ENTENDIENDO CORRECTAMENTE ACERCA DE ALGUNOS PASAJES CONTROVERTIDOS DEL LIBRO DE HECHOS DE LOS APÓSTOLES (II)

ENTENDIENDO CORRECTAMENTE ACERCA DE ALGUNOS PASAJES CONTROVERTIDOS DEL LIBRO DE HECHOS DE LOS APÓSTOLES (II)

Índice del Tema

Introducción

Puede sonar negativo a priori, pero es menester entender bien que no todo lo concerniente a libros bíblicos que sean de NARRATIVA, como es el caso del libro de Hechos de los Apóstoles, se ha de tomar como de aplicación directa y exacta en términos de doctrina, ya que de otro modo estaríamos mal entendiendo la Palabra de Dios. Es requerido un ejercicio de rigor y honestidad al respecto.

Lucas el médico amado, le escribió a Teófilo, narrándole lo acontecido en aquellos días de la iglesia que empezaba a serlo, y esa era su intención (Hechos 1:1).

De lo que leemos, podemos buscar lo que sea de aplicación para nosotros, pero siempre respetando el sentido, la intención del autor divinamente inspirado.

Veamos algunos pasajes más al respecto:

1. La venida poderosa del Espíritu Santo

(Hechos 2: 1-3) “Cuando llegó el día de Pentecostés, estaban todos unánimes juntos. Y de repente vino del cielo un estruendo como de un viento recio que soplaba, el cual llenó toda la casa donde estaban sentados; y se les aparecieron lenguas repartidas, como de fuego, asentándose sobre cada uno de ellos. Y fueron todos llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les daba que hablasen Moraban entonces en Jerusalén judíos, varones piadosos, de todas las naciones bajo el cielo. Y hecho este estruendo, se juntó la multitud; y estaban confusos, porque cada uno les oía hablar en su propia lengua. Y estaban atónitos y maravillados, diciendo: Mirad, ¿no son galileos todos estos que hablan? ¿Cómo, pues, les oímos nosotros hablar cada uno en nuestra lengua en la que hemos nacido? Partos, medos, elamitas, y los que habitamos en Mesopotamia, en Judea, en Capadocia, en el Ponto y en Asia, en Frigia y Panfilia, en Egipto y en las regiones de Africa más allá de Cirene, y romanos aquí residentes, tanto judíos como prosélitos, cretenses y árabes, les oímos hablar en nuestras lenguas las maravillas de Dios. Y estaban todos atónitos y perplejos, diciéndose unos a otros: ¿Qué quiere decir esto?”

Este es el primero de los textos que ha estado expuesto en gran medida a una interpretación errónea al pretender llevarlo al campo de la doctrina y de su praxis.

En un momento en concreto de la historia, y en un lugar en concreto, Jerusalén, se produjo el evento más importante después de la cruz y la resurrección de Jesucristo, el advenimiento poderoso del Espíritu Santo, previamente prometido por el Señor (Juan 16: 7).

Ese mismo Espíritu Santo ha estado y está en cada uno de los verdaderos creyentes en todos los tiempos, no obstante, la manera como vino, fue irrepetible.

La manifestación del Espíritu Santo en su venida fue sumamente notoria, para que se pudiera dar testimonio de la misma, in situ, y luego, conforme al relato de Lucas, como así fue.

Un estruendo que procedía de arriba, del cielo, similar al del viento recio cuando sopla, y algo similar a lenguas de fuego sobre cada uno de los que allí estaban. Además, todos empezaron en lenguas extranjeras, sin haberlas aprendido con anterioridad.

Esas fueron señales visibles, e irrepetibles. Nunca más esto ha sido contemplado de esa manera.

Lucas no pretendía decir que este fenómeno debía de producirse en cada conversión a Cristo, o en cada y muy avivada reunión o culto, ni mucho menos. Él solamente le estaba relatando a Teófilo lo que ocurrió en aquel día de Pentecostés sobre aquellos 120 reunidos en el aposento alto.

No obstante, ante la grandeza del acontecimiento, el cual supuso el comienzo de la Iglesia de Jesucristo, muchos han pensado que ese evento, tal y como ocurrió, debería de producirse, si no todas las veces, al menos sí a menudo.

Muchos por eso mismo, alientan a los creyentes en sus campañas de pseudo avivamiento, a caer borrachos en el “espíritu”, y realizar actos impropios conforme al orden de Dios, enseñando que eso es lo que les pasó a aquellos benditos primeros creyentes, cuando en ningún sentido fue así.

Entre otras cuestiones, eso es debido al error de interpretar una narración, una descripción, como una enseñanza de aplicación personal.

“Foto promocional de las “Noches de Gloria” de Cash Luna… ¿”Noches de gloria”, o “Noches de desorden?”

“La mal llamada “risa santa”
Foto promocional de las “Noches de Gloria” de Cash Luna… ¿”Noches de gloria”, o “Noches de desorden?”
La mal llamada “risa santa”

Con que no pueden conseguir que el Espíritu sople como un viento recio, y tampoco que caigan sobre sus cabezas esas benditas lenguas de fuego que en su día cayeron, sí pueden hacer el loco pretendiendo estar ebrios en el “espíritu”, cuando ni siquiera eso fue lo que ocurrió en aquel día de Pentecostés, ni muchísimo menos. Aquellos creyentes realmente hablaban en lenguas extranjeras y alababan a Dios de manera libre y manifiesta, de ahí que algunos les tuvieran por ebrios (V. 13), no siendo eso último en modo alguno.

2. Hechos irrepetibles

(Hechos 4: 27-31) “Porque verdaderamente se unieron en esta ciudad contra tu santo Hijo Jesús, a quien ungiste, Herodes y Poncio Pilato, con los gentiles y el pueblo de Israel, para hacer cuanto tu mano y tu consejo habían antes determinado que sucediera. Y ahora, Señor, mira sus amenazas, y concede a tus siervos que con todo denuedo hablen tu palabra, mientras extiendes tu mano para que se hagan sanidades y señales y prodigios mediante el nombre de tu santo Hijo Jesús. Cuando hubieron orado, el lugar en que estaban congregados tembló; y todos fueron llenos del Espíritu Santo, y hablaban con denuedo la palabra de Dios”.

Antecedentes

Lucas relata previamente acerca de la sanidad del cojo de la puerta del templo, la Hermosa. Una sanidad a modo de señal apostólica (Cap.3), en la que no intervino en absoluto la fe del cojo mendigo, y que Dios hizo para subrayar el mensaje del Evangelio por parte de Pedro y Juan.

Como consecuencia, los apóstoles fueron apresados y echados a la cárcel, y se convirtieron como cinco mil hombres (4:1-5). Fueron luego interrogados, y eso fue ocasión para que Pedro les hablara el evangelio a aquellos gobernantes del pueblo y ancianos de Israel (V.8ss). Fueron amenazados y finalmente les soltaron.

Los apóstoles, ya en libertad, fueron a los creyentes, y les contaron lo que les había ocurrido y lo que los ancianos les habían dicho (V. 23). Habiéndolo oído, alzaron unánimes la voz a Dios, y citaron el Salmo 2: 1, 2, como cumplimiento de esa profecía, a saber:

“¿Por qué se amotinan las gentes,
    Y los pueblos piensan cosas vanas?
Se levantarán los reyes de la tierra,
Y príncipes consultarán unidos
Contra Jehová y contra su ungido…”

Y siguieron diciendo:

“27 Porque verdaderamente se unieron en esta ciudad contra tu santo Hijo Jesús, a quien ungiste, Herodes y Poncio Pilato, con los gentiles y el pueblo de Israel, 28 para hacer cuanto tu mano y tu consejo habían antes determinado que sucediera”.

Análisis de la cuestión:

A renglón siguiente, exclamaron:

“29 Y ahora, Señor, mira sus amenazas, y concede a tus siervos que con todo denuedo hablen tu palabra, 30 mientras extiendes tu mano para que se hagan sanidades y señales y prodigios mediante el nombre de tu santo Hijo Jesús. 31 Cuando hubieron orado, el lugar en que estaban congregados tembló; y todos fueron llenos del Espíritu Santo, y hablaban con denuedo la palabra de Dios”.

La oposición satánica a la predicación del Evangelio en aquel tiempo, era feroz. El diablo lanzaba sus huestes demoníacas hacia sus hijos (aquellos que se decían creyentes pero que no lo eran), todos aquellos gobernantes, personas de autoridad en Israel, para que detuvieran a como diera lugar el inicio de la iglesia y su mensaje.

La guerra espiritual que se desataba en aquellos días era terrible y tremenda.

Por eso clamaban aquellos creyentes diciendo: “Señor, mira sus amenazas”. No tenían miedo a las amenazas, pero sí eran conscientes de que esa oposición era tremenda.

Como respuesta a esas amenazas, ellos pedían al Señor que pudieran tener denuedo, es decir, valentía y arrojo, para hablar la Palabra de Cristo; y algo más pedían; que extendiera el Señor Su mano respaldando esa predicación:

“para que se hagan sanidades y señales y prodigios mediante el nombre de tu santo Hijo Jesús”

En otras palabras, la predicación del evangelio iba a ir precedida de sanidades, señales y prodigios en el nombre de Jesús (y por tanto, realizados por mano de Cristo), todo ello, señales apostólicas, conforme al tiempo de la iglesia que les tocó vivir; la era apostólica, época irrepetible.

El Señor, respondiendo a esa oración, lo hizo de la manera más impresionante en términos naturales también, que no ha tenido parangón nunca más:

“31 Cuando hubieron orado, el lugar en que estaban congregados tembló; y todos fueron llenos del Espíritu Santo, y hablaban con denuedo la palabra de Dios”.

El ser llenos del Espíritu Santo siempre ocurrió y ocurre, y es una promesa de Dios para la Iglesia siempre, pero que el lugar donde estaban temblara, fue algo irrepetible que sepamos. Fue una señal muy concreta de aprobación divina.

La cuestión aquí

Ahora, ¿qué ocurre por parte de muchos en nuestros días? Pues ocurre que interpretando esta porción escritural como una declaración doctrinal, y no sólo como un relato, buscan que esto mismo vuelva a ocurrir, y predican que si no ocurre, es porque la iglesia está tibia y no tiene fe. Craso error.

No es una cuestión de fe. El autor no pretendía decir a la iglesia que eso mismo debíamos esperar, que si oráramos con la intención de aquellos creyentes, debía de producirse esa misma impresionante señal, ni mucho menos. Él sólo lo estaba relatando.

Si algo así se produjera, me pregunto si no tendría consecuencias nefastas para los vecinos en los inmuebles donde nos reunimos.

Insisto. No debemos pretender que aquello que ocurrió, que el lugar donde estaban reunidos temblara, vuelva a ocurrir en nuestros locales de reunión. No es eso doctrina, es relato.

La lección aquí, es que podemos y debemos buscar el ser llenos del Espíritu Santo y hablar con denuedo la Palabra de Dios. Ese es el mensaje para nosotros.

Concluyendo

Es importante pues, es entender bien la intención del autor, a quien va dirigido el mensaje, cual es el tiempo y el contexto de ese mensaje, qué tipo de estilo literario emplea, etc. Eso se llama hacer una buena hermenéutica.//

SOLI DEO GLORIA

© Miguel Rosell Carrillo, pastor de Centro Rey, Madrid, España.
Marzo 2016
www.centrorey.org

Fin