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LA NO ACEPCIÓN DE PERSONAS POR PARTE DE DIOS Y SU OBRA DE ELECCIÓN PARA SALVACIÓN… ¿UN ASUNTO DE INCOMPATIBILIDAD?

“Y de una sangre ha hecho todo el linaje de los hombres, para que habiten sobre toda la faz de la tierra; y les ha prefijado el orden de los tiempos, y los límites de su habitación” (Hchs. 17: 26)

LA NO ACEPCIÓN DE PERSONAS POR PARTE DE DIOS Y SU OBRA DE ELECCIÓN PARA SALVACIÓN

Introducción

Nadie sobre la tierra decidió si nacer o no nacer, o dónde nacer, qué padres tener, que color de piel o de cabello tener, que lengua llegar a hablar, etc. etc. Esa elección ineludiblemente la hizo Dios. ¿Es injusto Dios por haber hecho nacer a unos en posición de privilegio, frente a muchos otros, en diferente condición?

El apóstol Pablo dirigiéndose a aquellos atenienses paganos y sabios en su propia opinión, les dijo que es el verdadero Dios el que dispone el que los hombres, todos y cada uno, habiten sobre toda la faz de la tierra, y les ha prefijado a todos y a cada uno todo lo que implica la noción del tiempo, y asimismo todo lo que implica la ubicación geográfica. Tiempo y espacio.

Él hace nacer en riqueza, y hace nacer en pobreza; en salud o en enfermedad: “Y Jehová le respondió: ¿Quién dio la boca al hombre? ¿o quién hizo al mudo y al sordo, al que ve y al ciego? ¿No soy yo Jehová?(Ex. 4: 11)

¿Hace Dios injusticia por ser las cosas de ese modo? Sabemos que no. 

Además, Dios es quien rige todas las cosas, incluidas las gentes y los individuos, y lo hace al detalle: “¿No se venden dos pajarillos por un cuarto? Con todo, ni uno de ellos cae a tierra sin vuestro Padre. Pues aun vuestros cabellos están todos contados. Así que, no temáis; más valéis vosotros que muchos pajarillos” (Mt. 10: 29-31)

No sólo conoce Dios el número de nuestros cabellos, es decir, que conoce y está al corriente de todo lo que ocurre por muy de detalle que sea, sino que además hace o deshace, permite o no permite, ya que ni siquiera un pajarillo muere sin Su consentimiento.

Ese es nuestro Dios. El rige; El es el Soberano; y El elige. El hace que las cosas sean de una manera, y no sean de otra… y, ¿Quién se opondrá a Sus designios?

En primera instancia, el pensamiento es el siguiente: si Dios no sólo es capaz, sino que obra según esa capacidad en cuanto cuestiones que hasta entran en lo puramente baladí, como es la cuestión del número de cabellos de nuestras cabezas, por seguir aquí el ejemplo dado por el Maestro, ¿Nos es algún problema llegar a la conclusión de que Él está muy interesado en los temas que atañen a la salvación? ¿Nos es mucho problema creer que Dios ha dispuesto todas las cosas en cuanto a la salvación de los hombres?, y aún más, ¿Nos es mucho problema creer que Él, en Su soberanía ha elegido a quien salvar, y a quien no salvar? Personalmente, y simplemente en cuanto a opinión, yo no tengo ningún problema en creerlo. Pero como poco importa lo que sean nuestras opiniones personales ante la verdad revelada, vayamos a ésta última:

“Porque a los que antes conoció, también los predestinó para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos. Y a los que predestinó, a éstos también llamó; y a los que llamó, a éstos también justificó; y a los que justificó, a éstos también glorificó” (Romanos 8: 29, 30)

Por esta Escritura y por muchas más, vemos que Dios está absolutamente involucrado en los temas que atañen a la salvación en cuanto a elección. Sin lugar a dudas.

Dios no escogió a todos para salvación, lo cual sería un contrasentido. Si hubiera escogido a todos, entonces no habría “escogido”. Y si hubiera escogido (a todos) entonces todos serían salvos, porque, ¿Quién le podrá resistir? (Jer. 49: 19). La Biblia dice que escogió a los llamados por Él (1 Co.1: 24). Veamos ese texto:nosotros predicamos a Cristo crucificado, para los judíos ciertamente tropezadero, y para los gentiles locura; mas para los llamados, así judíos como griegos, Cristo poder de Dios, y sabiduría de Dios” (1 Co. 1: 23, 24). Aquí vemos una diferenciación clara entre los que rechazan y los que creen, los cuales son especialmente llamados. Viendo Efesios 1: 4, este texto habla de los escogidos, ¿quiénes?, los creyentes; ¿por qué creímos? No, porque nos llamó a creer (Ro. 8: 29-31).

Dios no hace acepción de personas

Dios da a unos y a otros no, en función de Su designio soberano: “Y él dijo: A vosotros os es dado conocer los misterios del reino de Dios; pero a los otros por parábolas, para que viendo no vean, y oyendo no entiendan” (Lc. 15: 29)
Algunos con poco entendimiento, argumentan que Dios no hace acepción de personas, y desde luego es así, pero el asunto es que se confunden en cuanto a lo que esto significa.

El no hacer acepción de personas por parte de Dios, no significa que Él no va a cumplir con Sus designios, los que sean, incluyendo Su elección para con los salvos, sabiendo y creyendo por nuestra parte que todo lo que Dios hace es justo, aunque muchas veces no alcancemos a comprenderlo con nuestra mente finita.

Cuando la Biblia habla de no hacer acepción de personas por parte de Dios, es en términos de justicia, y no de misericordia. En términos de justicia, dará a cada uno su justo pago (Ro. 2: 1-11):

 “Mas el que hace injusticia, recibirá la injusticia que hiciere, porque no hay acepción de personas” (Colosenses 3: 25)

“Y si invocáis por Padre a aquel que sin acepción de personas juzga según la obra de cada uno…” (1 Pedro 1: 17)

La prueba la tenemos también en cuanto a lo que nos manda que hagamos, como Él hace: “También estos son dichos de los sabios: Hacer acepción de personas en el juicio no es bueno”(Proverbios 24: 23)

Insistimos en esto, Dios en términos de justicia no hace acepción de personas, pero eso nada tiene que ver con el hecho de que Él se complace en hacer misericordia, y por eso ha decidido salvar a los que ha querido salvar. Los que critican esto, es porque no les ha amanecido, ya que si Dios fuera estrictamente justo, sin misericordia, esta existencia como la conocemos habría desparecido con el pecado original. Así que nada tiene que ver el no hacer acepción de personas con la misericordia, la cual Dios hace por su atributo moral. El ejemplo claro lo tenemos en Jacob y Esaú:

“Porque la palabra de la promesa es esta: Por este tiempo vendré, y Sara tendrá un hijo. Y no sólo esto, sino también cuando Rebeca concibió de uno, de Isaac nuestro padre (pues no habían aún nacido, ni habían hecho aún ni bien ni mal, para que el propósito de Dios conforme a la elección permaneciese, no por las obras sino por el que llama), se le dijo: El mayor servirá al menor. Como está escrito: A Jacob amé, mas a Esaú aborrecí. ¿Qué, pues, diremos? ¿Qué hay injusticia en Dios? En ninguna manera. Pues a Moisés dice: Tendré misericordia del que yo tenga misericordia, y me compadeceré del que yo me compadezca. Así que no depende del que quiere, ni del que corre, sino de Dios que tiene misericordia” (Romanos 9: 9-16)

Aquí vemos con claridad, porque de ese modo la Palabra nos lo dice, que no dependió en nada lo que hubieran podido hacer Jacob o Esaú, para que Dios soberanamente y por Su misericordia, escogiera a Jacob, que representa a Israel, y desechara a Esaú, que representa Edom.

Escribe John McArthur: “Los mellizos Jacob y Esaú, lo cuales no habían hecho aún ni bien ni mal. Tal elección que Dios hizo de Jacob en lugar de Esaú para la continuación del linaje físico, no estuvo basada en el mérito o la falta de mérito personal; más bien la elección de Jacob por parte de Dios sólo dependió de su propio plan soberano, un ejemplo perfecto de elección para salvación”

Podía no haber escogido a ninguno de los dos. Podía haber hecho cualquier otra cosa, pero una cosa sí sabemos porque la creemos: Dios no hace acepción de personas, y si en algún momento lo pareciera a nuestros ojos, es debido a algo que se nos escapa pero que Dios sabe bien, y siempre es en términos de pura misericordia (V. 15)

El hecho de que Dios escogiera a Jacob, antes de que los dos hermanos nacieran, y se hubiera podido ver en sus vidas cual aparentemente podría ser el más indicado, por ser el mejor (aunque os dos probaron ser malos), demuestra que la elección para la vida espiritual no se relaciona en absoluto con el esfuerzo humano, y que se basa única y exclusivamente en la prerrogativa de Dios, quien realiza Su elección soberana.

SOLI DEO GLORIA!

© Miguel Rosell Carrillo, pastor de Centro Rey, Madrid, España.
www.centrorey.org
Agosto 2012

(En parte basado en su libro: “LA ELECCIÓN DE DIOS…y la responsabilidad del hombre
 https://www.box.com/s/kkzh5ohcyc9xq8fydt8n

FIN

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