TITULITIS AGUDA; UN MAL ENDÉMICO EN LO QUE LLAMAMOS IGLESIA

(Colosenses 3: 9) “No mintáis los unos a los otros, habiéndoos despojado del viejo hombre con sus hechos”

TITULITIS AGUDA; UN MAL ENDÉMICO EN LO QUE LLAMAMOS IGLESIA

Farsantes, actores y comediantes

Fantomas, el Guerrero del Antifaz, el agente 007, el Zorro, el Caballero Oscuro, Peter Pan, Sherlock Holmes, The Marlboro Man, estos, y otros, y miles más a añadir a la lista, si personajes de ficción, o no, constituyen un claro exponente de lo que pudieran ser unos simuladores, noveleros, y hasta farsantes.

Un farsante es aquel que finge o aparenta lo que no siente, o se hace pasar por lo que no es.

Hasta aquí no habría mayor problema si hablamos de entretenimiento, de pasatiempo, o algo así, pero cuando existen personajes de ficción, que pretenden ser reales, entonces, sí tenemos una auténtica falsedad; ¡un auténtico farsante en carne y hueso!

Si esto sólo lo viéramos en el ámbito del mundo, no debiera sorprendernos, pero cuando lo vemos en el ámbito eclesial, esto ya es harina del otro costal.

Titulitis aguda (un mal endémico)

Hoy por hoy, vemos en ese ámbito eclesial visible, y por todas partes, una “titulitis aguda” que nos preocupa sobre manera, y nos hace llevar las manos a la cabeza.

Tenemos una “apostolitis” que hace caer de espaldas (y no precisamente por la “unción” de los tipos como Benny Hinn).

Tenemos una “profetisis” que es exactamente lo mismo.

Hasta una “pastorcitis”, que aunque no viste tanto, no es menos cierto que está muy extendida.

Pero además de estas mencionadas, amén de otras, tenemos una “DOCTORcitis” o ¡DOCTORitis”, que es de lo más incisivo.

A. Doctorcitis aguda

Doctorcitis, o doctoritis aguda (definición): “Dícese de aquellos que padecen el síndrome del pretender ser doctores, sin serlo, y lo muestran sin ningún pudor, públicamente”

Yo supongo que los que se hacen llamar doctor en el medio eclesial, y no lo son, saben lo que eso significa. No creo que nadie se coloque el título de doctor, sin serlo, y no sepa que está defraudando, engañando, y actuando como un farsante.

Por lo tanto, todos los que así hacen, pecan y pecan, ya que inducen a todos a creer la mentira de que son, lo que en realidad, no son.

Todo el mundo sabe que para lograr un doctorado, ha que tener previamente una licenciatura; uno tiene que tener título universitario, y luego estudiar más, para lograr obtener ese doctorado, que no todos consiguen, aunque se hayan esforzado. No obstante, y para más abundamiento, muchos de los que en el medio, sobre todo latino, se colocan el “doctor” (Dr.) por delante, ¡ni siquiera acabaron la primaria!

¿Por qué defraudan así, esos falsos doctores?, pues porque si logran embaucar a sus seguidores, haciéndoles creer que son doctores, conseguirán un mayor “ministerio”; tendrán mayor oportunidad de ser invitados a dar sus conferencias, y también poder vender su material (libros, DVD´s, etc.), de lo cual viven, y pretenden vivir.

En ciertos casos, podrían argumentar que, llamándose doctores, podrán ser usados por Dios en mayor medida. Esto no deja de rayar lo blasfemo, además de constituir la vieja y maquiavélica asunción de que el fin justifica los medios.

Cuando directamente se les cuestiona, la mayoría de ellos adopta la antigua táctica, cual es aquella de, no hay mejor defensa que un buen ataque. El atacar para defenderse, en un orgullo que estremece, es lo que de forma natural se manifiesta cuando se les increpa. Es lo que hay en sus corazones. Como me comentó un hermano del facebook: "Quien utiliza títulos para sobresalir por encima de los demás, muestra lo que hay en su corazón”. Qué gran verdad.

Con esa osadía buscan con ello, que el que les cuestiona, se sienta hasta culpable por haber dudado de la honorabilidad de ellos; honorabilidad, por cierto, inexistente.

Comprando los títulos… otros ni siquiera eso

Algunos de estos, logran comprar con una gran suma de dinero un título de doctor, título que no vale nada, ya que no se puede comprar con dinero, años inexistentes de estudios y exámenes aprobados.

Otros ni siquiera hacen eso, sino que descaradamente se han colocado el título, sin más, o como mucho, como pretexto por haber conseguido unos pocos créditos, o haber realizado algún módulo, de filosofía, por ejemplo.

Muchos son también cómplices

Y es que se aprovechan de la fascinación que existe en el medio eclesial en general por los títulos. Si muchos pastores se pusieran la mano sobre el corazón, estarían dispuestos a reconocer que invitarían antes a dar una conferencia en sus iglesias, a un doctor, que a un hombre que no blandiera ningún título; y si me apuran, hasta estarían dispuestos a no prestar atención, si ese título de doctor fuera legal, o no. Y es que viste mucho que alguien se llame “Doctor fulano de tal”, y así se vea en el panfleto anunciador de la conferencia de turno.

Conclusión

Si uno tiene ministerio de parte de Dios, pero no es doctor, ¿por qué no se presenta ante los demás como, el “Hermano Luis”, o el “Hermano Antonio”, o simplemente por su nombre y apellido, que lo tiene, porque sus padres se lo dieron, sin mayor complicación? Eso sería andar conforme a la verdad.

Creo que ya es hora de ser honestos, hermanos. Creo que ya es tiempo de no ir en contra de la realidad, sino de hacer honor a la verdad. Es tiempo de públicamente admitir el fraude, por parte de todos los que se han colocado ese título indebidamente, y humillarse.

También es tiempo de no prestar más oídos y corazón a esa titulitis, venga de quien venga.

SOLI DEO GLORIA

© Miguel Rosell Carrillo, pastor de Centro Rey, Madrid, España.
Enero 2013
www.centrorey.org

Fin