ENTENDIENDO SOBRE EL VERDADERO BIEN Y EL MAL REAL

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(1 Pedro 2: 11, 12) “ Amados, yo os ruego como a extranjeros y peregrinos, que os abstengáis de los deseos carnales que batallan contra el alma, manteniendo buena vuestra manera de vivir entre los gentiles; para que en lo que murmuran de vosotros como de malhechores, glorifiquen a Dios en el día de la visitación, al considerar vuestras buenas obras”.

ENTENDIENDO SOBRE EL VERDADERO BIEN Y EL MAL REAL

Amados por Dios, odiados por el mundo

Pedro se dirige a los cristianos como “amados”; amados por Dios, y por tanto, no pertenecientes a este mundo pervertido que será destruido en su día, del cual somos “extranjeros y peregrinos”, como no puede ser de otra manera.

Pedro llama a sus oyentes a una vida justa en un mundo hostil; una aparente contradicción.

Extranjeros y peregrinos

Extranjeros y peregrinos, eso es lo que somos los cristianos respecto a este mundo, somos simples moradores o residentes en él, siendo nuestra ciudadanía otra, al tiempo que en este mundo somos “parepídemos”, vocablo que significa «morando en un lugar extraño, alejado del propio pueblo de uno» (para, de, desde, expresando una condición contraria y epidemeo, estarse, morar; demos: pueblo).

Se utiliza de los santos del AT (Heb 11.13: «peregrinos», usado junto con xenos, extranjero); de cristianos (1 P 1.1: «a los expatriados de la dispersión».

Este término, así, se utiliza metafóricamente de aquellos cuya patria es el cielo y que son por ello mismo peregrinos sobre la tierra.

Eso es lo que somos en este mundo.

Por tanto Pedro, inspirado por el Espíritu Santo, se dirige a los cristianos llamándoles forasteros en este mundo.

Si somos forasteros en este mundo, significa que no es nuestro papel ni profesión el invertir en él, enraizar en él, si no, sería como aquél que va de turista a otro país, sabiendo que en un poco de tiempo tiene que volver al suyo, y empieza a comprar y a almacenar, sabiendo que todo se va a quedar ahí, y que no va a poderse llevar nada cuando regrese.

Lógicamente esto es un ejemplo, hay que ponerlo en perspectiva.

Las abstenciones que son las necesarias

yo os ruego… que os abstengáis…”: Un ruego, ¿por qué?, porque si bien no somos de este mundo, no es menos cierto que todavía arrastramos una naturaleza conforme a este mundo; una naturaleza caída, que Pedro también tenía, como todos los demás.

Y ¿qué tiene qué ver? Tiene que ver con el asunto; el abstenerse (apejo en gr., que significa: alejarse, apartarse, abstenerse. Esto implica una acción, implica tomar medidas, realizar un acto, esforzarse; vemos por qué.

Pedro insta a sus oyentes a realizar una labor que no tiene por qué suponerse fácil, sino que implica la realización de un acto de la voluntad y una perseverancia, porque de lo que hay que apartarse o abstenerse es de “los deseos carnales que batallan contra el alma”.

Vamos por partes también aquí.

Los “deseos carnales” (“epitumia sarkikós”), es decir: concupiscencia, deseo ilegítimo, lujurias, de la carne, animal, no regenerado.

Pedro se está refiriendo a todos aquellos deseos desordenados o ilegítimos que en mayor o menor medida, combaten contra el alma del creyente. No obstante, incluso pueden ser cosas muy legítimas pero que en exceso o fuera de control, llegan a ser un instrumento del maligno para dañar al cristiano y a su entorno de convivencia.

Este batallar contra el alma, alude a una campaña militar que se libra en medio de una gran guerra espiritual. Los deseos carnales son personificados como un ejército de rebeldes guerrilleros, que buscan destruir por todos los medios, el gozo, la paz y la utilidad del cristiano.

Nuestro enemigo se aprovecha del vínculo todavía existente en el creyente entre él y el mundo, que es su naturaleza caída, para buscar el derrotarle. Por eso, Pablo expresa:

“Por tanto, amados míos, como siempre habéis obedecido, no como en mi presencia solamente, sino mucho más ahora en mi ausencia, ocupaos en vuestra salvación con temor y temblor (Filipenses 2:12)

Esta es nuestra parte, ocuparnos en todo lo que implica nuestra salvación, es decir, nuestra vida aquí teniendo en mente el tribunal de Cristo y la entrada en el Reino.

No sería suficiente nuestra necesaria aportación, de hecho, no lo es, por ello a renglón seguido, leemos:

“porque Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad” (V. 13)

Dios mismo se ocupa de que podamos ser más que vencedores por medio de Aquél que nos amó (Ro. 8:37)

Delante de los no creyentes

(V. 12) “12 manteniendo buena vuestra manera de vivir entre los gentiles”

Pedro dice que hemos de mantener, y la idea de ese mantener es conforme a la traducción del griego (ejo) que significa “tener la mano en la empuñadura”, de una espada, por ejemplo. Así como se mantiene la mano en la empuñadura de una espada, y no se suelta, porque de otro modo el enemigo vencería, nosotros tenemos que “mantener” nuestra “manera de vivir”.

La palabra griega que se traduce por “manera de vivir”, es “anastrofé”, y significa “conducta”, “tenor de vida”; por tanto la traducción es buena y ajustada.

Por tanto, hemos de proseguir manteniendo con firmeza una manera de vivir entre los no creyentes, (que son la inmensa mayoría de las personas que nos rodean), se entiende, una manera de vivir que agrada a Dios, en este caso, absteniéndonos de toda tentación de pecar, por seguir los impulsos de la carne; siguiendo una conducta honorable que implique la bondad más pura.

Escribe MacArthur: “Después de haber disciplinado su vida interior y privada, el cristiano debe vivir afuera entre los no cristianos de tal modo que se refleje esa disciplina interior”

El contraste entre aquella sociedad y la actual

En aquel tiempo, esa manera de proceder era inverosímil, ya que no existía ningún precedente. Para la gente de aquel tiempo, era normal la inmoralidad sexual y otro tipo de lujurias, como el emborracharse, o cualquier otra detracción.

Hoy en día, y después de casi 2000 años de enseñanza cristiana al menos en cuanto a estas cuestiones, estamos viviendo en un tiempo en el cual, no sólo se ha vuelto al origen pre cristiano, sino que, teniendo el conocimiento de lo que es lo correcto, y habiéndolo rechazado, el estado de esta generación es mucho peor que el de aquellas generaciones pre cristianas, desconocedoras de la ley de Dios.

Esto sólo evoca un gran juicio que ciertamente vendrá sobre esta sociedad que resueltamente ha dado la espalda a Dios y a Su Hijo.

La reacción final de los llamados a salvación

“…para que en lo que murmuran de vosotros como de malhechores, glorifiquen a Dios en el día de la visitación, al considerar vuestras buenas obras”:

“Katalaleo” es el verbo griego, del cual la RV traduce por “murmurar”, y que etimológicamente significa “parlotear con malicia”

Esa murmuración o parloteo con maldad, es debido al hecho acusatorio de ser los cristianos, “malhechores” (kakopoios en gr.), es decir “gente que hace cosas malas”.

¿Por qué consideraban los gentiles a los cristianos gente que hacía cosas malas?

En primer lugar, porque la gente, cuando se convertía a Cristo, dejaba de hacer las cosas realmente malas que seguían haciendo los impíos, y hacían cosas buenas que aquellos impíos consideraban absurdas, y hasta malas. Era el mundo al revés, como hoy en día también.

Pero había más. Los primeros cristianos eran acusados de rebelión contra el César (no quemar incienso al César), lo cual implicaba deshonrarle como un dios que decían era.

Además les calumniaban diciendo que eran caníbales porque se “comían a Cristo” (cosa que sí enseña el catolicismo romano).

Tergiversaban el sentido del amor, y decían que eran unos obscenos maníacos sexuales porque mal interpretaban el sentido del “amor entre los hermanos”.

Encima les acusaban de ser ateos, porque rechazaban los ídolos y los falsos dioses.

Aquellos cristianos eran odiados porque obraban diametralmente en contra de los valores inmorales y perversos de aquella sociedad sin Dios.

Hoy en día acusan a los cristianos de homófobos, por estar en contra de las prácticas de inmoralidad de género.

¿Cómo iban a glorificar a Dios?

“…glorifiquen a Dios en el día de la visitación, al considerar vuestras buenas obras”:

“…glorifiquen a Dios…”:

Ese “glorificar” a Dios, no puede ser cualquier cosa, en el sentido de que sólo sea un mero asentimiento conforme a un darse cuenta de que estaban en un error al haber considerado mal la conducta de los cristianos. Es mucho más que eso.

Debe serlo, a pesar de que el verbo “Doxadso” (por el que se traduce “Glorificar”), tiene dos sentidos básicos, a saber, “opinar, creer, pensar, reflexionar, y por otro lado, alabar, glorificar, honrar”.

La primera acepción queda corta al mencionar a Dios directamente, por tanto, necesariamente, la traducción debe ser como correcta la de “Glorificar a Dios”.

Ahora bien, ese glorificar a Dios sólo es posible por parte de alguien que conoce a Dios, que tiene muy presente a Dios en su vida. Obviamente, eso no lo podían hacer, ni lo pueden hacer impíos, que en nada consideran a Dios.

Por tanto, los que iban a glorificar a Dios, al considerar las buenas obras de los cristianos, es decir, que se iban a dar cuenta a la postre de que esas obras no eran malas como siempre habían pensado, sino buenas, serían los que más tarde se iban a convertir a Cristo, a eso se refiere Pedro con el “día de la visitación”.

El día de la visitación era una frase común en el AT (Is 10:3; Jer. 27:22), que servía como advertencia o anuncio de la visitación de Dios o Su acercamiento a los pueblos y las naciones para juicio, o para bendición.

En el NT la visitación divina habla de salvación (Lc. 1:68; 7:16; 19:44).

Ejemplo:

(Lucas 1: 67, 68) “Y Zacarías su padre fue lleno del Espíritu Santo, y profetizó, diciendo: Bendito el Señor Dios de Israel, que ha visitado y redimido a su pueblo”

Por tanto, Pedro enseñaba aquí que cuando la gracia de Dios visita el corazón de un incrédulo, el mismo responde con fe salvadora y glorifica a Dios porque recuerda el testimonio de los creyentes que en su día observó.

A la postre, la voluntad de Dios siempre se realizará, y cada individuo recibirá en el juicio conforme a lo que hizo.

El apóstol Pedro, inspirado por el Espíritu Santo, da por supuesto que muchos de los que en ese momento se oponían y juzgaban mal a los cristianos, se iban a arrepentir, e iban a venir al conocimiento de Cristo (el día de la visitación).

Eso ha sido así por casi dos mil años. En todo este tiempo, los que estaban designados a venir al conocimiento de Cristo han ido viniendo, y vienen.

Maranatha!

© Miguel Rosell Carrillo, pastor de Centro Rey, Madrid, España.
Julio 2016
www.centrorey.org

 

Fin