LAS OBRAS QUE SON HECHAS EN EL ESPÍRITU, SON LAS QUE VALEN

LAS OBRAS QUE SON HECHAS EN EL ESPÍRITU, SON LAS QUE VALEN

(Hebreos 11:17-19) “Por la fe Abraham, cuando fue probado, ofreció a Isaac; y el que había recibido las promesas ofrecía su unigénito,  habiéndosele dicho: En Isaac te será llamada descendencia;  pensando que Dios es poderoso para levantar aun de entre los muertos”

Abraham, ¿tenía algo bueno en sí mismo, una bondad humana suficiente como para poder obedecer a Dios en sus fuerzas? ¿De alguna manera Abraham había sido preservado de los efectos de la caída, para ser un instrumento en las manos de Dios? No y no. Abraham en un principio, era tan pecador como cualquiera, y tan caído como cualquiera. El era uno de tantos paganos en su tierra de origen.

¿Cómo es posible entonces que hubiera obedecido así a Dios como lo hizo, llevando a su hijo Isaac al sacrificio?

Nótese que dice la Escritura que Abraham “fue probado”; ¿Probaría Dios a un hombre muerto en sus delitos y pecados, o más bien en primer lugar le daría vida -Ef.2:1- antes de probarle? Obviamente lo segundo.

Abraham había recibido, en base a los futuros y únicos y suficientes méritos de Cristo en la cruz esa fe (Ro.5:1) que arranca de la muerte eterna al hombre, a la vida eterna (Col.1:12-14)

En base a esa fe actuando para vida en Abraham, él fue probado, y solamente de ese modo. Dios le impartió la gracia y la fe para justificación y salvación y para la consecuente obra de obediencia: sacrificar a Isaac, su único.

Y esto es así porque él mismo, por la gracia de Dios, conocía en su interior que, sabiendo que la promesa de Dios es inquebrantable, y esta es que “en Isaac te será llamada descendencia”, y por tanto, esto implicaba un acto en el futuro, “Dios es poderoso para levantar aun de entre los muertos”.

Mientras iba de camino al Monte Moriah a ofrecer a su hijo, él ya sabía que en todo caso, Dios devolvería la vida a Isaac. Esa es una fe auténtica.

Abraham, mostró y demostró una verdadera fe, al obedecer a Dios como lo hizo. Esa fue la obra por la cual se vio esa fe real. De otro modo, sin la intervención de Dios dándole esa fe, su obra habría sido vacía, realizada por una motivación ajena al Espíritu de Dios, una obra religiosa sin Dios, nada más.

Y esto es lo que Santiago también explica, cuando dice:

(Santiago 2: 20-24) “¿Mas quieres saber, hombre vano, que la fe sin obras es muerta? ¿No fue justificado por las obras Abraham nuestro padre, cuando ofreció a su hijo Isaac sobre el altar? ¿No ves que la fe actuó juntamente con sus obras, y que la fe se perfeccionó por las obras? Y se cumplió la Escritura que dice: Abraham creyó a Dios, y le fue contado por justicia, y fue llamado amigo de Dios. Vosotros veis, pues, que el hombre es justificado por las obras, y no solamente por la fe”

Santiago, ante la proliferación de tantos que decían que tenían fe, simplemente porque tenían conocimiento (el cual el diablo también tiene, y tiembla), arremete hacia un extremo para buscar obtener luego el equilibrio, y busca el probar que esa fe estéril, vacía, así como esa obra hecha fuera del Espíritu, no salvan ni justifican; ninguna de las dos.

Santiago hace énfasis en el producto de la obra, es decir, el fruto de obediencia a Dios.

El ejemplo que nos da es el de Abraham.

Abraham probó con su obra hecha en el Espíritu, que su fe era verdadera.

De ese modo fue justificado Abraham. Su obra fue hecha en el contexto de la fe que tenía de parte de Dios, y su obra fue hecha por la gracia de Dios, de otro modo, en su humanidad sola, jamás hubiera podido, como es natural.

Solamente en ese sentido, Santiago dice que el hombre es justificado por las obras, ya que esas obras aludidas son las que Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas (Ef.2,10), es decir, son obras fruto de una gracia y de una fe dadas por Dios al creyente verdadero para hacerlas, de otro modo, no valdrían un ápice.

Todo humanismo, queda por tanto excluido.

Las obras hechas en el Espíritu, que parten de una verdadera fe y que se realizan con la gracia de Dios, son las que valen, y por ellas se ve el producto de la justificación del verdadero cristiano.

Por todo ello exclamamos:

SOLI DEO GLORIA

© Miguel Rosell Carrillo, pastor de Centro Rey, Madrid, España.
Mayo 2015
www.centrorey.org