JUAN 3: 16

JUAN 3: 16

(Juan 3: 16) “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a Su Hijo Unigénito para que todo aquel que en Él cree, no se pierda más tenga vida eterna”

Prefacio

Este es uno de los versículos que más han impactado las mentes y los corazones de muchos a lo largo de las décadas; y no obstante, es uno de los peor comprendidos.

El mundo arminiano ha usado ese solo versículo como bandera que ondea al viento, a fin de subrayar su equivocado aporte teológico… y es que, no se puede usar un versículo aislado de su contexto para hacer teología.

Especialmente en los últimos 250 años, tiempo en el que el arminianismo ha estado en boga, y calando fuerte en las denominaciones de corte pentecostal a partir de principios del siglo pasado, muchos, por ese mismo entendimiento semipelagiano, al leer este versículo, han creído y creen que es la voluntad determinativa de Dios que todos y cada uno de los hombres vengan a salvación, si solamente “aceptan” a Cristo. Es como que Dios ha puesto la salvación en las manos de los hombres, y está en ellos el aceptarla o el rechazarla, de ese modo, el hombre tiene la última palabra en los asuntos salvíficos, no Dios.

Conque la mayoría de los hombres se pierden, aún y habiendo escuchado el evangelio alguna vez, entonces conforme a ese planteamiento arminiano, la voluntad determinativa de Dios no es tal, ya que el hombre la puede resistir hasta vencer.

(Nota: Por “voluntad determinativa” queremos decir, que lo que Dios decide hacer, se hace, no importa cualquier oposición de Sus criaturas o de Su creación)

Por lo que vemos, resulta en una total incongruencia.

El arminianismo semipelagiano, que es el que se extiende en la gran mayoría de iglesias carismáticas entre otras, de hecho, atribuye al hombre la potestad de resistir la voluntad divina: Dios quiere enfáticamente salvar a todo hombre, pero ese hombre no quiere ser salvado.

Por la importancia teológica y vivencial de este asunto, conviene verlo de cerca y sacar las oportunas conclusiones.
Sin más, pasemos a hacer una exégesis de todo esto, resumiéndolo en seis simples puntos.

I. No se puede hacer doctrina de un solo versículo:

En primer lugar, no podemos hacer doctrina de un solo versículo, sino verlo en su contexto, y en este caso y como hemos dicho, el arminianismo semipelagiano ha hecho toda una doctrina, errada por más.

II. Dios ama a los hombres, porque Dios es amor:

“Porque de tal manera amó Dios al mundo…”: En segundo lugar, hemos de decir que ciertamente Dios ama a los hombres, porque Dios es amor, y esa es Su naturaleza, pero eso nada tiene que ver con la supuesta voluntad determinativa divina que haría que todos los hombres vinieran a Cristo, si solamente “creyeran”.

Dios ama a todos los hombres, pero no todos los hombres se salvan.

III. Siempre se hace lo que Dios quiere que se haga:

En tercer lugar, y en ese mismo sentido, si Dios hubiera determinado que todos los hombres fueran salvos, lo serían, y sabemos que eso no es así, por lo tanto vemos con claridad que no existe una voluntad determinativa divina en cuanto a que todos los hombres puedan proceder a salvación.

IV. El hombre natural per se rechaza a Dios siempre:

En cuarto lugar, y porque sabemos por otros párrafos de la Escritura, que el hombre natural, caído y sentenciado a condenación por su naturaleza pecaminosa y su propio pecado,  no entiende ni quiere entender lo que es de Dios, ya que ama más su pecado que la luz (1 Co. 1: 18; 2: 14; Jn. 3: 19, 20), nadie, absolutamente nadie sería salvo ni podría llegar a serlo por sí mismo, ni tampoco querría.

Si Dios hubiera puesto la salvación en las manos de los hombres caídos, y no hubiera hecho nada más, tengan la total seguridad de que cada uno de esos hombres, y eso nos incluye a todos y cada uno de nosotros, hubieran arrojado al más profundo de los abismos tal regalo y tal bendición eterna. ¡Nadie sería salvo por tanto!

V. De Dios es la iniciativa de salvar, y lo hace con quien quiso:

En quinto lugar, y por ende, Dios tiene a Sus escogidos (que sólo Él sabe y conoce) desde antes de la fundación del mundo para venir a salvación (Ro. 8: 29, 30; Ef. 1: 1-7). Estos en su momento vienen, por la gracia irresistible de Dios por medio del Espíritu Santo al conocimiento de Jesucristo, a justificación, redención, regeneración, y salvación.  En los asuntos salvíficos, la voluntad determinativa de Dios existe, como no, pero dirigida concreta y fielmente a aquellos que el Padre conoció desde antes de que el mundo fuera un hecho tangible (Ro. 8: 29; Ef. 1: 4).

VI. La fe no es del hombre; es de Dios:

“…para que todo aquel que en Él cree…”: Y en sexto lugar,  y acabando de explicar Juan 3: 16, solamente puede creer aquel que se le da el don de creer, ya que la fe es exclusivamente don de Dios (Ef. 2: 8), no para todos, sino para los herederos de salvación, y en todo esto estamos específicamente hablando de fe salvífica. Dios da la fe, no en vano en modo alguno, sino a aquel que ha de creer en Jesucristo y le ha de recibir como su Salvador y Señor (Jn. 1: 12)

Por eso exclamamos:

SOLI DEO GLORIA
© Miguel Rosell Carrillo, pastor de Centro Rey, Madrid, España.
Junio 2013
www.centrorey.org