LOS TESOROS EN EL CIELO

(Colosenses 3:1,2) “Si, pues, habéis resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios. Poned la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra”

LOS TESOROS EN EL CIELO

1. Desde nuestra posición en Cristo

No puede ser más clara la admonición. Este es un llamamiento a todos los verdaderos hijos de Dios, a todos los que hemos resucitado con Cristo; “y juntamente con Él nos resucitó…” (Ef. 2:6). A todos nosotros, se nos ordena que busquemos las cosas de arriba, y concretamente, aquellas donde Cristo está sentado a la diestra del Padre, lo cual implica todo aquello que es concretamente y sin equívoco, la voluntad del Altísimo.

“…juntamente con Él nos resucitó, y asimismo nos hizo sentar en los lugares celestiales con Cristo Jesús” (Ef.2:6)

Los que hemos resucitado con Cristo, estamos sentados junto con Él en los lugares celestiales. Esa es nuestra posición legal.

Desde esa posición en Cristo debemos vivir nuestras vidas aquí en la tierra.

Ese es el punto.

Para ello es menester que pongamos la mente en esas cosas que son la voluntad de Dios, las de Arriba, las de lo Alto. En las cosas que constituyen eternidad y son para la Eternidad, debemos poner nuestro interés, nuestro deseo. Deben ser nuestro objetivo y trabajo aquí en esta vida, siguiendo el ejemplo del que nos precedió: Jesús. El Señor sólo vivió para hacer la voluntad del Padre, y se nos amonesta a vivir de ese modo:

(Fil.2:5) “Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús”.

Poned la mira en las cosas de Arriba…” El verbo que se traduce por “sentir”, y por “poner la mira”, es el verbo griego (fronéo), que significa: “tener entendimiento, pensar y sentir, tener buen sentido”.

La vida del cristiano deberá ser una vida rendida a Dios, y todo empieza por poner la mente y la voluntad, en lo que es Su voluntad.

Contrariamente, se amonesta al creyente a no poner la mente y el sentimiento en una vida de implicación en las cosas que se consumen con el uso, intrascendentes, de capricho, meramente circunstanciales, efímeras y temporales, que son todas las que no recogen fruto para vida eterna. Esa jamás debiera ser la forma de vida de un discípulo de Cristo.

Allí donde esté nuestro tesoro, estará nuestro corazón.

Si ponemos la mente (fronéo) en las cosas que constituyen la voluntad de Dios, nos implicaremos en ellas, y de ese modo estaremos cumpliendo con el propósito por el cual fuimos creados, llamados, perdonados, justificados, salvados y hechos hijos de Dios.

2. Obteniendo los tesoros que estarán en el cielo

(Mateo 6: 19,20) “No os hagáis tesoros en la tierra, donde la polilla y el orín corrompen, y donde ladrones minan y hurtan; sino haceos tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el orín corrompen, y donde ladrones no minan ni hurtan”

Al hilo de lo que venimos diciendo, el Señor nos muestra en Su enseñanza algo muy concreto: es posible hacerse tesoros en el cielo, y no sólo posible, sino que esa es la voluntad de Dios para Sus hijos.

Esta es una enseñanza que ha quedado muchas veces muy obviada por muchos en estos últimos tiempos, y eso dado por el enorme sentido materialista que ha impregnado el magisterio de muchos.

En estos tiempos, paradójicamente los más cercanos al encuentro con el Señor, el materialismo hedonista está opacando el Evangelio en numerosas congregaciones llámese cristianas, y la enseñanza se ciñe a buscar el vivir lo mejor posible aquí en la tierra. Una enseñanza de acorde al pensamiento del impío.

Por ello es menester anunciar con voz en cuello, la verdad de Cristo.

Los cristianos no hemos sido salvados para vivir vidas que agraden a nuestra carne, conforme al sentir de este mundo, sino para vivir vidas que agraden al Padre, en el contexto del amor y entrega sacrificiales.

(Colosenses 3: 3) “Porque habéis muerto, y vuestra vida está escondida con Cristo en Dios”.

Para Dios, una vez nacimos de nuevo, es porque morimos a nosotros mismos y a toda nuestra antigua manera de vivir, la cual era antropocéntrica, es decir, centrada en la criatura, en nosotros mismos. Éramos dioses de nosotros mismos. Pero ahora en Cristo Jesús, lo que éramos se terminó, y ahora hemos de aprender y seguir aprendiendo a vivir para Otro, para el verdadero Dios.

No nos damos perfecta cuenta del enorme privilegio que Dios nos ha concedido, pero está escrito:

(Lucas 12: 32) “No temáis, manada pequeña, porque a vuestro Padre le ha placido daros el reino”.

Siendo como es, manada pequeña, eso significa que ese privilegio no es para todos los hombres, sino sólo para los escogidos, los que son conocidos por Dios (2 Ti.2:19)

Si Dios nos ha llamado a heredar el reino, hemos de vivir en esta vida conforme a ese propósito. Por ello, no deberemos enredarnos en las cosas de aquí, que puedan ser un obstáculo e impedimento para poder un día recibir las de Allí (2 Ti.2:4).
Por eso, el Señor sigue diciendo:

“Vended lo que poseéis, y dad limosna; haceos bolsas que no se envejezcan, tesoro en los cielos que no se agote, donde ladrón no llega, ni polilla destruye” (V.33)

Los cristianos que acumulan posesiones materiales, haciendo de todo ello un fin en sí mismo, pretendiendo con ello obtener seguridad y felicidad, como mucho y en el mejor de los casos, eso es lo que van a recibir en esta vida, pero no recibirán nada de todo esto en la vida eterna. Entrarán con las manos vacías en el cielo.

No es este el llamamiento de Cristo.

¡Hermanos, no olvidemos que la eternidad, es siempre! Si entramos vacíos en la eternidad, estaremos sin nada en la eternidad. No olvidemos que lo que aquí sembremos, allí cosecharemos (Gl.6:7)

Nos es difícil imaginarnos a nosotros mismos en términos de eternidad, pero una cosa debemos entender, tal y como el Señor lo enseñó: Todo el conseguir cosas en esta vida para nosotros mismos, se quedará aquí, y no nos lo llevaremos, y si sólo así vivimos, no nos habremos hecho tesoros que realmente valgan y duren. En cambio, si vivimos para Dios, nos estaremos haciendo tesoros en el cielo, y estos son los que recibiremos. Y para siempre.

Nuestra mente aquí en esta vida tiene que estar puesta en lo Alto, de manera que vivamos conforme a lo Alto, y cuando llegue el día del encuentro con el Señor podamos esperar vivir en la eternidad conforme hayamos vivido aquí en la tierra, obteniendo de ese modo los tesoros que hayamos ganado.

SOLI DEO GLORIA

© Miguel Rosell Carrillo, pastor de Centro Rey, Madrid, España.
Diciembre 2014
www.centrorey.org

Fin