QUIETOS EN EL DÍA DE LA ANGUSTIA (II)

Índice del Tema

“Oí, y se conmovieron mis entrañas; a la voz temblaron mis labios; pudrición entró en mis huesos, y dentro de mí me estremecí; si bien estaré quieto en el día de la angustia, cuando suba al pueblo el que lo invadirá con sus tropas. Aunque la higuera no florezca, ni en las vides haya frutos, aunque falte el producto del olivo, y los labrados no den mantenimiento, y las ovejas sean quitadas de la majada, y no haya vacas en los corrales. Con todo, yo me alegraré en Jehová, y me gozaré en el Dios de mi salvación. Jehová el Señor es mi fortaleza, el cual hace mis pies como de ciervas, y en mis alturas me hace andar” (Habacuc 3: 16b-19)

Introducción

Aunque Habacuc no entendiera los procedimientos de Dios, y aun se quejara, y expresara su desazón con el Señor, no es menos cierto que terminó la profecía con un compromiso renovado y una reafirmación de su fe, expresando una confianza inquebrantable en Dios, fruto directo de la actuación soberana del Señor en su vida.

Comentamos

(V. 16) “Oí, y se conmovieron mis entrañas; a la voz temblaron mis labios; pudrición entró en mis huesos, y dentro de mí me estremecí…”

El efecto que tuvo el entendimiento del juicio soberano divino en la vida del profeta, por mano de los caldeos, queda revelado en sus mismas palabras. “Oí…”: El oyó, lo cual implicaba que creyó a pie juntillas todo lo que oyó. No sólo lo escuchó, sino que lo interiorizó, y eso produjo que sus entrañas, sus adentros, se conmovieran, temblaran sus labios, y sus huesos, a causa del miedo, y fueran incapaces de sostener su cuerpo. La traducción mejor es “caries”, como la de los dientes.

“…si bien estaré quieto en el día de la angustia, cuando suba al pueblo el que lo invadirá con sus tropas”:

A pesar de la extrema debilidad natural y humana, Habacuc sabía que en “el día de la angustia”, iba a estar quieto. La traducción mejor es, que iba a estar descansado, tranquilo. Es decir, que en el día de la angustia, iba a estar tranquilo.

Es un contrasentido, humanamente hablando, ¿Cómo estar tranquilo en el momento de la angustia? ¿No es el momento de la angustia?... Aquí podemos ver claramente la intervención de Dios. Estar tranquilo en el momento de la aflicción.

Es evidente que Habacuc, no sólo está profetizando en relación a los caldeos, es decir, en relación a él mismo y los que eran de Dios en el momento de su presente, sino que proféticamente se está refiriendo a los judíos del tiempo de la Gran Tribulación, y de eso vamos a hablar.

La profecía de Habacuc también es en relación al Israel del tiempo de la Angustia para Jacob (Jer. 30: 3-9), es decir, del Israel que recibirá la tremenda lluvia temprana y tardía al mismo tiempo (ver Joel 2: 23) en el mismo contexto de la Gran Tribulación.

(Jeremías  30: 3-9) “3 Porque he aquí que vienen días, dice Jehová, en que haré volver a los cautivos de mi pueblo Israel y Judá, ha dicho Jehová, y los traeré a la tierra que di a sus padres, y la disfrutarán. 4 Estas, pues, son las palabras que habló Jehová acerca de Israel y de Judá. 5 Porque así ha dicho Jehová: Hemos oído voz de temblor; de espanto, y no de paz. 6 Inquirid ahora, y mirad si el varón da a luz; porque he visto que todo hombre tenía las manos sobre sus lomos, como mujer que está de parto, y se han vuelto pálidos todos los rostros. 7 ¡Ah, cuán grande es aquel día! tanto, que no hay otro semejante a él; tiempo de angustia para Jacob; pero de ella será librado! 8 En aquel día, dice Jehová de los ejércitos, yo quebraré su yugo de tu cuello, y romperé tus coyundas, y extranjeros no lo volverán más a poner en servidumbre, 9 sino que servirán a Jehová su Dios y a David su rey, a quien yo les levantaré”.

Entonces se cumplirán las palabras del apóstol Pablo en relación a la salvación del la nación judía: “y todo Israel será salvo” (Romanos 11: 25); entendiendo que la nación de Israel, habrá entonces descubierto al verdadero Mesías, Jesús de Nazaret, habiendo, por tanto, rechazado al falso Mesías.

Todo ese contexto puede ser aplicado espiritualmente a nosotros, la iglesia actual, que está también esperando la venida del Esposo, para ser llevada por Él a las bodas.

Mientras tanto, aprendamos a poner en práctica los principios de Habacuc: Confiar en Dios, por encima de nuestro entendimiento, o falta del mismo.

Cuando falta lo indispensable en lo natural

(V. 17) “Aunque la higuera no florezca, ni en las vides haya frutos, aunque falte el producto del olivo, y los labrados no den mantenimiento, y las ovejas sean quitadas de la majada, y no haya vacas en los corrales”:

Es evidente que estas palabras van dirigidas a Israel, ya que se describe aquello que era común en la nación judía, siempre en términos naturales.

Israel siempre depende de Dios
Llegará un momento en que Israel por sí mismo, no podrá subsistir de ningún modo. Y es que Israel fue creado para Dios, y por Dios, de los lomos de Abraham. No hay modo humano en que Israel pueda levantarse y continuar sin el Dios que lo creó en definitiva.

Llegará un día, y ese tiempo será al final de la Gran Tribulación, en que los judíos se darán cuenta de que existen por Dios, y para Dios. En ese día levantarán sus ojos al verdadero Mesías.

En ese día Dios derramará de Su Espíritu en una porción doble, lluvia temprana y tardía a la vez:

(Joel 2: 23) “Vosotros también, hijos de Sion, alegraos y gozaos en Jehová vuestro Dios; porque os ha dado la primera lluvia a su tiempo, y hará descender sobre vosotros lluvia temprana y tardía como al principio. 24 Las eras se llenarán de trigo, y los lagares rebosarán de vino y aceite. 25 Y os restituiré los años que comió la oruga, el saltón, el revoltón y la langosta, mi gran ejército que envié contra vosotros”.

Descubrirán que el Mesías fue aquél a quien traspasaron con clavos y con lanza: “Y derramaré sobre la casa de David, y sobre los moradores de Jerusalén, espíritu de gracia y de oración; y mirarán a Mí, a quien traspasaron, y llorarán como se llora por hijo unigénito, afligiéndose por él como quien se aflige por el primogénito” (Zacarías 12: 10)

Israel descubrirá a su Dios

“Aunque la higuera no florezca, ni en las vides haya frutos, aunque falte el producto del olivo, y los labrados no den mantenimiento, y las ovejas sean quitadas de la majada, y no haya vacas en los corrales; con todo, yo me alegraré en Jehová, y me gozaré en el Dios de mi salvación. Jehová el Señor es mi fortaleza, el cual hace mis pies como de ciervas, y en mis alturas me hace andar”:

Aunque para el Israel de la Gran Tribulación en lo natural no haya posibilidades, así como no las hubo en lo espiritual por siglos, Israel, por boca del profeta Habacuc lo declara, se alegrará y se gozará en el Dios de su salvación, porque en esos momentos estará “descubriéndolo”.

En ese momento Israel estará quieto, “quieto en el día de la angustia”, y verá que Dios es Dios, porque ese será el momento de Su intervención. Acordémonos de lo que dice el Salmo 68: 10, 11;

Estad quietos, y conoced que yo soy Dios; seré exaltado entre las naciones; enaltecido seré en la tierra. Jehová de los ejércitos está con nosotros; nuestro refugio es el Dios de Jacob

La fortaleza de Israel es su Dios
Proféticamente, Habacuc como portavoz del Israel de esos días exclama: “Jehová el Señor es mi fortaleza, el cual hace mis pies como de ciervas, y en mis alturas me hace andar”:

Verdaderamente, la fortaleza de Israel no está en sí mismo, sino que es Dios su fortaleza, y en ese tiempo, a Israel se le caerán las escamas de los ojos y entenderá esa verdad.

¿Por qué de ciervas y no de ciervos?
Los pies de Israel serán como de ciervas. ¿Por qué de ciervas y no de ciervos? Porque los pies de las ciervas, a diferencia de los ciervos, son más derechos y firmes; por lo tanto son más ágiles.

Las alturas ponen distancia con el infierno, que está abajo. Israel andará espiritualmente (y quizás en lo natural) sobre los montes de Judá, a salvo de sus enemigos encabezados por la Bestia.

Aplicación a nosotros

Dios quiere enseñarnos las mismas lecciones espirituales. A que nuestra dependencia jamás sea de las cosas materiales, personales y en nuestras fuerzas.

Con todo ello, Dios nos advierte que puede haber tiempos en los que Él consienta en que desaparezca la prosperidad material de nuestras vidas y las seguridades en lo natural, para ayudarnos a entender de que nuestro sustento y sostenimiento no consiste en los bienes que poseemos o en nosotros mismos, sino en Él.

El dijo a sus discípulos, y por extensión a todos nosotros:

Juan 15: 5 “Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer

Nuestra confianza absoluta no puede basarse en nada que nuestras manos puedan manejar, nuestra cabeza pensar, y en nada que esté en nuestro poder, sujeto a nuestra voluntad, como siendo nosotros los que controlamos o dominamos. Esta es justamente la filosofía que rige en este mundo y para este mundo.

Nuestra confianza SÓLO puede estar en Dios.

Solamente así nos podremos alegrar y gozarnos de veras en el Dios de nuestra salvación.

Solamente en Él existe la verdadera paz y la verdadera seguridad; y Él quiere que lo creamos, que lo aceptemos, que lo experimentemos y que así sea en nuestras vidas.

Todos los días de nuestra vida
Como será para el Israel del final de la Gran Tribulación, cuando de veras encuentre al Mesías, así ha de ser para nosotros todos los días de nuestra vida, hasta que le veamos cara a cara (1 Co. 13: 12; 1 Jn. 3: 2, 3), sabiendo que ya no queda tanto tiempo para que ese evento glorioso se produzca.

El motivo real de nuestra alegría y gozo
“Con todo, yo me alegraré en Jehová, y me gozaré en el Dios de mi salvación”:

El alegrarnos y gozarnos ha de ser siempre en el Dios que nos ha redimido de la muerte y de la destrucción eternas por Cristo Jesús.

De hecho, el verdadero gozo en esta tierra no debería consistir en nada de lo que en ella hay, sino solamente en nuestro Dios, del cual dependen absolutamente todas las cosas, ya que Él las ha creado.

“Jehová el Señor es mi fortaleza, el cual hace mis pies como de ciervas, y en mis alturas me hace andar”

Entendiendo que, si así hacemos, nuestra fortaleza será el mismo Dios, y no nosotros mismos. Si así hacemos, aprenderemos a “andar en nuestras alturas”; y esas alturas serán las nuestras propias por Su provisión constante, por el efecto de su Santo Espíritu en nosotros. Así hemos de vivir. Eso sólo nos habla de una constante dependencia de Dios.//

© Miguel Rosell Carrillo
Enero 2017

FIN