¿TODO ME ES LÍCITO?

(1 Corintios 10: 23, 24) “Todo me es lícito, pero no todo conviene; todo me es lícito, pero no todo edifica. Ninguno busque su propio bien, sino el del otro”

¿TODO ME ES LÍCITO?

Antecedentes

Antes de empezar este escrito debo aclarar lo siguiente: no podemos hacer doctrina de un solo versículo de la Biblia, aislándolo del contexto. Esto constituye error.

Algunos se quedan con la primera parte del versículo 23,Todo me es lícito…”, dejando de lado el resto del mismo, así como sacándolo del contexto de lo enseñado por el apóstol. Muy mal hecho.

Interesadamente pretenden con el “todo me es lícito”, argumentar en pro de sus iniquidades y deseos carnales, así como la búsqueda de la satisfacción de los mismos.

Estos “creyentes”, en la práctica, se muestran como falsos hijos de Dios por aceptar y defender esta pecaminosa manera de entender la Escritura.

Argumentando

Pero… Pablo, hablaba diciendo que “todo le era lícito”, y “todo” es “todo”… ¿o no es así?

Entonces, ¿Qué quería decir Pablo con “todo me es lícito”? ¿Incluiría en ese todo al mismo pecado? ¿Estaba diciendo que hasta el pecado le era lícito?

¡Qué enorme contrasentido hubiera supuesto eso!

Si fuera de ese modo, veríamos por un lado al querido apóstol enseñando en contra del pecado, y advirtiendo en contra de él, y al mismo tiempo, diciendo que también, con todo lo demás, le era lícito pecar (aunque simplemente “no convenía”)…

Bueno, ¡Esto es lo que muchos querían y quisieran que dijera, para atacarle y hundirle, y otros para así justificar su amor a su pecado!

Pero ni una cosa ni otra. Jamás Pablo pretendía tal cosa, ni tampoco manifestaba ninguna bipolaridad espiritual; sino todo lo contrario.

Esta es otra de las veces cuando es tan importante estudiar bien el contexto del texto, utilizando una buena hermenéutica, para así hacer una acertada exégesis.

Hacia los demás

Por tanto, atendiendo a lo que Pablo está enseñando, vemos que el asunto radica en el trato con los demás, y vemos esto claramente en el versículo siguiente: “Ninguno busque su propio bien, sino el del otro” (V.24)

En otras palabras: todas las cosas me son lícitas (y en ellas no se incluye el pecado, obviamente), pero no convienen si con ellas, o algunas de ellas, perjudico a terceras personas. En este sentido, bien dice el apóstol que no debemos buscar nuestro propio bien, o propio interés, si con ello perjudicamos a nuestro prójimo.

Por ello, de ese versículo en adelante, el apóstol Pablo enseña que nuestra libertad individual tiene un límite, y éste lo marca la libertad, o la falta de ella, de los hermanos más débiles en la fe.

Declaración de muerte al pernicioso ego

Y eso es extensivo a todos los hombres, además de a los creyentes; por eso escribe: “No seáis tropiezo ni a judíos, ni a gentiles, ni a la iglesia de Dios” (V. 32)

Todo ello constituye una carga letal contra el individualismo egocéntrico tan propio de todos nosotros, por causa de nuestra naturaleza caída.

En la vida como cristianos, no tiene cabida el “solo yo”, sino que involucra a todos. Por ello la Ley de Dios enseña: “amarás al prójimo como a ti mismo”…

Y en cuanto a la familia de la fe concretamente, el mismo apóstol no lo podía decir con mayor claridad:

“Porque vosotros, hermanos, a libertad fuisteis llamados; solamente que no uséis la libertad como ocasión para la carne, sino servíos por amor los unos a los otros” (Gálatas 5: 13)

No se prevé que la libertad en Cristo sea usada con intenciones pecaminosas; a tal efecto no hay libertad. La libertad cristiana siempre rige para el beneficio del amor, y de la verdad en el amor. Eso excluye del todo el pecado.

Siempre y en ese sentido, el servicio por amor hacia los hermanos constituirá la finalidad y el por qué de esa libertad, por la cual, “todo me es lícito”.

SOLI DEO GLORIA

© Miguel Rosell Carrillo, pastor de Centro Rey, Madrid, España.
Febrero 2014
www.centrorey.org

FIN