LECCIONES DEL SALMO 32 (II)

Índice del Tema

(Continuación)

 II. Segunda vía: Transmitiendo estas lecciones (32: 6-11)

A. Lecciones acerca de respuestas (32: 6, 7)

“Por esto orará a ti todo santo en el tiempo en que puedas ser hallado;
    Ciertamente en la inundación de muchas aguas no llegarán éstas a él.
   
 7 Tú eres mi refugio; me guardarás de la angustia;
    Con cánticos de liberación me rodearás”

Las lecciones que David ha aprendido, a partir de este momento las trasmite a los demás.

Siempre aprendemos y debemos aprender de los demás. Pablo enseñó así:

“Sed imitadores de mí, así como yo de Cristo” (1 Corintios 11: 1)

En el tiempo de Dios
David exclamó: “Por esto orará a ti todo santo en el tiempo en que puedas ser hallado…”:

Cada hijo de Dios tiene el favor de Dios para dirigirse a Él, no importa los pecados que haya cometido. En esta dispensación de la gracia, Dios puede ser encontrado o hallado siempre.

Esto no significa que tenemos licencia para pecar, y luego buscar el arreglar las cosas con Dios, porque Dios no puede ser burlado.

Escribe MacArthur:

“David vuelve en este versículo al modo didáctico, resaltando que cada persona que conoce la gracia de Dios, no debería preciarse de esta gracia en el sentido de descartar la confesión”

Realmente, el que no cumple con esas expectativas divinas, es que realmente no ha nacido de nuevo.

(1 Juan 3: 8, 9) “El que practica el pecado es del diablo; porque el diablo peca desde el principio. Para esto apareció el Hijo de Dios, para deshacer las obras del diablo. 9 Todo aquel que es nacido de Dios, no practica el pecado, porque la simiente de Dios permanece en él; y no puede pecar, porque es nacido de Dios”.

David experimentó esto que está enseñando aquí. El resistió a Dios, callando ante Él, no confesando su pecado, y estuvo así hasta que por fin claudicó ante la Majestad, arrepintiéndose y confesando su pecado. Mientras tanto Dios esperaba.
“…en el tiempo en que puedas ser hallado…”: Ese es el que comúnmente llamamos, “el tiempo de Dios”. Significa que es el tiempo en el que el Espíritu Santo está obrando, convenciendo al pecador de su pecado, y guiándole al arrepentimiento.

Mientras tanto, Dios protege

“Ciertamente en la inundación de muchas aguas no llegarán éstas a él”:

En ese tiempo de gracias, en el que Dios en Su misericordia está esperando, el enemigo no puede tocar como quisiera al creyente.

Dice la Palabra que el enemigo se levanta como río, pero el Espíritu de Dios levanta bandera contra él (Is. 59: 19)

El enemigo busca el extender su ataque así como lo hace una inundación de aguas turbulentas; es decir, es un ataque global, por todas partes, sin dar tregua ni descanso. Eso es lo que hace el enemigo sobre los que puede, con el afán de destruirles del todo.

No obstante, aquí tenemos una promesa específica, aplicable a nosotros también, que asegura que aunque el enemigo se levante para destruirnos en el momento en que estemos más debilitados por causa de algún pecado cometido (porque ese es el contexto de esta Escritura), Dios nos librará del maligno; la inundación de muchas aguas no llegarán éstas a nosotros.

Incluso si el enemigo pudiera tener cierto derecho por nosotros haber obrado bajo engaño, poderoso es Dios para hacernos entender ese engaño, podernos arrepentir, y Él librarnos del maligno y de su crueldad.

 7 Tú eres mi refugio; me guardarás de la angustia;
    Con cánticos de liberación me rodearás”

 7 Tú eres mi refugio …”:

Para el pecador confeso y apartado del mal, Dios es su refugio; Dios mismo. No tiene que buscar subterfugios, otras ayudas externas tipo Egipto. Dios mismo se ocupa de él, porque Dios hace su perfecta voluntad en él, no importa como pudiera parecer a ojos de los hombres conforme a los valores o estándares de este mundo.

“… me guardarás de la angustia…”:

Angustia: (Tsar en heb.). Tiene el sentido de “lugar estrecho o angosto”.

En este mundo podemos pasar por situaciones de angostura, pero estas situaciones no nos destruirán. Dios nos guarda de ese mal.

Podemos ver un paralelo de esto en las palabras de Pablo:

“que estamos atribulados en todo, mas no angustiados; en apuros, mas no desesperados; perseguidos, mas no desamparados; derribados, pero no destruidos” (2 Corintios 4: 8, 9)

Lejos de todo ello, todas las cosas nos ayudan a bien a los que amamos  a Dios (Romanos 8: 28)

“Con cánticos de liberación me rodearás”:

El hebreo original dice exactamente lo mismo, y podemos entender  aquí una forma poética de expresar cómo Dios hace las cosas, porque podemos ver en esos “cánticos” la manera de Dios de hacer las cosas.

De Dios es la victoria y la gloria. El tiene todo el poder para hacer que todo se haga a la postre conforme a su perfecta voluntad, entonces, ¿qué menos que obrar en el contexto de cánticos que expresan gozo y alegría verdaderos?

Ese poder de Dios por su gracia, manifestado en cánticos de liberación, nos rodea; es decir, nos separa verdaderamente del mal, y todo, para llevarnos a Su lado cuando llegue el día.

B. Lecciones acerca de resistencia (32: 8, 9)

“Te haré entender, y te enseñaré el camino en que debes andar;
    Sobre ti fijaré mis ojos.
   
 9 No seáis como el caballo, o como el mulo, sin entendimiento,
    Que han de ser sujetados con cabestro y con freno,  Porque si no, no se acercan a ti”:

La terquedad
(V. 9) Otra vez, David, por haber experimentado el resistir a Dios mientras calló, y sus consecuencias, ahora puede con autoridad enseñarnos a que no hagamos eso que él hizo.

David nos coloca por delante el ejemplo de ciertos animales que son especialmente  tercos por naturaleza, y que para manejarlos o dirigirlos, es necesario emplear ciertos artilugios.

Biyn, es la palabra en hebreo que se traduce por entendimiento, y que tiene el sentido de saber separar las cosas, o discernir. Evidentemente un mulo, o un caballo, no tienen esto.

El cabestro, es el ronzal o cuerda que se ata a la cabeza o al cuello de la caballería.

Con el cabestro y el freno se dirige al caballo.

El animal no piensa por sí mismo, sólo, una vez domesticado, obedece instintivamente a los estímulos que recibe por parte del jinete.

Dios no quiere que nosotros, sus hijos, seamos así. Él busca que cada uno decida obedecerle según la guía de su Palabra y de Su Espíritu, de forma libre, voluntaria e inteligente.

¡Por eso hay juicio!

Así como los animales han de ser obligados, y a la postre ejecutan la voluntad del jinete solamente por previo aprendizaje sin la intervención de la inteligencia (de la cual carecen), contrariamente los hombres debemos ser hombres.

Como hombres, y en el caso más concreto, como hijos de Dios, debemos acercarnos a Dios sin la necesidad de elementos que nos obligarían a hacerlo.

Ese acercarnos a Dios es sinónimo de buscar el hacer lo que le agrada.

La terquedad, patente de forma natural y esperada en esos animales aludidos, es un pecado en el hombre.

El hombre no fue creado para ser terco, sino sumiso a Dios. No obstante, por causa del pecado original, la terquedad entró en este mundo hasta este día.

Esa terquedad es fruto de la soberbia y de la consecuente necedad. Por eso la Palabra es clara al respecto:

(Proverbios 26: 4) “El látigo para el caballo, el cabestro para el asno, y la vara para la espalda del necio”

Una de las características de un verdadero nacimiento y crecimiento en santidad, es la sumisión a la Palabra de Dios. Ese es uno de los frutos característicos de un verdadero cristiano.  Lo contrario es señal de un falso cristiano.

Ese falso cristiano estará siempre contradiciendo y (o) resistiendo  de alguna manera la verdad de la Biblia en cualquiera de sus aspectos.

Estos tercos son los que Satanás ha usado para levantar herejías y falsas religiones a lo largo de la historia eclesial.

El mismo Israel se apartó de Dios por seguir el camino de la terquedad y de la resistencia a lo dicho por Dios:

(Isaías 1: 3) “3 El buey conoce a su dueño, y el asno el pesebre de su señor; Israel no entiende, mi pueblo no tiene conocimiento”.

La voluntad de Dios para el que decide ir en el camino de la sumisión a Él
(V. 8) “Te haré entender, y te enseñaré el camino en que debes andar; sobre ti fijaré mis ojos”:

He preferido analizar el versículo 9 antes que el hecho por razones obvias.

Aquí, en este versículo 8 Dios muestra cual es Su voluntad para todos aquellos que, como David, quieren a la postre vivir de acuerdo a esa voluntad.

“Te haré entender…”:

En ese sentido, Dios quiere hacernos entender. Cuando decidimos andar a la manera de Dios, dejando atrás lo que le desagrada, El quiere hacernos entender.

El necio no entiende, ni entenderá:Aunque majes al necio en un mortero entre granos de trigo majados con el pisón, no se apartará de él su necedad” (Proverbios 27: 22)

Ese entendimiento no debe tomarse de forma exhaustiva. Es decir, no es que Dios nos va a hacer entender todas las cosas de todo, sino lo concerniente al caso que nos ocuparía.

A diferencia del animal que siempre obedece a su amo sin comprender lo que hace, Dios sí quiere darnos entendimiento, aunque ese entendimiento no deberá ir jamás por delante, como condición para la obediencia, sino como consecuencia de la misma.

Es más, ese entendimiento no siempre viene cuando desearíamos, sino cuando Dios lo da. No es en nuestro tiempo, sino en Su tiempo.

Ese entendimiento aludido, no siempre es en forma de información, sino que es sobre todo en términos de sabiduría o de instrucción. Es decir, que a través de ese proceso, Dios nos instruye, y aprendemos en materia de carácter.

La palabra en hebreo es “sakal”, tiene el sentido de “instrucción o enseñanza”.

Así pues, podremos resumir este entendimiento de las siguientes dos maneras:

  • Instrucción o enseñanza de cara al carácter personal.
  • Luz o entendimiento directamente de parte de Dios, por encima del conocimiento natural o espiritual que previamente tenemos.

Así pues, ese “entendimiento” no va tanto dirigido a una simple comprensión cognoscitiva (conforme a la mente natural), sino que - por encima de esto - va directamente dirigido a nuestra edificación como hijos de Dios.

Dios siempre quiere guardarnos de todo peligro de pecado, y en este caso, el solo conocimiento cognoscitivo, y la sola búsqueda del mismo por el mismo, puede llevarnos al engreimiento u orgullo:

“El conocimiento envanece, pero el amor edifica” (1 Corintios 8: 1)

El curso de la vida
“… y te enseñaré el camino en que debes andar…”:

Ese “camino”, es en hebreo la palabra “Derek”, y tiene el sentido de “curso de la vida” o “modo de acción”.

El concepto aquí entonces, es que Dios quiere mostrarnos el curso de la vida por el que debemos progresar.

Dios nos lo muestra, pero ese curso de la vida lo debemos seguir nosotros.

Muchos esperan que Dios haga todo mientras ellos esperan sentados, y son muy “espirituales” alegando en su “espero en Dios”, o “espero que Dios haga algo”. Pero eso no es cristianismo.

Si nos damos cuenta, otra de las traducciones de “el camino por el que debemos andar”, es: “modo de acción”, y tal acción se deberá corresponder con la nuestra.

Esto también lo podemos entender por las mismas palabras del Señor Jesús:

(Mateo 28: 20) “…y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén”

El Señor está con nosotros todos los días, pero nosotros estamos en el mundo.

Contrariamente, muchos podrían interpretar ese andar el camino de la vida de manera autosuficiente, o en ese sentir, pero claramente la palabra nos advierte – como vimos - que no seamos tercos e independientes, sino sumisos a Dios en todo (v. 9).

II. Segunda vía: Transmitiendo estas lecciones (32: 6-11)

C.Lecciones acerca de resultados (32: 10, 11)

“ 10 Muchos dolores habrá para el impío;
    Mas al que espera en Jehová, le rodea la misericordia.
   
 11 Alegraos en Jehová y gozaos, justos;
    Y cantad con júbilo todos vosotros los rectos de corazón”

(V. 10)

“ 10 Muchos dolores habrá para el impío…”:

David nos enseña, porque él también lo experimentó de este modo, que para el que prosigue en su terquedad, no doblegándose ante la convicción del Espíritu Santo, sino manteniéndose en su rebelión, habrá muchos dolores.

Tal es el caso del impío.

Este es el resultado de ir en contra de la voluntad de Dios.

La palabra que se traduce por impío, es “rashá” en heb. Y significa el malvado; el que vive de espaldas a lo moral en la medida en que busca lo que le conviene o satisface.

(Salmo 7: 11) “Dios es juez justo, Y Dios está airado contra el impío todos los días”

Esto lo experimenta también todo hijo de Dios que, como David, por un tiempo resiste y resiste la voluntad de Dios, y no se sujeta al designio del Señor, sino que persiste en su pecado, o en callar su pecado.

Cuando un verdadero creyente por un tiempo hace así, podrá experimentar la bondad de Dios cuando a la postre se rinda a Él, no así el incrédulo, el cual se irá enredando más y más en su pecado y necedad.

Para el impío o (incrédulo en este caso), los dolores pueden ser muy variados, y no necesariamente manifiestos cuando pensáramos. Hay impíos que viven muy bien en esta vida pasajera. Esto también lo vemos en la Palabra:

(Salmo 73: 2ss)

“2 En cuanto a mí, casi se deslizaron mis pies;
    Por poco resbalaron mis pasos.
   
 3 Porque tuve envidia de los arrogantes,
    Viendo la prosperidad de los impíos.
   
 4 Porque no tienen congojas por su muerte,
    Pues su vigor está entero.
   
 5 No pasan trabajos como los otros mortales,
    Ni son azotados como los demás hombres.
   
 6 Por tanto, la soberbia los corona;
    Se cubren de vestido de violencia.
   
 7 Los ojos se les saltan de gordura;
    Logran con creces los antojos del corazón.
   
 8 Se mofan y hablan con maldad de hacer violencia;
    Hablan con altanería.
   
 9 Ponen su boca contra el cielo,
    Y su lengua pasea la tierra”

Cuando a los impíos les va bien
Vemos entonces que a muchos impíos pareciera que las cosas en lo natural les van muy bien, y así es, pero si nos damos cuenta en la lectura de este salmo, todo ello redunda en un crecimiento de la maldad en ellos: “Por tanto, la soberbia los corona”

Ellos creen que son intocables, por ello crecen en mayor soberbia, en mayor maldad, con sus consecuencias cumpliéndose lo que la misma Palabra dice en otra parte:

(Romanos 1: 24, 25) “Por lo cual también Dios los entregó a la inmundicia, en las concupiscencias de sus corazones, de modo que deshonraron entre sí sus propios cuerpos,  ya que cambiaron la verdad de Dios por la mentira, honrando y dando culto a las criaturas antes que al Creador, el cual es bendito por los siglos. Amén”

(2 Tesalonicenses 2: 10- 12) “y con todo engaño de iniquidad para los que se pierden, por cuanto no recibieron el amor de la verdad para ser salvos.  Por esto Dios les envía un poder engañoso, para que crean la mentira, a fin de que sean condenados todos los que no creyeron a la verdad, sino que se complacieron en la injusticia”

Nótese que todo este mal se corresponde como consecuencia de la iniquidad en la que estos impíos han buscado vivir toda su vida.

Aunque muchos de esos impíos no experimentan los males y dificultades implícitos de esta vida, la condenación en la que ya están, aunque no siempre la sientan, es un dolor, un gran dolor por siempre.

Dios nuestro refugio
(V. 10 b) “Mas al que espera en Jehová, le rodea la misericordia”:

En contraste al impío, el creyente verdadero tiene el beneplácito de Dios por siempre.
“al que espera en Jehová”: La expresión en hebreo es “Batach”, y tiene el sentido de aquél que busca refugio; aquel que pone su confianza en alguien.

Así pues, el verdadero creyente es aquel que le cree a Dios, a pesar de las circunstancias que le rodeen.

“…le rodea la misericordia”: La palabra que se traduce por misericordia es en hebreo “chesed”, y tiene el sentido del favor de Dios. Es el favor de Dios hacia el creyente:

“…y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén” (Mateo 28: 20)

Esta misma misericordia la experimentó David cuando rindiéndose a Dios, esperó en Él, en su bondad.

(2 Samuel 12: 13) “Entonces dijo David a Natán: Pequé contra Jehová. Y Natán dijo a David: También Jehová ha remitido tu pecado; no morirás”

Nuestro gozo en Dios
(V. 11)

“Alegraos en Jehová y gozaos, justos; y cantad con júbilo todos vosotros los rectos de corazón”:

“Alegraos en Jehová y gozaos, justos…”: Como consecuencia de estar esperando en Dios, de poner nuestra confianza en Él, y por consiguiente, de estar andando en fe, podemos alegrarnos en Dios.

Nótese que dice, “alegrarnos en Jehová”, no alegrarnos sin más; ¿Cuál  sería la diferencia? Mucha.

Todos sabemos lo que es alegrarnos sin más, eso lo hace cualquier impío, pero alegrarnos en Dios no depende de las circunstancias, en este caso agradables (que sería lo que nos causaría la alegría), sino en el conocer que Dios es confiable, ya que en esos momentos, no experimentamos una alegría por los hechos, sino por la fe en que todo se producirá por Él, conforme a Él, en Su tiempo, y a Su manera. Y según sus propósitos.

Esto sólo se puede experimentar si uno ha rendido del todo su vida a Cristo.

Te haré entender
Ese conocimiento es parte del anunciado anteriormente; en concreto en el versículo8 cuando dice: “Te haré entender…”.

Orden y posibilidad
“Alegraos en Jehová y gozaos, justos…”: Por otra parte lo vemos como una orden de parte del autor del Salmo.

Es una orden y el anuncio de la posibilidad de hacerlo: Podemos alegrarnos en Dios, todos los que somos de Él. Esto excluye a todos los que no le pertenecen. Ningún impío se puede alegrar y gozar en Dios, aunque alguno fingiera hacerlo.

Contrariamente, sólo los que somos de Él podemos no sólo alegrarnos, sino gozarnos en Dios.

La alabanza: fruto de labios que confiesan Su Nombre
“… y cantad con júbilo todos vosotros los rectos de corazón”: Como consecuencia de andar en la fe de Dios, en alegría y gozo en Él, podemos expresarlo.

La Palabra dice que de la abundancia del corazón habla la boca. Esto tanto es para bien como para mal. La realidad es que lo que abunda en nuestro corazón, abundará en nuestros labios.

Si en nuestro corazón abunda el esperar en Dios, y como consecuencia el gozo de la salvación, entonces, eso deberá de forma natural expresarse.

El cántico es algo que Dios nos ha concedido para poder expresar lo que hay en nuestro corazón para Dios. Ese cántico es con júbilo, no con tristeza y desánimo.

Vemos más en la Palabra acerca de esa alabanza a Dios:

(Hebreos 13: 14, 15) “porque no tenemos aquí ciudad permanente, sino que buscamos la por venir. Así que, ofrezcamos siempre a Dios, por medio de él, sacrificio de alabanza, es decir, fruto de labios que confiesan su nombre”

La alabanza según la palabra, consiste, no sólo en lo que está en nuestro corazón en relación a Dios, sino en la expresión de labios para afuera de ello.

Así que, todos los que somos rectos de corazón, debemos aprender a expresar desde nuestros labios a modo de canción y de expresión audible nuestra adoración al que vive.

Por eso cuando nos reunimos como iglesia, lo primero que hacemos es alabar a Dios, y lo hacemos con alegría y gozo.

“… todos vosotros los rectos de corazón”:

Los rectos de corazón. ¿Quién puede hacer recto su corazón? Sólo Dios.

Aquél que lo decide (y lo decide porque el Espíritu así le ha guiado), sólo puede esperar en Dios, porque sólo Él hace que un corazón pueda ser limpio y recto. Veámoslo:

(Salmo 51: 10) “Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio, y renueva un espíritu recto dentro de mí”.

La palabra en hebreo para “crear”, es “bara”, y justamente significa eso, crear. El único que puede crear es Dios.

Es Dios mismo quien crea un corazón listo para sí. El hombre no puede limpiar ni hacer recto su corazón, pero Dios sí.

Sólo los rectos y puros de corazón (obra esta de Dios) podemos – y debemos – alabar a Dios con cánticos de júbilo.

Dios les bendiga.

© Miguel Rosell Carrillo, pastor de Centro Rey, Madrid, España.
www.centrorey.org
Octubre 2001

FIN