EL EJEMPLO DE LOS TESALONICENSES

(1 Ts. 1: 2-9)

“Damos siempre gracias a Dios por todos vosotros, haciendo memoria de vosotros en nuestras oraciones,  acordándonos sin cesar delante del Dios y Padre nuestro de la obra de vuestra fe, del trabajo de vuestro amor y de vuestra constancia en la esperanza en nuestro Señor Jesucristo. Porque conocemos, hermanos amados de Dios, vuestra elección; pues nuestro evangelio no llegó a vosotros en palabras solamente, sino también en poder, en el Espíritu Santo y en plena certidumbre, como bien sabéis cuáles fuimos entre vosotros por amor de vosotros. Y vosotros vinisteis a ser imitadores de nosotros y del Señor, recibiendo la palabra en medio de gran tribulación, con gozo del Espíritu Santo, de tal manera que habéis sido ejemplo a todos los de Macedonia y de Acaya que han creído. Porque partiendo de vosotros ha sido divulgada la palabra del Señor, no sólo en Macedonia y Acaya, sino que también en todo lugar vuestra fe en Dios se ha extendido, de modo que nosotros no tenemos necesidad de hablar nada; porque ellos mismos cuentan de nosotros la manera en que nos recibisteis, y cómo os convertisteis de los ídolos a Dios, para servir al Dios vivo y verdadero”

EL EJEMPLO DE LOS TESALONICENSES

Podemos ver en estas palabras de Pablo dirigidas a los creyentes, nuevos en la fe, en Tesalónica, una serie de verdades que nos convendrá recordar, para que sean de aplicación a nuestra vida en Cristo.

Si bien el Señor nos salvó y nos apartó para Él, lo hizo, no sólo para que heredemos el beneficio de Sus promesas en materia de salvación y glorificación, sino también para que, en esta vida, andemos de acorde a Su voluntad, lo cual implica tener un previo entendimiento acerca de ello. Algo de esto estaremos viendo en este estudio.

(Vv. 2, 3)

“Damos siempre gracias a Dios por todos vosotros, haciendo memoria de vosotros en nuestras oraciones, 3 acordándonos sin cesar delante del Dios y Padre nuestro de la obra de vuestra fe, del trabajo de vuestro amor y de vuestra constancia en la esperanza en nuestro Señor Jesucristo”:

Lo primero que dice Pablo acerca de la buena conducta de aquellos cristianos, mayormente de origen gentil, son tres cosas:

  • La obra de la fe de ellos.
  • El trabajo de su amor.
  • Su constancia en la esperanza en Jesucristo.

Si nos damos cuenta, Pablo menciona la triple combinación de virtud y obra cristiana:

  • La fe
  • El amor
  • La esperanza

Veamos algunas otras escrituras al respecto:

(1 Co. 13: 13) “Y ahora permanecen la fe, la esperanza y el amor…”

(Col. 1: 4, 5) “habiendo oído de vuestra fe en Cristo Jesús, y del amor que tenéis a todos los santos, 5 a causa de la esperanza que os está guardada en los cielos, de la cual ya habéis oído por la palabra verdadera del evangelio”

(1 Ts. 5: 8) “Pero nosotros, que somos del día, seamos sobrios, habiéndonos vestido con la coraza de fe y de amor, y con la esperanza de salvación como yelmo”

Basados en esas tres virtudes esenciales aquí y ahora, aquellos tesalonicenses nos dan ejemplo de cómo hay que servir al Señor.

1) La obra de la fe de los de Tesalónica

“3 acordándonos sin cesar delante del Dios y Padre nuestro de la obra de vuestra fe…”:

(Gl. 5: 6) “porque en Cristo Jesús ni la circuncisión vale algo, ni la incircuncisión, sino la fe que obra por el amor”:

Pablo da gracias a Dios por la obra de los tesalonicenses, porque tal obra era fruto de una fe ciertísima.

Una fe viva produce una obra verdadera, porque tal obra es dirigida por Dios y auspiciada por el poder del Espíritu Santo.

No es necesariamente una obra grande y poderosa según el baremo humano, sino que, aunque pudiera ser insignificante ante los hombres, es valiosa para Dios, porque es genuina en Él.

Esa fe que obra, lo hace basada, no en la obligación o en la búsqueda del mérito propio, sino en el amor. Por eso seguramente será despreciable a los ojos del hombre natural, porque tal obra, no busca lo suyo.

(1 Corintios 13: 4-7) “El amor es sufrido, es benigno; el amor no tiene envidia, el amor no es jactancioso, no se envanece; 5 no hace nada indebido, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor; 6 no se goza de la injusticia, mas se goza de la verdad. 7 Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta”

Ese tipo de amor, que es el verdadero, es menospreciado a los ojos del incrédulo; en todo caso sólo asumiría algún aspecto de él, pero sólo hasta el punto en que no represente una incomodidad.

La fe que salva, es también la fe que actúa, y lo hace conforme al que salva, que es Dios. Por lo tanto, esa obra en sí misma, constituye un buen fruto.

Por otra parte, no se puede concebir una fe verdadera, sin una obra conforme a esa fe. Van de la mano.

No significa que la obra de nuestra fe sean todas las obras que realizamos, sino solamente las que son inspiradas y dirigidas por el Espíritu Santo. De otra manera, pensaríamos que el creyente es un ser ya perfeccionado de hecho en esta vida, y no es así.

2) El trabajo del amor de los de Tesalónica

“…del trabajo de vuestro amor…”:

La palabra que se traduce por “trabajo” del griego, es “kópos”, e indica siempre un trabajo pesado, molesto, fatigoso. No es un trabajo fácil, exitoso y agradable, sino difícil, no siempre valorado y a menudo desagradable.

Ese era el tipo de trabajo del amor de los de Tesalónica. Siempre es así cuando se trata con las personas; más aún en el contexto del Evangelio y sus particularidades en cuanto a lo pastoral.

Cada vez que se levanta uno haciendo ondear la bandera de la doctrina de la verdad, se levantan cientos de bandera contrarias, y el trabajo es siempre penoso; jamás fácil.

Ahora bien, los de Tesalónica se distinguieron en ese “trabajo” duro y fatigoso, motivado por el amor, en cuanto a llevar la palabra del Evangelio. En esto, se constituyeron  “imitadores de nosotros y del Señor…” (1 Ts. 1: 6)

Estos tesalonicenses eran imitadores de Cristo, y de Pablo y de sus colaboradores en la obra de propagación del Evangelio, de tal manera que, habían sido ejemplo a todos los de Macedonia y de Acaya que habían creído (1: 7)

En cuanto a que padecieron por causa de su trabajo hacia la extensión del Evangelio, lo vemos en la misma Biblia en el libro de los Hechos de los apóstoles:

(Leer Hechos 17: 1-9)

Aquellos tesalonicenses, de origen gentil a los cuales Pablo les escribe, habían sido testigos de primera mano de los padecimientos de Pablo en su tarea de propagar el evangelio por sus tierras.

Teniendo ese clarísimo ejemplo, no dudaron en reproducir la misma obra que Pablo, con la misma motivación: “Trabajo del Señor, por el amor al Señor”.

El ejemplo de Moisés
Aunque siempre hemos de orar que Dios nos siga capacitando con Su gracia en todos los términos, no es menos cierto que debemos actuar conforme a lo que Dios nos ha dado ya. Esto lo vemos en el caso clarísimo de Moisés junto al Mar Rojo:

(Éxodo 14: 15, 16) “Entonces Jehová dijo a Moisés: ¿Por qué clamas a mí? Di a los hijos de Israel que marchen. 16 Y tú alza tu vara, y extiende tu mano sobre el mar, y divídelo, y entren los hijos de Israel por en medio del mar, en seco”

Hay un momento en el que hay que actuar, como fue el caso de Moisés; como fue el caso de los de tesalónica, en su trabajo en el amor de Dios.

Muchos dicen que Dios les ha de dar más gracia, más fe, más de Su Espíritu, como que nunca es suficiente para andar como hijos de Dios. Lo cierto es que Dios ya nos ha dado todo lo que requerimos para vivir una vida agradable a Él. Lo cierto también es, que es la carne (nuestro hombre exterior), la que se opone a Cristo, y esa carne hay que seguir crucificándola. ¿Podemos hacerlo? Sí, pues todo lo podemos en Cristo que nos fortalece (Fil 4: 13).

¡Venzamos con el bien el mal! (Ro. 12: 21) con el poder que Dios ya nos ha dado en Cristo.

3. La constancia en la esperanza en Jesucristo

“y de vuestra constancia en la esperanza en nuestro Señor Jesucristo”:

Esta expresión de Pablo denota un entendimiento escatológico sin lugar a dudas. Los tesalonicenses son exaltados por Pablo, por el hecho de que eran constantes acerca de la esperanza de la venida de Jesucristo.

En otras palabras, vivían esperanzados en la venida del Señor Jesús. Sus vidas estaban basadas en dicha esperanza.

La esperanza implica por sí misma “espera”. El que vive esperanzado, vive en espera. La espera de la que hablamos, tendrá su cumplimiento cuando se produzca la venida de Jesús. De ahí que la esperanza tendrá su fin, cuando cumpla su finalidad.

La esperanza aludida de los tesalonicenses, debería ser por mayor motivo, la forma de entender la vida para nosotros, los creyentes del final de esta dispensación.

4. El por qué del creyente y su obra para Cristo

Hay quienes sirven a Dios, en realidad, sirviéndose a sí mismos; y hay quienes sirven a Dios. Punto. Este último fue el caso de aquellos de Tesalónica.

Aquellos tesalonicenses vivían sus vidas entusiasmados por Cristo, en medio de hostilidad y adversidad.

Muchos perdieron sus labores, por negarse a consagrar su trabajo cotidiano al dios vinculado a su oficio, negándose de ese modo a seguir la costumbre pagana de sus conciudadanos.

Muchos fueron expulsados de sus familias, acusados de ser ¡”ateos”! por negar los dioses.

Pero en medio de tal adversidad, prevalecía su gozo y su entusiasmo por el Señor, y Su obra.

Todo ello pudo ser así, no porque ellos fueron especialmente mejores que el resto de los hombres, sino por causa de la elección divina: “Porque conocemos, hermanos amados de Dios, vuestra elección, pues nuestro evangelio no llegó a vosotros en palabras solamente, sino también en poder, en el Espíritu Santo y en plena certidumbre…” (Vv. 4, 5)

Dios elige a sus santos para la obra Suya.

El evangelio ha de ser predicado a todos, pero a muchos sólo les llegan las palabras, mientras que a los escogidos, les llegan esas palabras con poder de lo Alto.

De ahí que la obra del evangelio, solamente se realizará cabalmente por parte de aquellos que estén entusiasmados por Cristo, y estos últimos sólo son aquellos que han sido elegidos para tal acción y forma de vida.

Simplemente, apliquémonos a ello, aquellos que somos de Él.

SOLI DEO GLORIA

© Miguel Rosell Carrillo, pastor de Centro Rey, Madrid, España.
Noviembre 2012
www.centrorey.org