HASTA QUE TODOS LLEGUEMOS A LA UNIDAD DE LA FE Y DEL CONOCIMIENTO DEL HIJO DE DIOS

HASTA QUE TODOS LLEGUEMOS A LA UNIDAD DE LA FE Y DEL CONOCIMIENTO DEL HIJO DE DIOS

(Efesios 4: 11-13) “Y él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros, a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo, HASTA QUE TODOS LLEGUEMOS A LA UNIDAD DE LA FE Y DEL CONOCIMIENTO DEL HIJO DE DIOS, A UN VARÓN PERFECTO, A LA MEDIDA DE LA ESTATURA DE LA PLENITUD DE CRISTO”

Muchos piensan que hasta que todos los creyentes no lleguemos a un grado de perfección considerable (no saben cuánto, por cierto), Cristo no podrá regresar, haciendo entonces la venida del Señor un asunto que no le compete a Él, sino a Su cuerpo.

Si nos damos cuenta este planteamiento roza la blasfemia, ya que hace a Dios un ser dependiente de sus criaturas.

Enseñan y creen, que ese perfeccionamiento es una tarea exclusiva de los creyentes, y si fallan (¿y cuando no se falla?), pues vuelta a empezar. De esa manera Cristo jamás podría volver. Esa es una falsedad que muchos han enseñado y otros han creído.

Pero, vayamos analizando ese pasaje de la Escritura despacio.

1.Los cinco ministerios

Se nombran cinco ministerios. Dos de ellos son de fundación, y otros tres de continuación.

Los apóstoles y profetas mencionados son ministerios de fundación (véase 2:20), porque el mensaje que proclamaron, con ese mensaje, llamado doctrina apostólica, la Iglesia fue edificada. Son ministerios sin sucesores o sin sucesión (a diferencia de lo enseñado por la gran ramera del Vaticano, y todos sus satélites pseudo evangélicos). En otras palabras, ya no existen los apóstoles de Cristo, aquellos trece hombre escogidos por Dios para serlo, ya partieron hace casi 2000 años.

Por otra parte los ministerios de continuación, como su propio nombre indica, sí ejercen en la actualidad su labor, siempre conforme al legado de los dos ministerios de fundación.

“… a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo…”:

Los ministerios son dones de Cristo para la perfección de los santos para la obra del ministerio o labor del cuerpo. Pero veámoslo más de cerca. El verbo que se traduce por “perfeccionar”, es el griego “katartismós”, que se refiere a “restaurar algo a su condición original, o a que sea hecho apto o completo”. Lo que Pablo está hablando es de llevar a los santos (los cristianos), del pecado a la obediencia.

Una vez esos santos están andando en el Espíritu (Gl. 5: 16), ya pueden entrar en la obra del ministerio, es decir, el servicio espiritual requerido de todo creyente, que no es sólo relativo a los responsables o ministros.

2.La meta final

“HASTA QUE TODOS LLEGUEMOS A LA UNIDAD DE LA FE Y DEL CONOCIMIENTO DEL HIJO DE DIOS, A UN VARÓN PERFECTO, A LA MEDIDA DE LA ESTATURA DE LA PLENITUD DE CRISTO”

Hay una meta clara y específica:

1) Que lleguemos todos los creyentes a la unidad de la fe y del conocimiento del hijo de Dios.
2) que lleguemos a la altura de un varón perfecto, este es Cristo.
3) Consecuentemente, lleguemos a la estatura de Su plenitud.

Se puede resumir en esto: Entendimiento y convicción en el corazón de la única doctrina de Cristo, por parte de todos los hijos de Dios; relación personal e íntima con Cristo; la plenitud de Cristo en la vida de cada uno de los creyentes, y de todos al completo.

La pregunta honesta
La pregunta que honestamente nos debemos hacer, y que es variada, es:

¿Ha sido esto posible hasta ahora? ¿Realmente en algún momento de la historia de la Iglesia, todos y cada uno de los verdaderos hijos de Dios han cumplido con esta expectativa? ¿Está esto ocurriendo hoy en día?, y consecuentemente, ¿Ocurrirá en algún momento antes de la venida de Cristo? Honradamente, la respuesta a todas esas preguntas es, no.

¿Ha fallado la Palabra de Dios? ¿Falló el apóstol Pablo al decir esto?, no, y no. Lo que ocurre es que fallamos nosotros a la hora de entender el asunto.

Esta cuestión tiene un marcadísimo cariz escatológico, es decir, de cumplimiento en el futuro, y ¿Cuándo?, me adelanto en decir que, cuando la Iglesia haya llegado a su conclusión, es decir a que todos los que deben ser miembros del Cuerpo lo sean y se cierre el redil.

Dios sabe y ha dispuesto un momento en el cual el cuerpo de Cristo, tenga todos sus miembros ya, y esté del todo formado.

Cristo es quien edifica la Iglesia (Mt. 16:18), y ciertamente usa a la Iglesia para ello, pero en términos del cuerpo, ese llegar a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo, se llevará a cabo cuando el tiempo de la Iglesia haya finalizado en este mundo, cuando obtenga su completa formación (Ef. 1: 22, 23), y eso sólo será posible cuando TODA la Iglesia esté en el cielo glorificada, y por estar glorificada; jamás antes.

El verbo griego katantáo que usa el apóstol aquí, significa “llegar al final; a la estación de término”, y tal cosa indica algo que solamente se conseguirá al final de los tiempos (compárese con 5: 27)

Así pues, es al revés de cómo enseñan muchos. Estos dicen que Cristo no puede volver hasta que la Iglesia ande en perfección en este mundo (Él nunca podría volver entonces), no obstante la Palabra enseña que es cuando Cristo vuelva a por Su iglesia, que esta, siendo glorificada, será entonces su Esposa, preparada para reinar junto con Él.

Olvidamos muchas veces que la mayor parte de lo que es la Iglesia, está ya en los cielos. Teniendo esto en mente, es inútil pensar que en algún momento de la historia futura la iglesia aquí en la tierra será perfecta como enseña Ef. 4: 13, porque, ¿y de los que ya partieron y jamás lograron llegar por sí mismos a cumplir ese objetivo descrito, incluyéndonos a nosotros mismos?

De ahí a entender que la perfección de la Iglesia va unida a su glorificación.


Maranatha!

SOLI DEO GLORIA

© Miguel Rosell Carrillo, pastor de Centro Rey, Madrid, España.
Junio 2014
www.centrorey.org