EL MAYORDOMO INFIEL (III)

Estudio bíblico sobre
Lucas 16: 1-15

“La adoración a Mamón” de Evelyn de Morgan (1909)

“La adoración a Mamón” de Evelyn de Morgan (1909)

TERCERA PARTE

Índice

Lección Cuarta

I. Sólo se puede servir a un amo

(V. 13) “Ningún siervo puede servir a dos señores; porque o aborrecerá al uno y amará al otro, o estimará al uno y menospreciará al otro. No podéis servir a Dios y a las riquezas”:

Para acabar de aclarar lo que Jesús está enseñando a sus discípulos, termina diciendo de una vez que no se puede vivir para Dios al tiempo que se vive para uno mismo.

En definitiva, “Servir a las riquezas” es sinónimo de servirse a uno mismo, porque, ¿qué son en sí las riquezas? ¡Nada!  Son nada en sí mismas.

La cuestión está en dónde ponemos nuestro corazón: ¡¿qué llena nuestro corazón!?

El ser humano es un ser dependiente. Es así porque es criatura. Por lo tanto, y en ese sentido, somos siervos, por lo tanto, dependientes de un amo:

  • O bien decidimos depender de Dios, o seguimos dependiendo de nosotros mismos, con todo lo que ello acarrea de mal.
  • O bien decidimos servir a Dios, o seguimos sirviéndonos a nosotros mismos.
  • O bien Dios es nuestro amo, o seguimos siendo amos de nosotros mismos (sólo en nuestra imaginación, claro)

No hay otra opción, porque como siervos que somos, ¡no podemos servir a dos señores al mismo tiempo!

II. Los que se ríen de las cosas de Dios...

(V. 14, 15) “Y oían también todas estas cosas los fariseos, que eran avaros, y se burlaban de él. Entonces les dijo: Vosotros sois los que os justificáis a vosotros mismos delante de los hombres; mas Dios conoce vuestros corazones; porque lo que los hombres tienen por sublime, delante de Dios es abominación”:

Allí estaban también escuchando la doctrina de Jesús aquellos que se decían servidores del Dios de Israel.

Es curioso que los fariseos, que decían estar en las cosas de Dios, eran los que en realidad, no solamente se burlaban de las cosas de Dios, sino del mismo Señor al cual tenían justo delante, y todo, porque “eran avaros”.

La palabra en griego “filarguros” aquí dicha por el Señor, significa literalmente “amadores del dinero”.

Avaricia significa codiciar riquezas; bienes materiales.

La avaricia o culto al dios Mamón (dios del materialismo), de hecho, es la manifestación de la adoración a uno mismo. El avaro profesa adoración a sí mismo.

Aquellos fariseos no servían a Dios sino a su propio dios, es decir, a sí mismos. Vemos en las Escrituras algunos ejemplos:

“¡Ay de los pastores de Israel, que se apacientan a sí mismos!” (Ezequiel 34: 2)

Está hablando la Escritura de los responsables espirituales que en vez de apacentar a las ovejas, se apacientan a sí mismos. Pero esto no sólo ocurre con ellos, sino también con cualquier oveja. Vemos en Judas 12:

“Estos son manchas en vuestros ágapes, que comiendo impúdicamente con vosotros se apacientan a sí mismos; nubes sin agua, llevadas de acá para allá por los vientos; árboles otoñales, sin fruto, dos veces muertos y desarraigados”.

Los que se apacientan a sí mismos, sirven a un solo señor, a ellos mismos, y se burlan del consejo de Dios, sobre todo cuando viene de alguien en apariencia insignificante...

“... y se burlaban de él”:

La apariencia del Señor Jesús era muy sencilla. Allí estaba ese joven treintañero dando lecciones de doctrina a aquellos sesudos religiosos. Nunca se hubieran burlado de Jesús si hubieran comprendido quién era Él en realidad, pero sus ojos estaban velados.

  • El que se sirve a sí mismo (aun diciendo que sirve a Dios) rara vez entiende las cosas de Dios, ni a Dios mismo. ¡sólo conoce a Dios el que sirve a Dios de veras, amándole porque Él le amó primero!

Los que se sirven a sí mismos, se justifican delante de los hombres

(V. 15) “Entonces les dijo: Vosotros sois los que os justificáis a vosotros mismos delante de los hombres; mas Dios conoce vuestros corazones; porque lo que los hombres tienen por sublime, delante de Dios es abominación”:

Al igual que con aquellos fariseos, el que dice servir a Dios pero en realidad se sirve a sí mismo, busca el justificarse a sí mismo ante los demás. Pero ¡sólo Dios puede justificar, nunca el individuo!

Por lo tanto, todo lo que es realmente sublime es lo que Dios lo tiene por tal, nunca lo que el hombre por sí mismo dictamina.

Aquellos fariseos se burlaban de las enseñanzas de Jesús en cuanto a la necedad del “mayordomo infiel” y su afán de enriquecerse, porque ellos hacían exactamente igual que ése, pero con el agravante de pretender servir al Señor.

Resumen

DE LA HISTORIA DEL “MAYORDOMO INFIEL” de Lucas 16: 1-15, hemos podido aprender al menos, cuatro importantes lecciones espirituales a la vez que prácticas.

1. La sagacidad del mundano y la negligencia del espiritual 

(V.8) “... porque los hijos de este siglo son más sagaces en el trato con sus semejantes que los hijos de luz”:

¡Quien dice que de los mundanos no se puede aprender nada, se equivoca! El tesón y el ahínco con los cuales el mundano muchas veces se ocupa y se preocupa de lograr lo que se propone, son dignos de tomar ejemplo para nosotros, pero para con las cosas de Dios. Ese mismo espíritu de lucha deberemos tener para que en nosotros y a través de nosotros se haga la voluntad de Dios. Haciéndolo todo con excelencia, como para el Señor (Col. 3: 23).

2. Lo que administramos en lo material deberá conseguir bienes eternos como meta final

(V. 9) “Y yo os digo: Ganad amigos por medio de las riquezas injustas, para que cuando éstas falten, os reciban en las moradas eternas”:

La riqueza material se puede usar de una manera egoísta (de uno para uno), o para hacer la vida más fácil para otros (de uno para los demás). Las cosas materiales están para el servicio de la gente, según la voluntad de Dios para cada caso; ahí reside nuestra buena mayordomía del Reino.

Por otra parte, la finalidad de esta vida, y de lo que hemos recibido en ella, es la de obtener la mejor recompensa posible en la eternidad. Esta vida es la Bolsa de Dios en la Tierra para invertir en el Banco de la Eternidad.

Que con la sagacidad del Administrador Infiel, pero esta vez, eso sí, santificada, podamos, a través de las riquezas prestadas de esta vida, conseguir el máximo rédito en el Cielo. ¡Seamos buenos mayordomos de Dios! ¡Abundemos en lo bueno aquí, para recibir abundancia allí!

3. El que es fiel en lo poco, es fiel en lo mucho

(V. 10) “El que es fiel en lo muy poco, también en lo más es fiel; y el que en lo muy poco es injusto, también en lo más es injusto”:

Esta es una regla de vida. Si soy fiel en lo que aparentemente es poca cosa, seguramente lo seré en lo de mayor responsabilidad; pero, no es menos cierto de que, si no logro ser fiel en lo poco ¿por qué razón lo habría de ser en lo mucho? ¿Quién lo garantiza?

 4. Sólo se puede servir a un amo

(V. 13) “Ningún siervo puede servir a dos señores; porque o aborrecerá al uno y amará al otro, o estimará al uno y menospreciará al otro. No podéis servir a Dios y a las riquezas”:

El “Administrador Infiel” era dueño y amo de sí mismo. Sólo vivía para servirse a sí mismo. Con que era amo de sí mismo, ya no podía servir a otro amo, porque sólo se puede tener un señor, nunca dos.

Con el celo y determinación que él se servía a sí mismo, deberemos nosotros servir a Dios si realmente Dios es nuestro Señor. Si Dios es nuestro Dios, que se muestre en la manera como Le servimos, por amor.

SOLI DEO GLORIA

Dios les bendiga.

© Miguel Rosell Carrillo, pastor de Centro Rey, Madrid, España
Septiembre 2013
www.centrorey.org

FIN