QUIETOS EN EL DÍA DE LA ANGUSTIA (I)

QUIETOS EN EL DÍA DE LA ANGUSTIA

Índice del Tema

(Leer Habacuc 1: 1-13)

Introducción (sobre Habacuc)

De Habacuc, solamente sabemos que fue profeta y que se llamaba con ese nombre (1.1; 3.1). Su libro, octavo entre los doce denominados “profetas menores”, no incluye el menor dato personal, ni en parte alguna del Antiguo o del Nuevo Testamento se vuelve a mencionar su nombre.

Habacuc significa “uno que abraza”, y su mismo nombre es profético, ya que al final de su libro, él se aferra a Dios, aunque no entienda los procedimientos divinos de cara a Israel.

Partiendo de la referencia que en 1: 6 se hace a «los caldeos, nación cruel y presurosa», algunos han deducido que Habacuc profetizó en tiempos cercanos a la destrucción de Nínive (612 a.C.); pero, a falta de cualquier documento que permita fijar la fecha con exactitud, hay también quienes piensan que la actividad del profeta debe fijarse entre el año 605 a.C., principio del reinado de Nabucodonosor en Babilonia (Jer. 25: 1), y el 587 a.C., año de la caída de Jerusalén (2 R 24: 10–12). Nos acercamos a pensar que, o bien la primera, o la segunda posibilidad, es la correcta dado el sentido del libro.

Con vivacidad retórica, Habacuc se dirige al Señor para corroborar Sus acciones judiciales en contra de todo lo que se oponga a Su voluntad. El mensaje de su Soberanía queda patente a lo largo del escrito.

Antes o después, Dios impone justicia a través de sus juicios. Así ha sido a lo largo de la historia, y a cabalidad será al final de los tiempos.

Situación espiritual en los días de Habacuc, y los nuestros

Los primeros versículos de este libro, nos hablan de una situación histórica semejante a los días de Amós y Miqueas, y también los nuestros, cuando esencialmente la justicia había desaparecido de sobre la tierra, como está ocurriendo hoy en día. La violencia y la impiedad se encontraban por todas partes, sin freno, como hoy en día también..

En el contexto de esos días de oscuridad y de maldad, el profeta clama a Dios por una intervención Suya contundente:

(Habacuc 1: 2-4) “¿Hasta cuándo, oh Jehová, clamaré, y no oirás; y daré voces a ti a causa de la violencia, y no salvarás? 3 ¿Por qué me haces ver iniquidad, y haces que vea molestia? Destrucción y violencia están delante de mí, y pleito y contienda se levantan. 4 Por lo cual la ley es debilitada, y el juicio no sale según la verdad; por cuanto el impío asedia al justo, por eso sale torcida la justicia”.

Pero la respuesta de Dios, no fue la que el profeta esperaba. ¡Dios estaba enviando a los caldeos para castigar a Judá!

(Habacuc 1:6) “…he aquí, yo levanto a los caldeos, nación cruel y presurosa, que camina por la anchura de la tierra para poseer las moradas ajenas”.

Obviamente esto le crea un gran problema a Habacuc, un dilema de tipo teológico…

¿Cómo podía Dios usar a los caldeos para juzgar a un pueblo más justo que ellos?:

(Habacuc 1: 12, 13)  “12 ¿No eres tú desde el principio, oh Jehová, Dios mío, Santo mío? No moriremos. Oh Jehová, para juicio lo pusiste; y tú, oh Roca, lo fundaste para castigar. Muy limpio eres de ojos para ver el mal, ni puedes ver el agravio; ¿por qué ves a los menospreciadores, y callas cuando destruye el impío al más justo que él”.

Dios le responde, y le dice que Él va a juzgar a los caldeos (2: 2-20), pero esto no satisfizo totalmente el dilema teológico de Habacuc, más bien al contrario.

El profeta esperaba de parte de Dios una defensa hacia Su pueblo: “… ¿por qué ves a los menospreciadores, y callas cuando destruye el impío al más justo que él(1: 13)

El profeta olvidó que la exigencia divina es mayor para aquél que recibió mayor luz, que para el que no recibió apenas ninguna.

Lo que le pasó a Habacuc, no difería mucho de lo que le ocurrió a Job. Discutía con Dios, como lo hizo Job, pero fue a través del trato duro recibido y de esa experiencia con el Hacedor, que alcanzó un entendimiento más profundo de la soberanía divina, y una fe más firme en Él.

Importante: A la postre, Habacuc entendió que Dios no debía ser adorado simplemente por causa de las bendiciones temporales que Él concediera, sino por quién Él es.

El enemigo como río

Llegamos al capítulo 3, y en él cambia el sentido de todo. Ahora el profeta, inspirado, habla sobre la redención futura del pueblo de Dios.

Leemos en Habacuc 3: 7, 8

“He visto las tiendas de Cusán en aflicción; las tiendas de la tierra de Madián tiemblan. ¿Te has airado, Jehová, contra los ríos? ¿Contra los ríos te has airado? ¿Arde tu ira contra el mar cuando montas en tus caballos, en tus carros de victoria?”

Nos habla aquí de la intervención de Dios contra el enemigo de Su pueblo, el cual la Biblia lo identifica a veces con “los ríos”. Lo leemos así también en Isaías 59: 19;

“Y temerán desde el occidente el nombre de Jehová, y desde el nacimiento del sol su gloria; porque vendrá el enemigo como río, mas el Espíritu de Jehová levantará bandera contra él

Aunque el enemigo se levante impetuoso como un río, Dios levanta su estandarte (nissi), y dice: “Hasta aquí, y no puedes ir más allá”.

(V. 9) “9 Se descubrió enteramente tu arco; los juramentos a las tribus fueron palabra segura”. Cada flecha del Señor ha recibido su comisión conforme a los juramentos divinos.

Vemos en Jeremías 47: 6, 7 “Oh espada de Jehová, ¿hasta cuándo reposarás? Vuelve a tu vaina, reposa y sosiégate. 7 ¿Cómo reposarás? pues Jehová te ha enviado contra Ascalón, y contra la costa del mar, allí te puso”.

Dios cumplirá con toda justicia siempre, sin dejar de hacerlo ni una sola vez. De eso podemos tener entera seguridad; y siempre lo hará en el momento en que Él quiera. Los tiempos son Suyos.

No sólo hará justicia sobre las naciones enemigas, sino también lo hizo sobre Israel, Su pueblo. De ahí la confusión de Habacuc, que veía que Dios enviaba al caldeo contra Judá, siendo que el babilonio era mucho peor que el judío, en comparación.

(V. 11) “11 El sol y la luna se pararon en su lugar; a la luz de tus saetas anduvieron, y al resplandor de tu fulgente lanza”.

Toda la creación está al servicio y a las órdenes de Dios, también de cara a Sus juicios. Como símbolos prominentes del orden creado por Dios, el sol y la luna atienden sin vacilación su orden. Esta imagen recuerda la victoria de Israel sobre los amorreos en Gabaón (Jos.10:12-14).

La ira santa de Dios

(V. 12) “12 Con ira hollaste la tierra, con furor trillaste las naciones”.

Con demasiada frecuencia se presenta la imagen de un Dios pacifista, y eso es un error. Dios no es pacifista.

(*) Pacifismo: “Ideología que defiende la paz como estado ideal en todas las naciones y se opone a toda clase de actos violentos o de enfrentamientos armados,  aún por encima de la justicia”.

La paz no puede venir como resultado de amordazar y atar la verdad y la justicia, sino, en todo caso, como consecuencia del establecimiento de ellas.

La paz no es la meta, sino el resultado.

Sólo en un reino de amor, verdad y justicia, habrá verdadera paz, jamás de otra manera.

Mientras tanto, y así ha sido a lo largo de la historia, Dios ha ejercido su juicio, y lo hará hasta el final.

Todo esto lo veía Habacuc, y no entendía.

Habacuc empieza a comprender, y se identifica con el pueblo de Dios

(3: 13-15) “13 Saliste para socorrer a tu pueblo, para socorrer a tu ungido. Traspasaste la cabeza de la casa del impío, descubriendo el cimiento hasta la roca 14 Horadaste con sus propios dardos las cabezas de sus guerreros, que como tempestad acometieron para dispersarme, cuyo regocijo era como para devorar al pobre encubiertamente. 15 Caminaste en el mar con tus caballos, sobre la mole de las grandes aguas”

“13 Saliste para socorrer a tu pueblo, para socorrer a tu ungido…”: Habacuc se identifica con el pueblo escogido, asumiendo la condición de debilidad ante el adversario, pero que espera en Dios para ser liberado, como siempre fue, y será al final de los días actuales.

El profeta pasa ahora a describir los portentos de Dios para salvar a su pueblo.Habacuc hace referencia a Moisés y el éxodo de Israel, los cuales fueron ungidos por Dios y de ese modo alcanzaron milagrosamente la victoria sobre Faraón y sus ejércitos.

También expresa la liberación futura y definitiva, al final de la Gran Tribulación, previa a la venida gloriosa del Mesías.

De todo ello observamos que Dios, en Su tiempo (no en el nuestro) hará justicia, y ejecutará venganza:

(Salmo 149: 6-8) “Exalten a Dios con sus gargantas,
Y espadas de dos filos en sus manos,
Para ejecutar venganza entre las naciones,
Y castigo entre los pueblos;
8 Para aprisionar a sus reyes con grillos,
Y a sus nobles con cadenas de hierro”

Esto en cuanto a las naciones impías, y en cuanto a Su pueblo:

(Deuteronomio 32:34-36) “¿No tengo yo esto guardado conmigo,
Sellado en mis tesoros? 35 Mía es la venganza y la retribución;
A su tiempo su pie resbalará, Porque el día de su aflicción está cercano,
Y lo que les está preparado se apresura. 36 Porque Jehová juzgará a su pueblo,
Y por amor de sus siervos se arrepentirá, Cuando viere que la fuerza pereció,
Y que no queda ni siervo ni libre”.

Dice que Suya es la venganza y la retribución, es decir, el pago, y que consecuentemente juzgará a Su pueblo, no con simple y llana justicia (de manera que no quede ni uno), sino con misericordia.

Esa misericordia, siempre debida a la sangre de la cruz, y jamás de otro modo.

Dejará el juicio “por amor de sus siervos [y] se arrepentirá, cuando viere que la fuerza pereció, y que no queda ni siervo ni libre”.

Clara alusión, también, al Israel del final de la Gran Tribulación, cuando no queden entonces ni siervos ni libres; es decir, cuando todos estén a merced del Dios del universo.   

El Señor ha juzgado a Israel, no para destruir la nación, sino para castigar a los pecadores impenitentes de en medio de ella.

Habacuc realza lo que ya Dios dijo por boca de Moisés en el libro de Deuteronomio. Si nos damos cuenta, Dios siempre ha recordado a Su pueblo lo que ya dijo desde un principio, a través de los profetas.

En todo esto, el verdadero pueblo de Dios, santo, deberá permanecer quieto en el día de la angustia; es decir, en PAZ.

(Seguirá)

Miguel Rosell Carrillo