LA PERSEVERANCIA Y LA ORACIÓN

Romanos 8: 22-27

“Porque sabemos que toda la creación gime a una, y a una está con dolores de parto hasta ahora; 23 y no sólo ella, sino que también nosotros mismos, que tenemos las primicias del Espíritu, nosotros también gemimos dentro de nosotros mismos, esperando la adopción, la redención de nuestro cuerpo. 24 Porque en esperanza fuimos salvos; pero la esperanza que se ve, no es esperanza; porque lo que alguno ve, ¿a qué esperarlo? 25 Pero si esperamos lo que no vemos, con paciencia lo aguardamos. 26 Y de igual manera el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad; pues qué hemos de pedir como conviene, no lo sabemos, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles. 27 Mas el que escudriña los corazones sabe cuál es la intención del Espíritu, porque conforme a la voluntad de Dios intercede por los santos”

LA PERSEVERANCIA Y LA ORACIÓN

En los versículos anteriores, Pablo reflexiona sobre esta realidad en lo natural diciendo que el tiempo en el que vivimos es de aflicción.

La aflicción es lo común en esta vida. Diríamos que la excepción es lo contrario. La materialización de la maldición divina por causa del pecado original, es una constante realidad que podemos constatar en todas partes.

Algunos pretenden “cambiar” esto y “declarar” y “decretar” lo contrario… pero la realidad es tozuda, y no va a cambiar hasta el día en que Dios intervenga manifestando la gloria que tiene reservada para nosotros, Sus hijos.

Es un clarísimo error adelantar los acontecimientos, porque Dios tiene Su tiempo, y Su agenda está ocupada y cerrada ya.

La creación de Dios, por causa del pecado de desobediencia de Adán, representante y padre de toda la humanidad, está bajo la maldición de Dios.

El pago de justicia para romper esa maldición y traer de nuevo la bendición está ya pagado, porque lo pagó el Hijo de Dios en la cruz. No obstante, y conforme a lo designado por Dios, esa manifestación gloriosa no se ha hecho todavía tangible. Es un proceso establecido por Dios, por el cual el mal será cada vez más evidente (Mt. 24: 12) para que el juicio divino caiga con todo el peso como ha de caer.

En todo este proceso, la misericordia divina es una realidad constante, y eso hace que a su vez, se haga más evidente lo que no está cubierto por la gracia por esa misericordia, por lo tanto, el pecado inconfeso es cada vez más pecaminoso, y por tanto, la ira de Dios va creciendo cada vez más, hasta su culminación en aquel juicio que está a las puertas.

El bien de Dios manifestado en Su misericordia permanece hasta el día del juicio, pero al mismo tiempo el juicio carga cada vez con más severidad, y será manifestado en el Día del Señor con total rotundidad.

Por ello, los cristianos que intentan cambiar este mundo en sus fuerzas, sólo hablando de la misericordia de Dios, pero no de Su juicio e ira, se equivocan y entran en un humanismo que sólo les dará frustración y desaprobación divina.

Los verdaderos hijos de Dios hemos de esperar anhelantes “la redención de nuestro cuerpo”. Mientras tanto, hemos de vivir una vida que en lo posible le de la gloria a Dios.

“Porque en esperanza fuimos salvos; pero la esperanza que se ve, no es esperanza; porque lo que alguno ve, ¿a qué esperarlo?”:

Los salvos, lo somos, pero en esperanza, lo que significa que todavía no lo vemos como una realidad, así como Dios lo ve. Si lo viéramos ya, no tendríamos necesidad de esperarlo porque ya lo tendríamos “de facto”. 

La perseverancia es condición del verdadero salvo

“25 Pero si esperamos lo que no vemos, con paciencia lo aguardamos”:

La paciencia en aguardar lo que no vemos manifiesta que esa salvación es verdadera en el que es hijo de Dios. Lo contrario ocurre también. El que no es verdadero hijo de Dios, no persevera sino que abandona. Ahí es donde se ve quien es de Dios, y quien no.

Sólo persevera definitivamente el que es de Dios.

La oración nos mantiene en comunión con Dios

“26 Y de igual manera el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad; pues qué hemos de pedir como conviene, no lo sabemos, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles. Mas el que escudriña los corazones sabe cuál es la intención del Espíritu, porque conforme a la voluntad de Dios intercede por los santos”:

La comunión con Dios va de la mano con nuestra debilidad:

1) Es por esa debilidad que sabemos necesitamos a Dios.
2) Es por esa debilidad que somos impelidos a buscar a Dios.
3) Es por esa debilidad que nos agarramos de la gracia de Dios.

Nuestra debilidad nos ayuda a ver nuestra realidad, y por tanto, nuestra necesidad de dependencia de nuestro Padre.

“Por lo cual, por amor a Cristo me gozo en las debilidades, en afrentas, en necesidades, en persecuciones, en angustias; porque cuando soy débil, entonces soy fuerte(2 Corintios 12: 10)

Siempre por la gracia de Dios avanzamos, porque sin ella no podríamos perseverar ni sabríamos cómo hacerlo.

Ni siquiera sabemos cómo orar pidiendo, pero al hacerlo, estamos en comunión con Dios, porque le buscamos (o si le buscamos) con sinceridad.

No sabemos cómo pedir, pero el Espíritu sí, y mientras tanto, estamos en comunión activa con Dios. Para eso sirve orar.

Sabemos, porque está escrito, que el Espíritu Santo intercede por nosotros, no conforme a nuestra voluntad o entendimiento personales necesariamente, sino conforme a la voluntad de Dios. De ese modo podemos saber dos cosas:

1) Siempre se hará la voluntad de Dios.
2) Por ese motivo, no siempre son contestadas nuestras oraciones como pensamos o deseamos.

SOLI DEO GLORIA!

© Miguel Rosell Carrillo, pastor de Centro Rey, Madrid, España.
Julio 2012
www.centrorey.org