LA MUJER ADÚLTERA Y SIMÓN EL MAGO; UN CONTRASTE ABISMAL

LA MUJER ADÚLTERA Y SIMÓN EL MAGO; UN CONTRASTE ABISMAL

Índice del Tema

Veremos que la Palabra nos enseña de dos personas, la mujer adúltera, y Simón el Mago, que suponen una lección para nosotros, al ver el tremendo contraste entre una y la otra.

Veamos primero acerca de la mujer.

(Leer Juan 8: 3-11)

Jesús tenía a los fariseos y escribas en su contra, y no pudiendo los alguaciles prenderle, porque todavía no había llegado su hora, se fue al monte de los Olivos a orar aquella noche, y por la mañana volvió de nuevo al templo, a enseñar.

Cuando estaba en pleno labor de la enseñanza, le interrumpieron, y lo hicieron con algo que parecía muy lícito.

Los fariseos, como era típico en ellos, utilizaron algo santo como es la Ley, pero con el fin maligno de buscar en Jesús una respuesta incorrecta, y así poder acusarle.

Ineludiblemente, la Ley dice: Si un hombre cometiere adulterio con la mujer de su prójimo, el adúltero y la adúltera indefectiblemente serán muertos (Lv. 20:10), o, “Si fuere sorprendido alguno acostado con una mujer casada con marido, ambos morirán, el hombre que se acostó con la mujer, y la mujer también; así quitarás el mal de Israel” (Deut. 22:22)

Jesús sabía que esos fariseos, dejando aparte sus malas intenciones, tenían razón en decir que esa mujer, y el hombre también, (aunque los fariseos tuvieron cuidado de no mencionarle, posiblemente porque sería alguno de sus allegados), por la ley debía morir.

Jesús sólo necesitó un momento para pensar lo que decir, y lo dijo: “El que de vosotros esté sin pecado sea el primero en arrojar la piedra contra ella”. El Señor extrajo la exégesis de Deut. 13:9, y Deut. 17:7, donde se entiende que los que tenían la responsabilidad de ejecutar las sentencias por los pecados dignos de muerte, sólo podían ser los que en nada eran culpables de ese pecado.

El Señor siempre se mantuvo fiel a la ley y al espíritu de la misma. Jamás obró oponiéndose a ella o rebajándola.

Por el silencio y abandono de la escena de esos falsos religiosos, podemos apercibirnos que todo ellos, del primero al último, eran culpables del mismo pecado con el que acusaban a la mujer.

La diferencia entre pecar y cometer pecados

(Juan 8: 10, 11) “Enderezándose Jesús, y no viendo a nadie sino a la mujer, le dijo: Mujer, ¿dónde están los que te acusaban? ¿Ninguno te condenó?11 Ella dijo: Ninguno, Señor. Entonces Jesús le dijo: Ni yo te condeno; vete, y no peques más”

Al constatar que nadie de los presentes se veía con ánimos de condenar a muerte a esa mujer sorprendida en adulterio, Jesús tampoco la condenó, pues “el Hijo del Hombre tiene autoridad en la tierra para perdonar pecados” (Mt. 9:6).

Jesús conocía el corazón de esa mujer y sabía que estaba verdaderamente arrepentida, y en base a que Él mismo iba a llevar su condena en la cruz, por justicia la perdonó.

Dios no consiente el pecado, pero es misericordioso con aquél que se aparta del pecado con verdadero arrepentimiento, el cual sólo concede Dios.

Interesante que la traducción literal del griego dice: “deja tu vida de pecado” (V.11), no le estaba diciendo Jesús que no pecara más, en el sentido de que no cometiera ningún pecado más, cosa imposible (1 Jn. 1:8), sino que abandonara el pecado como forma de vida.

Esto último solamente es posible cuando se es oveja de Cristo: “Todo aquel que es nacido de Dios, no practica el pecado, porque la simiente de Dios permanece en él; y no puede pecar, porque es nacido de Dios”(1 Jn. 3:9).

Es evidente que esa mujer era una oveja de Cristo por la cual Él iba a dar su vida en la cruz.

El turno de: Simón el mago

(Leer Hechos 8: 9-24)

A diferencia de aquella mujer adúltera, tenemos aquí a un personaje que parecía cristiano, y que incluso dice la Palabra que había creído, y que sin embargo era un hijo del diablo.

Un testimonio aparente
“También creyó Simón mismo, y habiéndose bautizado…”.Simón tenía un testimonio impresionante. A diferencia de aquella menospreciada y vilipendiada mujer adúltera, Simón podía alardear de un testimonio de “conversión” sin igual.

Había sido brujo, y un brujo poderoso y engañador: “le estaban atentos, porque con sus artes mágicas les había engañado mucho tiempo” (V. 11)

Su “testimonio” se basaba en su creencia en el mensaje de Cristo, porque había visto un poder real que no tenía: “y viendo las señales y grandes milagros que se hacían, estaba atónito” (V.13). Era una creencia basada en lo que se ve; no era una fe verdadera.

El contraste
Aquella mujer adúltera estaba humillada, arrepentida, no se veía digna de nada. En sí misma no veía esperanza alguna; era dependiente de la misericordia del Señor; era una oveja perdida que había sido encontrada por el Pastor en ese punto.

Simón, era todo lo contrario. Se proclamaba creyente, pero sólo creía en lo que veía, y en ello basaba esa creencia.

De hecho, creía en el poder del dinero, ya que al desear el poder del Espíritu Santo, estaba dispuesto a comprarlo. Para él el dinero era suficiente. Pensaba que Dios podía doblegarse ante el dinero.

El engaño del dinero
(Vv.18, 19) “Cuando vio Simón que por la imposición de las manos de los apóstoles se daba el Espíritu Santo, les ofreció dinero, 19 diciendo: Dadme también a mí este poder, para que cualquiera a quien yo impusiere las manos reciba el Espíritu Santo”

Ese comentario fue suficiente como para que Pedro viera que ese hombre no era una oveja de Cristo, sino un hijo de Satanás.

La respuesta de Pedro no se hizo esperar. Le contestó como todos tendríamos que contestar, pero no hacemos porque parece que lo “políticamente correcto” es lo que impera hoy. Pero Pedro sin ambages, le dice:

“20 Entonces Pedro le dijo: Tu dinero perezca contigo, porque has pensado que el don de Dios se obtiene con dinero. 21 No tienes tú parte ni suerte en este asunto, porque tu corazón no es recto delante de Dios” (Vv. 20, 21)

Al colocar el dinero por delante de cualquier cuestión, quedó claro que Simón era un impostor. Tanto a su dinero como a su misma persona, Pedro los reprende con nitidez, sin cuestionamientos; llamando a las cosas por su nombre, añadiendo la imposibilidad de que este hombre fuera siervo de Dios.

El poder de Simón
Simón pretendía estar unido a Dios, falso. Los padres de la iglesia primitiva lo consideraban uno de los fundadores del gnosticismo, cuyas creencias sostenían la existencia de emanaciones divinas que llegaban hasta Dios. Estas fueron denominadas “poderes”, y el pueblo llegó a creer que él estaba en el escalón de la cima.

Si lo vemos de cerca, la enseñanza de Simón era muy cercana al falso cristianismo de hoy en día, en el que se enseña que el creyente es un pequeño dios, y que por ello tiene poder en sí mismo para “decretar”, “declarar”, etc. y conseguir lo que uno quiere.

Esto tiene su parangón en el hecho que Simón cuando ejerció de mago, practicaba lo que hacían los medos y los persas: una mezcla de ciencia y superstición que comprendía la astrología, la adivinación y el ocultismo, cosas prohibidas por Dios.

Las apariencias engañan
Y sin embargo, muchos sin profundizar, sin discernir, hubieran asegurado que Simón era un verdadero discípulo, ya que estaba todo el lado al lado de Felipe; “…estaba siempre con Felipe…” (V.13).

Al verle tan rendido aparentemente, cualquiera habría dicho que ese hombre había cambiado, y de ser un brujo, ahora era un creyente. Sólo fue que el mismo se puso en evidencia al decir que estaba dispuesto a comprar el don de Dios con dinero, que se pudo ver que era un falso creyente.

Así es con todos aquellos que se muestran como creyentes, no siéndolo, más tarde o temprano se ponen en evidencia.

¡Qué contraste con aquella mujer adúltera, que una vez confrontada con su pecado, se arrepintió de corazón! Aquella mujer mostró su arrepentimiento, y fue visto por todos los que tenían ojos para verlo. No escondió nada ante nadie; en cambio Simón, se mostraba como un verdadero creyente, ansioso de hacer la obra poderosa de Dios, y cualquiera hubiera dicho que lo era, no siéndolo.

Hoy en día muchos no escuchan a los genuinos siervos de Dios, sino que siguen a aquellos que alardean del “poder de Dios”.

La fe de Simón era falsa, basada en simples motivos egoístas. Para él todo resultaba en una acto externo mediante el cual podría obtener el poder que veía manifestado en Felipe, y estando con él, eso le permitía seguir estando con su antigua audiencia.

Simón buscaba protagonismo, la mujer adúltera no encontraba donde esconderse.//

SOLI DEO GLORIA

© Miguel Rosell Carrillo, pastor de Centro Rey, Madrid, España.
Junio 2014
www.centrorey.org