EL SEÑOR JESÚS, SUS SETENTA Y EL REINO MESIÁNICO QUE SE ACERCÓ (II)

 

Estudio bíblico

I. La misión de los Setenta: el anuncio del acercamiento del Reino a Israel

 

(Continuación)

 

“Después de estas cosas, designó el Señor también a otros setenta, a quienes envió de dos en dos delante de él a toda ciudad y lugar adonde él había de ir. Y les decía: La mies a la verdad es mucha, mas los obreros pocos; por tanto, rogad al Señor de la mies que envíe obreros a su mies. Id; he aquí yo os envío como corderos en medio de lobos. No llevéis bolsa, ni alforja, ni calzado; y a nadie saludéis por el camino.  En cualquier casa donde entréis, primeramente decid: Paz sea a esta casa. Y si hubiere allí algún hijo de paz, vuestra paz reposará sobre él; y si no, se volverá a vosotros. Y posad en aquella misma casa, comiendo y bebiendo lo que os den; porque el obrero es digno de su salario. No os paséis de casa en casa. En cualquier ciudad donde entréis, y os reciban, comed lo que os pongan delante;  y sanad a los enfermos que en ella haya, y decidles: Se ha acercado a vosotros el reino de Dios. Mas en cualquier ciudad donde entréis, y no os reciban, saliendo por sus calles, decid:   Aun el polvo de vuestra ciudad, que se ha pegado a nuestros pies, lo sacudimos contra vosotros. Pero esto sabed, que el reino de Dios se ha acercado a vosotros. Y os digo que en aquel día será más tolerable el castigo para Sodoma, que para aquella ciudad” (Lucas 10: 1-12)

 

Betania

“La actual Betania, cerca de Jerusalén”

I. La misión de los Setenta: el anuncio del acercamiento del Reino a Israel

 

 

(Lucas 10: 2, 3) “Y les decía: La mies a la verdad es mucha, mas los obreros pocos; por tanto, rogad al Señor de la mies que envíe obreros a su mies. Id; he aquí yo os envío como corderos en medio de lobos”:

 

Jesús, envió a Sus Setenta, a toda ciudad y lugar adonde él había de ir”(Lc. 10: 1). Es decir, que Jesús luego visitaría los mismos lugares donde primeramente irían Sus Setenta para realizar Su ministerio. Esos Setenta eran como punta de lanza, que abriría camino al ministerio del Señor.

 

Nótese que esos setenta, que eran israelitas, fueron enviados a las ovejas dispersas de Israel, y no al resto del mundo. Escribe MacArthur:

 

“Moisés también nombró a setenta ancianos como sus representantes. Los doce discípulos habían sido enviados a Galilea (9: 1-6), mientras que los setenta fueron enviados a todas las ciudades y lugares a donde Él se disponía a ir, como fue el caso de Judea y tal vez Perea (al noreste de Judea)”

 

 

1. El asunto de la mies y los lobos

 

Teniendo en la mente que los Setenta iban a estar ministrando en Israel, cuando Jesús dijo que la mies era mucha, siempre habrá que entender eso, en relación al Israel de entonces, y no necesariamente en relación a cualquier lugar de la tierra, digamos, en el momento actual.

En relación a otro suceso ajeno a los Setenta, pero siempre en el mismo contexto leemos:

“Recorría Jesús todas las ciudades y aldeas, enseñando en las sinagogas de ellos, y predicando el evangelio del reino, y sanando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo. Y al ver las multitudes, tuvo compasión de ellas; porque estaban desamparadas y dispersas como ovejas que no tienen pastor. Entonces dijo a sus discípulos: A la verdad la mies es mucha, mas los obreros pocos. Rogad, pues, al Señor de la mies, que envíe obreros a su mies” (Mateo 9: 35-38)

Claramente la Palabra nos habla aquí en cuanto al ministerio de Jesús, que fue dirigido a las ovejas perdidas de Israel, que estaban ya preparadas para recibir la palabra del Reino, el que se había acercado, y en este contexto, constituían la mies que estaba presta a ser cosechada. Veamos:

Nótese que la realidad de la mies estaba comprendida en las ciudades y aldeas; en las sinagogas de los judíos; en el pueblo; las multitudes (de israelitas).

En otras palabras, la mies, en griego Zerismos (cosecha de cereal) de la que hablaba Jesús, eran las gentes israelitas que estaban preparadas para recibir la palabra del Reino, porque anhelaban la venida del Mesías.

 

Aquellos Setenta, seguramente de entre los ciento veinte discípulos del aposento alto, que Jesús designó, iban en el nombre Suyo a anunciar a los judíos que el Mesías iba a acercarse a ellos para hacerles bienes (Hchs. 10: 38), porque con Él, el Reino se había acercado (Mt. 3: 2).

 

La mies

“La mies a la que se refería Jesús en los evangelios, eran primeramente las ovejas perdidas de Israel”

 

A. Confundiendo la palabra en el tiempo y en el espacio

 

El asunto que aquí quiero señalar, es que muchos, a esa palabra de que la mies es mucha, sacándola de su contexto correcto (tiempo/espacio), la aplican de forma indiscriminada a todo el planeta, o a su propia nación, o a su propia ciudad, o a su propia familia, en su piadoso deseo de ver a la gente convertida a Cristo, equivocándose al hacer así.

 

De ese modo, esto produce una tremenda frustración, cuando ven que esas expectativas no se cumplen, y que en la mayoría de los casos, no se cumplirán.

 

Si bien es también cierto que haya, o pueda haber, regiones en esta tierra, donde en un momento concreto la mies pueda ser mucha, insistimos en que esa palabra dada por Jesús hay que entenderla en el contexto en que fue dada: en su visita a esos lugares de Israel, anticipándose Sus Setenta para prepararle el camino.

 

Insistimos en este punto, hoy en día muchos, en el afán de ver a las multitudes entregarse a Cristo, creen que esa palabra de Jesús a los Setenta es aplicable per se a todas las naciones en todos los tiempos. ¡Nada más lejos de la realidad bíblica!

 

También la realidad histórica nos enseña que eso no es así, pero lo que es más contundente, y no deja ocasión a la duda, es lo que al respecto tiene que decir la Palabra revelada en su manifestación profética, y de la misma boca del Señor Jesucristo:

 

“Muchos falsos profetas se levantarán, y engañarán a muchos; y por haberse multiplicado la maldad, el amor de muchos se enfriará(Mt. 24: 11, 12)

 

Esto es en el contexto de la población de este mundo al final de esta dispensación actual. Ver también 1 Ts. 5: 3; 2 Ts. 2: 3, 4; 2 Ts. 3: 2; 2 Pr. 2: 1, 2; Ap. 9: 20, 21 etc.

 

El pastor Mario Fumero, en uno de sus últimos artículos escribe:

 

“Jesús formuló una pregunta, y dio una respuesta: “Pero cuando venga el hijo del hombre, ¿hallará fe en la tierra?”. Y en Mateo 24: 22 da la respuesta al afirmar que: “…si aquellos días no fueran acortados, nadie sería salvo”,  lo que establece la crítica situación religiosa de los últimos tiempos”

 

¡Pero hay que seguir predicando el Evangelio!, pero eso: ¡El Evangelio!

 

Esto, de todos modos, no deberá entenderse en modo alguno en un anti-estímulo a testificar de Jesús, sino todo lo contrario. Es menester seguir testificando de Jesús a todos (Mr. 16: 15), y lo haremos con más paz y sosiego del alma si entendemos a cabalidad lo que la Escritura en este caso nos enseña.

 

Por supuesto que así como Jesús les exhortó a los Setenta a que oraran para que el Señor enviara obreros a su mies, esto es absolutamente aplicable a nuestro tiempo y circunstancia.

 

hacer discípulos en todas las naciones

 

“La verdadera Gran Comisión de Cristo a Su Iglesia, es la de predicar el Evangelio a toda criatura, y hacer discípulos en todas las naciones”

 

B. Como corderos en medio de lobos

 

“Id; he aquí yo os envío como corderos en medio de lobos”:

 

No hace falta insistir en que, así como había lobos en Israel en el contexto de ese texto de Lucas, los hay y los ha habido en cualquier otro momento en la Iglesia. Los lobos siempre serán los que no lo parecen porque van cubiertos con piel de cordero (pero sólo con piel). Por tanto, los lobos no son los incrédulos o ateos abiertamente manifestados, sino los falsos creyentes peligrosos con apariencia de piedad, pero que niegan la eficacia de esta (2 Ti. 3: 5).

 

No obstante, el sentido cabal de esas palabras de Jesús fue en relación a los falsos judíos de su tiempo.

 

Lobo con aparencia de corderos

“Los lobos con apariencia de corderos, son siempre falsos cristianos profesantes”

 

2. Las diferencias entre la misión de los Setenta y la Gran Comisión de la Iglesia

 

El ministerio de los Setenta concretamente fue el anunciar que el Reino se había acercado (Mt. 3: 2). Insistimos en el punto este. El Reino se había acercado a Israel, porque el Rey había venido. Se trataba de la manifestación visible del Reino; del Reino prometido a Israel o Reino Mesiánico.

 

Muchos por mucho tiempo, sin respetar el sentido de lo que Lucas escribió inspirado por el Espíritu Santo, han calcado punto por punto la obra de los Setenta, y la han transliterado a la Iglesia, constituyendo con esto un cierto error de base.

 

Existe una diferencia de concepto entre lo que hicieron los Setenta y lo que comúnmente ha de hacer la Iglesia.

 

La Iglesia – cumpliendo con la Gran Comisión - ha de predicar el Evangelio, buscando con ello la salvación de los oyentes por toda la tierra habitada (Mr. 16: 15), pero la Iglesia no puede anunciar que el Reino se ha acercado, porque aquella manifestación palpable del Reino se fue con el Rey cuando ascendió a los cielos, y no vendrá hasta que el Rey regrese de nuevo (Dn. 2: 34, 35; 44, 45; 7: 13, 14; 7: 27; Ap. 19: 11ss; Ap. 20 etc.)

 

Probemos lo que estamos diciendo. Veamos conforme al relato del amado Lucas, la diferencia entre la actuación de los Setenta y el ministerio que le ha sido encomendado a la Iglesia.

 

A. Primeramente; el mensaje

 

El mensaje que lleva la Iglesia al mundo, básicamente se concretiza en este: Cree en el Señor Jesucristo y serás salvo…” (Hchos. 16: 31) Es un asunto de universalidad y eternidad.

 

El mensaje que los Setenta dieron de parte de Jesús, no fue ese directamente, sino fue: Se ha acercado a vosotros el reino de Dios”(Lc. 10: 9). Fue un asunto puntual y local.

 

B. Segundo, el destinatario

 

Así como la Iglesia debe llevar el mensaje de salvación a toda la tierra habitada, los Setenta llevaron el mensaje del Reino sólo a las ciudades y aldeas de Israel:

 

“…a quienes envió de dos en dos delante de él a toda ciudad y lugar adonde él había de ir” (Lc. 10:1)

 

Por cierto que el ir de dos en dos, mayormente tenía que ver con esa concreta comisión de los Setenta, así como a los Doce.

 

Belén

“Belén, una de las ciudades de Judea donde fueron los Setenta a declarar que el Reino Mesiánico se había acercado”

 

C. Tercero; el asunto de la provisión

 

“No llevéis bolsa, ni alforja, ni calzado…” (Lc. 10: 4a)

 

Así como la Iglesia no tiene mandato explícito del Señor acerca de esta cuestión, el Señor Jesús les dio a Sus Setenta mandatos muy concretos acerca de lo que debían y no debían hacer. No debían llevar ninguna provisión; sólo lo puesto encima.

 

 

D. Cuarto; el asunto del saludo

 

“y a nadie saludéis por el camino…”(Lc. 10: 4b)

 

En la cultura oriental el saludo “era una ceremonia elaborada que incluía muchas formalidades, en algunos casos hasta una cena y una visita prolongada. Una persona enfocada en una misión urgente podía ser excusada de todas esas formalidades sin que se le considerara displicente o inculta” (MacArthur)

 

Como se puede ver, esto no es necesariamente atribuible a la Iglesia, por dos razones:

 

  1. Este comportamiento cultural comentado arriba, era característico de la nación judía.
  2. La misión dada a los Setenta debía hacerse con rapidez, ya que el Señor debía pronto ir a esos mismos lugares.

 

E. Quinto; entrando en las casas…

 

“En cualquier casa donde entréis, primeramente decid: Paz sea a esta casa. Y si hubiere allí algún hijo de paz, vuestra paz reposará sobre él; y si no, se volverá a vosotros. Y posad en aquella misma casa, comiendo y bebiendo lo que os den; porque el obrero es digno de su salario. No os paséis de casa en casa” (Lc. 10: 5-7)

 

Obviamente, esto fue según aquel contexto concreto: el del Reino que se había acercado.

 

¿Se imagina usted que en su ciudad, sin previo aviso, llaman a la puerta del vecino, que es inconverso, y le dicen: “¡Oiga caballero, somos cristianos; paz a esta casa!, nos quedamos a comer y a beber lo que nos quiera dar, porque el obrero es digno de su salario!”?

 

¿Se imagina usted esa escena?

 

Como poco su vecino – y usted, viéndolo por una rendija - se quedaría extrañado, confuso, y pensaría que es una broma de la “cámara oculta”, ¿No es cierto? Pero cuando viera que va en serio el asunto - siendo mínimamente educado - les invitaría, no a entrar, sino a irse al hotel de la esquina, a modo de sugerencia.

 

Porque, ningún verdadero cristiano debería proceder así, como manda sabiduría y prudencia, pero en cuanto a la misión de los Setenta, el contexto fue muy diferente: Eran los escogidos por el Señor para ir a los suyos (Israel), y para anunciarles algo que se suponía que estaban esperando todos: el anuncio de la llegada del Reino.

 

El Rey demandó un pollino

 

Otro evento en este mismo sentido lo vemos en el proceder del Señor cuando les dijo a dos de sus discípulos que fueran a la aldea que estaba enfrente, y luego que entraran en ella, iban a encontrar un pollino atado, que debían desatar y traérselo para entrar triunfante en Jerusalén (Mr. 11: 2, 3)

 

Este fue también un asunto directamente del Reino.

 

Porque…ni usted ni yo haríamos eso, ¿verdad? ¡Permítame la consiguiente pequeña broma!... No les diríamos a dos de nuestros mejores amigos: “Id al pueblo de al lado, y veréis un automóvil nuevecito con las llaves puestas;  traédmelo” ¡Eso se llamaría robo!

 

Reiteramos, así como hay asuntos claros en los Evangelios concernientes al Rey Jesucristo y al Reino que se había acercado, aquellos Setenta fueron a cumplir con una misión muy determinada y concisa; justamente, el anuncio del acercamiento del Reino.

 

 

F. Sexto, el asunto de la paz

 

(Lc. 10: 5, 6) “En cualquier casa donde entréis, primeramente decid: Paz sea a esta casa. Y si hubiere allí algún hijo de paz, vuestra paz reposará sobre él; y si no, se volverá a vosotros”:

 

Es muy evidente aquí, que el sentido tiene que ver del todo con el asunto del Reino que se había acercado.

 

Tenemos que entender que la misión de los Setenta (como aquella anterior de los Doce), fue especial e irrepetible en su esencia, y no es extrapolable a esta dispensación actual.

 

La paz que de parte del Mesías invocaron los Setenta sobre aquellos judíos que se suponía esperaban la venida del Reino, debía permanecer, pero volvería a los remitentes si aquéllos no eran dignos del Reino.

 

Esto mismo ocurrirá sobre todo al final de la Gran Tribulación en relación a la nación judía, cuando se cumpla a cabalidad la profecía de Joel 2: 23, 28-32 y la de Oseas 6: 1-3, que aseguran que caerá sobre la nación judía la lluvia temprana y tardía al mismo tiempo. Los que son verdaderos judíos, recibirán a Cristo y recibirán el Reino, y los que sólo lo son en la carne, serán eternamente excluidos (Ro. 9: 6-8; Mt. 24: 51; 25: 30, etc.)

 

G. Séptimo; el asunto del juicio a las ciudades detractoras

 

“Mas en cualquier ciudad donde entréis, y no os reciban, saliendo por sus calles, decid: Aun el polvo de vuestra ciudad, que se ha pegado a nuestros pies, lo sacudimos contra vosotros. Pero esto sabed, que el reino de Dios se ha acercado a vosotros. Y os digo que en aquel día será más tolerable el castigo para Sodoma, que para aquella ciudad” (Lucas 10: 10-12)

La misión de los Setenta implicaba el emitir juicio condenatorio sobre aquellas ciudades israelitas indignas de recibir el Reino. La prueba de que aquello fue así, la tenemos por cuanto el mismo Señor exclamó sus “Ayes” dirigiéndolos a aquellas citadas ciudades de Israel (Lc. 10: 13-15)

Podemos ver, que en su esencia, fue aquella una misión muy diferente a la dada a realizar por la Iglesia, la cual no es llamada a anunciar que el Reino Mesiánico se ha acercado (conforme a Mt. 3: 2), ni a declarar juicio condenatorio sobre los que lo rechazarían, ni sobre los que rechazan a Cristo.

La misión de la Iglesia en relación al mundo, es el anunciar las Buenas Nuevas de salvación en Cristo Jesús, dado que el Rey en su faceta de Salvador, dio su vida y resucitó de entre los muertos para salvar a todos aquellos que creen. Esto se llama el Evangelio de la gracia, del cual al apóstol Pablo se le dio especial encargo:

“Pero de ninguna cosa hago caso, ni estimo preciosa mi vida para mí mismo, con tal que acabe mi carrera con gozo, y el ministerio que recibí del Señor Jesús, para dar testimonio del evangelio de la gracia de Dios” (Hchs 20: 24)

3. A modo de Epílogo

A modo de epílogo en cuanto al Reino; aquel que se había acercado a Israel, diremos que así como se acercó, se alejó de Israel y volvió al cielo con el Mesías excluido, para ser de nuevo manifestado cuando Israel Le acepte (Ro. 11: 25ss). Como dice Stanley D. Toussaint:

 

“El Nuevo Testamento comienza con el mensaje de Juan el Bautista, Jesucristo y los doce apóstoles. Este mensaje electrificó a Israel: “El Reino de los Cielos se ha acercado”. Esta nación recibió un llamado al arrepentimiento en preparación para su llegada… A causa del rechazo por parte de Israel, el Reino aún no ha llegado y todavía es futuro”

 

¿Fracasaron aquellos Setenta? ¿Fracasó el Señor? No, porque fueron enviados a las ovejas perdidas de Israel. Esas ovejas aludidas sí recibieron el Reino en sus vidas, como lo reciben en la actualidad todos aquellos que reciben a Cristo. Este es el gobierno de Dios en las vidas de los Suyos (Mt. 6: 33).

Pero en cuanto al Reino visible y manifestado sobre esta tierra, el asunto deberá esperar: “un día Israel se volverá a Dios en forma masiva (Dn. 12: 1; Os. 6: 2-4; Zac. 12: 10-14; Mt. 23: 39; Ro. 11: 1, 2; 25-27). El Señor entonces restaurará a esta nación (comp. Hchs. 1: 6). En primer lugar, el Reino llegará en la forma del Reino Milenial de Cristo y, finalmente, en su forma eterna” (Toussaint)

Mientras tanto, como cristianos, permitamos que el Reino de Dios crezca y arraigue en nuestras vidas.

Dios les bendiga.

© Miguel Rosell Carrillo, pastor de Centro Rey, Madrid, España.

Junio 2009

www.centrorey.org

 

 

Fin