EL REY MANASÉS, SU PECADO Y EL PECADO DE TODA UNA NACIÓN

Sobre las consecuencias del pecado; de un hombre, y de una nación entera.

EL REY MANASÉS, SU PECADO Y EL PECADO DE TODA UNA NACIÓN

Índice del Tema

1. El juicio de Dios contra Judá

(Jeremías 15: 1-4) “Me dijo Jehová: Si Moisés y Samuel se pusieran delante de mí, no estaría mi voluntad con este pueblo; échalos de mi presencia, y salgan. 2 Y si te preguntaren: ¿A dónde saldremos? les dirás: Así ha dicho Jehová: El que a muerte, a muerte; el que a espada, a espada; el que a hambre, a hambre; y el que a cautiverio, a cautiverio 3 Y enviaré sobre ellos cuatro géneros de castigo, dice Jehová: espada para matar, y perros para despedazar, y aves del cielo y bestias de la tierra para devorar y destruir. 4 Y los entregaré para terror a todos los reinos de la tierra, a causa de Manasés hijo de Ezequías, rey de Judá, por lo que hizo en Jerusalén.”

Introducción

La implacable ira de Dios iba a caer sobre Judá, tal y como leemos. En ese punto, ya era inútil interceder por la nación. Ni siquiera las oraciones de Moisés y Samuel, mencionados aquí, los cuales fueron intercesores eminentes, hubieran podido detener o atrasar el juicio, debido a que el pueblo persistía en su falta de arrepentimiento, habiendo llegado a un punto de  endurecimiento sin precedentes.

El juicio estaba delimitado y organizado. Unos morirían sin más; otros a espada; otros por el hambre, otros irían al cautiverio (Babilonia). De cuatro maneras diferentes debía venir el juicio sobre Judá: espada, perros asalvajados, aves y bestias de la tierra.

Muchas veces pensamos que no entendemos por qué pasan las cosas terribles que ocurren, las cuales conocemos a través de los medios de comunicación, y la respuesta es sencilla: juicios divinos. A nuestra mente le cuesta admitir que Dios pueda enviar juicios, y esto es así porque no comprendemos suficientemente bien que Dios es Santo, y debe castigar el mal. Y, ciertamente, nada ocurre que Dios no permita.

2. Por causa del rey Manasés

(Jer. 15: 4) “Y los entregaré para terror a todos los reinos de la tierra, a causa de Manasés hijo de Ezequías, rey de Judá, por lo que hizo en Jerusalén”:

Mención explícita aquí del rey Manasés. ¿Quién fue el rey Manasés, y qué hizo?

Manasés comenzó a reinar como corregente junto a su padre, el buen rey Ezequías, en el 695 a.C., y fue así por diez años, reinando en total 55 largos años (2 R. 21:1), del 695 a.C al 642 a.C.

Manasés, hijo del buen rey Ezequías, que reinó sobre Judá años atrás de esa época, pecó despiadadamente contra Dios, y atrajo sobre todo Judá un ejemplo horroroso, jamás denunciado ni reprobado, sino más bien aceptado por el pueblo.

Respecto a la vileza de su reinado, escribe McArthur: “Ezequías preparó a su hijo en su juventud para que le sucediera como rey. Sin embargo, Manasés resultó ser el peor rey de la historia de Judá”

Entre otras terribles maldades, ese rey, que su padre Ezequías preparara en su juventud para que le sucediera, y que paradójicamente resultó ser el peor rey de la historia de Judá, volvió a edificar los lugares altos que Ezequías su padre había derribado; levantó altares a Baal, hizo imagen a Asera; adoró a los demonios; edificó altares indebidos en el templo de Dios; pasó a sus hijos por el fuego; fue agorero, brujo; instituyó encantadores y adivinos, “multiplicando así el hacer lo malo ante los ojos de Jehová, para provocarlo a ira” (2 Reyes 21: 6)  “Fuera de esto, derramó Manasés mucha sangre inocente en gran manera, hasta llenar a Jerusalén de extremo a extremo; además de su pecado con que hizo pecar a Judá, para que hiciese lo malo ante los ojos de Jehová (2 Reyes 21:16) (Ver más en 2 Cr.33: 1-9)

(2 Cr. 33: 9, 10) “Manasés, pues, hizo extraviarse a Judá y a los moradores de Jerusalén, para hacer más mal que las naciones que Jehová destruyó delante de los hijos de Israel. 10 Y habló Jehová a Manasés y a su pueblo, mas ellos no escucharon”

Esta última parte, y la anterior subrayada, que leemos nos habla del efecto de la terrible iniquidad de Manasés, que al no ser repudiada por Judá, sino más bien aceptada como algo normal, hizo que ellos también pecaran, atrayendo sobre sí mismos el juicio divino.

Curiosamente, esto mismo ocurre en estos días nuestros. Todos aquellos que tienen cierto peso de opinión en esta sociedad, y pecan y han pecado, son aplaudidos y tomados por un buen ejemplo a seguir. Llega a aceptarse como normal y hasta bueno, lo malo que hacen y han hecho. Indiscutiblemente el castigo divino caerá como una maza sobre esta sociedad también.

El pueblo que se alinea con la iniquidad de sus gobernantes y consejeros, es castigado severamente por Dios.

Esta es la norma.

3. Más sobre la maldad del rey Manasés

Leemos en la Palabra acerca de las maldades que cometiera este infame rey:

(2 Reyes 21: 1-9) “2 E hizo lo malo ante los ojos de Jehová, según las abominaciones de las naciones que Jehová había echado de delante de los hijos de Israel. 3 Porque volvió a edificar los lugares altos que Ezequías su padre había derribado, y levantó altares a Baal, e hizo una imagen de Asera, como había hecho Acab rey de Israel; y adoró a todo el ejército de los cielos, y rindió culto a aquellas cosas. 4 Asimismo edificó altares en la casa de Jehová, de la cual Jehová había dicho: Yo pondré mi nombre en Jerusalén. 5 Y edificó altares para todo el ejército de los cielos en los dos atrios de la casa de Jehová.
6 Y pasó a su hijo por fuego, y se dio a observar los tiempos, y fue agorero, e instituyó encantadores y adivinos, multiplicando así el hacer lo malo ante los ojos de Jehová, para provocarlo a ira. 7 Y puso una imagen de Asera que él había hecho, en la casa de la cual Jehová había dicho a David y a Salomón su hijo: Yo pondré mi nombre para siempre en esta casa, y en Jerusalén, a la cual escogí de todas las tribus de Israel…”

Leemos también un texto paralelo en 2 Crónicas 33: 1-7;

“2 Pero hizo lo malo ante los ojos de Jehová, conforme a las abominaciones de las naciones que Jehová había echado de delante de los hijos de Israel. 3 Porque él reedificó los lugares altos que Ezequías su padre había derribado, y levantó altares a los baales, e hizo imágenes de Asera, y adoró a todo el ejército de los cielos, y les rindió culto. 4 Edificó también altares en la casa de Jehová, de la cual había dicho Jehová: En Jerusalén estará mi nombre perpetuamente. 5 Edificó asimismo altares a todo el ejército de los cielos en los dos atrios de la casa de Jehová. 6 Y pasó sus hijos por fuego en el valle del hijo de Hinom; y observaba los tiempos, miraba en agüeros, era dado a adivinaciones, y consultaba a adivinos y encantadores; se excedió en hacer lo malo ante los ojos de Jehová, hasta encender su ira. 7 Además de esto puso una imagen fundida que hizo, en la casa de Dios…”

4. La condición divina, y la consecuencia de la desobediencia de todo un pueblo

(2 Reyes 21: 7-9) “…Jehová había dicho a David y a Salomón su hijo: Yo pondré mi nombre para siempre en esta casa, y en Jerusalén, a la cual escogí de todas las tribus de Israel 8 y no volveré a hacer que el pie de Israel sea movido de la tierra que di a sus padres, con tal que guarden y hagan conforme a todas las cosas que yo les he mandado, y conforme a toda la ley que mi siervo Moisés les mandó. 9 Mas ellos no escucharon; y Manasés los indujo a que hiciesen más mal que las naciones que Jehová destruyó delante de los hijos de Israel”.

Dios prometió que Israel permanecería en su tierra “con tal que guardaran e hicieran conforme a todas las cosas que Él les había mandado”. No obstante, como acabamos de leer, Israel desobedeció sistemáticamente, atrayendo la ruina sobre sí mismo. Siendo Manasés el rey sobre Judá (el resto de las tribus del norte ya fueron dispersadas), el pueblo que restaba, los judíos, “no escucharon” (V.9) tampoco, y por tanto, Manasés fue el sujeto activo de iniquidad que les empujó a hacer más maldad, más incluso que aquellas naciones amorreas que fueron previamente destruidas por su maldad.

En otras palabras; por causa de la desobediencia proactiva y continuada de Israel como nación, Dios permitió que se levantara un rey sumamente depravado como lo fue Manasés, para que actuara como guía de mayor mal y mayor iniquidad hacia la nación judía, más mal incluso que el que cometieran aquellas naciones paganas que fueron destruidas.

Manasés fue el sujeto activo de inducción al mal, pero siendo de ese modo, no dejemos de lado que el mal fue cometido, no sólo por él, sino por todos los complacieron en él, que fue, la nación entera.

Esto mismo lo vemos en Romanos 1:32; “quienes habiendo entendido el juicio de Dios, que los que practican tales cosas son dignos de muerte, no sólo las hacen, sino que también se complacen con los que las practican”

5. Ira y castigo divinos

El pecado continuado de Manasés, atrajo la ira y el castigo de Dios, no sólo sobre su persona, sino sobre toda la nación de Judá, que participó gustosamente de ese pecado.

(2 Reyes 21: 10-16) “10 Habló, pues, Jehová por medio de sus siervos los profetas, diciendo: 11 Por cuanto Manasés rey de Judá ha hecho estas abominaciones, y ha hecho más mal que todo lo que hicieron los amorreos que fueron antes de él, y también ha hecho pecar a Judá con sus ídolos; 12 por tanto, así ha dicho Jehová el Dios de Israel: He aquí yo traigo tal mal sobre Jerusalén y sobre Judá, que al que lo oyere le retiñirán ambos oídos. 13 Y extenderé sobre Jerusalén el cordel de Samaria y la plomada de la casa de Acab; y limpiaré a Jerusalén como se limpia un plato, que se friega y se vuelve boca abajo. 14 Y desampararé el resto de mi heredad, y lo entregaré en manos de sus enemigos; y serán para presa y despojo de todos sus adversarios; 15 por cuanto han hecho lo malo ante mis ojos, y me han provocado a ira, desde el día que sus padres salieron de Egipto hasta hoy”

Asombrosamente, Judá pecó de manera peor que aquellos amorreos, los cuales fueron destruidos y extirpados de la tierra santa. Cometieron más pecado, porque eran conocedores de lo bueno, a diferencia de sus predecesores, y no lo quisieron sino que hicieron lo malo que sabían lo era. Pecaban a conciencia.

“Y extenderé sobre Jerusalén el cordel de Samaria y la plomada de la casa de Acab”: El mal que Dios iba a traer sobre Jerusalén y sobre Judá, no iba a tener parangón. Iba a medir a plomada, lo que significaba que iba a emplear una justicia tan recta y severa como la que se ve cuando se extiende la plomada sobre una pared. Si la pared estaba fuera de su línea, era derribada. Eso significa que Dios iba a juzgar ya de una vez por todas a Jerusalén y a Judá de ese modo.

Lo iba a hacer con la norma de Su Palabra, y había decidido que la suerte de Samaria (Israel/casa de Acab su rey), también sería la suerte de Jerusalén.

“y limpiaré a Jerusalén como se limpia un plato, que se friega y se vuelve boca abajo”: La finalidad no iba a ser la destrucción total de Jerusalén, sino su futura restauración, ya que la comparación era obvia; iba a limpiar Jerusalén, como se limpia un plato y se friega, arrancándole toda la mugre, aun que eso sí, por un tiempo, ese plato quedaría boca abajo, lo que significaba que Jerusalén quedaría vacío del pueblo de Dios. Fueron 70 años los que tuvieron que pasar los habitantes de Jerusalén en Babilonia.

“por cuanto han hecho lo malo ante mis ojos, y me han provocado a ira, desde el día que sus padres salieron de Egipto hasta hoy”:

Dios vindicaba Su justicia por medio de su profeta al decir lo que siempre había ocurrido con Israel, que había sido infiel desde el mismo momento en que como nación salió de Egipto en aquel éxodo, hasta el momento actual.

Aquí podemos ver que Manasés fue un instrumento de Dios para traer castigo a Su nación, ya que la maldad de su rey, era la misma que existía en el pueblo desde el momento de su salida de Egipto hasta ese momento (y luego continuó), y que necesariamente debía ser castigada. Así pues, no es que el pueblo siguió engañado a Manasés en su pecado, sino que ese pueblo, desde el principio, era tan pecador como su actual rey.

Muchas veces pensamos que los dirigentes impíos son los responsables de las maldad de sus seguidores, y que éstos, al seguirlos, participan engañados de sus pecados. No es así realmente. El mismo principio que vemos en Manasés y en el pueblo de Israel, lo vemos en la sociedad actual, que es tan mala como sus dirigentes.

Esto mismo también se ve en aquellos que se dicen cristianos, que están en iglesias apóstatas. Los falsos pastores, no son más malos que sus fieles y apóstatas seguidores.

Así pues, Dios levanta a líderes perversos, para que se ponga en evidencia la misma perversión que hay en muchos…y sin embargo, hay veces cuando Dios tiene finalmente misericordia de alguno de esos perversos líderes, como fue el caso del rey Manasés.

6 .Manasés se arrepiente

“10 Y habló Jehová a Manasés y a su pueblo, mas ellos no escucharon; 11 por lo cual Jehová trajo contra ellos los generales del ejército del rey de los asirios, los cuales aprisionaron con grillos a Manasés, y atado con cadenas lo llevaron a Babilonia. 12 Mas luego que fue puesto en angustias, oró a Jehová su Dios, humillado grandemente en la presencia del Dios de sus padres. 13 Y habiendo orado a él, fue atendido; pues Dios oyó su oración y lo restauró a Jerusalén, a su reino. Entonces reconoció Manasés que Jehová era Dios. 14 Después de esto edificó el muro exterior de la ciudad de David, al occidente de Gihón, en el valle, a la entrada de la puerta del Pescado, y amuralló Ofel, y elevó el muro muy alto; y puso capitanes de ejército en todas las ciudades fortificadas de Judá. 15 Asimismo quitó los dioses ajenos, y el ídolo de la casa de Jehová, y todos los altares que había edificado en el monte de la casa de Jehová y en Jerusalén, y los echó fuera de la ciudad. 16 Reparó luego el altar de Jehová, y sacrificó sobre él sacrificios de ofrendas de paz y de alabanza; y mandó a Judá que sirviesen a Jehová Dios de Israel. 17 Pero el pueblo aún sacrificaba en los lugares altos, aunque lo hacía para Jehová su Dios. 18 Los demás hechos de Manasés, y su oración a su Dios, y las palabras de los videntes que le hablaron en nombre de Jehová el Dios de Israel, he aquí todo está escrito en las actas de los reyes de Israel. 19 Su oración también, y cómo fue oído, todos sus pecados, y su prevaricación, los sitios donde edificó lugares altos y erigió imágenes de Asera e ídolos, antes que se humillase, he aquí estas cosas están escritas en las palabras de los videntes. 20 Y durmió Manasés con sus padres, y lo sepultaron en su casa; y reinó en su lugar Amón su hijo”

Este último relato es desconcertante, o como poco, asombroso. Manasés durante toda su vida, tuvo un terrible velo que no le dejaba reconocer que Jehová es Dios (V.13), y fue a través del castigo divino, que finalmente se apercibió de la verdad. Esa fue la manera como Dios obró en su vida.

Durante su placentera y educada vida, primeramente a instancias de su buen padre, el Rey Ezequías, en la corte, rodeado de paz y seguridad, se volcó hacia el mal a pesar de haber tenido el mejor de los ejemplos en su progenitor, y sólo fue en medio de la terrible adversidad, aprisionado con grillos y atado con cadenas, llevado cautivo a Babilonia, que en esa angustia, oró de veras a Dios (obviamente Dios intervino en esto).

Vemos que fue un arrepentimiento genuino, ya que “Dios oyó su oración y lo restauró a Jerusalén, a su reino” (V.13). También hubo un fruto digno de ese arrepentimiento:

“Quitó los dioses ajenos, y el ídolo de la casa de Jehová, y todos los altares que había edificado en el monte de la casa de Jehová y en Jerusalén, y los echó fuera de la ciudad“16 Reparó luego el altar de Jehová, y sacrificó sobre él sacrificios de ofrendas de paz y de alabanza; y mandó a Judá que sirviesen a Jehová Dios de Israel”

Así pues, Dios, en tiempos de Jeremías, no castigó a Judá por Manasés, sino por el pecado de Manasés, que aunque fuera perdonado por Dios sobre su persona, fue propagado como el fuego al pueblo y a los dirigentes, los cuales se sintieron cómodos en esa iniquidad.

Esta es la consecuencia del pecado de alguien que tiene fuerte influencia sobre los demás, que aunque se pueda llega a arrepentir, no obstante llega a afectar a todos los que están bajo esa influencia.

Vemos por supuesto la grande misericordia de Dios, que es capaz de perdonar a alguien que no sólo pecó contra Él y sí mismo, sino contra toda una nación.

(Romanos 9:18) “De manera que de quien quiere, tiene misericordia, y al que quiere endurecer, endurece” Dios quiso tener misericordia de Manasés.//

SOLI DEO GLORIA

© Miguel Rosell Carrillo, pastor de Centro Rey, Madrid, España.
Abril 2016
www.centrorey.org

Fin