LECCIONES DEL SALMO 32 (I)

Enseñanza bíblica

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Índice del Tema

LECCIONES DEL SALMO 32

Introducción

Este salmo 32, ya fue clasificado por la iglesia primitiva como uno de los siete salmos llamados penitenciales (los otros son: S. 6; S. 38; S. 51; S. 102; S. 130; S. 143).

De entre todos ellos, este salmo 32 y el 51, respectivamente, se levantan como gigantes de la confesión. Los dos se relacionan históricamente con la vida de David, y más en concreto, en relación al episodio con Betsabé.

El S. 51, habría precedido a este salmo 32. Veamos por qué, sólo leyendo los primeros versículos:

“Ten piedad de mí, oh Dios, conforme a tu misericordia;
    Conforme a la multitud de tus piedades borra mis rebeliones.

   
 2 Lávame más y más de mi maldad,
    Y límpiame de mi pecado.

   
 3 Porque yo reconozco mis rebeliones,
    Y mi pecado está siempre delante de mí.

   
 4 Contra ti, contra ti solo he pecado,
    Y he hecho lo malo delante de tus ojos;
    Para que seas reconocido justo en tu palabra,
    Y tenido por puro en tu juicio”

Si nos damos cuenta, en este salmo, David implora el perdón de Dios en Su piedad, mientras que en el salmo 32, argumenta o comenta sobre la gravedad del pecado, habiendo recibido el perdón.

El sentido, la intención y el desarrollo globales del Salmo 32 se pueden resumir mostrándolos en dos vías:

I. Primera vía: Recordando las lecciones (32: 1-5)

A. Lecciones acerca de resultados (32: 1, 2)

B. Lecciones acerca de resistencia (32: 3, 4)

C. Lecciones acerca de respuestas (32: 5)

 

II. Segunda vía: Transmitiendo estas lecciones (32: 6-11)

A. Lecciones acerca de respuestas (32: 6, 7)

B. Lecciones acerca de resistencia (32: 8, 9)

C. Lecciones acerca de resultados (32: 10, 11)


Empecemos:

A. Lecciones acerca de resultados (32: 1, 2)

(V. 1) “Bienaventurado aquel cuya transgresión ha sido perdonada, y cubierto su pecado”:

En Hebreo es “peshá”, e indica un proceder basado en la rebelión, en este caso contra Dios.

La transgresión es lo contrario al obrar conforme a justicia conforme a Dios. Siempre es un obrar de injusticia, contrario a la voluntad de Dios, desde un posicionamiento claro de rebeldía. Es el claro ejemplo de Lucifer, convertido en Satanás (el adversario)

Las transgresiones, es lo propio del ser humano por su naturaleza caída:

(Salmo 39: 8) “Líbrame de todas mis transgresiones; no me pongas por escarnio del insensato”

Las transgresiones que no han sido perdonadas son motivo para la separación eterna de Dios, en cuanto a los que las cometen.

(Salmo 5: 10) “Castígalos, oh Dios; Caigan por sus mismos consejos; Por la multitud de sus transgresiones échalos fuera, Porque se rebelaron contra ti”

De manera natural, todos los hombres tienden a encubrir o esconder sus trasgresiones; hasta Job lo hizo:

“Si encubrí como hombre mis transgresiones, Escondiendo en mi seno mi iniquidad” (Job 31: 33)

“La rebelión a Dios, fue el pecado originado por la soberbia de Lucifer. Ese pecado entró fuerte en este mundo desde los primeros padres. Por lo tanto, el hombre no es básicamente bueno, sino básicamente malo”.

“La rebelión a Dios, fue el pecado originado por la soberbia de Lucifer. Ese pecado entró fuerte en este mundo desde los primeros padres. Por lo tanto, el hombre no es básicamente bueno, sino básicamente malo”.

El por qué del perdón

“Bienaventurado aquel cuya transgresión ha sido perdonada…”:

Como cristianos, cuando Dios perdonó nuestras transgresiones cuando nacimos de nuevo; en aquel momento fuimos bienaventurados. Nuestro destino final fue ya de hecho, la vida eterna.

Literalmente está escrito que Cristo pagó el precio del perdón por nuestras transgresiones:

“El cual fue entregado por nuestras transgresiones, y resucitado para nuestra justificación” (Romanos 4: 25)

Pecados sólo cubiertos

“Bienaventurado aquel (que)….ha sido  cubierto su pecado”:

Kasah es la palabra hebrea que se traduce por cubrir, y que tiene el sentido de “llenar huecos”, o cubrir algo con algo.

En el A.T. era la sangre de los animales la empleada para cubrir los pecados:

(Hebreos 13: 11) “Porque los cuerpos de aquellos animales cuya sangre a causa del pecado es introducida en el santuario por el sumo sacerdote, son quemados fuera del campamento”

Los pecados no eran borrados, sino sólo cubiertos, en espera de un mejor sacrificio; el de Cristo:

“a quien Dios puso como propiciación por medio de la fe en su sangre, para manifestar su justicia, a causa de haber pasado por alto, en su paciencia, los pecados pasados” (Romanos 3: 25)

Esos pecados pasados, no es que Dios no los tuviera en cuenta, sino que al estar cubiertos (Kasah) con la sangre de animales, quedaban momentáneamente al margen del juicio de Dios, hasta ser totalmente abolidos por la sangre del Cordero de Dios.

Ya en esta, nuestra dispensación de la gracia, los pecados nuestros quedaron olvidados por Dios, a causa de la sangre de Cristo. Esto fue anunciado por el profeta Miqueas:

(Miqueas 7: 19) “El volverá a tener misericordia de nosotros; sepultará nuestras iniquidades, y echará en lo profundo del mar todos nuestros pecados”

Aún, los pecados que cometemos, son borrados de la presencia de Dios, por la misma sangre de Su Hijo:

(1 Juan 1: 7, 9) “si andamos en luz, como él está en luz, tenemos comunión unos con otros, y la sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado…Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad”

A. b. Lecciones acerca de resultados (32: 2)

 (V. 2)

“Bienaventurado el hombre a quien Jehová no culpa de iniquidad,
  y en cuyo espíritu no hay engaño”:

Ese hombre por excelencia fue Jesús. El jamás pecó, siendo hombre. El fue bienaventurado, pero conforme al entendimiento de Dios, no conforme al entendimiento de los hombres.

Los hombres entienden por ser bienaventurados, los que poseen salud, dinero, fama, amor, y todos los bienes materiales y no materiales codiciables de esta vida. En cambio, Jesús, vivió pobre, rechazado, muchas veces proscrito, y al final, en una cruz romana.

Dios llama bienaventurado a aquél que lo es en términos de eternidad, no en términos de temporalidad.

El ser bendecidos, o estar en bendición, para Dios significa, no el poseerlo todo, o casi todo en este mundo, sino el saberse agradado por Dios.

El que ha nacido de nuevo

(Juan 3: 3, 5) “Respondió Jesús y le dijo: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios…5 Respondió Jesús: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios”

En esta dispensación de la gracia, el verdadero bienaventurado, es aquel que por haber nacido del agua (la Palabra de Dios), y del Espíritu, está en el reino de Dios (o el reino de Dios está en él).

El que ha nacido de nuevo es aquél a quien Dios no culpa de iniquidad, y en su espíritu (en este caso, en su hombre interior), no hay engaño, porque vive en la verdad, y para la verdad (vive en Cristo, y para Cristo).

B. Lecciones acerca de resistencia (32: 3, 4)

“ 3 Mientras callé, se envejecieron mis huesos en mi gemir todo el día.  4 Porque de día y de noche se agravó sobre mí tu mano; se volvió mi verdor en sequedades de verano”

Esa resistencia de la que hablamos ha de entenderse como el afán de la carne del hombre en hacer oídos sordos a la voz del Espíritu Santo.

David tuvo también esa experiencia maligna, y por ella cuenta como le fue.

Es enseñanza en dos sentidos:

  • Para que no hagamos lo que hizo.
  • Para que veamos que también a otros les pasa lo mismo.

Las consecuencias de esa resistencia, incluso se materializaron en su estado físico.

(V. 3)

“Mientras callé…”: Ese mientras implica un tiempo, el que fuera, en el cual David calló. No abrió la boca para reconocer que había pecado.

En ese tiempo de silencio culpable ocurren tres cosas:

  • El corazón se endurece.
  • El cuerpo sufre (de ahí muchas enfermedades relacionadas con los huesos)
  • El enemigo toma considerable ventaja.

“…se envejecieron mis huesos…”:

Insisto aquí en decir que la incidencia en el estado físico es una realidad al callar y no confesar.

“En mi gemir todo el día”:

Dice la Palabra que hay tristeza que lleva al arrepentimiento, pero hay tristeza que es conforme al mundo.

(2 Corintios 7: 10) “Porque la tristeza que es según Dios produce arrepentimiento para salvación, de que no hay que arrepentirse; pero la tristeza del mundo produce muerte”:

David mientras callaba, gemía todo el día, por causa del dolor de su pecado. Humanamente eso le hubiera podido llevar en una de las dos posibles direcciones, que son contrapuestas; o a vida, o a muerte. Sabemos que fue a la segunda dirección.

No obstante, y por principio, vemos que el callar de David, no sólo le afectaba físicamente, sino también emocionalmente. Era una tortura.

“El callar en el sentido que lo estamos estudiando, es sinónimo de tortura interior. La confesión a Dios es el antídoto”.

“El callar en el sentido que lo estamos estudiando, es sinónimo de tortura interior. La confesión a Dios es el antídoto”.

(V. 4)

“Porque de día y de noche se agravó sobre mí tu mano; se volvió mi verdor en sequedades de verano”:

David explica aquí más acerca del resultado de su resistencia a hacer lo correcto.

Todo el día y noche sufrió el castigo de Dios; un castigo que pretendía llevarle al quebrantamiento.

El “agravarse la mano de Dios sobre uno”, eso es terrible, porque implica una continua agonía en todos los ámbitos.

Dios actúa así por Su misericordia, porque de ese modo, al no obtener descanso en nada y por nada, uno tiene la oportunidad de darse cuenta de lo que ha hecho, para buscar a Dios por su perdón.

De otra manera, si todo fuera como siempre, si no tuviéramos manera de saber que hemos hecho el mal (y en nuestra dispensación esa es la labor del Espíritu Santo, a diferencia hasta cierto punto de aquella dispensación anterior, donde todo se regía mayormente por lo natural), entonces estaríamos perdidos.

“… Se volvió mi verdor en sequedades de verano”: En el caso de David, él requiere de un trato duro de Dios, hasta el punto en que la vida casi se le fue. El verdor implica vida; la sequedad del verano, muerte.

Duro fue el trato de Dios con David, a causa de la resistencia de David:mientras callé”

“La sequedad en el espíritu y en el alma es lo contrario a la llenura del Espíritu Santo… como cristianos, ¿qué escogemos?”

“La sequedad en el espíritu y en el alma es lo contrario a la llenura del Espíritu Santo… como cristianos, ¿qué escogemos?”

C. Lecciones acerca de respuestas (32: 5)

“Mi pecado te declaré, y no encubrí mi iniquidad. Dije: Confesaré mis transgresiones a Jehová;  y tú perdonaste la maldad de mi pecado”

David aquí nos habla de su reacción. Al final, después de callar, decide responder. Veamos más acerca de sus respuestas.

Recordemos que en Vv. 1 y 2, David habla genéricamente, sin implicarse personalmente, en la bendiciendo que supone ponerse de acuerdo con Dios, y recibir, por tanto el beneficio de ese perdón:

“1 Bienaventurado aquel cuya transgresión ha sido perdonada, y cubierto su pecado.  2 Bienaventurado el hombre a quien Jehová no culpa de iniquidad, y en cuyo espíritu no hay engaño”
   
Pero ahora, en un contexto de confesión personal, identifica estas aborrecibles afrentas contra la persona de Dios como suyas: “Mi pecado te declaré, y no encubrí mi iniquidad”

Si bien el pecado es horrible ante Dios, y la causa del horror de los tiempos, David asume su responsabilidad por el suyo, y lo declara (no a cualquiera, sino a Dios). Con ese acto se coloca absolutamente a merced del Dios Todopoderoso.

E insiste diciendo, que no sólo lo declara, sino que muestra con claridad su iniquidad.

La iniquidad, en heb. “AVON”, tiene aquí el sentido de perversidad en el asunto moral, por lo tanto, David, no sólo confiesa que es pecador, sino que detalla qué tipo de pecado (iniquidad) cometió, y asume todas las consecuencias.

“Dije: Confesaré mis transgresiones a Jehová; y tú perdonaste la maldad de mi pecado”:

Así como los malvados meditan que mal van a hacer, y de qué manera, David, como tipo de justo, medita, no para hacer el mal esta vez, sino para todo lo contrario, para poner a la luz sus transgresiones (desobediencias a Dios en el contexto de rebeldía)

Haciendo así, no ocultando nada a Dios, sino confesándolo todo, puede recibir el perdón de parte de Dios.

La palabra “confesar”, es en Heb. “Yada”, y significa literalmente, “extender la mano”. Así pues el sentido es el que sigue: es como el que da la mano, y se pone enteramente en disposición del otro.

“… la maldad de mi pecado”: La Reina Valera traduce por maldad, lo que en realidad es iniquidad (Avon) en heb. Ambas traducciones son correctas.

David, con esta expresión que usa, califica la gravedad del pecado (heb. Katá). Katá tiene el sentido de ofensa y su consecuencia en cuanto a pena o castigo.

Así que tanto el pecado como su castigo (eterno), fue perdonado por Dios a David.

Estas son las lecciones de respuestas.

(Continuará en un próximo capítulo)

Dios les bendiga.

© Miguel Rosell Carrillo, pastor de Centro Rey, Madrid, España.
www.centrorey.org

Septiembre 2011