LA NATURALEZA AMOROSA DE NUESTRO DIOS

LA NATURALEZA AMOROSA DE NUESTRO DIOS

“Que por esto mismo trabajamos y sufrimos oprobios, porque esperamos en el Dios viviente, que es el Salvador de todos los hombres, mayormente de los que creen (1 Timoteo 4: 10)

¿Cuál debiera ser el entendimiento que debiéramos tener de esta parte de este versículo leído? Algunos han creído que Dios va a salvar a todos los hombres y han puesto esta escritura como prueba. A eso se le llama Universalismo, pero es una falsedad, ya que la misma Palabra lo descalifica. Al contrario, la Escritura asegura que la mayoría de los seres humanos pasarán la eternidad en el infierno (Mt. 25: 41; Ap. 20: 11-15)

La palabra que se traduce por “mayormente”, es la griega “málista”, y se traduce mejor por “especialmente”, esto es “con plena efectividad”. Así pues ese beneficio salvífico en términos obvios de eternidad lo disfrutan los que creen; y los que creen son a los que les ha sido concedido creer:

“Porque a vosotros os es concedido a causa de Cristo, no sólo que creáis en él…” (Filipenses 1: 29)

“nosotros no hemos recibido el espíritu del mundo, sino el Espíritu que proviene de Dios, para que sepamos lo que Dios nos ha concedido (1 Corintios 2: 12)

Pero entonces, ¿en qué manera el Dios viviente es el Salvador de todos los hombres?

Primeramente, nótese que no habla específicamente de Cristo, quien es el Salvador de los creyentes, sino que habla del Dios vivo.

Por otro lado, vemos que la palabra que se traduce del griego al español, “Salvador”, en griego “Sóter”, no sólo tiene el sentido convencional al que estamos muy acostumbrados: el de Salvador, porque también significa: “el que libra o preserva”; “el que tutela”.

Entonces podemos entender mejor que el sentido de las palabras inspiradas de Pablo en cuanto a lo que estamos tratando ahora mismo, va más en la dirección, no tanto de ser Dios el que salva (libra de la condenación) a todos los hombres, lo cual como hemos visto no se ajusta a la revelación bíblica, sino el de ser el que cuida de los hombres, los tutela, los preserva, y siempre en términos de temporalidad, no de eternidad (esto último es para los salvos).

¿De qué manera Dios cuida de los hombres? Bien por la simple observación podemos dar crédito de ello. Los hombres, genéricamente hablando, experimentan ciertos beneficios terrenales. Un ejemplo que nos viene a la mente ahora mismo es el del hombre rico, que a pesar haber sido un malvado, se le permitió disfrutar de las cosas de este mundo: “Pero Abraham le dijo: Hijo, acuérdate que recibiste tus bienes en tu vida…” (Lc. 16: 25)

Enumerando esos beneficios temporales de un Dios bueno que manifiesta su naturaleza de amor y bondad incluso a una humanidad transgresora e infiel, que hace salir el sol y hace llover, no sólo sobre los justos, sino también sobre los injustos, podríamos hacerlo de la siguiente manera:

1) La gracia común: Este es un término que describe la bondad que Dios muestra a toda la humanidad de manera universal. “Bueno es Jehová para con todos, y sus misericordias sobre todas sus obras” (S. 145: 9). Por esa gracia común (que no es la gracia salvífica del creyente), Dios pone cierto freno al pecado por la llamada “ley natural” que Dios ha dado a todos los hombres (Ro. 2: 15). Por otro lado, también está refrenando Su juicio, hasta el momento en que deba de producirse (Ro. 2: 3-6).

Esa gracia común o general, también se manifiesta al mantener el orden en la sociedad por medio del gobierno (Ro. 13: 1-5). Por otro lado, Dios ha dado al hombre talento y dones, como por ejemplo el que pueda realizar hasta cierto punto el bien común; apreciar la belleza y la bondad (S. 50: 2); todo lo que implica el amor y el cariño de padres, de hijos, la amistad, etc. etc. Todo esto es don de Dios, no del hombre, el cual en sí mismo está espiritualmente muerto a causa de su naturaleza pecaminosa y de sus pecados. Si algo bueno tiene el hombre, jamás es suyo propio, sino que es ineludiblemente obra y don de Dios, y siempre vinculado a Su designio.

Dios ha dado muchas cosas a los hombres para que las disfruten, sin merecerlas; innumerables bendiciones temporales (Mt. 5: 45; Hchs. 14: 15-17; 17: 25). Etc. etc.

2) La compasión de Dios: Esa compasión, y un amor de un corazón tan especial e incomparable que Dios expresa, esta vez, a pecadores no regenerados y que no lo merecen (Ex. 34: 6, 7; S. 86: 5; Dn. 9: 9; Mt. 23: 37; Lc. 29: 41-44, etc.)

3) El llamamiento al arrepentimiento: De forma común encontramos a lo largo de la Biblia diferentes llamamientos y amonestaciones a los hombres al orden de Dios. Como escribe John McArthur:

“Los llamamientos y amonestaciones para acceder al arrepentimiento, ya que Dios constantemente advierte a los pecadores acerca del destino que les espera, y así demuestra tener el corazón de un Creador compasivo que no se complace en la muerte de los impíos - Ez. 18: 30-32; 33: 11)”

Alguien aquí me argumentaría diciendo que eso contradice la doctrina de la predestinación, pero ya le digo de antemano que no es así. Es absolutamente complementario el corazón de un Dios de amor y compasión, con el hecho de que ese mismo Dios, justamente porque es ese tipo de Dios, haya desde la eternidad decidido llamar a los que ha querido para darles la salvación, como ha hecho (Ro. 8: 29).

4) La invitación del Evangelio: El ofrecimiento del Evangelio es indiscriminado a todos los hombres, porque Dios obedece a lo que es Su naturaleza salvadora, de ahí la encomienda de la Gran Comisión (Mr. 16: 15)  (ver Mt. 11; 28); Mt. 22: 2-14 “Porque muchos son llamados, y pocos escogidos” (V. 14); Juan 6: 35- 40; Ap. 22: 17; etc.

Otra vez, alguien me diría aquí que esto no encaja con la doctrina de la elección, pero no es así, justamente por la última de las frases del Evangelio que acabamos de leer: “Porque muchos son llamados, y pocos escogidos”. El llamamiento general es una realidad en la Biblia, así como el llamamiento eficaz... ¿Qué por qué existe un llamamiento general de parte de Dios si sólo el efectivo es el que va a contar? Pues por la razón que nos convoca este artículo: la naturaleza amorosa de nuestro Dios. El no desea la muerte eterna de los impíos, aunque la merezcan. Además, con ese amor manifestado, los incrédulos y enemigos de Dios, quedan expuestos como lo que son, sin tener ninguna excusa ante el Juez del universo (Jn. 3: 18).

Por esas cuatro razones expuestas, el carácter librador, tutelador, preservador, alentador de Dios (1 Ti. 4: 10) queda manifiesto ante todos y por todos los seres humanos, incluidos los que jamás creerán para vida.

SOLI DEO GLORIA

 
© Miguel Rosell Carrillo, pastor de Centro Rey Jesucristo, Madrid, España.
Diciembre 2011
www.centrorey.org

(Pueden hacer copias y divulgar con libertad este y todos mis mensajes, sólo respetando la autoría. Dios les bendiga)