¿EXISTE ALGÚN PECADO EN CONCRETO QUE HAGA QUE UN HIJO DE DIOS NO PUEDA ENTRAR EN EL CIELO? 

(Romanos 6:14) “Porque el pecado no se enseñoreará de vosotros; pues no estáis bajo la ley, sino bajo la gracia”

¿EXISTE ALGÚN PECADO EN CONCRETO QUE HAGA QUE UN HIJO DE DIOS NO PUEDA ENTRAR EN EL CIELO? 

Alguna vez he leído y oído a lo largo de los años lo siguiente o parecido:

“Si muere un creyente en un acto de adulterio, digamos de un infarto en el lecho del pecado, va al infierno”.

La idea o concepto es que es imposible entrar en el cielo habiendo cometido un pecado así; pero yo les diría más a todos aquellos que piensan de ese modo: ¡es imposible entrar en el cielo con pecado, por leve que nos pudiera parecer, ya que el pecado es pecado, sea el que sea!

Así que no se trata de qué tipo, clase o importancia de pecado, sino de que sea pecado. Todo pecado sin perdonar que una persona haya cometido le impedirá entrar en el cielo.

Por otro lado, si alguien piensa que puede entrar en el cielo porque sea perfecto y jamás peque, que sepa que pensando así, la noticia para esa persona es: “¡El cielo está vacío de gente”!… porque, ¿Quién hay que jamás peque, y que sea perfecto como Jesús, al minuto anterior de morir?... ¡Piénsenlo!

Por esa regla de tres, nadie podría ir al cielo, jamás.

La “solución” de los papas romanos

La “solución” que inventaron los papas romanos a partir de aproximadamente el s.VIII fue la del purgatorio. Eso sí, haciendo una clara distinción entre pecados y pecados; llamando a unos pecados, pecados mortales, y a otros, pecados veniales.

El concepto romanista es que a la hora de la muerte, no habría solución para la gente que hubiera cometido “pecados mortales”, como el asesinato, la fornicación, el adulterio, el latrocinio, etc. etc. si no se hubiese confesado antes con el cura y hubiese llevado a cabo la pertinente “penitencia”. Ese católico iría irremisiblemente al infierno.

La única solución posible llamada purgatorio, sería para los que hubiesen muerto en sus pecados llamados veniales, es decir, pecados de menor importancia, según la estimación papista.

El purgatorio sería ese lugar imaginario donde el sufrimiento es indescriptible, y el individuo purga en agonía sus propios pecados, haciéndose un cristo de sí mismo. Por otro lado, ningún “teólogo” papista puede decir cuánto tiempo deberá pasar como poco ese purgador en ese lugar, para abandonarlo e ir al cielo.

Como podemos ver, esa “solución” no lo es tal, porque ni siquiera es real. Es un invento.

Lo trágico es que muchos “evangélicos” casi que estarían muy gustosos de que la Biblia hablara de un purgatorio, ya que según su pobre teología al respecto, es muy difícil entrar en el cielo según lo estamos considerando, aunque de hecho, es imposible. Es imposible sin creer en la verdadera y completa Buenas Nuevas de salvación conforme al Evangelio de Cristo Jesús.

La solución de Dios

Esta es la que vale, pero hagamos de nuevo la pregunta: “¿qué pasaría si un verdadero cristiano, y por tanto, nacido de lo Alto, cometiera un pecado, el que sea, y en ese instante muriera?”

Ya hemos dicho que todo lo que es pecado, lo es, y que nadie con pecado alguno puede entrar en el cielo. Sea adulterio, fornicación, homicidios, mentiras del tipo que sean, blasfemias, malas palabras, actos deshonestos, infidelidades, calumnias, etc. etc. etc. todo el que tenga cualquiera de esas cosas en su haber, no puede entrar en el cielo, aunque se llame creyente.

Todo el mundo peca, todo el mundo, la diferencia estriba en que el que es de Cristo, sus pecados le han sido perdonados (de eso se trata el Evangelio, por cierto)

La Buena Nueva es esta: “Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne, sino conforme al Espíritu. Porque la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús me ha librado de la ley del pecado y de la muerte” (Romanos 8: 1, 2)

Eso no significa que el cristiano no comete pecados: “Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos, y la verdad no está en nosotros” (1 Juan1:8)

La diferencia es que, a pesar de que comete pecados, no practica el pecado, porque detesta llevar la vida de pecado que antes llevaba:

 “Todo aquel que permanece en él, no peca; todo aquel que peca, no le ha visto, ni le ha conocido… Todo aquel que es nacido de Dios, no practica el pecado, porque la simiente de Dios permanece en él; y no puede pecar, porque es nacido de Dios” (1 Juan 3:6, 9)

Un cristiano verdadero comete pecados, esa es una realidad ineludible descrita en su propia experiencia por el apóstol Pablo (leer Romanos 7: 15 ss).

Ese cristiano no quiere pecar, pero lo hace, cuando lo hace, y lo seguirá haciendo mientras esté en este cuerpo de muerte, como exclamaba el bendito apóstol:

“¡Miserable de mí! ¿Quién me librará de este cuerpo de muerte?” (Ro. 7: 24)

No estamos aquí, por pasiva concediendo ninguna licencia para pecar; no se mal entienda el asunto. Lo que estamos diciendo es que de una manera o de otra, en el día a día un cristiano comete faltas y pecados, (no necesariamente adulterios)

Por tanto, la Biblia nos dice lo que hemos de hacer cuando el Espíritu Santo nos redarguye de pecado: “Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad” (1 Jn. 1:9)

Volviendo al asunto de la pregunta de arriba, ¿Por qué puede llegar a caer un verdadero creyente en un acto tan repugnante como el adulterar? No estaríamos hablando de una práctica sistemática, buscada, a propósito, a conciencia, sin remordimientos, propia de los impíos; estaríamos hablando en todo caso, de un mal paso, de una situación indebida e irresponsable, un acto del cual al minuto se va a arrepentir de corazón. A diferencia del impío, un cristiano detesta pecar, no obstante, no deja de ser un pecado, es obvio.

Ahora bien, vemos aquí según la pregunta, que la diferencia estriba en que a un creyente le ha dado tiempo a confesar su pecado a Dios, mientras que al otro creyente no le dio tiempo, porque la muerte le tomó por sorpresa. ¿Ha de marcar eso una diferencia, cuando al fin y al cabo la muerte y la vida están en las manos del Padre? Ese confesar significa, ponerse de acuerdo con Dios, en cuanto a que un pecado, lo es, y por tanto, renuncia al mismo. ¿Será que ese creyente al que la muerte le tomó por sorpresa, siendo verdadero hijo de Dios, no iba a confesar su pecado de haber tenido la ocasión de hacerlo? Pues claro que sí, ya que el Espíritu es muy fiel en redargüir y convencer, y de todos modos, como verdadero creyente, estando en Cristo, confiesa lo mismo que Dios siempre, y por ser de Él, NINGUNA CONDENACIÓN HAY (Ro.8:1)

Siempre que estemos hablando de personas renacidas, ese pecado o pecados que tal verdadero creyente haya cometido, aunque no se hayan podido confesar (V.9), están perdonados. Cristo los llevó en la Cruz. Todos y cada uno de los pecados, sólo de ese modo ese creyente y todos los demás podremos un día entrar en el cielo.

(He. 12: 14) “Seguid la paz con todos, y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor”. ¡Esa santidad, no es la nuestra, inexistente, es la de Cristo en nosotros, la cual hemos de seguir, y queremos seguirla!

Y en ese sentido, les diré más, hay muchas faltas y pecados, muchos que tienen que ver con deficiencias del carácter, mal humor, falta de benignidad, orgullo, mal carácter… son tantos, que se podría hacer una lista inacabable. Todo ello lo arrastramos toda la vida, y no lo queremos, pero que está ahí, en nosotros, en nuestra carne. Moriremos un día, y moriremos con muchas de esas fallas aludidas, pero, ¿es que eso va impedir que entremos en el cielo? Sabemos que no, y sin embargo, venimos diciendo que nadie con pecado, el que sea, puede entrar en el cielo.

¿Cuál es la diferencia? Como ya dijimos, la diferencia no la hace el pecado de uno o de otro hombre, sino que la diferencia la hace Cristo en el creyente. Los pecados de los impíos, sean grandes o sean pequeños (a nuestros ojos), no son perdonados. Los pecados de los creyentes, Dios los perdonó en Cristo, por Su sangre vertida. Esa es la diferencia.

Si usted ha nacido de nuevo, sepa que no hay ninguna condenación para usted, porque todos sus pecados antiguos fueron perdonados y echados al mar, y los pecados que usted sigue cometiendo, también son perdonados, y ¿sabe por qué?, porque ni usted ni yo queremos pecar (a diferencia de antes), y cuando lo hacemos, al minuto aborrecemos lo que hemos hecho, y en todo este proceso, Dios nos ha perdonado en Cristo, por su sacrificio en la cruz, auspiciado por Su intercesión en los cielos.

¡NINGUNA CONDENACIÓN HAY PARA LOS QUE ESTÁ EN CRISTO JESÚS! (Ro.8:1)

Un verdadero hijo de Dios, aunque peca puntualmente, no quiere pecar.

SOLI DEO GLORIA

© Miguel Rosell Carrillo, Pastor de Centro Rey, Madrid, España.
Agosto 2014
www.centrorey.org