DEBEMOS ENTENDER EL EVANGELIO COMO REALMENTE ES

Índice del Tema

Debemos entender el evangelio como realmente es

Introducción

Muchos tratan de evangelizar a las personas, tratándolas de convencer de su necesidad de hacer las paces con Dios, magnificando hasta la distorsión el hecho de que Dios es amor; muchos, engañosamente viniendo a decir que, por encima de Su justicia, está Su misericordia, malinterpretando de ese modo las palabras de Santiago, cuando dijo en su epístola que “la misericordia triunfa sobre el juicio” (Sto. 2: 13)…

Con sus palabras y mensaje vienen a comunicar que al final el juicio será ablandado hasta extremos muy soportables por la misericordia, haciendo de esta última en realidad, llave y cerrojo para atrancar la verdad, con la excusa de un malentendido amor divino.

¡Este no es el Evangelio de nuestro Señor Jesucristo, ni nada que vaya por encima o debajo de lo acabado de exponer!

I. LA IMPERIOSA NECESIDAD DE HABLAR LA CRUDA VERDAD:

La pregunta es, ¿Cuándo con nuestras palabras podemos estar menospreciando la verdad y la justicia con la excusa de la misericordia, y de ese manido y mal entendido amor de Dios? La respuesta es como sigue, viéndolo en la misma Biblia:

1) Cuando no le mostramos a nuestro oyente la realidad de cómo es el hombre:

La Biblia dice que no hay ni siquiera un hombre sobre la tierra que sea bueno a los ojos de Dios: “Como está escrito: No hay justo, ni aun uno; No hay quien entienda, No hay quien busque a Dios. Todos se desviaron, a una se hicieron inútiles; No hay quien haga lo bueno, no hay ni siquiera uno” (Romanos 3: 10-12)

Todos y cada uno de los hombres sin Cristo están perdidos, pero no son víctimas, sino culpables ante Dios, y por tanto, reos de condenación.

2) Cuando no le mostramos a nuestro oyente la verdad acerca de la naturaleza depravada del hombre, y de su consiguiente pecado:

La Biblia dice que todos los seres humanos han pecado y son pecadores: “por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios…” (Romanos 3: 23)

La Biblia dice que a raíz del pecado de Adán, la naturaleza pecaminosa entró en la humanidad, y su fruto, el pecado, y con el pecado, la muerte: “Por tanto, como el pecado entró en el mundo por un hombre, y por el pecado la muerte, así la muerte pasó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron” (Romanos 5: 12)

Sin ese entendimiento acerca de la realidad humana, que nada bueno tiene en sí misma, y que nada puede hacer para buscar a Dios y (o) reconciliarse con Él por su misma condición de muerte espiritual (Ef. 2: 1), nuestro oyente no puede comprender que su estado de perdición nada tiene que ver en modo alguno con el hecho de que Dios es amor, sino que, contrariamente, él es absolutamente culpable, y por tanto, responsable.

3) Cuando no le mostramos a nuestro oyente la verdad acerca del destino final del condenado:

“Porque la paga del pecado es muerte…” (Romanos 6: 23)

“… en Adán todos mueren…” (1 Corintios 15: 22)

Esa muerte es física, espiritual y eterna, y obedece a lo establecido por Dios en Edén y comunicado a Adán a modo de advertencia final (Gn. 2: 17). La conclusión definitiva de ese estado de muerte es el infierno.

Cuando por miedo a ofender, o a ser malentendidos o rechazados, o por cual motivo sea, no decimos la verdad sobre el infierno, estamos diluyendo el mensaje del Evangelio.

Jesús mismo habló muchas veces sobre la realidad del infierno.

Concluyendo hasta este punto:

Gracias a la exposición bíblica mencionada hasta aquí, nuestro oyente por la intervención conforme a llamamiento eficaz del Espíritu Santo (y sólo por ella),  llega a verse como Dios le ve.

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II) LA IMPERIOSA NECESIDAD DE HABLAR LA AMABLE VERDAD:

A partir de ese momento, una vez habiendo argumentado la faceta “desagradable” de las Buenas Nuevas, pero indispensable para nuestro oyente como hemos podido constatar, podremos dar a conocer la faceta “agradable” de las mismas.

(Nota: Muchos, después de exponerles lo comentado hasta ahora, ya no quieren escuchar nada más. Esto podría ser indicativo de que no hemos de arrojar lo santo a los perros; Mt. 7: 6)

1) Es por Su amor incondicional que Dios salva a quien quiere salvar:

La Biblia dice que a pesar de la maldad del hombre, Dios mostró su amor hacia todos los hombres que iba a salvar: “Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros” (Romanos 5: 8)

Es evidente que ese “nosotros”, no se refiere de igual manera a todos y cada uno de los hombres que pueblan el planeta, o lo han poblado, ya que no todos son, o han sido salvos - 2 Ts. 3: 2b -, sino a loselegidos según la presciencia de Dios Padre” (1 Pr. 1: 2)

Por otra parte, la Biblia hace una distinción muy clara entre la muerte y la vida: “Porque la paga del pecado es muerte, mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro” (Romanos 6: 23)

El resultado del pecado es la muerte. El don o regalo de Dios es vida eterna en Cristo.

La Biblia dice que todo aquel que clame de veras a Dios, será salvo: “porque todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo” (Romanos 10: 13)

Aquel que desde el hombre interior llega a invocar el nombre del Señor, es porque se le ha concedido la vida, cuando estaba muerto en sus delitos y pecados (Ef. 2: 1), y por el Espíritu Santo puede hacer eso, que de otra manera no podría jamás, ya que los muertos no respiran.

(Nota: Los muertos físicos no respiran aire; los muertos espirituales no “respiran” el Espíritu)

Aquel que desde el hombre interior llega a invocar el nombre del Señor, es aquel que fue predestinado conforme al propósito del que hace todas las cosas según el designio de Su voluntad (Ef. 1: 11), y en todo ello, el individuo nada tiene que ver, porque como muerto, sólo puede estar a merced de Aquel que da la vida.

Por tanto, sabemos que a todos los que se les concede el creer, se les aplica la siguiente declaración escritural: “Cree en el Señor Jesucristo y serás salvo…” (Hchs. 16: 31)

Concluyendo:

A la hora de dar a conocer el Evangelio, nosotros no sabemos quién va a ser salvo y quién no, y ese no es nuestro asunto. Hemos de predicar el Evangelio a todos los que podamos…pero eso sí hermanos, ¡el Evangelio, y no otra cosa!

SOLI DEO GLORIA!

© Miguel Rosell Carrillo, pastor de Centro Rey, Madrid, España.
Agosto 2012
www.centrorey.org

 

FIN