LA FE, EL PISTIS DE DIOS

Capítulo Tercero

Índice del Tema

5. PISTIS, en su versión: fidelidad de Dios

Entendiendo la fe en lo cotidiano
“Hermanos míos, ¿de qué aprovechará si alguno dice que tiene fe, y no tiene obras?” (Santiago 2: 14)

“Pero sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan” (Hebreos 11: 6)

Decimos que la verdadera fe no es un deseo, una buena intención, ni siquiera una esperanza.

El cristiano ha de vivir de modo muy diferente respecto del que no conoce a Dios.

A diferencia del no creyente, el cual entiende que debe valerse sólo por sí mismo en sus solas fuerzas, nosotros hemos de vivir en la gracia, que es la plenitud de lo que Dios nos da para permanecer vivos en Él en este mundo condenado, ser más que vencedores.

Todo lo que es de Dios, su provisión, está reservado para ser manifestado a través del único y poderoso recurso: LA FE.

Ahora bien, ¿cómo llevamos la fe a la práctica? ¿Cómo hacer que nuestra fe sea real en nuestro caminar por este mundo?

Dijimos que la fe no debe ser confundida con un sentimiento o una emoción. La fe es algo que es de Dios, no pude ser fabricado por el creyente, ni tampoco es parte de su naturaleza.

Esto último es importante entenderlo: la fe verdadera afecta o inspira nuestras emociones, pero no surge de ellas. La fe verdadera afecta o inspira nuestra mente y pensamiento, pero no surge de nuestra mente o pensamiento.

“La fe es de Dios, y no surge de las emociones y pensamientos humanos”

“La fe es de Dios, y no surge de  las emociones y pensamientos humanos”

Producto o conducto
“Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro” (Hebreos 4: 16)

La fe verdadera es un producto de Dios. Al recibirla, desde nuestro hombre interior por el Espíritu Santo – siempre siendo receptivos – inspira y mueve todo nuestro engranaje espiritual, mental, emocional, decisorio, etc.

Esta sería la fe a modo de sustancia o componente en sí que Dios nos trasmite. Esa fe nos motiva a obrar, y por la obra se entiende que la fe es auténtica.

También podemos entender la fe como conducto por el cual recibimos de Dios, lo que es de Dios, y lo que Dios quiere que recibamos.

Ambas maneras de entender el concepto fe, van de la mano.

Los mineros chilenos
Un símil que nos ayudará a entender la fe como conducto de Dios, lo tenemos en la experiencia de aquellos mineros chilenos. Esos hombres quedaron atrapados a 700 metros de profundidad, y no había manera para ellos de salir a la superficie, ni de vivir por tiempo allí abajo. No tenían posibilidad ninguna en cuanto a ellos mismos.

Así somos los creyentes. Sin Dios nada podemos hacer.

Digamos que ellos somos nosotros, los cristianos, y Dios son los que pudieron ayudarles desde la superficie. Ese sería el símil.

La provisión para ellos vino desde arriba, pero para que llegara esa provisión de alimentos, medicamentos, etc. fue necesario e imprescindible ese conducto que se hizo para enlazar la superficie con el interior donde estaban los mineros.

Bien, pues ese conducto es lo que sería la fe. Por el conducto de los de arriba, los mineros recibieron las provisiones. Por la fe, conducto de Dios, recibimos nosotros toda la provisión que es la de Dios.

Valga este ejemplo para entender cómo funciona la fe.

Ahora bien, imaginemos que los mineros abajo, se hubieran afanado, se hubieran desesperado, se hubieran atemorizado, etc. y hubieran intentado construir un conducto hacia arriba con el fin de conseguir llegar a la superficie. ¿Qué hubiera pasado?

Pues que no lo hubieran conseguido, porque no tenían ningún medio válido para hacerlo con éxito, pero los que estaban en la superficie sí lo tenían.

El conducto no funciona de abajo a arriba, sino de arriba abajo. La fe es igual, funciona de Arriba a abajo.

Esto es similar a nosotros cuando intentamos en nuestras solas fuerzas agradar a Dios, vivir para Dios, etc. No funciona. Es un esfuerzo de abajo hacia arriba; no es suficiente.

Imaginemos también que esos mineros no hubieran creído que fueran a rescatarlos, o que hubieran llegado a la conclusión de que era imposible que pudieran llegar a ellos en modo alguno, y se hubieran conformado con su status.

Imaginemos que en los meses en que las perforadoras estaban trabajando, ellos sencillamente se hubieran abandonado al pesimismo y hubieran desconectado de todo e incluso algunos se hubieran suicidado en su incredulidad y desesperación.

Muchos cristianos viven de ese modo. Cuando parece que la provisión de Dios no llega (sea la que sea), se abandonan o se apartan.

Ahora, imaginemos también que en el transcurso de la perforación, cuando seguramente caían cascotes y polvo donde ellos estaban, ya al final de la perforación, se hubieran asustado todavía más, y no hubieran hecho su parte en cuanto a posteriormente entrar en la cápsula y ser izados a la superficie. Todavía estarían en el fondo de la tierra.

Así actúan muchos cristianos, ante las circunstancias adversas se asustan y se quedan paralizados, o desmotivados, y justamente en ese momento, es cuando les está llegando la provisión desde Arriba.

“Pero sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan” (Hebreos 11: 6)

Evidentemente, es sólo un  símil; un ejemplo, una parábola, lo de los mineros chilenos, pero nos puede ayudar a comprender un principio espiritual:

La fe es el conducto de Dios para que nos llegue de Su parte la provisión suya para el día a día.

Por la fe, conducto de Dios, estamos conectados con Él.

Todo ello es un hecho, y todo lo que debemos hacer es creer en la fe; es decir, creer que ese conducto es real, aunque invisible, y que por Él Dios nos provee.

Dios sabe que este mundo para nosotros es como ese lugar bajo tierra donde estaban los mineros chilenos y donde no había nada para poder subsistir.

Si los mineros chilenos hubieran intentado vivir allí para siempre, buscando el hacerse en ese lugar oscuro y sin vida, ajenos a la provisión de arriba, ciertamente hubieran muerto.

Lo trágico es que muchos cristianos intentan vivir en este mundo como lo descrito acerca de esos mineros (que no lo hicieron). Lo único que están consiguiendo es muerte, porque viven en el mundo, aun no siendo del mundo, como si fueran del mundo; y eso implica amar el mundo. Pero la Palabra dice otra cosa:

“No améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él. 16 Porque todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo.17 Y el mundo pasa, y sus deseos; pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre” (1 Juan 2: 15-17)

“La odisea de los mineros chilenos, fue un gran ejemplo”

“La odisea de los mineros chilenos, fue un gran ejemplo”

La fe es como ese conducto que conectaba la superficie con el interior de esa cavidad a 700 metros bajo tierra. Ahora bien, nótese que los mineros tuvieron que hacer su parte para que pudieran de nuevo ver el sol. Uno a uno tuvieron que entrar en esa estrecha cápsula, y debían confiar que les transportarían a su destino dichoso…. ¿y no es eso así con nosotros?

Si bien es cierto que el esfuerzo personal no es suficiente, no es menos cierto que es imprescindible.

Es necesario poner la creencia en acción.

A. La ORACION DE FE
Encontramos en el libro de Santiago: “13¿Está alguno entre vosotros afligido? Haga oración. ¿Está alguno alegre? Cante alabanzas. 14¿Está alguno enfermo entre vosotros? Llame a los ancianos de la iglesia, y oren por él, ungiéndole con aceite en el nombre del Señor. 15Y la oración de fe salvará al enfermo, y el Señor lo levantará; y si hubiere cometido pecados, le serán perdonados”(5: 13-15)

En base a lo que ya entendemos que es la fe, ¿cómo debemos entender entonces lo que es la oración de fe?

La oración de fe es la fidelidad de Dios, concepto dentro del Pistis, puesta en acción.

La oración de fe es aquella oración-declaración que hacemos por existir previamente de parte del Espíritu Santo un , en este caso, acerca de la sanidad de ese enfermo.

La Biblia nos enseña a que hagamos “rogativas, oraciones, peticiones y acciones de gracias, por todos los hombres; 2por los reyes y por todos los que están en eminencia”  (1 Timoteo 2: 1, 2)

Muchos han equivocado el sentido de la expresión oración de fe, pretendiendo que cualquier oración, es oración de fe ante una necesidad en concreto.

Aunque siempre deberemos orar, la diferencia entre una oración común y la oración de fe es que con la segunda podemos tener la seguridad de que Dios la responderá. Esa seguridad no siempre la sentimos, no obstante, siendo oración de fe – y muchas veces sólo Dios lo sabe – su realización tendrá el efecto esperado.

La verdadera oración de fe es aquella que es conforme a la voluntad de Dios, la cual no depende de nuestro deseo, ni está sujeta al mismo.

La oración de fe, es aquella que sabemos que está contestada, porque es la voluntad de Dios.

Tomamos por fe lo que Dios nos da
La oración de fe es un acto espiritual, por el cual, no sólo hacemos una petición, sino que, existe la certeza de que Dios la quiere responder, y conforme a la fe que pongamos, nos será hecho. Tenemos un ejemplo de muchos en los Evangelios:

“27Pasando Jesús de allí, le siguieron dos ciegos, dando voces y diciendo: ¡Ten misericordia de nosotros, Hijo de David! 28Y llegado a la casa, vinieron a él los ciegos; y Jesús les dijo: ¿Creéis que puedo hacer esto? Ellos dijeron: Sí, Señor. 29Entonces les tocó los ojos, diciendo: Conforme a vuestra fe os sea hecho. 30Y los ojos de ellos fueron abiertos” (Mateo 9: 27-30)

El paso previo a creer que les podía ser hecho, era el hecho, de que iba a ser hecho:

La pregunta de Jesús: “¿Creéis que puedo hacer esto?”, delataba Sus intenciones.

6. Conclusión

Antes de finalizar, debemos hacer aquí hincapié en no confundir la fe con la presunción. La fe es de Dios, la presunción es humana, pretendiendo ser de Dios.

La Biblia dice que hemos de andar por fe, y no por vista (2 Co. 5: 7). Lo primero significa que nuestro vivir en este mundo ha de ser en total y expectante dependencia de Dios, en la creencia y en la práctica.

El que vive en total dependencia de Dios, vive en santidad.

Esta es la manera de que nuestros años en esta tierra se vayan cumpliendo agradando a Dios.

“Pero sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan” (Hebreos 11: 6)

Dios les bendiga.

 

© Miguel Rosell Carrillo, pastor de Centro Rey, Madrid, España
www.centrorey.org
Enero 2011

 

FIN