LA CARRERA CRISTIANA ES LA ESCUELA DEL APRENDIZAJE DE LA DEPENDENCIA DE DIOS

Índice del Tema

LA CARRERA CRISTIANA ES LA ESCUELA DEL APRENDIZAJE DE LA DEPENDENCIA DE DIOS

(Colosenses 2: 20-23; 3:1-3) “Pues si habéis muerto con Cristo en cuanto a los rudimentos del mundo, ¿por qué, como si vivieseis en el mundo, os sometéis a preceptos 21 tales como: No manejes, ni gustes, ni aun toques 22 (en conformidad a mandamientos y doctrinas de hombres), cosas que todas se destruyen con el uso? 23 Tales cosas tienen a la verdad cierta reputación de sabiduría en culto voluntario, en humildad y en duro trato del cuerpo; pero no tienen valor alguno contra los apetitos de la carne. Puesto que, habéis resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios. 2 Poned la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra. 3 Porque habéis muerto, y vuestra vida está escondida con Cristo en Dios. 4 Cuando Cristo, vuestra vida, se manifieste, entonces vosotros también seréis manifestados con él en gloria”.

Introducción

La tendencia humana, conforme a su naturaleza, es la de la autosuficiencia. Esa tendencia arrancó por causa del primer pecado, cual fue la desobediencia a Dios.

El ser humano, a partir del Edén, siempre ha buscado vivir su vida implícitamente negando a Dios, el Creador. Siempre ha fijado sus propias normas, conforme a su propia manera de entender lo que le rodea, sin tener en cuenta nada más, y menos todavía, a Dios.

Llegó un momento en que fue tan aberrante esa manera de vivir y comprender la existencia, que intentó por medio de aquella torre de Génesis 11, subir al cielo y desbancar al Altísimo de ahí. Dios no permitió el avance de esa construcción (con lo que representaba), y llevó a esa humanidad a la confusión (Babel), todo lo cual acrecentó en ella su deseo perverso de buscar en sí misma su manera de vivir.

Esa autosuficiencia pretendida, le llevó al hombre, ya desde Caín, a buscar su propio sentido de la justicia, lo cual siempre agravó su estado terrenal, y por supuesto, eterno.

Hoy en día es más de lo mismo. Nada ha cambiado, sino todo lo contrario. La dependencia de un Dios Creador es inexistente en esta sociedad materialista y tremendamente hedonista, que avanza, irónicamente, a través del buenismo (*), a un cada vez mayor autoengaño.

(*) Humanista, ingenua, carente de realidad, pervertida bondad.

Ese “buenismo” es una pretensión solamente, ya que el hombre natural es malo desde su esencia. De hecho es un auto engaño más.

El engaño lleva a más engaño

(2 Ti.3:13) “mas los malos hombres y los engañadores irán de mal en peor, engañando y siendo engañados”. Esta es una definición muy acertada de lo que es esta sociedad en la que vivimos.

Oímos a diario expresiones como estas:

 “se tu mismo por encima de todo”; “no me arrepiento de nada”; “tu eres dueño de tu destino”; “tu forjas tu destino”; “vive y deja vivir”, etc. etc. Frases típicas de los libros de “autoayuda”, y aún de los que son pretendidamente “cristianos”.

A la vez, leemos frases como estas:

“La vida no es sobre encontrarte a ti mismo. La vida es sobre crearte a ti mismo”.-George Bernard Shaw. (Introspección egocéntrica)

“Puedes tener cualquier cosa que quieras si estás dispuesto a renunciar a la creencia de que no lo puedes tener”.-Dr. Robert Anthony. (Posibilismo)

“Nada puede parar al hombre con la actitud mental correcta en conseguir su meta; nada en la tierra puede ayudar al hombre con la actitud mental incorrecta.-Thomas Jefferson. (Posibilismo y negación del poder divino)

“Ve con confianza en la dirección de tus sueños. Vive la vida como la has imaginado".-Henry David Thoreau. (engaño humanista)

“Tú mismo, tanto como cualquier persona en todo el universo, mereces tu propio amor y afecto".-Buda. (egocentrismo)

“Sueña, y ganarás el mundo”.- César Castellanos, líder del G12 (Posibilismo y engaño)

Si el hombre dando la espalda a Dios no cree que pueda recibir de Él nada, lo ha de buscar en sí mismo, y justamente ese es su fracaso.

1. La carrera cristiana es la escuela del aprendizaje de la dependencia de Dios

(Colosenses 2: 20-22) “Pues si habéis muerto con Cristo en cuanto a los rudimentos del mundo, ¿por qué, como si vivieseis en el mundo, os sometéis a preceptos 21 tales como: No manejes, ni gustes, ni aun toques 22 (en conformidad a mandamientos y doctrinas de hombres), cosas que todas se destruyen con el uso?:

El lastre terrible de nuestra antigua naturaleza, sigue siendo muchas veces una pesada e indómita carga, por ello, es menester aprender que, ahora, en Cristo, somos libres conforme a la ley de Cristo, y sólo así nos iremos desprendiendo de ese lastre y de la tentación de valernos de nuestra estéril e imposible "autosuficiencia".

Aquellos colosenses debían aprender lo mismo que los actuales cristianos debemos seguir aprendiendo; a saber lo que significa e implica “haber muerto con Cristo”.

Haber muerto con Cristo no significa solamente haber muerto a la práctica del pecado y sus consecuencias eternas, sino que también implica haber muerto al intento de una espiritualidad basada en el esfuerzo humano, conforme al pensamiento humano.

Debemos comprender que la verdadera espiritualidad cristiana, significa e implica Cristo en nosotros, y en cada uno (Gl.2:20), y que no se puede lograr, mantener o aumentar por obra o inteligencia humanas.

Sin lugar a dudas, la carrera cristiana es la escuela del aprendizaje de la dependencia de Dios.

El cristianismo busca destruir en el cristiano todo falso posibilismo y enfoque en uno mismo, y le redirecciona hacia Dios y Su poder, por Cristo.

Haber muerto con Cristo, se refiere a la unión inquebrantable del creyente con Cristo, en Su muerte y Su resurrección, por la cual ha sido transformado a una vida nueva y ha sido rescatado de la necedad posibilista de este mundo (rudimentos de este mundo).

Estos “rudimentos del mundo”, son los “mandamientos y doctrinas de hombres” (V.22), es decir, todo el compendio de saber humano que pretende anteponerse a la sabiduría, voluntad y poder de Dios.

En todo ello está involucrado el hombre natural, es decir, el hombre sin Cristo, el cual, “no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura, y no las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente” (1 Co. 2:14), pero que es ya impropio del hombre espiritual, el cual “juzga todas las cosas; pero él no es juzgado de nadie”, y que tiene la mente de Cristo (1 Co. 2: 15, 16)

La tendencia humana y los apetitos de la carne
(Col. 2: 20, 23b) “Pues si habéis muerto con Cristo en cuanto a los rudimentos del mundo, ¿por qué, como si vivieseis en el mundo, os sometéis a preceptos…[que] no tienen valor alguno contra los apetitos de la carne”.

Esta es la tendencia humana, y la tendencia de aquellos de Colosas, que aun y siendo cristianos, buscaban el someterse a preceptos humanos, aun bien intencionados, pretendiendo con ello vencer sobre los “apetitos de la carne”.

Eso es imposible. No existe cura espiritual en lo meramente humano.

(Col. 2: 20-22) “… ¿por qué, como si vivieseis en el mundo, os sometéis a preceptos 21 tales como: No manejes, ni gustes, ni aun toques 22 (en conformidad a mandamientos y doctrinas de hombres), cosas que todas se destruyen con el uso?”:

La gente del mundo, en la búsqueda de la consecución de su falsa autosuficiencia, se somete a filosofías humanistas varias, a procedimientos que incuso traspasan el mínimo sentido común, a cualquier cosa que implique la búsqueda de una superación imposible, y jamás realmente encuentra la verdadera satisfacción, puesto que no existe fuera del Creador.

Algo parecido sucede con el creyente como el de Colosas.

2. El ascetismo; la auto suficiencia pseudo cristiana

Cuando el creyente busca en sí mismo solamente, vencer sobre los apetitos de la carne, se siente y se ve frustrado, ya que no puede. Ese intento carnal es propio de la religiosidad y del legalismo rigorista que tanto daño hace a tantos. Piensan que por “hacer eso o aquello”, o por “no hacer eso o aquello”, podrán vencer esos aludidos apetitos, y caen en el legalismo religioso, que no es más que una sutil trampa y gran engaño. Es una forma de ascetismo.

La tendencia del creyente legalista/rigorista, es la del ascetismo (*).

(*) “Doctrina y actitud que busca la perfección del hombre por sus propios medios mediante la práctica de una vida austera y mortificante”.

Esto implica el buscar alcanzar la santidad pretendida mediante la dejación rigorista de uno mismo; la abnegación extrema; un sufrimiento infligido por uno mismo, buscando en ese sufrimiento o privación una cercanía con Dios por un supuesto merecimiento.

Nadie se puede acercar a Dios mediante un esfuerzo ascético, lo cual sí define a la perfección lo que es la religiosidad, tan condenada por el propio Señor Jesús, y ahora por su apóstol.

Toda religiosidad aludida es una afrenta a la cruz.

Se producen actuaciones ascéticas menos dramáticas que las aludidas, pero que no dejan de ser más de lo mismo. Todo lo que implique una práctica espiritual, no sostenida por la gracia, sino por el mero esfuerzo humano (aun bien intencionado), es ascetismo.

La gracia es la base, y debe ser la base de toda nuestra vida, en todos los aspectos. La gracia implica el resultado de la obra de la cruz, y le da toda la gloria al Dios eterno y a Su Hijo.

Y esto último nos lleva a lo siguiente:

3. La vida en pura y simple dependencia de Dios

(Col.3: 1-4) “Puesto que, habéis resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios. 2 Poned la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra. 3 Porque habéis muerto, y vuestra vida está escondida con Cristo en Dios. 4 Cuando Cristo, vuestra vida, se manifieste, entonces vosotros también seréis manifestados con él en gloria”:

En estos pocos versículos vemos revelada la voluntad de Dios para Sus hijos, en el sentido de cómo deben vivir en este mundo.

El verdadero creyente, ya no debe vivir en esa angustia de verse solo y en sus solas fuerzas para vencer sobre los apetitos de la carne.

El verdadero creyente, tiene su posición legal Arriba (Ef.2:6), no en esta tierra, por tanto, tiene acceso directo al trono de la gracia, al cual puede acercarse con confianza, para recibir de ahí el oportuno socorro (He.4:16).

No está solo, Cristo vive en él (Gl.2:20). Este entendimiento en el hombre interior, debería provocar una genuina y fluida dependencia de Dios, y un consecuente rechazo de toda forma ascética de vivir.

Todo verdadero creyente ha muerto con Cristo a los preceptos y tabúes que buscaban esclavizarle, toda religiosidad vacía de contenido real, toda falsa bondad humanista, y por supuesto toda búsqueda de una imposible auto suficiencia espiritual, que la religión sin Cristo ofrece, pero que jamás hace ni consigue hacer la voluntad de Dios.

En virtud de su unión con Cristo, los creyentes hemos pasado – en sentido espiritual – por Su muerte y resurrección en el mismo momento de la conversión (debido a ella):

(Romanos 6:3, 4) “¿O no sabéis que todos los que hemos sido bautizados en Cristo Jesús, hemos sido bautizados en su muerte? Porque somos sepultados juntamente con él para muerte por el bautismo, a fin de que como Cristo resucitó de los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en vida nueva”.

Ahora estamos vivos en Él, y sólo en Él. Por ello, el verdadero creyente no vive más para su “yo”, sino para Dios en Cristo, lo cual implica en Su gracia. Su vida ha pasado de ser egocéntrica, a ser teocéntrica. En realidad, es el mismo Cristo quien vive la vida divina en él (Gl.2:20), por ello, esa vida divina del creyente, “está escondida con Cristo en Dios” (Jn.1:18).

Las “cosas de Arriba”
“…buscad las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios. 2 Poned la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra”:

Las “cosas de Arriba” de las que habla Pablo y que hemos de buscar, son los principios y valores eternos de Dios, en detrimento de los de este mundo, que son débiles, efímeros, perversos, y pasajeros. De hecho constituye su Voluntad para con cada hijo Suyo, y la gracia suficiente para cumplirla.

Las “cosas de Arriba”, implica a cabalidad la Gracia de Dios para desempeñarnos en este mundo hostil.

La vida espiritual, eterna, divina del creyente, está escondida con el Cristo resucitado y ascendido, y por tanto, oculta a los ojos del mundo. De ahí que del modo que existía una sima infranqueable entre los que estaban en el Seno de Abraham y los que estaban en el Hades, existe la misma sima espiritual entre los que somos de Cristo y los que son del mundo.

(Efesios 5:15) “Mirad, pues, con diligencia cómo andéis, no como necios sino como sabios”

Seamos sabios y andemos de ese modo, en medio de esta generación perversa esclava de sí misma.

SOLI DEO GLORIA

© Miguel Rosell Carrillo, pastor de Centro Rey, Madrid, España.
Noviembre 2015
www.centrorey.org


FIN