NUESTRO SACERDOCIO

NUESTRO SACERDOCIO

“Cualquiera que se extravía, y no persevera en la doctrina de Cristo, no tiene a Dios; el que persevera en la doctrina de Cristo, ése sí tiene al Padre y al Hijo” (2 Juan 1:9)

 “No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos… Y cuando terminó Jesús estas palabras, la gente se admiraba de SU DOCTRINA (Mt.7:21, 28)

De estas pocas líneas de la Escritura, aprendemos que en términos básicos, la doctrina de Cristo, es hacer la voluntad del Padre.

Los cristianos somos llamados, no sólo a una futura glorificación que todavía ha de manifestarse (Ro.12:12), sino a la obediencia a la voluntad de Dios (Ro.1:5), lo cual siempre redunda en gloria al Dios Trino y Eterno.

Por ello, nos conviene comprender cuál es nuestro papel como hijos del Altísimo en esta tierra, aun y cuando nuestra ciudadanía es celestial por derecho adquirido por Cristo para nosotros, los ahora hijos por adopción (Fil.3:20; Juan 1:13)

1. Nuestro sacerdocio

“Acercándoos a él, piedra viva, desechada ciertamente por los hombres, mas para Dios escogida y preciosa, vosotros también, como piedras vivas, sed edificados como casa espiritual y sacerdocio santo, para ofrecer sacrificios espirituales aceptables a Dios por medio de Jesucristo” (1 P.2:4,5)

Cristo es la piedra viva, porque Él es la vida, rechazada por los hombres (Lc.23:35), pero para Dios es escogida y preciosa. En griego es “éntimon”, que propiamente significa “digno de honor, estima y distinción”.

Al allegarnos nosotros a esta Piedra viva, que es Cristo, nosotros también nos convertimos en piedras vivas, aptas para ser edificadas sobre Él

“edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo mismo,  en quien todo el edificio, bien coordinado, va creciendo para ser un templo santo en el Señor;  en quien vosotros también sois juntamente edificados para morada de Dios en el Espíritu” (Efesios 2:20-22)

El fundamento de los apóstoles y profetas, es la doctrina apostólica, o doctrina de Cristo. Es la Roca de la cual habló Jesús a Pedro, sobre la cual iba a edificar la Iglesia (Mt.16:18).

Así pues, la Iglesia es el edificio espiritual, o templo santo en el Señor, en el cual somos los creyentes edificados “para morada de Dios en el Espíritu”.

No es una estructura jerárquica humana, piramidal, sino que es la suma de las piedras vidas, o nacidos de Dios, edificados sobre la Roca que es Cristo, y consecuentemente, sobre Su doctrina, Su verdad, Su obra, Su muerte y Su resurrección.

Nosotros los cristianos, lo hijos de Dios, somos los sacerdotes:

“…vosotros también, como piedras vivas, sed edificados como casa espiritual y sacerdocio santo, para ofrecer sacrificios espirituales aceptables a Dios por medio de Jesucristo:

Clarísimamente dice la Escritura que los creyentes, como piedras vivas, conformamos la casa espiritual, piedra a piedra, es decir, cada uno de nosotros. Por eso la Iglesia sólo la discierne Dios en su totalidad y complejidad, ya que es un ente espiritual:

“Pero el fundamento de Dios está firme, teniendo este sello: Conoce el Señor a los que son suyos…” (2 Ti.2:19)

¿Para qué componemos ese edificio o casa espiritual? ¿Cuál es el propósito?: “… para ofrecer sacrificios espirituales aceptables a Dios por medio de Jesucristo”

Esto hay que explicarlo bien antes.

Lo mismo que en la edificación del templo de Salomón (1 R.6:7), las piedras vivas que forman el edificio que es la iglesia, han de ser talladas antes de incorporarlas al edificio.

Ese tallar las piedras antes de colocarlas en el edificio significa la obra de conversión a Cristo en la persona.

Sólo las piedras vivas, piedras ajustadas o talladas, pueden ser parte de la iglesia.

Con esto se comprende también que las personas no son salvas por presuntamente pertenecer a la iglesia, sino lo contrario; pertenecen a la Iglesia porque son salvas.  

2. La casa espiritual

La casa espiritual, que es la iglesia, es una expresión que alude a su condición de santuario (ver 1 Co.6:19; 2 Co. 6:16), pues también el templo antiguo era casa (S.69:9; Is.66:7; Mr. 11:17; Jn. 2:17).

En esa casa espiritual, los creyentes ejercen su sacerdocio (v.9), no sólo por medio de la oración de intercesión, sino también mediante sacrificios espirituales (ver Ro. 12:1; Fil.4:18; He.13:15, 16)

Vida de santidad:

“Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional”(Ro.12:1)

Dádivas sacrificiales:

“No es que busque dádivas, sino que busco fruto que abunde en vuestra cuenta. Pero todo lo he recibido, y tengo abundancia; estoy lleno, habiendo recibido de Epafrodito lo que enviasteis; olor fragante, sacrificio acepto, agradable a Dios” (Filipenses 4:17,18)

Alabanza y adoración/benignidad y bondad hacia los hermanos:

“Así que, ofrezcamos siempre a Dios, por medio de él, sacrificio de alabanza, es decir, fruto de labios que confiesan su nombre. Y de hacer bien y de la ayuda mutua no os olvidéis; porque de tales sacrificios se agrada Dios” (Hebreos 13:15,16)

Todo ello está englobado en lo que leemos en Efesios 2:10;

“Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas” (Ef.2.10)

Las buenas obras de Dios para nosotros, son las obras de nuestro sacerdocio.

Seguimos:

“Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable” (1 P.2:9)

Linaje escogido o raza escogida, está tomado de Is.43:20 “…mi pueblo, mi escogido.”

Con esto Pedro aplica a la iglesia lo que era de Israel como pueblo escogido de Dios, en lo referente a las promesas espirituales.

Cada verdadero creyente es un escogido (1 P.1:2); "¿Quién acusará a los escogidos de Dios? Dios es el que justifica" (Ro.8:33)

Como sacerdocio real o sacerdocio regio, está tomado de Ex.19:6 “Y vosotros me seréis un reino de sacerdotes, y gente santa...”, y da a entender que todos los creyentes comparten con Cristo su oficio regio, así como su oficio sacerdotal.

Como nación santa (éthnós) lo vemos en Ex.19:6, y Dt.7:6. La iglesia es nación santa, por tanto, apartada para Dios. Esa es la Iglesia, la Asamblea de los “Llamados fuera”.

La iglesia es pueblo adquirido por Dios, y ese pueblo está constituido por todos y cada uno de los miembros de la iglesia como sacerdocio santo, independientemente de las diferentes responsabilidades o llamamiento a cada uno de parte del Espíritu Santo.

Como pueblo y como individuos, fuimos comprados por Dios en Cristo, no sólo para lo que ya vimos anteriormente, sino también para anunciar las virtudes de Dios al mundo.

Esta también es parte de las obras que Dios preparó de antemano para que andemos en ellas (Ef.2:10)

Escribe Francisco Lacueva: "El otro vocablo griego, “peripoíesin”, que sale también en Ef.1:14; 1 Ts.5:9; 2Ts.2:14 y He.10:39, indica algo que se adquiere para poseerlo en exclusiva, y que, para dar a entender que es de propiedad privada, se rodea como de un vallado o, al menos, de unos linderos que delimitan el contorno de la posesión. Con la frase se nos da a entender que hemos sido adquiridos, comprados por precio (1 Co.6:20; 7:23), y que ese precio ha sido la preciosa sangre de Cristo (1:19; Hchs.20:28)"

Hemos sido comprados (salvados) para ser usados por nuestro Señor.

Como sacerdotes de Dios hemos de anunciar las proezas de Dios, el evangelio de la gracia a toda criatura. Antes éramos tinieblas, ahora somos luz en el Señor.

Hemos sido llamados a hacer Su voluntad, no la nuestra.

SOLI DEO GLORIA

© Miguel Rosell Carrillo, pastor de Centro Rey Jesucristo, Madrid, España.
Junio 2015
www.centrorey.org


Fin