ENTENDIENDO CORRECTAMENTE ACERCA DE ALGUNOS PASAJES CONTROVERTIDOS DEL LIBRO DE HECHOS DE LOS APÓSTOLES

ENTENDIENDO CORRECTAMENTE ACERCA DE ALGUNOS PASAJES CONTROVERTIDOS DEL LIBRO DE HECHOS DE LOS APÓSTOLES

Índice del Tema

(Hechos 4:32-35) “Y la multitud de los que habían creído era de un corazón y un alma; y ninguno decía ser suyo propio nada de lo que poseía, sino que tenían todas las cosas en común. Y con gran poder los apóstoles daban testimonio de la resurrección del Señor Jesús, y abundante gracia era sobre todos ellos. Así que no había entre ellos ningún necesitado; porque todos los que poseían heredades o casas, las vendían, y traían el precio de lo vendido, y lo ponían a los pies de los apóstoles; y se repartía a cada uno según su necesidad”

Introducción

El libro de los Hechos de los Apóstoles, es básicamente un escrito de NARRATIVA. Como tal, el médico Lucas, inspirado por el Espíritu Santo, sigue escribiendo a Teófilo, como lo hace en el evangelio de Lucas, narrándole los acontecimientos que en ese escrito se pueden leer.

Digo esto, porque no todo lo que dice es cien por cien aplicable, o es de exacto ejemplo a seguir para nosotros necesariamente. El autor sólo buscaba informar a Teófilo acerca de hechos claros y constatados por parte de los apóstoles de Cristo y de sus ayudantes, etc.

I. ENTENDIENDO BIEN ALGUNOS PASAJES DE HECHOS

1. Entendiendo correctamente Hechos 4: 32-35

Dicho esto, vemos lo detallado arriba, y nos preguntamos por qué la iglesia de hoy en día no vive según lo que leemos, y quizás muchas veces nos hemos sentido hasta culpables por no hacerlo. Creo que la respuesta es: necesitamos profundizar en ello y sacar las oportunas conclusiones.

Según lo que leemos, y pretendiendo el aplicarlo a nuestro momento, nos planteamos las siguientes cuestiones:

  1. 1) ¿La iglesia de Jerusalén de entonces, no creía en propiedad privada?
  2. 2) ¿La iglesia de hoy en día debería tener aquellos apóstoles?
  3. 3) ¿En la iglesia no debería haber ningún necesitado?
  4. 4) ¿La iglesia debería tener aquellos apóstoles que, además de hacer señales, prodigios y milagros, se encargaban de recibir los bienes de todos los fieles, y los repartían a todos?

Veamos, respondiendo a cada pregunta:

  1. 1) El principio de la propiedad privada, es un principio totalmente bíblico, por tanto, de Dios. El mismo Señor es el propietario de todo lo que existe. La cuestión es que en aquellos primeros días de la iglesia, (por cierto, solamente constituida por judíos, y no gentiles), debían organizarse como lo hicieron, ya que estaban bajo una presión muy grande por parte del resto de los judíos que no creían. Muchos se quedaron sin sus trabajos y por tanto, sin medios de subsistencia, por el rechazo que provocaban en sus gremios y hasta en sus familias. Por tanto, era necesario que las cuestiones materiales fueran consideradas una cuestión secundaria, frente a la necesidad manifiesta.
  2. 2) Todos sabemos que los apóstoles de Cristo fueron irremplazables. Ya no hay apóstoles de Cristo. No obstante, según el escrito de arriba, si lo tomamos de manera didáctica y aplicable, y no sólo como una narrativa, deberíamos buscar esos apóstoles (de ahí que los falsos apóstoles de la prosperidad hayan surgido como setas últimamente)
  3. 3) No deseamos que haya necesitados en las iglesias, sin embargo, los hay, y muchas veces por su propia negligencia y dejadez, aunque no siempre, y a los genuinos deberíamos ayudar siempre como deba ser. No obstante, no olvidemos las circunstancias de aquella primigenia iglesia de Jerusalén, completamente diferentes a las actuales (salvo alguna excepción).
  4. 4) La manera de organizarse de aquella iglesia, insisto, de Jerusalén, es muy diferente a la de ahora. Ellos tenían aquellos apóstoles, nosotros, no. El principio que en este caso rige al respecto es el de 1 Ts. 4:11 “y que procuréis tener tranquilidad, y ocuparos en vuestros negocios, y trabajar con vuestras manos de la manera que os hemos mandado”.

Hagamos siempre una buena hermenéutica para hacer una correcta exégesis.

Vayamos a otro párrafo de este libro santo:

2. Entendiendo correctamente Hechos 2: 43-47

(Hechos 2: 43-47) “Y sobrevino temor a toda persona; y muchas maravillas y señales eran hechas por los apóstoles. Todos los que habían creído estaban juntos, y tenían en común todas las cosas; y vendían sus propiedades y sus bienes, y lo repartían a todos según la necesidad de cada uno. Y perseverando unánimes cada día en el templo, y partiendo el pan en las casas, comían juntos con alegría y sencillez de corazón, alabando a Dios, y teniendo favor con todo el pueblo. Y el Señor añadía cada día a la iglesia los que habían de ser salvos”

De nuevo, otra narración sobre cómo vivía la iglesia en aquellos primeros años en su faceta judía en Jerusalén, y de la obra e influencia de aquellos apóstoles de Cristo.

El temor de los incrédulos

Dice que a toda persona le sobrevino temor. La palabra es “phobos” en griego, de donde viene la española, fobia. Ese miedo o pánico era debido al hecho de que todos veían los milagros impresionantes que hacían los apóstoles. Esas señales, prodigios y milagros, eran señales que acompañaban a la predicación de Cristo.

El punto es que nosotros predicamos el mismo evangelio, y sin embargo, no nos acompañan esas extraordinarias señales y milagros, ¿Deberían? No. No debemos esperar que lo mismo ocurra, ya que no vivimos en la era apostólica.

El apóstol Pablo lo explicó así: “Con todo, las señales de apóstol han sido hechas entre vosotros en toda paciencia, por señales, prodigios y milagros(2 Co. 12:12)

Las señales de apóstol, fueron, y ya no son. Cuando predicamos el evangelio, no sobreviene pánico o temor alguno a nadie por la causa ya mencionada.

El hecho de que Lucas esté narrando lo que efectivamente ocurrió en Jerusalén en el contexto de la iglesia en aquellos primeros días de la misma, no implica que se deba producir lo mismo en estos, nuestros días. Nótese que sólo los apóstoles estaban investidos de lo Alto para hacer esas señales, prodigios y milagros, para el propósito divinamente planteado: apoyar la predicación de Cristo.

De cómo vivían aquellos primeros cristianos en Jerusalén

(Hechos 2: 44, 45) “Todos los que habían creído estaban juntos, y tenían en común todas las cosas; y vendían sus propiedades y sus bienes, y lo repartían a todos según la necesidad de cada uno.

Estaban todos juntos

Dice Lucas que los nuevos creyentes en Cristo estaban juntos (no viviendo en la misma casa, claro). Aun y así, es evidente que eso es imposible de cumplir si tomamos este escrito al pie de la letra a tal efecto; si lo consideramos un ejemplo a seguir. En esos momentos sólo había una iglesia, la de Jerusalén. Aquellos creyentes eran todos vecinos.

Algunos han pensado que las congregaciones actuales han de respetar ese principio (porque lo toman como tal), y necesariamente han de ir a vivir todos al mismo barrio, o que esa iglesia ha de ser formada exclusivamente por miembros del mismo barrio. Pero no, no es un principio doctrinal, es sólo un relato de cómo procedían aquellos hermanos, ya que la iglesia era la de Jerusalén, y no había otra todavía.

En común todas las cosas

Los cristianos de Jerusalén podían considerar tener un común todas las cosas, no porque necesariamente eso fuera un pensamiento en contra de la propiedad privada, sino porque  logísticamente les era muy conveniente y necesario, de esa manera todos podían proseguir como iglesia, y nadie se quedaba en la cuneta de la vida.

Nótese también que no habían juntado sus recursos, sino que habían vendido sus propiedades para tener liquidez y de ese modo suplir las necesidades de los desfavorecidos. Fue una situación muy concreta que requería de soluciones muy concretas.

Acordémonos que el relato de Lucas se corresponde con una narrativa, que no se corresponde con una exposición doctrinal.

¿Nosotros perseverando en cuál templo?

(Hechos 2: 46, 47) “Y perseverando unánimes cada día en el templo, y partiendo el pan en las casas, comían juntos con alegría y sencillez de corazón, alabando a Dios, y teniendo favor con todo el pueblo. Y el Señor añadía cada día a la iglesia los que habían de ser salvos”

“Y perseverando unánimes cada día en el templo…”: Muchos que han pretendido cumplir a rajatabla con lo que leemos, entendiendo que es un asunto doctrinal, han encontrado siempre un gran problema en cómo cumplir con lo que aquí leemos.

Algunos, que no pocos, han mal comprendido que los cristianos tenemos que llamarle al local donde nos reunimos, templo, y reunirnos cada día en ese “templo” todos los días; de ahí que haya denominaciones cristianas que así lo enseñan y lo practican.

Nada más lejos de la intención divina que eso.

Aquellos creyentes de origen judío, se reunían en el templo de Jerusalén; en el único templo hecho de manos de hombres que Dios había escogido hasta que el tiempo se cumplió. Se reunían según los horarios de oración de cada día. Insistimos en que esa situación fue irrepetible y no extrapolable.

El templo de Jerusalén al poco de esta narración, históricamente hablando, fue destruido por los romanos (70 d.C.), seguro que a partir de ese momento, ya no hubo manera de reunirse allí, como es natural, más aún cuando tiempo atrás y obedeciendo a las palabras proféticas de Cristo, muchos creyentes abandonaron Jerusalén (ver Lucas 21: 20-24)

No existe ningún templo hecho por mano de hombre que agrade a Dios. El templo de Dios es la iglesia misma.

Partiendo el pan en las casas

(Hechos 2: 46, 47) “…y partiendo el pan en las casas, comían juntos con alegría y sencillez de corazón, alabando a Dios, y teniendo favor con todo el pueblo. Y el Señor añadía cada día a la iglesia los que iban siendo salvos”:

En aquellos días, los miembros de la iglesia en Jerusalén, iban reuniéndose casa por casa, invitándose recíprocamente para comer juntos con llaneza, sencillez y amor. Obviamente podían hacerlo, tenían tiempo y ocasión para hacerlo. Hoy en día en la mayoría de las situaciones sociales, eso sería imposible, sólo por falta de tiempo.

Es evidente que el médico Lucas no intenta aportar doctrina alguna o enseñanza doctrinal alguna, sino simplemente narrar lo acontecido.

¿Favor con los de afuera: conversiones?

Ese sentir, también de algún modo lo trasmitían a los demás de afuera “teniendo favor con todo el pueblo”. Eso es algo que toda congregación cristiana debe hacer siempre que sea posible; y en ese proceder, el Señor convertía a Sus elegidos y llegaban a ser parte de esa iglesia inicial.

No podemos tomar esto último como un punto doctrinal.

No es por realizar una correcta praxis del cristianismo que necesariamente las gentes se irán convirtiendo a Cristo, de otra manera estaríamos condicionando la voluntad divina a nuestra práctica cristiana; es decir, estaríamos diciendo que si perseveramos como aquellos primeros cristianos, Dios convertirá a las gentes, haciendo de nuestro esfuerzo de vida, el motor de la conversión divina. Nada más lejos que esto.

Muchos, no obstante, han creído eso, que pretendiendo vivir como aquellos primeros creyentes, lograrán que Dios añada sistemáticamente los convertidos a su congregación; lo han tomado como una promesa divina. No es una promesa, es un hecho que ocurrió y que nos es narrado.

Otra vez, Lucas le narra a Teófilo lo que él había visto y se lo traslada a modo de narrativa histórica.

Sobre la iglesia primera de Jerusalén

(Hechos 1:8) “…me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra”

La iglesia primigenia, sita en Jerusalén, estaba en ciernes. No era todavía una iglesia madura ni mucho menos. Estaba compuesta por muchos niños espirituales, por recién nacidos espiritualmente, que, por tanto, necesitaban de un trato especial de ternura y cuidados, como una madre se lo daría a su bebé recién nacido. Por tanto no es en toda su extensión un ejemplo a seguir o a reproducir. La tendencia de esa iglesia, fue la de permanecer juntos siempre, y no ir a cumplir con la Gran Comisión.

Por ello, llegó un punto en que Dios tuvo que permitir una persecución para que se produjera una diáspora, y de ese modo muchos de los creyentes salieran de Jerusalén para cumplir con las órdenes del Señor (ver Hechos 8:1).

En toda la narración de Lucas que hemos leído, además de la verdad y autenticidad del relato, podemos aprender acerca del gran amor que tenían aquellos primeros cristianos, y de cómo Dios estaba obrando en ellos y a través de Sus apóstoles etc. siendo de enorme importancia para nosotros. Sólo que, hagamos una correcta hermenéutica, para obtener una buena exégesis.//

SOLI DEO GLORIA

© Miguel Rosell Carrillo, pastor de Centro Rey, Madrid, España.
Marzo 2016
www.centrorey.org

Fin