EL MAYORDOMO INFIEL (II)

Estudio bíblico sobre
Lucas 16: 1-15

EL MAYORDOMO INFIEL (II)

SEGUNDA PARTE

Índice

Lección Segunda

I. Lo que administramos en lo material debería conseguir bienes eternos como meta final

(V. 9) “Y yo os digo: Ganad amigos por medio de las riquezas injustas, para que cuando éstas falten, os reciban en las moradas eternas”:

“Y yo os digo: Ahora es el mismo Señor Jesús el que nos da su interpretación:

“... Ganad amigos por medio de las riquezas injustas, para que cuando éstas falten, os reciban en las moradas eternas”:

En este contexto, “las riquezas injustas” son las posesiones materiales, sobre las cuales debemos ejercer nuestra mayordomía. 

Dice William Barclay: “Las posesiones no son en sí mismas pecado, pero sí una gran responsabilidad; y la persona que las usa para ayudar a otros lleva camino de cumplir con esa responsabilidad”.

El mayordomo malo utilizó el dinero de su señor para sus propios fines, es decir, comprar amigos que a la postre le dieran algún beneficio; una estabilidad aquí en la tierra, por recibirle en sus casas.

Ahora bien, la lección es que, en cuanto a nosotros los creyentes, debemos utilizar los bienes materiales y de índole natural (incluidos dones y talentos) que tenemos en esta vida, no sólo para nuestro propio bien material, sino para el beneficio espiritual y eterno de aquellos a quienes Dios nos envía.

El ejemplo de esto último lo podríamos obtener de la misma parábola que hemos leído, dándole una diferente versión. Imaginando que, en vez de ese mayordomo fuera malo, fuera un buen siervo de un buen señor.

De ese modo ese mayordomo hubiera estado usando los bienes de su señor para el beneficio de los deudores suyos, bajo la tutela y dirección de éste.

Si contemplamos las palabras de Jesús en el sentido de eternidad, el resultado es el mismo. En este caso se trata de llevar la Palabra del Evangelio a aquellos que deben escucharla, utilizando los medios naturales (dinero y trabajo, etc.), como una inversión de cara a la vida eterna.

Como escribe McArthur: “El mayordomo malo utilizó el dinero de su señor para comprar amigos terrenales. Los creyentes deben utilizar el dinero de su Señor de tal manera que puedan ganar amigos para la eternidad, por medio de invertir en el evangelio del reino, que lleva a los pecadores a la salvación, a fin de que al llegar al cielo (“las moradas eternas”), se encuentren con aquellos pecadores para que les den la bienvenida”

En esta tierra las posesiones materiales deberán usarse – entre otras cosas - para hacer amistades en las que se hallan los valores reales y permanentes de la vida. Dicho de otro modo, lo que tenemos en esta vida deberá servir para producir bienes eternos en lo por venir.

Hacia la eternidad
“...para que cuando éstas falten, os reciban en las moradas eternas”:

Este versículo tiene otra acepción: Las posesiones materiales sobre las que tenemos que ejercer mayordomía, son una oportunidad de ganar las verdaderas posesiones, que son las eternas.

Leemos en Romanos 2: 6, 10; “Dios pagará a cada uno conforme a su obra... gloria, honra y paz a todo el que hace lo bueno”.

Jesús dijo: “No os hagáis tesoros en la tierra, donde la polilla y el orín corrompen, y donde ladrones minan y hurtan; sino haceos tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el orín corrompen, y donde ladrones no minan ni hurtan” (Mateo 6: 19, 20)

LOS TESOROS EN LOS CIELOS SE HACEN EMPLEANDO BIEN LOS TESOROS  QUE ADMINISTRAMOS EN LA TIERRA.

Esos tesoros de los cielos son reales, auténticos, y nunca se perderán.

El mayordomo infiel, sólo pensaba en términos de esta vida, en esta tierra. El verdadero cristiano, debe tener su mente en las cosas de arriba, donde está sentado Cristo a la diestra del Padre.

¿Mucho o poco?
En términos materiales, parece que el que más tiene, mayor posibilidad de ser bendecido tiene en la eternidad. No obstante, esto no es así. No es la cantidad lo que cuenta, sino el amor a la hora de dar, lo que cuenta:

“Estando Jesús sentado delante del arca de la ofrenda, miraba cómo el pueblo echaba dinero en el arca; y muchos ricos echaban mucho. Y vino una viuda pobre, y echó dos blancas, o sea un cuadrante. Entonces llamando a sus discípulos, les dijo: De cierto os digo que esta viuda pobre echó más que todos los que han echado en el arca; porque todos han echado de lo que les sobra; pero ésta, de su pobreza echó todo lo que tenía, todo su sustento” (Marcos 12: 40-44)

Esa viuda dio más que todos, de casi nada que tenía; más que aquellos ricos que dieron mucho, pero de lo que les sobraba, por lo tanto, poco dieron.

Para ella el darlo todo significaba honrar a Dios y reconocer que de Él venía, no sólo su sustento sino su propia existencia, por eso ella dio todo lo que tenía: Su sustento a Dios. En ese acto demostraba su total confianza y dependencia de Él.

En la manera como debemos dar, siempre expresaremos nuestro agradecimiento al Señor.

El buen mayordomo o administrador de Dios, haya recibido mucho o poco, administra esas posesiones conforme al temor de Dios y la guía del Espíritu Santo.

No olvidemos que ese principio de dar como santa INVERSIÓN en esta vida y en la venidera se aplica no tan sólo a las cosas materiales, sino a todo lo demás que hemos recibido de Dios.  

  • Si el mayordomo infiel trabajó tanto en su fraude, y estuvo dispuesto a arriesgarse tanto delante de los deudores de su amo, y después ante su amo, sabiendo que fácilmente hubiera podido acabar en la cárcel, y todo por motivos absolutamente egoístas y pecaminosos, ¿cuánto estamos nosotros dispuestos a hacer lo propio, pero esta vez, para agradar al corazón de Dios?

Entendamos que la motivación auténtica y sana del servicio, NO es la búsqueda de la propia satisfacción y agrado de uno mismo, sino la satisfacción de Dios y Su agrado. De ahí que solamente el verdadero hijo de Dios puede obrar de tal modo, jamás un impío, por muy bueno que pretenda ser.

 En esto deberemos ser especialmente cuidadosos, por lo tanto, veamos una declaración de intenciones que no va de acorde al amor sacrificial, sino realmente al egoísmo inherente en cada uno de nosotros:

 “Voy a esforzarme en hacer cosas para los demás para así conseguir librarme de mi egoísmo y poder ser un buen cristiano, creo que así seré más feliz porque me aceptaré mejor a mismo y seré más aceptado por los demás”.

En definitiva: MI, YO, YO, ME, MÍ, YO.

¡El asunto no funciona, si no es genuino!

En el proceso correcto, siempre podremos contar con la gracia de Dios que nos la da en abundancia: “…cuando el pecado abundó, sobreabundó la gracia” (Romanos 5: 20)

Lección Tercera

I. El que es fiel en lo poco, es fiel en lo mucho

(V. 10) “El que es fiel en lo muy poco, también en lo más es fiel; y el que en lo muy poco es injusto, también en lo más es injusto”:

La vara de medir la fidelidad de un hombre, no es en lo mucho, sino en lo poco.

Del versículo 10, entendemos que, la manera en que uno se responsabiliza y realiza una tarea pequeña, es la mejor demostración de si está capacitado o no para encargarse de otra mayor. De hecho, el que sea fiel en lo que es comparativamente poca cosa, estará preparado para lo demás. 

El descontento, el quejoso...

No obstante, ocurre todo lo contrario con la persona que no valora lo que tiene, aunque sea poco; que está descontenta, que se queja porque le han encomendado algo, o le han encomendado poco, y por tanto, no es agradecida, no lo valora. Además, puede llegar a envidiar lo de los demás; etc.

El quejoso y descontento por sistema, no ha comprendido la bendición que Dios le ha otorgado por el simple hecho de concederle el don de la existencia.

Incluso la gente del mundo maneja este principio: Nadie ascenderá de categoría laboral hasta que haya dado pruebas de su honradez y capacidad de trabajo en su nivel anterior.

  • Si uno de nosotros, que lleva cierto tiempo en el Señor, no es capaz de interesarse en ayudar a un recién convertido, ¿cómo podrá ocuparse  de cualquier otra cosa de orden ministerial?

Respecto a las cosas de Dios, hay muchos que quieren tener mucho, pero pocos que tengan mucho, porque no saben tener poco.

De aquí a la eternidad...
(V. 11, 12) “Pues si en las riquezas injustas no fuisteis fieles, ¿quién os confiará lo verdadero? Y si en lo ajeno no fuisteis fieles, ¿quién os dará lo que es vuestro?”:

El mismo principio de ser fiel en lo poco para serlo en lo mucho lo aplica Jesús respecto a la eternidad.

A este mundo venimos desnudos, y nos vamos de él desnudos también. Por lo tanto, “las riquezas injustas” son todas aquellas que por sí mismas no producen un beneficio eterno, pero que son las que administramos en la Tierra, y que jamás nos las podremos llevar con nosotros porque no son nuestras. Si administrándolas, no somos fieles, ¿cómo se nos encomendará lo que dura para siempre, esto es, las cosas eternas?

Por otro lado, si en “lo ajeno”, es decir, en lo que tampoco es nuestro, sino de Dios, pero que se nos ha encomendado en esta vida para ser convenientemente administrado, no hemos sabido ser fieles, ¿cómo nos va a dar el Señor lo que quisiera darnos como recompensa en la Eternidad?

  • Que jamás olvidemos que lo que poseemos en esta vida no es nuestro, sino solamente depositado en nuestras manos para hacer una mayordomía eficaz de ello.

Es de Dios todo lo que tenemos. Según hagamos y deshagamos busquemos la dirección del Espíritu Santo siempre.

Sólo recogeremos en la Eternidad en la medida en que fuéremos fieles con lo que nos ha sido encomendado en la tierra.

Lo que de Dios tenemos, no son sólo el dinero y las posesiones materiales; también lo son los dones, talentos, tiempo, capacidades, fuerzas, salud, palabra, inteligencia, experiencia, habilidades, sabiduría, preparación, deseos, etc. etc.

La omisión

Podemos pensar que pecamos cuando usamos mal cualquiera de esas cosas; no obstante, por el simple hecho de NO usarlas cuando debiéramos, ya incurrimos en PÉRDIDA. Santiago 4; 17, nos dice: “al que sabe hacer lo bueno, y no lo hace, le es pecado”. A eso se le llama “pecado de omisión”.

Dice Barclay al detalle: “En el Cielo recibirás lo que será tuyo realmente y para siempre. Lo que recibas en el Cielo, dependerá de cómo hayas usado las cosas de la Tierra. Lo que se te dé como tuyo propio, dependerá de cómo hayas usados las cosas cuando no eras más que administrador de bienes ajenos”.//

 Fin de la segunda parte

(Continuará)

© Miguel Rosell Carrillo, pastor de Centro Rey, Madrid, España
Septiembre 2013
www.centrorey.org