OJOS BUENOS/OJOS MALOS

OJOS BUENOS/OJOS MALOS

“La lámpara del cuerpo es el ojo; así que, si tu ojo es bueno, todo tu cuerpo estará lleno de luz; pero si tu ojo es maligno, todo tu cuerpo estará en tinieblas. Así que, si la luz que en ti hay es tinieblas, ¿cuántas no serán las mismas tinieblas?”(Mateo 6:22,23)

“Nadie pone en oculto la luz encendida, ni debajo del almud, sino en el candelero, para que los que entran vean la luz. La lámpara del cuerpo es el ojo; cuando tu ojo es bueno, también todo tu cuerpo está lleno de luz; pero cuando tu ojo es maligno, también tu cuerpo está en tinieblas. Mira pues, no suceda que la luz que en ti hay, sea tinieblas. Así que, si todo tu cuerpo está lleno de luz, no teniendo parte alguna de tinieblas, será todo luminoso, como cuando una lámpara te alumbra con su resplandor”. (Lucas 11: 34-36)

La luz, que es la verdad de Dios, sólo aprovecha a aquél que es de la luz. Eso fue de ese modo para aquellos antiguos creyentes del tiempo de Jesús, y para nosotros, los creyentes de estos últimos días.

La luz es la misma, porque la verdad de Dios es la misma.

El evangelio es eterno y hacia la eternidad.

Nosotros, como aquellos, tenemos suficiente luz; suficiente revelación de la voluntad de Dios para poder agradarle en todo, así que ¿Cuál sería la señal que Dios espera de nosotros como evidencia de nuestra fe y de una vida consecuente con la doctrina que profesamos creer?, lo veremos, pero antes entendamos que:

  1. 1) No siempre es equivalente el grado de entendimiento que tenemos de las verdades de Dios con la práctica de las mismas, y eso es pecado, ya que resulta en omisión.
  2. 2) El tener entendimiento de la verdad, no siempre es sinónimo de vivirla.
  3. 3) El conocer la verdad no nos limpia del pecado, sino que es la puesta en práctica de la verdad, a través de la fe y la obediencia que obra por el amor, lo que lo hace.
  4. 4) Dios no está impresionado con los simples teóricos.

Entonces, ¿Cuál sería la señal que Dios espera de nosotros como evidencia de nuestra fe y de una vida consecuente con la doctrina que profesamos creer?:

(Lucas 11: 33) “Nadie pone en oculto la luz encendida, ni debajo del almud, sino en el candelero, para que los que entran vean la luz”:

  1. 1) Tenemos luz. La que tengamos. La luz lo llena todo. El evangelio lo llena todo, porque Dios no lo puso en un rincón, y ese evangelio es la luz para los hombres. Los apóstoles de Cristo no predicaron en oculto, o sólo para unos “privilegiados”, sino que expusieron ese Evangelio a todos, en todos los lugares, sin importarles las consecuencias.

La verdad del Evangelio está bien en alto, como un candelero, de modo que todos los que sean de la luz, lo puedan ver.

Tanta sea la luz que percibamos (la verdad de Dios), tal será la responsabilidad ante Dios para obedecerla desde el corazón. Por tanto, es nuestra responsabilidad, no sólo recibirla y buscarla, sino también vivirla de manera que los demás la vean a través de nosotros y Dios sea de ese modo glorificado.

(Lucas 11: 34) “La lámpara del cuerpo es el ojo; cuando tu ojo es bueno, también todo tu cuerpo está lleno de luz; pero cuando tu ojo es maligno, también tu cuerpo está en tinieblas”:

  1. 2) Así como aquellos judíos que rechazaban el evangelio, pretendiendo ver, hoy en día también hay muchos que quieren ver. Tienen mucha luz a su alrededor, pero no la pueden aprovechar, y no lo pueden hacer porque sus ojos no son buenos; sus órganos de visión no están sanos, por tanto toda la claridad que les envuelve será en vano.

La “lámpara del cuerpo es el ojo” (V.34). El ojo es el que trasmite la luz al cerebro, y por tanto, la visión de lo que nos rodea, pero si ese ojo espiritual, es malo, por mucha luz que haya alrededor, es decir, por mucha verdad que se propague y llegue a esa persona, no será percibida por la misma, ya que esa lámpara que es el ojo, está estropeada.

Ese órgano espiritual el que proporciona la capacidad de discernir entre lo verdadero y lo falso, entre lo bueno y lo malo, así como trasmite lo que es verdad de Dios.

Son ciegos o casi ciegos espirituales, según el caso.

Muchos son los que lo quieren todo; desean conocer la verdad pero al mismo tiempo no están dispuestos a renunciar a la mentira o al engaño, por ello nunca reciben la verdad, porque su ojo está ya atrofiado. Tienen un corazón malo, y por tanto, el órgano receptor de la verdad, ese ojo aludido, es inútil.

(Lucas 11:34) “…cuando tu ojo es bueno, también todo tu cuerpo está lleno de luz;…”

  1. 3) Pero si el ojo del alma es sano (lit. sencillo); es decir, de visión clara por el enfoque adecuado, si se dirige sólo a la verdad, y procede de un corazón dedicado a Dios, y por tanto, no dividido entre dos señores, entonces “todo el cuerpo”, es decir toda la persona, está lleno de luz.

La luz de la verdad de Dios sólo puede aprovechar enteramente a aquel verdadero creyente que se goza en obedecer a Dios, y en exaltarle en su vida.

Si nuestra mente y nuestro corazón admiten la luz del Evangelio sin reservas, y quedan llenos de ella (lo que implica la puesta en práctica de ese conocimiento divino), toda nuestra persona será luminosa, “como cuando una lámpara te alumbra con su resplandor” (V.36).

Los creyentes, en otro tiempo éramos tinieblas, mas ahora somos luz en el Señor…por tanto, andemos como hijos de luz:

“No seáis, pues, partícipes con ellos. Porque en otro tiempo erais tinieblas, mas ahora sois luz en el Señor; andad como hijos de luz  (porque el fruto del Espíritu es en toda bondad, justicia y verdad), comprobando lo que es agradable al Señor.  Y no participéis en las obras infructuosas de las tinieblas, sino más bien reprendedlas; porque vergonzoso es aun hablar de lo que ellos hacen en secreto. Mas todas las cosas, cuando son puestas en evidencia por la luz, son hechas manifiestas; porque la luz es lo que manifiesta todo” (Efesios 5: 7-13)

Andar como hijos de luz, es decir, como hijos de Dios, implica llevar conductas que sean conforme a esa Luz, y no otra cosa, ni diferente, ni tampoco parecida.

No vale inventarse una luz; no vale establecer por interés propio y carnal una luz artificial.

Lo más fácil es encontrar justificaciones para actos o actitudes que no son conforme a la Luz, pero en esa medida, no se puede ser luz. Acordémonos:

“Este es el mensaje que hemos oído de él, y os anunciamos: Dios es luz, y no hay ningunas tinieblas en él. Si decimos que tenemos comunión con él, y andamos en tinieblas, mentimos, y no practicamos la verdad; 7 pero si andamos en luz, como él está en luz, tenemos comunión unos con otros, y la sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado”. (1 Juan 1:5-7)

Las falsas justificaciones, no son luz sino tinieblas. No digamos que las tinieblas son luz en ninguna manera.

(Lucas 11: 35) “Mira pues, no suceda que la luz que en ti hay, sea tinieblas”

  1. 4) Hay muchos que por su corazón endurecido, tienen el ojo del alma inútil para recibir la luz de la verdad y dirigirla al corazón, y sin embargo por causa del engaño en el que están, creen que están espiritualmente sanos. Se engañan a sí mismos.

Si el ojo del alma es maligno, no es extraño que la persona entera se halle en tinieblas. Por eso, advierte Cristo con toda sinceridad y claridad: “Mira pues, no suceda que la luz que en ti hay, sea tinieblas”.

Por tanto, seamos honestos en nuestra búsqueda de la verdad, prestos a recibir sin obstáculos del corazón, ni prejuicios de la mente, la luz para ponerla en práctica por la fe que obra por el amor (Gl.5:6).

Aquellos hombres del tiempo de Jesús, como judíos, eran muy religiosos, pero la gran mayoría no tenían un corazón conforme a la verdad. Si nosotros hemos nacido de nuevo, busquemos tener un corazón recto que sea receptor de la verdad de Dios, y toda nuestra visión ocular espiritual, será sana:

(Lucas 11: 36) “Así que, si todo tu cuerpo está lleno de luz, no teniendo parte alguna de tinieblas, será todo luminoso, como cuando una lámpara te alumbra con su resplandor”.

AMÉN.

SOLI DEO GLORIA

Miguel Rosell Carrillo, pastor de Centro Rey, Madrid, España.
Septiembre 2015

Fin