REFLEXIONES Y DOCTRINA (III)

(Mateo 16:2,3) “Mas él respondiendo, les dijo: Cuando anochece, decís: Buen tiempo; porque el cielo tiene arreboles. Y por la mañana: Hoy habrá tempestad; porque tiene arreboles el cielo nublado. ¡Hipócritas! que sabéis distinguir el aspecto del cielo, ¡mas las señales de los tiempos no podéis!

  1. I. El dispensacionalismo y la elección divina.
  2. II. La doctrina arminiana y el dispensacionalismo, juntos: un claro imposible.
  3. III. ¿Por ser la circuncisión somos israelitas?

I. EL DISPENSACIONALISMO Y LA ELECCIÓN DIVINA

El dispensacionalismo premilenarista tiene un sentido clarísimo contemplando la doctrina de la elección divina. De hecho ambos conceptos divinos van de la mano.

Dios en Su soberanía ha elegido qué ser humano deba existir, dónde y cuándo. Las gentes han vivido, viven y vivirán donde Dios desde antes de la fundación del mundo decretó. Por esa razón es muy fácil entender que de la misma manera, Dios ha dispuesto los tiempos y las sazones (dispensaciones); los distintos tratos Suyos hacia la humanidad, como ha querido.

Así como el trato de Dios hacia los gentiles, antes de que el conocimiento cabal de Dios por Cristo pudiera llegar a ellos, es un hecho constado por la misma Escritura (Ef. 2:12), Dios hizo que todos esos hombres y mujeres aludidos nacieran en aquella época: dispensacionalismo/elección divina.

Así como el trato de Dios hacia Israel, cuando este empezó a existir y le fue dado la Ley es un hecho constado por la misma Escritura (Ex. 24:12) Dios hizo que todos esos hombres y mujeres aludidos nacieran en aquella época: dispensacionalismo/elección divina.

Así como el trato de Dios hacia los judíos y gentiles cambió cuando Cristo se manifestó para salvación es un hecho constado por la misma Escritura (Ef. 2:14), Dios hizo que todos esos hombres y mujeres aludidos nacieran en aquella época: dispensacionalismo/elección divina.

Así como el trato de Dios hacia el Israel del final de la Gran Tribulación es un hecho constado por la misma Escritura (Ro. 11: 25-27), Dios hizo que todos esos hombres y mujeres aludidos fueran a nacer en la futura época: dispensacionalismo/elección divina.

Y así podríamos proseguir.

Las dispensaciones son el trato ordenado por Dios hacia todos los hombres, conforme a Su elección. Por eso, nos denominamos dispensacionalistas.

II. LA DOCTRINA ARMINIANA Y EL DISPENSACIONALISMO, JUNTOS: UN CLARO IMPOSIBLE

La doctrina arminiana, la que de hecho creen muchísimos pentecostales, y qué decir de los neopentecostales, así como muchos bautistas en la actualidad, y otros, de hecho no es compatible con el dispensionalismo premilenial. Veremos en qué.

La doctrina arminiana hace del hombre natural un ser soberano en detrimento de Dios (quien es el Soberano), al concederle la posibilidad de “aceptar” a Cristo por su voluntad humana. De ese modo, cualquier individuo al que se le predique el evangelio (y hay que predicarlo a todo ser humano Mr. 16: 15), tendría en su haber, el poder para creer, por sí mismo. Esa es parte de la doctrina arminiana. Un error que muchos todavía creen y enseñan.

El dispensacionalismo enseña que Dios en Su Soberanía, ha decretado, establecido y ejecutado, todos los tratos que Él ha querido desde antes de la fundación del mundo con los hombres. De hecho, la Biblia es un tratado netamente dispensacionalista.

Entonces, ¿Cómo es posible que se pueda ser arminiano y al mismo tiempo dispensacionalista? Es una incongruencia, sin embargo muchísimos arminianos se declaran dispensacionalistas.

Por otro lado, si uno cree que Dios es Soberano, y en ese sentido rige todos los destinos respecto a la humanidad y más allá (Lc. 2:6; Mt. 10:29) y con esto estamos hablando de las doctrinas de la gracia, comúnmente llamado calvinismo, y por tanto no arminiano (que es lo opuesto), debería ser absolutamente lógico que un creyente así fuera dispensacionalista; pero en muchos casos no ocurre así.

A mi modo de entender el asunto, un buen creyente debería ser calvinista en cuanto a los asuntos salvíficos (soteriología), y dispensacionalista premilenarista, ya que esto último clarísimamente nos habla de los tratos de un Dios Soberano hacia gentiles, israelitas, iglesia e israelitas de nuevo, tal y como está escrito en la Escritura, atendiendo a una hermenéutica concisa y honesta, libre de prejuicios.

¿Qué es lo contrario?: tenemos un arminianismo que entró fuertísimo a partir del s. XXVIII a través del Metodismo, y más tarde el Pentecostalismo (que provino en gran manera del Metodismo), que desluce en gran manera la soberanía de Dios como ya explicamos, y un dispensacionalismo imposible de hecho para ese creyente arminiano, ya que el dispensacionalismo no es otra cosa que la soberanía de Dios en acción.

El gran problema: el denominacionalismo
¿Cuál es problema de fondo en todo esto? El problema de fondo o de base es el denominacionalismo; es decir, el apego excesivo a las teologías y doctrinas propias de las denominaciones de cada uno, cuando en ninguna denominación en concreto está toda la verdad, la cual habrá que buscar fuera de ese ámbito denominacionalista.

En otras palabras y respecto al creyente en particular; es un asunto de la tradición.

Por tanto, es mucho mejor despojarnos de todo elemento de la tradición que resulte en un obstáculo hacia la búsqueda de la verdadera doctrina. En otras palabras, hemos de ser mucho más bereanos.

III. ¿POR SER LA CIRCUNCISIÓN SOMOS ISRAELITAS?

(Filipenses 3:2,3) “Guardaos de los perros, guardaos de los malos obreros, guardaos de los mutiladores del cuerpo. Porque nosotros somos la circuncisión, los que en espíritu servimos a Dios y nos gloriamos en Cristo Jesús, no teniendo confianza en la carne”

Pablo dice que nosotros los cristianos somos la circuncisión… ¿es que eso nos hace ser israelitas ya que la circuncisión se dio Israel y no a ningún otro pueblo sobre la tierra? No, en absoluto, sino más bien todo lo contrario.

Vamos por partes.

Los perros en ese tiempo eran animales que malvivían de la carroña y de los deshechos en las calles, y a los judíos les encantaba referirse a los gentiles con ese término despectivo. No obstante, contrariamente, Pablo se refiere aquí a los judíos y a los judaizantes, con el fin de describir su carácter pecaminoso y descontrolado.

Pablo, en el contexto del texto dirigido a los Filipenses que eran mayormente de origen gentil, les está diciendo que los perros, lejos de ser ellos, lo son aquellos que intentaban disuadirles de la fe cristiana.

Así que no eran perros los creyentes de Filipos (y por extensión, todos nosotros), sino que eran y somos, la circuncisión… ¿la circuncisión?... Exactamente, somos la circuncisión. Los cristianos renacidos no poseemos tan sólo un símbolo de la necesidad de un corazón puro (que eso simbolizaba la circuncisión hecha en la carne), sino que tenemos el resultado de ese símbolo, cual es: limpieza de pecado ante Dios, por Cristo.

El asunto es espiritual, y en modo alguno natural. Somos la circuncisión en términos espirituales, pero eso no nos hace ser ni judíos ni israelitas.

La Iglesia no es Israel, e Israel no es la Iglesia.

Dios de los dos pueblos, el judío y el gentil, hizo la Iglesia (Ef. 2:14), la creó. Todo judío que se convierte a Cristo es de la Iglesia así como todo gentil, pero vendrá un tiempo en el cual, cuando la dispensación de la iglesia haya terminado, Dios se volverá de pleno hacia el Israel natural para traer total salvación y restauración entre los escogidos de Israel (Ro. 11: 25-27).

Esto es el dispensacionalismo, el trato de Dios con el hombre en los tiempos, sazones, y conforme los propósitos divinos.

SOLI DEO GLORIA

© Miguel Rosell Carrillo, pastor de Centro Rey, Madrid, España.
Julio 2015
www.centrorey.org


Fin