FRASES PAULINAS QUE DEBEN COMPRENDERSE ADECUADAMENTE

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FRASES PAULINAS QUE DEBEN COMPRENDERSE ADECUADAMENTE

(2 Pedro 3: 15, 16) “…como también nuestro amado hermano Pablo, según la sabiduría que le ha sido dada, os ha escrito, 16 casi en todas sus epístolas, hablando en ellas de estas cosas; entre las cuales hay algunas difíciles de entender, las cuales los indoctos e inconstantes tuercen, como también las otras Escrituras, para su propia perdición”

Pedro, ya advertía que Pablo, por su don de sabiduría que había recibido, enseñaba cosas, a veces difíciles de entender, aunque no imposibles de entender. Pero los indoctos e inconstantes torcían (y tuercen), por lo cual demuestran que son falsos maestros.

Veamos un par de esos dichos paulinos.

I. “El conocimiento envanece, pero el amor edifica

  (1 Corintios 8: 1) “En cuanto a lo sacrificado a los ídolos, sabemos que todos tenemos conocimiento. El conocimiento envanece, pero el amor edifica”

Introducción

Una de tantas cosas malas y condenables dentro de la mala praxis del cristianismo es la de usar textos bíblicos para hacer argumentos con ellos que nada tienen que ver con el fin por el que fueron escritos y divinamente inspirados.

 “el conocimiento envanece, pero el amor edifica”  

Cuando se enfatiza la importancia de aprender más de la Palabra, de aumentar el conocimiento bíblico, de crecer en doctrina y sabiduría y cosas así, algunos se opone, sin el más mínimo pudor ni recato.

Lo que pretenden decir es que el conocimiento no es bueno, y lo que es bueno es la “fe”, la unción del Espíritu, las experiencias personales con Dios, lo emocional, etc.

La pregunta que nos debemos hacer es esta: ¿Por qué ha de ser necesariamente una cosa en vez de la otra? He ahí la trampa.

¿Es que la Palabra nos enseña que la fe, la experiencia con el Espíritu Santo, etc. todo ello es contrario al conocimiento, como que se oponen? Sabemos que no es así.

DE ENTRADA QUEREMOS DECIR QUE EL CONOCIMIENTO BÍBLICO ES BÁSICO PARA PODER EXPERIMENTAR UNA SALUDABLE VIDA CRISTIANA, DE OTRA MANERA SERÍAMOS VÍCTIMAS FÁCILES DEL ENEMIGO Y DE NUESTRA PROPIA CARNE.

¿El conocimiento es malo?

(1 Corintios 8: 1) “En cuanto a lo sacrificado a los ídolos, sabemos que todos tenemos conocimiento. El conocimiento envanece, pero el amor edifica

Cualquier cosa antes que reconocer que el conocimiento de la Palabra de Dios es sumamente importante, para conocer a Dios; porque ¿Cómo es posible conocer a Dios si no es por Su Palabra?

Pero veamos, qué es lo que en realidad pretendía enseñar el apóstol Pablo a aquellos corintios sumamente engreídos muchos de ellos. Para ello, deberemos hacer un poco de historia antes.

El por qué de las palabras de Pablo a los corintios

Los griegos y los romanos eran politeístas, y así como creían en muchos dioses, también creían que por contrapartida, habían espíritus malos, lo que diríamos nosotros, demonios.

Creían que los espíritus malos se pegaban, en concreto, a las viandas, para así entrar en los cuerpos de las personas. Por ese motivo, esos idólatras de la Antigüedad, lo que hacían era ofrecer esa carne a un dios.

El sacrificio, no sólo cumpliría la función de obtener el favor de ese dios en concreto, sino que además con ello creían que esa carne era purificada de la contaminación demoníaca. Luego esas carnes, en definitiva, se vendían en los mercados.

Surgía entonces para los creyentes en general un problema de conciencia, ya que no tenían la suficiente confianza o fe como para comer de esa carne, que por cierto era la única que se podía comprar en los mercados.

Por otro lado, estaban muchos de esos corintios que tenían superado este asunto, y desembarazadamente comían esas carnes ante esos otros creyentes más débiles en su fe, provocándoles quizás, aun sin quererlo, el que ellos también comieran, pero sin tener la suficiente convicción, y por tanto de ese modo, pecaban por hacer tal cosa.

Ese es el motivo por el cual Pablo les estaba diciendo a esos corintios que tenían conocimiento suficiente como para no tener problemas de conciencia consigo mismos, que ese conocimiento no les eximía de su responsabilidad de cuidar de los más débiles en la fe, para no llevarles indirectamente a pecar.

De ahí lo de que el conocimiento envanece, ya que a pesar de su conocimiento, eran capaces de hacer algo indebido por causa de los demás, envaneciéndose de su “libertad” en Cristo, mientras que el amor edifica; es decir, que por amor a sus hermanos más pequeños, debían abstenerse de comer ante ellos.

La ingestión de carne no ha de ser ningún problema para ningún cristiano en la actualidad ya que aquellas costumbres paganas de dedicación de la misma a los dioses, quedaron en el baúl de los recuerdos. No obstante para muchos de aquellos cristianos de aquel tiempo, sí era un problema de conciencia.

¿Qué tiene que ver todo esto con lo que muchos predican y muchos otros creen y dicen, de que el conocimiento envanece? ¡Nada! Y con esa excusa, ya no estudian suficientemente la Biblia, no profundizan en la Palabra, aunque a muchos les encante pretender ser “teólogos” a través del Facebook o de cualquier otra red social, etc. porque como dice el Proverbio: “En su propia opinión el perezoso es más sabio que siete que sepan aconsejar” (Prov. 16: 16)

II. ¿Qué quiso decir el apóstol Pablo con aquello de “no sea que habiendo sido heraldo para otros, yo mismo venga a ser eliminado”?

(1 Corintios 9: 24, 25) “¿No sabéis que los que corren en el estadio, todos a la verdad corren, pero uno solo se lleva el premio? Corred de tal manera que lo obtengáis. Todo aquel que lucha, de todo se abstiene; ellos, a la verdad, para recibir una corona corruptible, pero nosotros, una incorruptible.  Así que, yo de esta manera corro, no como a la ventura; de esta manera peleo, no como quien golpea el aire, 27 sino que golpeo mi cuerpo, y lo pongo en servidumbre, no sea que habiendo sido heraldo para otros, yo mismo venga a ser eliminado”

Pablo no aspiraba a las cosas corruptibles de este mundo, porque tenía puestos los ojos en una corona imperecedera e incorruptible. El contexto de este párrafo es en cuanto a la lucha de la carne contra el espíritu. El dominio propio es esencial para vencer a la carne y vivir una vida de entrega a la causa de Cristo.

Para la mejor comprensión de sus oyentes, aquí compara al que lucha para alcanzar una gloria terrenal, con aquel que lucha para recibir una corona celestial.

Cuando hace esa comparación, tiene en mente las tres pruebas atléticas que se llevaban a cabo en los juegos denominados “ístmicos”, que se celebraban cada dos años cerca de Corinto, los cuales tenían una importancia casi como la de los juegos olímpicos.

Un competidor en esos juegos, que no cumpliera los requisitos básicos en cuanto a preparación física, sabía que aun y pudiendo llegar a participar, no iba a vencer jamás.

Si los que pretendían ganar un premio en esos juegos, se abstenían de cualquier cosa que pudiera ser siquiera un estorbo, y se esforzaban con su entrenamiento, con mayor motivo nosotros, los que hemos sido llamados al servicio de Cristo, debemos ser diligentes conforme nos lo enseña la Palabra.

En los juegos ístmicos, la corona ni siquiera era de laurel como en los juegos olímpicos, sino que estaba hecha de hojas de pino. En cambio, la corona que recibe el cristiano es una corona incorruptible:

(1 Pedro 1: 3, 4) “Bendito el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que según su grande misericordia nos hizo renacer para una esperanza viva, por la resurrección de Jesucristo de los muertos, para una herencia incorruptible, incontaminada e inmarcesible, reservada en los cielos para vosotros

“Así que, yo de esta manera corro, no como a la ventura; de esta manera peleo, no como quien golpea el aire”:

Así como Pablo corría, no de cualquier manera, sino a la meta, también de esa manera combatía, sin perder el objetivo.

En ese golpear, Pablo se estaba refiriendo al boxeo, en el que los golpes dados al aire, así como agotan, sólo ofrecen ventaja al adversario, y no sirven para nada.

La enseñanza aquí es que Pablo no malgastaba sus esfuerzos en materia espiritual, así como muchos creyentes hacen en cosas que no sobreedifican como debieran. Esto es sinónimo a la enseñanza que da respecto a sobreedificar bien:

“Porque nadie puede poner otro fundamento que el que está puesto, el cual es Jesucristo.12 Y si sobre este fundamento alguno edificare oro, plata, piedras preciosas, madera, heno, hojarasca, 13 la obra de cada uno se hará manifiesta; porque el día la declarará, pues por el fuego será revelada; y la obra de cada uno cuál sea, el fuego la probará. 14 Si permaneciere la obra de alguno que sobreedificó, recibirá recompensa. 15 Si la obra de alguno se quemare, él sufrirá pérdida, si bien él mismo será salvo, aunque así como por fuego” (1 Corintios 3: 11-15)

Lo que vale en cuanto a esa sobre edificación perdurará en términos de eternidad, y lo que probado por el fuego, se consuma, no.

(V. 27) “27 sino que golpeo mi cuerpo, y lo pongo en servidumbre, no sea que habiendo sido heraldo para otros, yo mismo venga a ser eliminado”

27 sino que golpeo mi cuerpo…”: Ese “golpear”, en gr. Hupopiazo, significa “golpear debajo del ojo”, y era un término pugilístico de aquel tiempo.  Así que Pablo, siguiendo con el símil del boxeo, y esta vez, refiriéndose a su propio cuerpo, dice que lo golpeaba con precisión. Evidentemente, esto no hay que tomarlo con literalidad.

Lo que dice es que la carne, era su enemigo contra el que debía luchar con precisión pugilística, para dejarla KO. Los instintos debían ser puestos bajo control, en el contexto del dominio propio.

“…y lo pongo en servidumbre…”: (lit. gr. “lo conduzco a esclavitud”), da la idea del rigor con que el apóstol sometía sus sentidos por la gracia de Dios; por el poder del Espíritu Santo, no sólo en sus solas fuerzas.

“no sea que habiendo sido heraldo para otros, yo mismo venga a ser eliminado”: Aquí Pablo sigue con el mismo símil de los juegos ístmicos, presentándose como “proclamador de los juegos”, figura notable en aquellas actividades deportivas.

El mismo verbo que se usa para esto (Keruxas, en gr.), es el mismo que se usa en el N.T. para la predicación del Evangelio, pues es una grandiosa proclamación, a los cuatro vientos de las Buenas Nuevas, y ésa es la labor a que había sido llamado, por encima de cualquier otra, Pablo.

Al haber tomado parte en el “juego”, declarando esa gran noticia que es el Evangelio, sería lamentable ser descalificado. Esto nos habla del peligro que existe de caer en el engaño de que por haber sido instructor a otros, uno se crea exento de todo peligro y tentación; por eso él mismo dijo: “Así que, el que piensa estar firme, mire que no caiga” (1 Co. 10: 12) (otra de sus expresiones, mal comprendidas). El instructor siempre piensa estar firme, dada su condición de impartidor de verdad y doctrina; esa es justamente su posible debilidad, llegar a creer que el conocimiento de la doctrina le puede justificar per se.

Poniendo un ejemplo, es como el que trabaja en la Casa de la Moneda, fabricando billetes de 500 euros; de estar tan acostumbrado a tocarlos, puede llegar a creer que son suyos.

La doctrina que enseñamos no es nuestra, es de Dios, y nuestra es la responsabilidad de hacer nuestra parte, no sólo de enseñarla a otros, sino de vivirla nosotros.

“…yo mismo venga a ser eliminado”: “eliminado”, es la palabra griega “adokimos” y significa: falso, ilegítimo, desacreditado; reprobado. Es evidente por el contexto, que Pablo no se está refiriendo aquí a ser “condenado”, lo cual sería incongruente con la doctrina. El sentido aquí además es claro.

Siguiendo con el símil de los juegos ístmicos, y llevándolo a la cuestión de la realización de la obra de proclamación del Evangelio, el apóstol Pablo está hablando de ser eliminado de la carrera (como en los juegos ístmicos).

En el contexto de los juegos, si a algún jugador se le sorprendía en actividad sexual, o en cualquier cosa que pudiera mermar su rendimiento en la competición, era instantáneamente eliminado. Esto es lo que está explicando Pablo aquí: un verdadero ministro de Dios ha de conservarse puro siempre. Lo que predica en cuanto a santidad, ha de aplicárselo, de otra manera será descalificado.

SOLI DEO GLORIA

© Miguel Rosell Carrillo
Junio 2016
www.centrorey.org

Fin