¿APOYA HECHOS 13: 48 LA ELECCIÓN SOBERANA DE DIOS?

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¿APOYA HECHOS 13: 48 LA ELECCIÓN SOBERANA DE DIOS?

Veamos el texto en el contexto: (Hechos 13: 42-49 “Cuando salieron ellos de la sinagoga de los judíos, los gentiles les rogaron que el siguiente día de reposo les hablasen de estas cosas. Y despedida la congregación, muchos de los judíos y de los prosélitos piadosos siguieron a Pablo y a Bernabé, quienes hablándoles, les persuadían a que perseverasen en la gracia de Dios. El siguiente día de reposo  se juntó casi toda la ciudad para oír la palabra de Dios. Pero viendo los judíos la muchedumbre, se llenaron de celos, y rebatían lo que Pablo decía, contradiciendo y blasfemando. Entonces Pablo y Bernabé, hablando con denuedo, dijeron: A vosotros a la verdad era necesario que se os hablase primero la palabra de Dios; mas puesto que la desecháis, y no os juzgáis dignos de la vida eterna, he aquí, nos volvemos a los gentiles. Porque así nos ha mandado el Señor, diciendo: Te he puesto para luz de los gentiles, a fin de que seas para salvación hasta lo último de la tierra. Los gentiles, oyendo esto, se regocijaban y glorificaban la palabra del Señor, y creyeron todos los que estaban ordenados para vida eterna. Y la palabra del Señor se difundía por toda aquella provincia”

1. Dios decide a quien salvar

(Hchs 13: 48) “Los gentiles, oyendo esto, se regocijaban y glorificaban la palabra del Señor, y creyeron todos los que estaban ordenados para vida eterna

Una de las declaraciones más patentes y claras de las Escrituras sobre la soberanía de Dios en cuanto a la salvación del hombre que ha de ser salvo, es justamente la refrendada por este versículo de justo arriba.

Leemos con claridad en este versículo que creyeron todos, todos - y no más - que aquellos que previamente habían sido ordenados para vida eterna.

La traducción también podría ser “dispuestos para” (tetagménoi eis, en gr.). La traducción literal del griego es esta: “Puestos en formación hacia la vida eterna”.

¿Dispuestos por quién?, obviamente, por Dios Padre. Esto lo vemos claramente en la siguiente porción de la Escritura: “Porque a los que antes conoció, también los predestinó para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos. Y a los que predestinó, a éstos también llamó; y a los que llamó, a éstos también justificó; y a los que justificó, a éstos también glorificó” (Romanos 8: 29, 30)

Dios soberanamente predeterminó a quien salvar desde antes de la fundación del mundo, según el puro afecto de Su voluntad (véase Ef. 1: 3-7), y no habrá más salvos que aquellos que Dios determinó que sean salvos, y el número se va completando día a día hasta que por la paciencia de Dios, todos y cada uno de los inscritos en el libro de la vida, hayan entrado en esa vida (2 Pr. 3: 9).

Por otro lado, todos los que vienen a salvación, lo hacen no por voluntad propia, sino por la irresistible gracia de Dios. Veámoslo en la Escritura:

“En él asimismo tuvimos herencia, habiendo sido predestinados conforme al propósito del que hace todas las cosas según el designio de su voluntad… Y él os dio vida a vosotros, cuando estabais muertos en vuestros delitos y pecados, 2 en los cuales anduvisteis en otro tiempo, siguiendo la corriente de este mundo, conforme al príncipe de la potestad del aire, el espíritu que ahora opera en los hijos de desobediencia,3 entre los cuales también todos nosotros vivimos en otro tiempo en los deseos de nuestra carne, haciendo la voluntad de la carne y de los pensamientos, y éramos por naturaleza hijos de ira, lo mismo que los demás. Pero Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor con que nos amó, aun estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo (por gracia sois salvos)” (Efesios 1: 11; 2: 1-5)

Como vemos, ninguno de los ahora salvos, buscábamos por nosotros mismos esa salvación, la cual es sólo por gracia por medio de la fe, y ambas cosas sólo provienen de Dios, no de nosotros (Ef. 2: 8)

2. Versículos que se presentan para refutar la Soberanía de Dios en cuanto a la salvación de Sus elegidos

La soberanía de Dios en cuanto a salvación, constituye una verdad central de la Palabra de Dios, que no puede ser obviada ni refutada con éxito, en modo alguno. Hay quien lo intenta, y presenta otras escrituras para rebajar el peso específico de lo enseñado hasta ahora, pero sin conseguirlo. Veamos esos otros versículos que rodean al V. 48 ya estudiado, como intento de refutación de la verdad declarada, contemplándolos a la luz de la verdad de la elección soberana de Dios:

(Hchs. 13: 43; Hechos 13: 46, Hechos 13:47)

Hechos 13: 43, “Y despedida la congregación, muchos de los judíos y de los prosélitos piadosos siguieron a Pablo y a Bernabé, quienes hablándoles, les persuadían a que perseverasen en la gracia de Dios”

Los que se oponen, presentan este versículo para decir que el perseverar en la gracia de Dios depende del hombre.

Veamos. En primer lugar esos a los que Pablo les persuade a que perseveren en la gracia de Dios, no son pecadores como fueron, sino nuevos creyentes, quienes más tarde o temprano, se iban a ver privados de su presencia, de ahí la amonestación paulina.

Ese perseverar en la gracia por parte de aquellos nuevos creyentes, no podía sobreponerse a la acción inefable del Espíritu Santo en sus vidas, de otra manera la salvación, o la permanencia en ella, sería por obras, contradiciendo lo enseñado inspiradamente por el mismo Pablo en otro lugar: “Por gracia sois salvos, por medio de la fe, y esto no de vosotros, pues es don de Dios;  no por obras, para que nadie se gloríe” (Ef. 2: 8, 9)

En definitiva, lo que Pablo les decía, es lo mismo que se enseña desde los santos púlpitos de las santas iglesias: crecimiento en santificación. Todo ello, ni un ápice molesta a la doctrina de la predestinación divina, sino todo lo contrario: es la voluntad de Dios para los hijos suyos que le busquen de veras.

Sigamos:

(Hechos 13: 46-48) “Entonces Pablo y Bernabé, hablando con denuedo, dijeron: A vosotros a la verdad era necesario que se os hablase primero la palabra de Dios; mas puesto que la desecháis, y no os juzgáis dignos de la vida eterna, he aquí, nos volvemos a los gentiles. Porque así nos ha mandado el Señor, diciendo: Te he puesto para luz de los gentiles, a fin de que seas para salvación hasta lo último de la tierra. Los gentiles, oyendo esto, se regocijaban y glorificaban la palabra del Señor, y creyeron todos los que estaban ordenados para vida eterna”

Pablo se dirige en primer lugar a los judíos, ya que ese era el orden establecido por Dios en la Escritura: “Porque no me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree; al judío primeramente…” (Ro. 1: 16). Cierto es que no todos los que descienden de Israel son judíos, como está escrito (Ro. 9: 6), pero Pablo predicaba a todos, tal y como el mismo Señor Jesucristo nos ordenó, en cuanto a predicar el Evangelio a toda criatura. Justamente eso es así, ya que la elección es de Dios, no nuestra.

3. Los dos motivos

Esos judíos aludidos, desecharon el Evangelio por doble motivo, y en este caso, Pablo se está refiriendo a uno de esos motivos en concreto. Obviamente, y según la doctrina de la gracia, esos hombres no fueron escogidos para salvación (Jn. 5: 21), pero ese no era el motivo aludido por Pablo en ese momento, sino aquel que implica la responsabilidad del hombre, y que leemos de boca del mismo Señor Jesucristo: “Y esta es la condenación: que la luz vino al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas. Porque todo aquel que hace lo malo, aborrece la luz…” (Juan 3: 19, 20). Esto que leemos nos muestra cómo es la naturaleza caída del hombre, una naturaleza de muerte espiritual.

Por lo tanto, aquellos falsos judíos desecharon el Evangelio, porque amaban más sus tinieblas que la luz. Esos hombres permanecieron en condenación, ya que no era de ellos la fe (2 Ts. 3: 2), y todo ello, con independencia de la no elección de Dios hacia ellos para salvación.

No fueron escogidos soberanamente para condenación, como se nos acusa que enseñamos; de hecho, nadie es escogido por Dios para condenación. El hombre está condenado ya de por sí, por causa del pecado de Adán y Eva (en Adán, todos mueren… 1 Co. 15: 22)

¡Atención a esto!

Dios no ofrece Su salvación para que el hombre la pueda rechazar, de otro modo Dios habría abdicado de Su soberanía y de Su voluntad. Por otro lado, nadie podría ser salvo si Dios no hiciera salvo a quien quiere hacer salvo, ya que no está en los planes, ni en la mente, ni en el corazón del hombre natural, el venir a Dios, en modo alguno. Veámoslo:

“Porque la palabra de la cruz es locura a los que se pierden; pero a los que se salvan, esto es, a nosotros, es poder de Dios” (1 Co. 1: 18)

“Pero el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura, y no las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente” (1 Co. 2: 14)

Todo lo contrario; es Dios quien nos dio vida, cuando estábamos muertos espiritualmente, es decir, en condenación, y negación de Dios: “Y él os dio vida a vosotros, cuando estabais muertos en vuestros delitos y pecados” (Ef. 2: 1)

Otra vez queda vindicada la noble, hermosa, pura, misericordiosa y santa obra divina y soberana de la justificación por gracia, y consecuente salvación.

¿Todos pueden creer, o, todos deben oír?

En Hechos 13:47, leemos: “Porque así nos ha mandado el Señor, diciendo: Te he puesto para luz de los gentiles, a fin de que seas para salvación hasta lo último de la tierra”.

Este versículo no nos dice que todos pueden creer indiscriminadamente. Vemos que el Evangelio está destinado para todos los hombres a ser oído (Mr. 16: 15), pero no necesariamente a ser creído, de otra manera, si todos los que oyen pudieran creer, Cristo mintió (y eso es imposible) cuando dijo con claridad meridiana: “Porque muchos son llamados, y pocos escogidos” (Mt. 22: 14)

El primer motivo de la predicación del Evangelio es básicamente testimonial: “…recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra” (Hchs. 1: 8)

Todos deben oír, porque todos son llamados a oír. No todos son llamados a creer, porque sólo los escogidos lo son, y son pocos, como dijo Jesús en Mt. 22: 14. Además, esta dinámica explicada aquí, se ha visto y se ve de manera obvia y manifiesta, a lo largo de la historia de Iglesia.

Todos son llamados, conforme al llamamiento general a creer, pero no todos creen. Sólo los escogidos por Dios Padre para creer, lo harán. Hermanos, de otra manera, si no fuera por la previa elección de Dios, y el efecto de Su gracia irresistible, ¡nadie, absolutamente nadie, vendría a salvación!

Concluyendo: ¿Quiénes son los que tercamente se oponen una y otra vez y de frente a las doctrinas de la gracia y perseveran en ese posicionamiento, negando de hecho la soberanía de Dios en cuanto a la salvación? Muchos de ellos, seguramente, personas que jamás nacieron de nuevo, y por tanto, no tienen seguridad alguna de su salvación. 

SOLI DEO GLORIA

Miguel Rosell Carrillo, pastor de Centro Rey, Madrid.
Abril 2013
www.centrorey.org