COMENTANDO SOBRE LOS ASUNTOS DE LA SALVACIÓN

COMENTANDO SOBRE LOS ASUNTOS DE LA SALVACIÓN

I. ¿QUÉ ESE AGUA DE LA CUAL HAY QUE NACER?

“Había un hombre de los fariseos que se llamaba Nicodemo, un principal entre los judíos. Este vino a Jesús de noche, y le dijo: Rabí, sabemos que has venido de Dios como maestro; porque nadie puede hacer estas señales que tú haces, si no está Dios con él. Respondió Jesús y le dijo: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios. Nicodemo le dijo: ¿Cómo puede un hombre nacer siendo viejo? ¿Puede acaso entrar por segunda vez en el vientre de su madre, y nacer? Respondió Jesús: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios” (Juan 3:1-5)

(Juan 3: 1-5) Jesús le estaba diciendo a Nicodemo, que para entrar en el Reino, es decir, para ser salvo, era menester nacer de nuevo. Esto implica regeneración del Espíritu, muerte a la vida de muerte eterna, y un consiguiente nuevo nacimiento en la Palabra, es decir, en Cristo.

Jesús no se estaba refiriendo al agua literal (H2o), sino a la necesidad de purificación y limpieza espiritual (Ez. 36:24-27). Casi siempre que el agua se emplea en sentido figurado en el AT, se refiere a renovación o limpieza espiritual, en especial si se presenta en conjunción con “espíritu”. De este modo, Jesús hizo referencia al lavamiento o purificación espirituales del alma, lo cual es hecho por el Espíritu Santo a través de la Palabra de Dios en el momento de la salvación (Tito 3:5; Ef. 5:26)

II. EL VERDADERO CRISTIANISMO PARTE DE UNA CONVERSIÓN REAL

"Respondió Jesús: De cierto, de cierto te digo, que el que no NACIERE DE AGUA y DEL ESPÍRITU, no puede entrar en el reino de Dios". (Juan 3:5)

"Habiendo purificado vuestras almas por la obediencia a la verdad, MEDIANTE EL ESPÍRITU, para el amor fraternal no fingido, amaos unos a otros entrañablemente, de corazón puro; SIENDO RENACIDOS, no de simiente corruptible, sino de incorruptible, POR LA PALABRA DE DIOS que vive y permanece para siempre". (1 Pedro 1: 22, 239)

Jesús le estaba diciendo a Nicodemo, lo mismo que Pedro dice en su epístola universal.

Es decir, que para ser un verdadero cristiano, consecuentemente, hijo de Dios (Juan 1: 12, 13), es preciso NACER DEL AGUA. Esa agua, otra vez, no es agua física, sino que es la simiente incorruptible: la Palabra de Dios, es decir, el Verbo de Dios, es decir, CRISTO.

Es preciso a su vez, y como un todo, NACER DEL ESPÍRITU: “Habiendo purificado vuestras almas por la obediencia a la verdad, MEDIANTE EL ESPÍRITU…” (1 Pedro 1:22).

Esto concuerda con: “nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino por su misericordia, por el lavamiento de la regeneración y LA RENOVACIÓN EN EL ESPÍRITU SANTO” (Tito 3:5)

Tanto Jesús, como Pedro, están hablando de lo que es una verdadera conversión, y consecuente salvación: entrada en la vida eterna. Esto es el verdadero cristianismo. Es un acto enteramente divino, sin la participación humana.

III. CÓMO ENTENDER QUE ESTAMOS VIVOS EN CRISTO LOS CRISTIANOS

“Si alguno está EN CRISTO, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas” (2 Corintios 5:17)

“EN CRISTO”: Sólo esas dos palabras constituyen una afirmación profundísima acerca de la redención del creyente:

a) La seguridad del creyente en Cristo, quien cargó en Su cuerpo el juicio de Dios contra el pecado.

b) La aceptación divina hacia el individuo, por medio del Único en quien Dios se ha complacido.

c) La seguridad futura del creyente en Aquél que es la resurrección hacia la vida eterna, y el único garante de la herencia del creyente en el cielo (Ro. 8:17).

d) La participación del creyente en la naturaleza divina de Cristo, el verbo eterno (2 P.1:4)

“NUEVA CRIATURA”: Los cristianos somos nuevas criaturas; esto es, por el hecho de haber nacido de lo Alto o de Dios (Juan 1: 12, 13; 3:3,5; Ef. 2:1-3; Tit.3:5; 1 P.1:23; 1 Jn. 2:29; 3:6, 9; 5:4, etc.).

Somos una nueva creación, por haber sido justificados por la fe (Ro.5:1) por haber sido todos nuestros pecados perdonados, por haber sido pagados por la muerte substitutiva de Cristo (Gl.6:15; Ef.4:24)

“LAS COSAS VIEJAS PASARON”: Cuando una persona ha nacido de nuevo, es decir, ha sido regenerada, los sistemas de valores, las prioridades, las creencias, los asuntos y planes de la vida vieja, son cosa del pasado. El pecado ya no controla a esa nueva persona, cumpliéndose:

“Porque el pecado no se enseñoreará de vosotros; pues no estáis bajo la ley, sino bajo la gracia (Ro. 8:14), y también:

“Todo aquel que es nacido de Dios, no practica el pecado, porque la simiente de Dios permanece en él; y no puede pecar, porque es nacido de Dios” (1 Juan 3:9).

“TODAS SON HECHAS NUEVAS”: La gramática griega aquí indica que la condición nueva es continua y continuada, así como realista y práctica. La nueva percepción espiritual que el creyente tiene de todas las cosas, es una realidad constante para él, porque ahora vive en la eternidad, y para la eternidad (Col. 3:1-3; Ef. 2:6), no para lo estrictamente temporal y pasajero.

Esta manera de vivir, que siempre es por el poder divino, por el Espíritu, es lo que Santiago enseña en su epístola, cuando habla acerca de una transformación como la que es producida por la verdadera fe, la cual produce obras conforme a esa fe (Stgo. 2: 14-25).

Dichas obras, producto de la fe salvífica, nos llevan a la consecución de las obras de Dios: “Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas” (Ef. 2:10)

SOLI DEO GLORIA

© Miguel Rosell Carrillo, Pastor de Centro Rey, Madrid, España.
Septiembre 2014
www.centrorey.org

FIN