¿LIBERTAD, O LÍMITE DIVINO?

¿LIBERTAD, O LÍMITE DIVINO?

“Y de una sangre ha hecho todo el linaje de los hombres, para que habiten sobre toda la faz de la tierra; y les ha prefijado el orden de los tiempos, y los límites de su habitación” (Hchs. 17: 26)

Según el diccionario, la libertad es la facultad que tiene el ser humano de obrar o no obrar según su inteligencia y antojo.

Algunos dicen que Dios ha hecho totalmente libre al hombre, del todo libre para que tome sus decisiones y alcance así sus objetivos. Libre para ser libre, y el único límite sería la decisión del propio hombre. ¡Qué bello les suena a muchos esto!, pero ¿es eso verdad? No. De ser de este modo, Dios hubiera hecho otro “Dios”, pero la Biblia dice otra cosa muy distinta:

“No hay Dios sino yo. No hay Fuerte; no conozco ninguno” (Isaías 44: 8)

Sólo hay que ver cómo está este mundo; sólo hay que prestar un poco de atención a los noticieros de cada día… ¿Vive el hombre libre como dicen? De veras, ¡no!; pero les digo, si el hombre pudiera tomar sus decisiones alcanzando siempre sus objetivos, ¿estaría mejor este mundo de lo que está? ¡Estaría peor! Creo que esa es la razón primera por la cual Dios no le permite esa autonomía al hombre natural, esa “libertad”...

Por ello, de nuevo, ¿tiene el hombre libertad de hacer lo que desee y conseguirlo siempre? No. La libertad es un término relativo, ya que no implica en sí misma el poder de hacer o conseguir lo que se pretende. En otras palabras, la libertad no es sinónimo de consecución de todo lo que se quiere. Esa libertad no pasa de ser una ilusión o una fantasía en este mundo. ¡Gracias a Dios!

En sí mismo: El hombre no tiene libertad para nacer. El hombre no tiene libertad para no nacer. El hombre no tiene libertad para no enfermar. El hombre no tiene libertad para no morir. El hombre no tiene libertad para seguir viviendo cuando ha de morir. El hombre no tiene libertad para salvarse. Por su naturaleza pecaminosa y perversa, el hombre no tiene libertad para amar a Dios; el hombre no tiene libertad para dejar de ser lo que es, un ser condenado. El hombre no tiene libertad para desear el Santo Espíritu de Dios: “el Espíritu de verdad, al cual el mundo no puede recibir, porque no le ve, ni le conoce…” (Juan 14: 17)

El hombre, en todo caso, sólo tiene libertad para lo que se le haya concedido: (Juan 3: 27) “No puede el hombre recibir nada, si no le fuere dado del cielo”. En todos los procesos vitales, nadie puede recibir nada de Dios, si Dios no lo da primero. La iniciativa siempre es Suya, jamás del hombre.

El hombre sólo puede ser salvo, si Dios le salva; por eso es que a pesar de que la Palabra de Cristo es predicada, y debe ser predicada, y a todos los hombres (Jn. 6: 45), no todos los hombres pueden venir a Cristo, si no les es dado del Padre: “Ninguno puede venir a mí, si el Padre que me envió no le trajere” (Juan 6: 44). No todos son del Padre para Cristo: “…no sois de mis ovejas, como os he dicho (Jn. 10: 26)

En cambio Dios tiene toda la libertad para escoger a los que va a salvar: “Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen” (Jn. 10:27)

SOLI DEO GLORIA

Dios les bendiga.

 
© Miguel Rosell Carrillo, pastor de Centro Rey, Madrid, España
Diciembre 2011
www.centrorey.org
(Pueden hacer copias y divulgar todos mis mensajes, sólo respetando la autoría. Dios les bendiga)

Fin