LA ESPERANZA DE LA RESURRECCIÓN - Parte III-

(1 Corintios 15: 16) “Porque si los muertos no resucitan, tampoco Cristo resucitó”

Índice del Tema

Introducción

Como venimos diciendo, la resurrección de los muertos es  asunto crucial de nuestra fe. No hay verdadera fe en Cristo si la negamos, o si no la creemos.

En los tiempos de Jesús, existía una secta de entre los judíos, la de los saduceos, que, a diferencia de la de los fariseos, negaban la resurrección.

Un día, se acercaron a Jesús con un planteamiento y pregunta que creían muy inteligentes para buscar desconcertar al Maestro respecto al tema en cuestión... (Mateo 22: 23-33);

“Aquel día vinieron a él los saduceos, que dicen que no hay resurrección, y le preguntaron, diciendo: Maestro, Moisés dijo: Si alguno muriere sin hijos, su hermano se casará con su mujer, y levantará descendencia a su hermano. Hubo, pues, entre nosotros siete hermanos; el primero se casó, y murió; y no teniendo descendencia, dejó su mujer a su hermano. De la misma manera también el segundo, y el tercero, hasta el séptimo. Y después de todos murió también la mujer. En la resurrección, pues, ¿de cuál de los siete será ella mujer, ya que todos la tuvieron? Entonces respondiendo Jesús, les dijo: Erráis, ignorando las Escrituras y el poder de Dios. Porque en la resurrección ni se casarán ni se darán en casamiento, sino serán como los ángeles de Dios en el cielo. Pero respecto a la resurrección de los muertos, ¿no habéis leído lo que os fue dicho por Dios, cuando dijo: Yo soy el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob? Dios no es Dios de muertos, sino de vivos. Oyendo esto la gente, se admiraba de su doctrina”.

No se puede llegar a entender con nuestra mente finita las cosas que son de Dios.

Aquellos saduceos, que negaban lo espiritual a causa de su incredulidad, sólo eran guiados por su mente natural, y por lo tanto, finita. Muchos hoy en día, desafortunadamente, siguen sus mismos pasos.

Si negamos, o aun, si menospreciamos la resurrección de los muertos, en especial, la resurrección de los muertos en Cristo, estamos negando la Resurrección de Cristo; vana es nuestra fe entonces.

Que no seamos como aquellos judíos incrédulos, ni como aquellos paganos epicúreos y estoicos atenienses (ver Hechos 17: 16-33) que no podían acceder a las cosas de Dios porqueno habían muerto y sus vidas no estaban escondidas con Cristo en Dios” (Colosenses 3: 3).

No se puede llegar a creer de corazón en las cosas de Dios, si antes no se ha nacido de nuevo, y se es como un niño, porque sólo de ellos, y de los que son como ellos es el reino de los cielos.

La resurrección en el Nuevo Testamento: En los Evangelios, Hechos de los apóstoles, etc.

1. Jesús y la Resurrección

Jesús y la Resurrección son sinónimos, porque Él es la Resurrección. Muy claramente lo dijo cuando Lázaro muerto ya, llevaba cuatro días en el sepulcro (Juan 11: 21-27);

“Y Marta dijo a Jesús: Señor, si hubieses estado aquí, mi hermano no habría muerto. Mas también sé ahora que todo lo que pidas a Dios, Dios te lo dará. Jesús le dijo: Tu hermano resucitará. Marta le dijo: Yo sé que resucitará en la resurrección, en el día postrero. Le dijo Jesús: Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá. Y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente. ¿Crees esto? Le dijo: Sí, Señor; yo he creído que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, que has venido al mundo”.

Poco antes, Jesús de Nazaret anunciaba: ...El que oye mi palabra, y cree al que me envió, tiene vida eterna; y no vendrá a condenación, mas ha pasado de muerte a vida” (Juan 5: 24). Dijo también:

“Porque como el Padre levanta a los muertos, y les da vida, así también el Hijo a los que quiere da vida (Juan 5: 21).

Y siguió diciendo:

“De cierto, de cierto os digo: Viene la hora, y ahora es, cuando los muertos oirán la voz del Hijo de Dios; y los que la oyeren vivirán... No os maravilléis de esto; porque vendrá hora cuando todos los que están en los sepulcros oirán su voz; y los que hicieron lo bueno, saldrán a resurrección de vida; mas los que hicieron lo malo, a resurrección de condenación” (Juan 5: 25; 28, 29).

Estas palabras concuerdan con las declaradas por Daniel (12: 2);

“Y muchos de los que duermen en el polvo de la tierra serán despertados, unos para vida eterna, y otros para vergüenza y confusión perpetua”.

Veremos más adelante el orden de sucesión de estos hechos.

Un anticipo

Anticipo de lo que tiene que ocurrir (la resurrección) lo fue instantes después de la muerte y resurrección del Señor. Leemos en Mateo 27: 50-53;

“Jesús, habiendo otra vez clamado a gran voz, entregó el espíritu. Y he aquí, el velo del templo se rasgó en dos, de arriba abajo; y la tierra tembló, y las rocas se partieron; y se abrieron los sepulcros, y muchos cuerpos de santos que habían dormido, se levantaron;  y saliendo de los sepulcros, después de la resurrección de él, vinieron a la santa ciudad, y aparecieron a muchos”.

Nótese que resucitaron y salieron de sus sepulcros después de la resurrección de Cristo.

Nada más se dice de esas personas, las cuales probablemente no permanecieron mucho tiempo en la tierra.

No lo dice, pero presuponemos que recibieron cuerpos glorificados, y aparecieron a muchos (V. 53), para que quedara constancia de ese milagro, y como anticipo de la primera resurrección, la de los justos.

Eso nos recuerda la transfiguración en el monte, lo cual fue anticipo del Reino Milenial. Deberemos presuponer también que esos santos resucitados ascendieron al cielo; un anticipo de 1 Ts 4 13-17.

A. Las recompensas que esperan en la Resurrección

Dios quiere que entendamos la importancia de la resurrección, y que ésta llegue a ser nuestra esperanza verdadera en esta vida.

Será en la resurrección o en la transformación, donde, no sólo recibiremos la plenitud de la salvación, sino, también, la totalidad de las recompensas, según hayamos vivido aquí en la tierra, habiendo pasado por el tribunal de Cristo.

Jesús así enseñó esto último cuando dijo:

“Dijo también al que le había convidado: Cuando hagas comida o cena, no llames a tus amigos, ni a tus hermanos, ni a tus parientes, ni a vecinos ricos; no sea que ellos a su vez te vuelvan a convidar, y seas recompensado. Mas cuando hagas banquete, llama a los pobres, los mancos, los cojos y los ciegos; y serás bienaventurado; porque ellos no te pueden recompensar, pero te será recompensado en la resurrección de los justos (Lucas 14: 12-14).

Vemos aquí que la recompensa no viene de los hombres, sino necesariamente de Dios, y el momento y el lugar serán en la resurrección.

B. Hasta los más pecadores creían en la Resurrección

“En aquel tiempo Herodes el tetrarca oyó la fama de Jesús, 2y dijo a sus criados: Este es Juan el Bautista; ha resucitado de los muertos, y por eso actúan en él estos poderes” (Mateo 14: 1, 2).

Herodes, había asesinado a Juan el Bautista un tiempo atrás, y aunque inmerso en su paganismo y su maldad, creía que Juan había resucitado y que era el mismo Jesús.

Leemos esto mismo en Marcos 6: 14-16

“Oyó el rey Herodes la fama de Jesús, porque su nombre se había hecho notorio; y dijo: Juan el Bautista ha resucitado de los muertos, y por eso actúan en él estos poderes. Otros decían: Es Elías. Y otros decían: Es un profeta, o alguno de los profetas. Al oír esto Herodes, dijo: Este es Juan, el que yo decapité, que ha resucitado de los muertos

Aunque equivocadamente, hasta los perdidos como Herodes creían en la resurrección de los muertos, como podemos ver.

Paradójicamente, a los creyentes les cuesta creer (aunque suene contradictorio). A veces tienen más “fe” los perdidos que los mismos creyentes. En el contexto de la resurrección del Señor y de su aparición en medio de los once discípulos, leemos:

“Finalmente se apareció a los once mismos, estando ellos sentados a la mesa, y les reprochó su incredulidad y dureza de corazón, porque no habían creído a los que le habían visto resucitado (Marcos 16: 14).

C. Jesús anuncia su Resurrección antes de morir

Jesús sabía, no tan sólo que iba a morir, sino que iba a resucitar. Leámoslo:

(Mateo 26: 30-35) “Y cuando hubieron cantado el himno, salieron al monte de los Olivos. Entonces Jesús les dijo: Todos vosotros os escandalizaréis de mí esta noche; porque escrito está: Heriré al pastor, y las ovejas del rebaño serán dispersadas. Pero después que haya resucitado, iré delante de vosotros a Galilea”.

Al tercer día de su muerte, el ángel que se apareció a María Magdalena y a la otra María, confirmó las palabras de Jesús cuando dijo:

“No está aquí, pues ha resucitado, como dijo. Venid, ved el lugar donde fue puesto el Señor. E id pronto y decid a sus discípulos que ha resucitado de los muertos, y he aquí va delante de vosotros a Galilea(Mateo 28: 6, 7).

En el contexto de lo acontecido en el Monte de la Transfiguración, también anuncia Jesús su próxima Resurrección. Leámoslo en Marcos 9: 2-9

“Seis días después, Jesús tomó a Pedro, a Jacobo y a Juan, y los llevó aparte solos a un monte alto; y se transfiguró delante de ellos. Y sus vestidos se volvieron resplandecientes, muy blancos, como la nieve, tanto que ningún lavador en la tierra los puede hacer tan blancos. Y les apareció Elías con Moisés, que hablaban con Jesús. Entonces Pedro dijo a Jesús: Maestro, bueno es para nosotros que estemos aquí; y hagamos tres enramadas, una para ti, otra para Moisés, y otra para Elías. Porque no sabía lo que hablaba, pues estaban espantados. Entonces vino una nube que les hizo sombra, y desde la nube una voz que decía: Este es mi Hijo amado; a él oíd. Y luego, cuando miraron, no vieron más a nadie consigo, sino a Jesús solo. Y descendiendo ellos del monte, les mandó que a nadie dijesen lo que habían visto, sino cuando el Hijo del Hombre hubiese resucitado de los muertos”.

Es pertinente observar que, en un contexto de gloria como el mostrado en el marco de la Transfiguración, Jesús nos habla de su muerte y de su posterior resurrección.

Aun y en los momentos más bellos, más hermosos, pueden llegar a nosotros noticias en lo natural desagradables, incómodas o aun trágicas. ¡Que las circunstancias no apaguen nunca el gozo de la salvación y la paz verdadera que sólo proviene del Príncipe de Paz, Jesús!

El testimonio de Jonás

Sabemos que el profeta Jonás estuvo en el interior del gran pez durante tres días y tres noches. Esto fue señal inequívoca y profética de lo que le ocurriría al Mesías siglos más tarde. Jesús iba a estar en el interior de la tierra el mismo tiempo. Leemos así en Mateo 12: 38-41;

“Entonces respondieron algunos de los escribas y de los fariseos, diciendo: Maestro, deseamos ver de ti señal. El respondió y les dijo: La generación mala y adúltera demanda señal; pero señal no le será dada, sino la señal del profeta Jonás. Porque como estuvo Jonás en el vientre del gran pez tres días y tres noches, así estará el Hijo del Hombre en el corazón de la tierra tres días y tres noches”.

Aquí, indirectamente, Jesús estaba anunciando su Resurrección, ya que, de la misma manera que Jonás estuvo sólo tres días y tres noches como muerto, y luego salió del pez y siguió viviendo, Cristo iba sólo a estar físicamente muerto durante el mismo espacio de tiempo, volviendo a la vida seguidamente.

Esto no lo pudieron entender aquellos escribas y fariseos, pendientes, no de su responsabilidad moral hacia Dios, sino del reconocimiento y favores de los que les rodeaban.

2. Los apóstoles y la Resurrección

Los apóstoles de Cristo, enseñaron, basados en la Palabra escrita, y por ser testigos directos, acerca de la resurrección de Cristo, y de la resurrección de los muertos. Esta fue la base de su enseñanza y predicación a todos, primeramente a los judíos, y luego a los gentiles.

A. Testigos directos

El apóstol Pedro, después de ser investido de poder por el Espíritu Santo, así como el resto de los 120 discípulos que se encontraban en el aposento alto (Hchs. 2: 1-4), ante los miles de judíos que se encontraban en Jerusalén a la sazón, testificó:         Hechos 2: 29-32;

“Varones hermanos, se os puede decir libremente del patriarca David, que murió y fue sepultado, y su sepulcro está con nosotros hasta el día de hoy. Pero siendo profeta, y sabiendo que con juramento Dios le había jurado que de su descendencia, en cuanto a la carne, levantaría al Cristo para que se sentase en su trono, viéndolo antes, habló de la resurrección de Cristo, que su alma no fue dejada en el Hades, ni su carne vio corrupción.  A este Jesús resucitó Dios, de lo cual todos nosotros somos testigos”.

Pedro, al igual que el resto de los discípulos (unos 500), fue testigo presencial de la Resurrección del Mesías.

El Doceabo apóstol

Un poco antes, los apóstoles se planteaban la incorporación de un nuevo compañero que supliera la falta del apóstata Judas Iscariote. La cuestión del testimonio de la resurrección de Cristo era parte primordial del asunto. Lo leemos en Hechos 1: 21-26;

“Es necesario, pues, que de estos hombres que han estado juntos con nosotros todo el tiempo que el Señor Jesús entraba y salía entre nosotros, comenzando desde el bautismo de Juan hasta el día en que de entre nosotros fue recibido arriba, uno sea hecho testigo con nosotros, de su resurrección. Y señalaron a dos: a José, llamado Barsabás, que tenía por sobrenombre Justo, y a Matías. Y orando, dijeron: Tú, Señor, que conoces los corazones de todos, muestra cuál de estos dos has escogido, para que tome la parte de este ministerio y apostolado, de que cayó Judas por transgresión, para irse a su propio lugar. Y les echaron suertes, y la suerte cayó sobre Matías; y fue contado con los once apóstoles”.

Es interesante resaltar algunas cosas aquí:

1. Tenían que completar el número de doce. Les faltaba uno, al haber caído Judas Iscariote.

2. No podía ser cualquiera. Debía ser un testigo que hubiera estado desde “el bautismo de Juan”; desde el momento en que Jesús comenzaba su ministerio, hasta su Ascensión a los cielos.

3. Debía ser testigo presencial de la Resurrección del Señor Jesús. Esto enfatiza la importancia de la resurrección.

4. Tenían a dos candidatos, pero sólo a uno podían escoger. No obstante, no lo escogieron ellos, sino que a través de la suerte, Dios escogió al mejor. Leemos en Proverbios 16: 33 “La suerte se echa en el regazo; mas de Jehová es la decisión de ella”. Leemos también: “La suerte pone fin a los pleitos, y decide entre los poderosos” (Proverbios 18: 18). Poniendo fe en Dios, el echar suertes y ver a quien le toca, puede ser una manera, en un momento dado, de llegar a alguna conclusión definitiva en algún asunto de difícil elección. De todos modos, esa era la costumbre en el AT.

5. “Y orando, dijeron: Tú, Señor, que conoces los corazones de todos...”: Está claro que el candidato que debían escoger era el que tenía un corazón más dispuesto hacia el Señor; y el Señor es el único que conoce de verdad los corazones. Un verdadero líder cristiano deberá tener un corazón sensible a la voz del Espíritu Santo, contrito y humillado ante Él. Ser realmente quebrantado y humilde de corazón.

B. Valientes a la hora de testificar de lo que habían visto: La resurrección de Cristo

Los apóstoles, llenos del Espíritu Santo, no dudaban en testificar ante quien fuera necesario acerca de lo que habían visto: La vuelta a la vida de su Maestro. Leemos en Hechos 4: 1-4;

“Hablando ellos al pueblo, vinieron sobre ellos los sacerdotes con el jefe de la guardia del templo, y los saduceos, resentidos de que enseñasen al pueblo, y anunciasen en Jesús la resurrección de entre los muertos. Y les echaron mano, y los pusieron en la cárcel hasta el día siguiente, porque era ya tarde. Pero muchos de los que habían oído la palabra, creyeron; y el número de los varones era como cinco mil”.

No sólo anunciaban la resurrección de Jesús, sino que anunciaban la resurrección de los muertos en Cristo, que los muertos en Cristo resucitarían para vida eterna.

3. La enseñanza de los apóstoles acerca de la resurrección

Todos los apóstoles enseñaron acerca de la resurrección, la de Cristo, y la de los que son de Cristo. Este era un tema fundamental de su enseñanza, de hecho, en él se basaba toda la esperanza de la fe cristiana. Si no había resurrección, no había nada.

Por ello, es asombroso el contraste entre la enseñanza apostólica, y gran parte de la enseñanza actual, en el sentido de que apenas hoy en día se enseña acerca de la resurrección de los muertos.

Se nos enseña acerca de “ir al Cielo”, pero qué poco se habla de cómo iremos al Cielo, de que iremos en cuerpo glorificado a causa de la resurrección. No seremos sólo un espíritu descarnado para siempre, sino que esperamos, o bien el arrebatamiento de los justos, o bien, la resurrección de los justos, es decir, el advenimiento de un nuevo cuerpo físico y tangible, aunque glorificado.

Importantísima la cuestión de la resurrección, por ello, el apóstol Pedro comienza su Primera Epístola Universal hablando del tema (1: 3-5)

“Bendito el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que según su grande misericordia nos hizo renacer para una esperanza viva, por la resurrección de Jesucristo de los muertos, para una herencia incorruptible, incontaminada e inmarcesible, reservada en los cielos para vosotros, que sois guardados por el poder de Dios mediante la fe, para alcanzar la salvación que está preparada para ser manifestada en el tiempo postrero”.

4. Aprendiendo más acerca de la doctrina de la Resurrección

El contraste entre la muerte y la resurrección

Así como es importante la muerte de Cristo, lo es Su Resurrección. Pablo nos enseña que “si fuimos plantados juntamente con él (Cristo) en la semejanza de su muerte, así también lo seremos en la de su resurrección” (Romanos 6: 5). Y esto hay que entenderlo, no como una simple figura, sino como una realidad total:

Resucitaremos para gloria como lo hizo Cristo, si previamente, en su día, morimos juntamente con Cristo. No hay resurrección si antes no hay muerte del hombre carnal.

5. Resumiendo

  • La RESURRECCIÓN de los muertos es  asunto crucial de nuestra fe. No hay verdadera fe en Cristo si la negamos, o si no la creemos.
  • Jesús y la Resurrección son sinónimos, porque Él es la Resurrección.
  • Será en la resurrección o en la transformación, donde, no sólo recibiremos el resultado de la salvación, sino, también, la totalidad de las recompensas, según hayamos vivido aquí en la tierra.
  • Jesús sabía, no tan sólo que iba a morir, sino que iba a resucitar.
  • Los apóstoles de Cristo, enseñaron, basados en la Palabra y por ser testigos directos, acerca de la resurrección de Cristo, y de la resurrección de los muertos.
  • Los apóstoles, llenos del Espíritu Santo, no dudaban en TESTIFICAR ante quien fuera necesario acerca de lo que habían visto: La vuelta a la vida de su Maestro.
  • Todos los apóstoles enseñaron acerca de la RESURRECCIÓN, la de Cristo, y la de los que son de Cristo. Este era un tema FUNDAMENTAL de su enseñanza, de hecho, en él se basaba toda la esperanza de la fe cristiana. Si no había resurrección, no había nada.
  • Así como es importante la MUERTE de Cristo, lo es Su RESURRECCIÓN.
  • Aunque en la ECONOMÍA de Dios, la RESURRECCIÓN del salvo es un hecho ya realizado en la ETERNIDAD, aquí en la Tierra, esto es un proceso que culminará con la RESURRECCIÓN del cuerpo del creyente.

(Seguirá en otra entrega)

Dios les bendiga.

© Miguel Rosell Carrillo, pastor de Centro Rey, Madrid, España.
www.centrorey.org