LA PARÁBOLA DE LAS MINAS (II) – el mal siervo

(Continuación)

Índice del Tema

(Lucas 19:20-27) “Vino otro, diciendo: Señor, aquí está tu mina, la cual he tenido guardada en un pañuelo; 21 porque tuve miedo de ti, por cuanto eres hombre severo, que tomas lo que no pusiste, y siegas lo que no sembraste. 22 Entonces él le dijo: Mal siervo, por tu propia boca te juzgo. Sabías que yo era hombre severo, que tomo lo que no puse, y que siego lo que no sembré; 23 ¿por qué, pues, no pusiste mi dinero en el banco, para que al volver yo, lo hubiera recibido con los intereses? 24 Y dijo a los que estaban presentes: Quitadle la mina, y dadla al que tiene las diez minas. 25 Ellos le dijeron: Señor, tiene diez minas. 26 Pues yo os digo que a todo el que tiene, se le dará; mas al que no tiene, aun lo que tiene se le quitará. 27 Y también a aquellos mis enemigos que no querían que yo reinase sobre ellos, traedlos acá, y decapitadlos delante de mí”

Después de presentarse los dos buenos siervos, que ejemplifican a una mayoría de fieles siervos del Señor, se presenta otro siervo; el mal siervo.

El mal siervo

“20 Vino otro, diciendo: Señor, aquí está tu mina, la cual he tenido guardada en un pañuelo”:

Este es el mal siervo que también reconoce que la mina que su amo le dio era de él, pero no hizo nada con ella. Pensaba que no haciendo un mal uso de ella, o no mal gastándola, ya con eso habría cumplido con el encargo de su amo. Se equivocaba.

Era el ejemplo del cumplidor a secas. El ejemplo del que no es ni frío ni caliente, sino tibio.

Vivió una vida ajena de los negocios de su señor, porque vivió una vida sólo para sí mismo.

El don de su amo, lo envolvió en un pañuelo, ¿para qué? Para que no se ensuciara, para que no se perdiera, para que se quedara quieto.

No produjo nada esa mina, porque su encargado no hizo nada para que diera algún rédito, que hubiera dado si así hubiera hecho.

Llevado a los términos de la fe, el siervo nunca compartió la Palabra de Dios con nadie. Nadie supo que era un creyente. Qué triste es eso.

Una vida egoísta, centrada en sí misma, alejada de la vida de los demás.

Cuando como creyentes, no mostramos una diferencia con el resto de la gente, no somos mejores que ese mal siervo. Debemos preguntarnos, por qué.

Sabemos las “razones” aducidas por este mal siervo, porque, sin tener que preguntarle su señor, directamente él las dijo.

Pasemos a observarlas:

El concepto del mal siervo acerca de su señor

“21 porque tuve miedo de ti, por cuanto eres hombre severo (o austero), que tomas lo que no pusiste, y siegas lo que no sembraste”

Buscando el excusarse ante su señor, del cual por seguro se había olvidado todo ese tiempo, de ahí que no hubiera prestado atención a lo que era suyo, la mina, va y le presenta una serie de excusas, que resultaron obrar en su contra a la postre.

Tiene miedo de su señor

“porque tuve miedo de ti”:

Tener miedo de alguien no es bueno. A veces hay motivos para tener miedo, otras no. Es evidente que esta vez no había motivos reales para tener miedo del hombre noble.

Muchas personas tienen temores y miedos infundados, no por causa de terceros, sino por anomalías propias, pero proyectan hacia terceros lo que está en ellos.

Otras veces, tienen esos temores, por desconocimiento de cómo es esa persona a la que dicen tener miedo.

Otras veces, esos temores están basados en un falso y perverso conocimiento de la persona a la que temen. Este es el caso.

Tiene un erróneo y perverso concepto de su señor

“… por cuanto eres hombre severo, que tomas lo que no pusiste, y siegas lo que no sembraste”:

No era así, como ese siervo describe al hombre noble. Ese hombre noble, era noble en todos los sentidos, lo cual implicaba que también era un hombre justo. Sin embargo el mal siervo le tenía como un hombre injusto.

El por qué de la falsa apreciación de ese mal siervo respecto a su amo, no lo sabemos, pero sí sabemos que en todo caso la culpa era suya, no de su señor.

La rebeldía

Existen diferentes manifestaciones de rebeldía, siendo ese mal siervo, rebelde. Existe una rebeldía activa, de confrontación, y existe otra rebeldía, pasiva. La de este mal siervo era la segunda. Su rebeldía era pasiva, pero también perversa.

Este mal siervo, es muy parecido en su comportamiento (o más bien falta de él), al de aquel hermano mayor de la parábola del hijo pródigo; aquel que estaba siempre con su padre, pero como si no hubiera estado nunca (Lc.15:1-7)

Un erróneo y perverso concepto de su señor

“… por cuanto eres hombre severo…”:

El concepto que tenía ese mal siervo de su señor, es que era un hombre “severo”. La palabra viene del griego, “austerós”, y tiene el sentido de austero, rígido, duro, seco, rudo.

Confundía la rectitud, orden, meticulosidad y equilibrio de su señor, con una simple austeridad mezquina, sin sensibilidad alguna.

Además lo dijo así: Tú eres un hombre severo, austero, rígido, duro, seco, rudo. Lo dijo con total convencimiento, y por ello, por ser como él decía que era, decía que hacía lo siguiente: “…que tomas lo que no pusiste, y siegas lo que no sembraste”:

No sólo le trata de severo y austero, sino que además, yendo más lejos, le trata de ladrón y de aprovechado. Ese era el concepto que tenía ese mal siervo de su señor.

Ese mal siervo tenía un concepto horrible de su señor; no le conocía, aunque creía conocerle, hasta el punto de calumniarle como lo hizo.

Escribe MacArthur:

“Un temor cobarde y pusilánime que no es producto del amor o la reverencia, sino que está manchado de desprecio hacia el señor. Si tuviera respeto verdadero hacia el señor, un “miedo” justo le habría motivado a ser diligente en lugar de perezoso”

La respuesta del hombre noble

“22 Entonces él le dijo: Mal siervo, por tu propia boca te juzgo. Sabías que yo era hombre severo, que tomo lo que no puse, y que siego lo que no sembré; 23 ¿por qué, pues, no pusiste mi dinero en el banco, para que al volver yo, lo hubiera recibido con los intereses?”:

El hombre noble, le juzgó conforme el siervo pensaba de él

“…Sabías que yo era…”:

No le daba la razón el hombre noble al decirle que el siervo sabía que era un hombre severo, sino, como previamente le dice, él le iba a juzgar por lo que ese siervo pensaba y decía de él.

El verbo griego por el que se traduce “sabías”, es “Eido”, y de varios de los sentidos que tiene, aquí, por el contexto, habría que traducir esa frase como: “…Pensabas (o te parecía) que yo era…”.

No está diciendo el hombre noble que él era como su siervo pensaba de él, ni mucho menos.

Según la mala opinión del mal siervo, él debía haber obrado de una manera muy diferente a como lo hizo (que no hizo nada). Al menos podía haber colocado el dinero en el banco (en la mesa de cambio, los bancos de entonces), y así eso hubiera generado intereses.

Pensando como hacía que su amo era muy exigente, tanto mayor razón para que fuera diligente. Justamente, por tener un concepto tan horrible de su señor, debía haber hecho algo con su dinero, pero hizo lo contrario, es decir, nada, atrayendo la ira de su señor contra él. 

El equivocado concepto que tenía el mal siervo de sí mismo

Ese mal siervo, creía ser mejor persona que su amo, tenía un concepto demasiado elevado de sí mismo, y por eso juzgaba mal a su señor, hasta el punto de no buscar el favorecerle en nada. De hecho, él JAMÁS SE CONSIDERÓ UN SIERVO DE SU SEÑOR. A eso lleva esa rebeldía interna, a estar por encima del sentido de lo que es justo.

La reacción del hombre noble

“24 Y dijo a los que estaban presentes: Quitadle la mina, y dadla al que tiene las diez minas 25 Ellos le dijeron: Señor, tiene diez minas 26 Pues yo os digo que a todo el que tiene, se le dará; mas al que no tiene, aun lo que tiene se le quitará”:

Conque ese mal siervo ni siquiera se consideraba siervo de su señor, su señor le quitó lo que no era suyo y se lo dio a otro, al que tenía más. Todo amo prudente promueve al que mejor le sirve en el negocio, y despide al que no les útil.

Este también es un principio espiritual.

Atención a esto

¿Qué concepto tenemos de nuestro Señor? Ya sé que esta es una pregunta que todo cristiano contestaría con total rotundidad bíblica, por tanto no deja de ser una pregunta retórica, pero lo cierto es que el concepto que tengamos del Señor está muy influenciado realmente por el concepto que tenemos de las autoridades espirituales delegadas por el Señor.

Ese mal siervo fue un rebelde y, consecuentemente, un siervo improductivo,  porque juzgó en la carne a su señor, y puso eso como excusa para no hacer lo que debía haber hecho; servir al reino.

Que la opinión que tengamos de los que nos presiden en Cristo, no sea un obstáculo para servir en el reino de Dios como es menester.

El final de los abiertamente detractores del Reino

 “27 Y también a aquellos mis enemigos que no querían que yo reinase sobre ellos, traedlos acá, y decapitadlos delante de mí”:

En el reino, se hace la voluntad del rey, y todos los que se oponen al Rey de reyes, serán ejecutados. Esa era una admonición que Cristo hizo de tipo escatológico. Esto es lo que justamente ocurrirá cuando Él regrese y juzgue las naciones (ethnos) (Mt. 25: 31 ss).

Conclusión

En la parábola, todos tuvieron la oportunidad de servir a su señor, pero no todos quisieron hacerlo. Por ello los hombres serán juzgados conforme a las obras en el Tribunal del Gran Trono Blanco. También los siervos de Dios, que son todos los verdaderos cristianos, en el Tribunal de Cristo. Seamos fieles.//

Fin

SOLI DEO GLORIA

© Miguel Rosell Carrillo, pastor de Centro Rey, Madrid, España.
Mayo 2016
www.centrorey.org