2 JUAN (II)

Segunda Parte

(Continuación)

(2 Juan 1: 6-13) “6 Y este es el amor, que andemos según sus mandamientos. Este es el mandamiento: que andéis en amor, como vosotros habéis oído desde el principio. 7 Porque muchos engañadores han salido por el mundo, que no confiesan que Jesucristo ha venido en carne. Quien esto hace es el engañador y el anticristo. 8 Mirad por vosotros mismos, para que no perdáis el fruto de vuestro trabajo, sino que recibáis galardón completo. 9 Cualquiera que se extravía, y no persevera en la doctrina de Cristo, no tiene a Dios; el que persevera en la doctrina de Cristo, ése sí tiene al Padre y al Hijo. 10 Si alguno viene a vosotros, y no trae esta doctrina, no lo recibáis en casa, ni le digáis: ¡Bienvenido! 11 Porque el que le dice: ¡Bienvenido! participa en sus malas obras. 12 Tengo muchas cosas que escribiros, pero no he querido hacerlo por medio de papel y tinta, pues espero ir a vosotros y hablar cara a cara, para que nuestro gozo sea cumplido. 13 Los hijos de tu hermana, la elegida, te saludan. Amén.”

En este punto, Juan incide en su intención del principio, cual es la de ahondar en los peligros de obrar conforme a un amor mal entendido, lo que hemos venido en calificar como “buenismo”.

(V.6) “6 Y este es el amor, que andemos según sus mandamientos. Este es el mandamiento: que andéis en amor, como vosotros habéis oído desde el principio”

Juan insiste en que el amor no es como uno lo pueda entender o sentir, sino conforme a los mandamientos de Cristo, lo cual significa Su voluntad, la cual está escrita en Su Palabra, la Biblia.

Dice que “andemos”, del verbo griego, “peripateo”, que significa “pisar alrededor”; es decir, lo que nosotros entendemos como “andar por la vida”, o mejor, “andar en la vida”.

Debemos andar en la vida conforme a Su voluntad, ese es el amor.

Por tanto, “andar en amor” no es obrar conforme a una buena intención, un agradable sentimiento, una buena idea, etc. conforme a lo netamente natural, conforme al alma, sino conforme a la voluntad de Dios.

¿Por qué insiste Juan en apuntalar esa verdad en el entendimiento de sus interlocutores? Lo vemos.

(V.7) “7 Porque muchos engañadores han salido por el mundo, que no confiesan que Jesucristo ha venido en carne. Quien esto hace es el engañador y el anticristo”:

Porque dando hospitalidad a todos los que venían con el nombre de Cristo en sus bocas, les trataban como a verdaderos hermanos, permitiendo que enseñaran a todos acerca de su presunta fe, que resultaba ser falsedad, ya que una gran mayoría eran falsos maestros. Lo mismo ocurre hoy en día, de todos modos.

Por ello, Juan pone límites a la hospitalidad cristiana. Esta es la parte central del pensamiento de Juan en esta carta.

Juan les tilda de engañadores, porque no sólo llevaban engaño en sus bocas, sino que entraban en las iglesias con la intención de engañar.

Dice que “han salido por el mundo”, lo cual implicaba una ofensiva a nivel mundial por parte del enemigo. Eran huestes de lobos vestidos con piel de oveja cuyo cometido era, no sólo pervertir el Evangelio, sino hacer creer esa perversión a cuantos más, mejor. Fue, y sigue siendo, el contraataque del maligno.

Pablo habla de ellos también:

(2 Corintios 11: 13-15) “Porque éstos son falsos apóstoles, obreros fraudulentos, que se disfrazan como apóstoles de Cristo. 14 Y no es maravilla, porque el mismo Satanás se disfraza como ángel de luz. 15 Así que, no es extraño si también sus ministros se disfrazan como ministros de justicia; cuyo fin será conforme a sus obras”.

Nunca ha sido una novedad este asunto, menos en estos días. De hecho pienso que una gran mayoría de grandes ministerios, muy voluminosos, pertenecen a esa categoría falaz.

El misterio de la iniquidad, ya hace tiempo ha dejado de ser un misterio.

El engaño puede variar, siendo engaño de todos modos. En aquel tiempo, el gnosticismo empezaba a surgir y era de lo más predominante:

“…que no confiesan que Jesucristo ha venido en carne…”:

Juan acusaba a esos falsos maestros de su terrible herejía, el negar la deidad y humanidad plenas de Cristo.

Jesucristo tiene dos naturalezas simultáneas. Es Dios, y es hombre; verdadero Dios y verdadero hombre. Siendo de otra manera, jamás se hubieran podido cumplir los propósitos redentivos.

Como bien asegura MacArthur: “La esencia del error más severo en la religiones, herejías y sectas falsas, es la negación de la naturaleza verdadera de Jesucristo”.

“…Quien esto hace es el engañador y el anticristo”: El sentido no es el apuntar a un individuo en concreto esta vez, sino a cada uno de los que proceden de ese modo.

(V. 8) “Mirad por vosotros mismos, para que no perdáis el fruto de vuestro trabajo, sino que recibáis galardón completo”:

Juan apela a la responsabilidad individual ahora. Cada uno de los cristianos de esas congregaciones, y por extensión, a todos de todos los tiempos y lugares, debían considerar cómo obrar en ese amor, que debía ser conforme a la voluntad de Dios, y no de otra manera subjetiva. De otra manera podían perder el fruto de su trabajo, y no recibir el completo galardón, es decir, una herencia completa.

Vemos que el asunto es serio.

La hospitalidad, bien entendida

La práctica de la hospitalidad es de agrado para Dios, pero siempre que esa hospitalidad sea conforme a la verdad y por la verdad.

El recibir a falsos maestros que iban a perjudicar a la grey con sus falsedades, era una hospitalidad indebida.

Hoy por hoy, quizás no se plantea exactamente el mismo asunto, es decir, sabemos que no hemos de recibir en nuestros hogares a falsos hermanos que tienen la intención de contaminar con sus falsedades. No obstante muchos responsables de iglesias no son tan cuidadosos respecto a sus congregaciones, permitiendo ingenuamente que haya falsos maestros entren en ellas.

Les ceden los púlpitos, en un acto de banal bondad, lo cual llamamos “buenismo”, con el argumento de que la grey está suficientemente preparada para discernir la verdad de la mentira, cuando eso no es siempre así.

Estos comportamientos que son contrarios al verdadero entendimiento de lo que es el amor, derivado hacia ese tipo de hospitalidad, tiene consecuencias muy malas de cara a la eternidad, una vez siendo amonestados por la doctrina apostólica, y no haciendo caso de la misma.

(V. 9) “9 Cualquiera que se extravía, y no persevera en la doctrina de Cristo, no tiene a Dios; el que persevera en la doctrina de Cristo, ése sí tiene al Padre y al Hijo”:

Es obvio. El creyente profesante que no es fiel a la doctrina de Cristo, es decir la emanada de la Escritura, está demostrando que jamás nació de nuevo. Cuando leemos acerca de perseverar, estamos entendiendo que alude ese concepto a una adherencia constante, en este caso, a la doctrina desde el interior, que sólo puede realizar el Espíritu Santo.

El que persevera, no lo hace solo, lo hace por mediación de la gracia de Dios, y sólo por eso. Cualquier otro tipo de “perseverancia”, que más bien debiéramos catalogar como pertinacia u obcecación, sería sólo el fútil esfuerzo humano, ajeno a la gracia divina, y por tanto, estéril.

(V.10, 11) “10 Si alguno viene a vosotros, y no trae esta doctrina, no lo recibáis en casa, ni le digáis: ¡Bienvenido! 11 Porque el que le dice: ¡Bienvenido! participa en sus malas obras”:

Evidentemente, Juan no cierra a la puerta a los impíos, de otra manera, ¿cómo iban a escuchar el evangelio? El se está refiriendo a todos aquellos falsos maestros; todos aquellos que tenían un propósito muy definido: destruir las verdades básicas y fundamentales del cristianismo, y de ese modo, desbaratar las iglesias de Cristo.

En aquel tiempo, el estrechar la mano, o dar la bienvenida, no era un rasgo de simple cortesía como lo es hoy en día, sino que realmente significaba lo que se hacía. Era real. Por tanto, el apóstol prohíbe tal práctica con todos aquellos que se sabía eran lobos disfrazados con piel de oveja.

Antiguamente, dar la mano era señal de estar de acuerdo. Hoy en día, los políticos se dan la mano siempre.

El significado del saludo se ha ido pervirtiendo a lo largo de los siglos, justamente por no seguir ese mandamiento apostólico, y haberse decantado hacia lo “políticamente correcto”. El triunfo de la diplomacia sobre la verdad.

Pero la palabra es clara, y no cambia: todo aquel que a sabiendas le dice a un falso maestro que es bienvenido, lo cual no sólo implica un saludo, sino una cabal bienvenida, y por tanto aseveración de su mensaje y espíritu, “participa de sus malas obras”.

Escribe MacArthur: “La hospitalidad ofrecida a esa clase de líderes contribuye a la propagación de su herejía y deja la impresión inequívoca de que se aprueban las enseñanzas de esos anticristos”.

Claro y diáfano. La fidelidad y lealtad a Dios, y por tanto, a Su Palabra, es lo que caracteriza a un verdadero creyente, viéndose en sus acciones, en su vida.

(Vv. 12, 13) “12 Tengo muchas cosas que escribiros, pero no he querido hacerlo por medio de papel y tinta, pues espero ir a vosotros y hablar cara a cara, para que nuestro gozo sea cumplido. 13 Los hijos de tu hermana, la elegida, te saludan. Amén.”

Llegamos al final. Juan tenía muchas más cosas que decir. Las que tenían que ver para todos los cristianos de todos los tiempos, conforme a la voluntad de Dios, han llegado en otros escritos que conforman la Biblia, sin lugar a dudas. Los personales, se quedaron en aquel tiempo y en aquel lugar.

Papel”; en realidad, papiro; y “tinta”, en realidad, “negro”, una mezcla entre agua, carbón y resina de caucho.

“Los hijos de tu hermana, la elegida …”: Puede ser que se refiera Juan a los sobrinos de esa señora a la que se dirige en el capítulo primero, que estaban con él en esos momentos.//

© Miguel Rosell Carrillo, pastor de Centro Rey, Madrid, España.
Octubre 2016
www.centrorey.org


FIN