¿DEBE UN CRISTIANO ESTAR INTERESADO EN LA POLÍTICA?

¿DEBE UN CRISTIANO ESTAR INTERESADO EN LA POLÍTICA?

(Romanos 13: 1-6) “Sométase toda persona a las autoridades superiores; porque no hay autoridad sino de parte de Dios, y las que hay, por Dios han sido establecidas.  De modo que quien se opone a la autoridad, a lo establecido por Dios resiste; y los que resisten, acarrean condenación para sí mismos. Porque los magistrados no están para infundir temor al que hace el bien, sino al malo. ¿Quieres, pues, no temer la autoridad? Haz lo bueno, y tendrás alabanza de ella; porque es servidor de Dios para tu bien. Pero si haces lo malo, teme; porque no en vano lleva la espada, pues es servidor de Dios, vengador para castigar al que hace lo malo. Por lo cual es necesario estarle sujetos, no solamente por razón del castigo, sino también por causa de la conciencia. Pues por esto pagáis también los tributos, porque son servidores de Dios que atienden continuamente a esto mismo”.

1. ¿Debe un cristiano estar interesado en la política?

Seguramente, algunos, a tenor del enunciado dirán que no, que un cristiano nada tiene que ver con la política, ya que no supondría nada que tenga que ver con el reino de los cielos, pero, ¿es eso cierto?, ¿la política nada tiene que ver con las cosas de Dios? Todo lo contrario.

La Biblia tiene mucho que decir acerca de la política acerca del gobierno de las naciones, como hemos leído en esta cita de Romanos; así que, veamos más de todo esto.

En primer lugar, veamos cual es la definición del término política. La política es la ciencia que trata del gobierno y la organización de las sociedades humanas, especialmente de los estados”.

La política trata del gobierno de las naciones, y la Biblia dice que Dios, “quita reyes, y pone reyes” (Dn. 2: 21), dado que es así, vemos que Dios está involucrado en la política, es decir, en el gobierno de los hombres. Ahora bien, si Dios está involucrado en ese menester, ¿no será que sus hijos deberían estar de algún modo implicados en ello también?

2. Seamos sal, seamos luz de esta sociedad

(Efesios 5: 8-11) “Porque en otro tiempo erais tinieblas, mas ahora sois luz en el Señor; andad como hijos de luz  (porque el fruto del Espíritu es en toda bondad, justicia y verdad), comprobando lo que es agradable al Señor. Y no participéis en las obras infructuosas de las tinieblas, sino más bien reprendedlas”

No estamos aquí diciendo que la Iglesia haya sido levantada para cambiar o transformar este mundo puesto que eso no es así, sin embargo, no es menos cierto que la Iglesia, y por ende, los verdaderos cristianos, hemos sido llamados y convocados a ser la sal y ser la luz de esta sociedad (Mt.5: 13,14). Esto último implica también un trato con la política, sin lugar a dudas.

Sabemos que es muy difícil o prácticamente imposible que hoy por hoy, un verdadero hijo de Dios pueda optar por ocupar la responsabilidad de ser jefe de estado o presidente de una nación, dado el avance de la iniquidad en términos de la realidad escatológica – y sin aventurarnos a negar del todo esa posibilidad, dado que Dios pone reyes y quita reyes – no es menos cierto que ese cristiano debería estar, en todo lo que esté en su mano, implicado en ser luz, y por tanto, implicado en ser esa luz, en la política y su influencia.

Si bien es cierto que nuestra ciudadanía está en los cielos, no es menos cierto que vivimos el tiempo que nos corresponde en este planeta, siendo ciudadanos de la nación que nos ha tocado, y por tanto implicados en los procedimientos naturales propios de cada individuo que puebla este globo en ese sentido.

3. La política está muy implicada en la moral y costumbres

La realidad es que la política constituye en estos días mucho más que el simple y raso concepto de gobierno de las naciones, ya que se ha expandido en cuestiones que trascienden a esa cuestión. La política está sumamente implicada en la moral, conducta y costumbres de las sociedades donde está instalada, y ahí, sin lugar a dudas, el cristiano tiene mucho que decir, ser y hacer.

El cristiano, por tanto, debe estar implicado en la oración y en el testimonio (1 Ti. 2: 1, 2; Hchs.1:8).

Lo político ha irrumpido en estas cuestiones mencionadas arriba, de manera que ha marcado, y está marcando los términos en los cuales los ciudadanos deben vivir. Lamentablemente, muchas y tantas veces, para mal.

Por tanto, lo político no solamente está dirigido hacia el gobierno de las personas, instituciones, sociedades, naciones, sino que ha ido más allá de esto y de la organización de las sociedades humanas, y está forzando con sutilidad o sin ella a los ciudadanos a aceptar – a veces con leyes injustas e impositivas – cuestiones que entran de pleno en la moral cristiana, combatiéndola, ultrajándola y negándola.

4. La política y la apostasía

Vivimos en tiempos de terrible apostasía, en medio de una sociedad post cristiana que detesta a Dios el Señor, Sus principios y Sus estatutos, y encima califica todo ello de “progresismo”.

Mucho de lo político, siguiendo un perverso concepto de lo que entiende por democracia, está ordenando o dirigiendo a los ciudadanos a aceptar y proteger iniquidades como el aborto (llamándolo eufemísticamente “interrupción voluntaria del embarazo”). Promueve la inmoralidad sexual; legisla o hace legislar en beneficio de aquellos que practican la inmoralidad de género, institucionalizándola, instándolo todo ello a un planteamiento proactivo, y castigando a los que se oponen u osan levantar la voz en contra de la misma; pervierte el sentido de la familia hasta límites insospechados, etc. y así podríamos seguir, resumiéndolo en una sentencia: Lo actualmente político, aborrece y pretende extirpar de su radio de acción lo concerniente a los principios judeocristianos, en los cuales esta civilización se basó y prosperó.

Viéndolo así, y entendiéndolo de este modo, hermanos, ¡cómo no hemos de estar implicados en la política!

Nuestra influencia

No vamos a pretender cambiar o regenerar este mundo como ya apuntamos, pero no es menos cierto que Dios nos lleva siempre en triunfo en Cristo Jesús, y por medio de nosotros manifiesta en todo lugar el olor de Su conocimiento (2 Co. 2:14), lo cual provoca, o bien un cambio regenerativo, o bien la confirmación de su perdición (V.15), pero no cabe duda que puede alentar a las gentes en la dirección de esos principios judeocristianos tan necesarios para la salud de las naciones.

5 .Usemos los medios de comunicación

En estos días tenemos a nuestra disposición tantísimos medios de comunicación a nuestro abasto que podemos utilizar; medios telemáticos, redes sociales, para comunicar con la palabra, la imagen, el sonido. No dejemos de hacerlo. Esparzamos el conocimiento de Cristo, de Sus principios y fundamentos. En este sentido también, no nos cansemos, pues, de hacer bien; porque a su tiempo segaremos, si no desmayamos (Gál. 6:9)

Las sociedades y las naciones prosperaron cuando recibieron la Palabra de Dios. Ahora vivimos tiempos de post cristianismo, en los cuales, la Palabra de Cristo está siendo relegada hasta el punto del aborrecimiento muchas veces, por ello, vendrá el juicio de Dios, pero mientras tanto, mientras la Iglesia esté todavía en este mundo, no puede dejar de ser testigo de Cristo hasta lo último de la tierra (Hchs. 1:8).

La política resulta ser de tremenda influencia en las sociedades donde actúa; busquemos el impregnarla según podamos con los principios judeocristianos que tanto bien han hecho a las naciones e individuos. Dios quiere esto.

SOLI DEO GLORIA

© Miguel Rosell Carrillo
Febrero 2016
www.centrorey.org


FIN