EL VERDADERO CREYENTE TODAVÍA TIENE UNA NATURALEZA CAÍDA

 EL VERDADERO CREYENTE TODAVÍA TIENE UNA NATURALEZA CAÍDA

(Romanos 6: 6-8)sabiendo esto, que nuestro viejo hombre fue crucificado juntamente con Él, para que el cuerpo del pecado sea destruido, a fin de que no sirvamos más al pecado. Porque el que ha muerto, ha sido justificado del pecado. Y si morimos con Cristo, creemos que también viviremos con él”

Pablo habla del “viejo hombre”, refiriéndose con tal calificativo, no a edad avanzada, como es fácil suponer, sino a algo desgastado e inservible, lo cual formaba parte de nosotros mismos.

En el creyente, ese hombre viejo es el que murió como resultado de la obra del Espíritu por los méritos únicos y suficientes de Cristo en la cruz; por eso Pablo exclama que ese viejo hombre fue crucificado juntamente con Cristo.

El cuerpo del pecado

“…para que el cuerpo del pecado sea destruido, a fin de que no sirvamos más al pecado”:

Básicamente y en esencia esta expresión, “el cuerpo del pecado”, es un sinónimo de “nuestro viejo hombre”. El apóstol Pablo emplea ciertos términos como “cuerpo” y “carne”, para referirse a propensiones pecaminosas que están entrelazadas con debilidades y deleites indebidos.

Aunque el “viejo hombre” está crucificado, y por tanto, muerto, el pecado mantiene un pie sobre nuestra carne temporal, es decir, nuestra condición humana caída, que se caracteriza por sus deseos corruptos. Esto Pablo lo explicó muy bien un poco más adelante en esta misma epístola. Ver Romanos 7: 14-24

La realidad temporal y la eterna

La realidad temporal del verdadero creyente, es que sigue inmerso en una lucha espiritual, tal y como lo hemos leído de la mano del propio Pablo. En cambio, la realidad eterna, es que hemos sido justificados del pecado:

(Ro. 6: 7) Porque el que ha muerto, ha sido justificado del pecado. 8 Y si morimos con Cristo, creemos que también viviremos con él”

(Ro. 8: 1) “Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne, sino conforme al Espíritu”

El hecho en lo actual y temporal es que la nueva naturaleza en Cristo Jesús que tiene el que ha nacido de nuevo, está contenida en la carne no redimida, es decir, en el “cuerpo mortal” o cuerpo que ha de morir.

Por eso Pablo insiste diciendo: “No reine, pues, el pecado en vuestro cuerpo mortal, de modo que lo obedezcáis en sus concupiscencias” (8: 12). A pesar de esa advertencia, el mismo asegura que el verdadero creyente jamás estará sujeto al pecado: “porque el pecado no se enseñoreará de vosotros, pues no estáis bajo la ley, sino bajo la gracia” (V. 14)

Ese “cuerpo mortal”, y por tanto, que sí está sujeto a muerte y desaparecer, es el único repositorio que queda donde el pecado encuentra vulnerable al creyente.

¿ERRADICAR TOTALMENTE LA NATURALEZA CAÍDA DE LA VIDA DEL CREYENTE? (Lewis Sperry Chafer)

Se ha afirmado muchas veces que el cristiano debe buscar la erradicación de la vieja naturaleza, para así quedar permanentemente libre del poder del pecado. Pero esta teoría tiene sus objeciones:

a) No hay base bíblica para la enseñanza de que la naturaleza adámica pueda erradicarse.

b) La vieja naturaleza es una parte de la carne, y es claro que ella debe tratarse en la misma forma en que Dios trata a la carne. La carne es uno de los tres poderosos enemigos del cristiano: el mundo, la carne y el diablo. Dios no erradica el mundo, o la carne, o el diablo; pero provee la victoria sobre estos enemigos, por medio del Espíritu (Gá. 5:16; 1 Jn. 4:4; 5:4). De manera semejante, El da la victoria sobre la vieja naturaleza, por medio del Espíritu (Ro. 6:14; 8:2).

c) Ninguna experiencia humana actual confirma la teoría de la erradicación, y si esta teoría fuera verdadera, los padres en este estado engendrarían hijos no afectados por la caída.

d) Cuando se acepta la teoría de la erradicación no hay lugar ni significado alguno para el ministerio del Espíritu que mora en cada hijo de Dios. Muy por el contrario, los cristianos más espirituales son advertidos de la necesidad de andar en el Espíritu, rindiéndose a la voluntad de Dios, impidiendo que el pecado reine en sus cuerpos mortales, mortificando las obras de la carne y permaneciendo en el Señor.

Deberemos esperar a que nuestra salvación se manifieste cuando le veamos a Él.

SOLI DEO GLORIA

Miguel Rosell Carrillo, pastor de Centro Rey, Madrid, España.
Enero 2014
www.centrorey.org

FIN