías, pruebas y sufrimientos, en formas demasiado profundas para ser escrutadas por la mente humana, o para ser expresadas por el lenguaje humano”.

Llenos de la plenitud de Dios
“...  para que seáis llenos de toda la plenitud de Dios.”:

Sólo se puede ser lleno de toda la plenitud de Dios si se está lleno de su amor descrito por el apóstol. En otras palabras, la plenitud de Dios en nuestras vidas, es la plenitud de Su amor en nosotros, y esa es Su voluntad.

Esto sólo ocurre cuando uno está crucificado con Cristo, y ya no vive más para sí, sino que vive para Cristo (Gál. 2: 20):

“Pero los que son de Cristo han crucificado la carne con sus pasiones y deseos.” (Gálatas 5: 24)

Cuando uno entrega TODO a Cristo, entregándose del TODO y sin condiciones a Cristo, entonces está lleno a rebosar de Dios, a pesar de su imperfección como ser humano que se es.

Entonces, y sólo entonces, puede experimentar ese amor que excede a todo conocimiento y a toda posibilidad de absoluta comprensión humana.

3. Entonces tenemos toda la bendición de Dios, según Dios

 “20 Y a Aquel que es poderoso para hacer todas las cosas mucho más abundantemente de lo que pedimos o entendemos, según el poder que actúa en nosotros, 21 a él sea gloria en la iglesia en Cristo Jesús por todas las edades, por los siglos de los siglos. Amén.”:

Muchos llamados cristianos buscan desesperadamente la bendición de Dios, en la línea de cómo Esaú la buscó de su padre Isaac, y no la obtuvo, aunque la procuró con lágrimas. Esto es porque todavía viven para sí mismos en mayor o menor medida; no han muerto a su ego, siguen viviendo para su placer o para su entendimiento personalista, pero no para Cristo.

Muchos buscan la bendición de Dios, pero en realidad la buscan conforme la entienden ellos, y por lo tanto, no la buscan realmente conforme a Dios.

En ambos casos, jamás recibirán de Dios lo que Dios quisiera concederles a plenitud.

En cambio, para el que vive rendido de veras al Señor, el poder de Dios actúa para hacer todas las cosas mucho más abundantemente de lo que pide o entiende. En este caso, Dios siempre nos sorprenderá.

“...según el poder que actúa en nosotros”: Ese poder no es nuestro ni es de nosotros, es el poder de Dios por Su Espíritu, el cual mora en nosotros.

Como dice MacArthur:

“Al cumplirse las condiciones de los versículos 16-19, el poder de Dios que obra en y a través de los creyentes es ilimitado, y mucho más allá de su capacidad de comprensión”

Así, Dios es glorificado
21 a él sea gloria en la iglesia en Cristo Jesús por todas las edades, por los siglos de los siglos. Amén.”:

El que ama a Dios, por el amor de Dios, siempre busca – no sólo el no pecar, siquiera el agradarle – busca el glorificarle. Cuando vivimos conforme a la oración de Pablo, Dios será siempre glorificado.

Vivamos de ese modo entonces, y honremos al Señor de esta manera. Si así hacemos como individuos y como iglesia, Dios llevará el honor que le corresponde.//

© Miguel Rosell Carrillo, pastor de Centro Rey, Madrid, España
www.centrorey.org