AQUELLOS COLOSENSES Y NOSOTROS

“Mirad que nadie os engañe por medio de filosofías y huecas sutilezas, según las tradiciones de los hombres, conforme a los rudimentos del mundo, y no según Cristo” (Colosenses 2: 8)

AQUELLOS COLOSENSES Y NOSOTROS

Pablo está quejoso con los creyentes de Colosas, ya que muchos estaban dando oídos a los falsos maestros que les orientaban hacia el ritualismo, el ascetismo y las varias especulaciones filosóficas. Estos falsos maestros eran judíos (2: 11, 16). Eran ascetas (practicantes del ascetismo) (2: 16, 20-23), posiblemente heredado todo ello de aquellos esenios. Eran místicos (2: 8), estaban envanecidos, lo cual implica que estaban inmersos en un gran orgullo espiritual (2: 18), etc. También buscaban el introducir un culto a los ángeles (2: 18), lo cual atentaba a la todo suficiencia y supremacía de Cristo. Unían al ritualismo (2: 21), la tendencia a la teosofía, característica del pensamiento  oriental. Pablo constantemente les refutó.

Cualquier práctica y enseñanza judaizante o afín, ha sido una constante desde el principio de la Iglesia.

Nos damos cuenta que mucho de lo que se producía entonces en materia de herejía y su fruto, lo es hoy también. Si Pablo se quejaba de aquellos colosenses que estaban metiéndose en cuestiones netamente legalistas y rigoristas, dando una importancia vital a cosas que son conforme a mandamientos y doctrina de hombres (ver 2: 20-22), ¿qué no diría de los que siguen ese mismo patrón legalista hoy en día?

El problema no se centra en que muchas de esas cosas “no manejes, ni gustes, ni aun toques…” (Col. 2: 21) fueran malas como tal en sí mismas, sino que no tenían (ni tienen) ningún valor contra los apetitos de la carne, contrariamente a lo que ellos habían llegado a creer.

Hoy en día muchos creyentes creen que por vestir, peinarse, etc. etc. de determinada manera, comer esto o no, no beber aquello, hacer esto o no hacerlo, ir o no ir… etc. etc. son más santos que aquellos que no hacen o dejan de hacer tales cosas, poniendo un énfasis excesivo en cuestiones puramente costumbristas y conforme al uso. Como vemos ocurren razones de subjetividad muy importantes a la hora de valorar lo que realmente agrada a Dios o no le agrada, en función de tradición eclesial o denominacional, tal y como fue con aquellos colosenses que aprendían, en aquella ocasión, de aquellos falsos maestros místicos y legalistas.

Debemos huir de dar valor espiritual a cosas, que “con el uso se destruyen” (2: 22).

Por eso es que Pablo, se dirige a todos en general y a continuación con aquel célebre “SI, PUES, habéis resucitado con Cristo…” (Col. 3: 1) lo cual implica haber nacido de nuevo. Pablo tiene sus dudas razonables acerca de si todos los integrantes de la iglesia sita en Colosas, realmente eran de Cristo. Lo más probable es que no, por causa de ese mal fruto mencionado que estaba a la vista, de ahí el expresarse con ese condicional.

Ahora bien, para todos aquellos que realmente sí habían nacido de lo Alto, Pablo tiene mucho que decirles, y que voy a concretizar aquí en pocas palabras, por no extenderme demasiado: Debían hacer morir lo terrenal en ellos (3: 5), lo cual no se iba a ir de ellos por seguir los planteamientos humanos ya mencionados, sino por CREER (y por tanto obrar en consecuencia), que estaban muertos, y que vivían en Cristo y para Cristo (3: 3). Habiéndose despojado del viejo hombre, el cual murió en Cristo, para nacer de nuevo en Cristo, ahora debían dejar de vivir como solían (según la carne) y vivir conforme a Cristo, no siguiendo procedimientos humanos, sino creyendo que Cristo es suficiente, no sólo para perdonar los pecados, sino para no vivir conforme al pecado, y sí conforme al agrado de Dios.

Así como aquellos colosenses debían dejar de confiar en costumbrismos vacíos de poder de Dios a la hora de buscar el agradar a Dios, nosotros deberemos proceder igual en cuanto a lo que nos per toque, así como dejar toda mala costumbre de carácter, lo cual implica también hacer morir lo carnal en nosotros, confiando en la gracia de Dios y no en nuestras solas posibilidades humanas.

SOLI DEO GLORIA

© Miguel Rosell Carrillo, pastor de Centro Rey, Madrid, España.
Mayo 2012
www.centrorey.org