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LA RAZÓN TAMBIÉN PODEROSA POR LA CUAL LA IGLESIA MILITANTE TODAVÍA PERMANECE SOBRE LA TIERRA

 

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Nota: El Día del Señor es el tiempo de juicio intenso que vendrá sobre este mundo en la Gran Tribulación, e incluye la venida en gloria de Jesucristo.

 

"[El Día del Señor] no vendrá sin que antes venga la apostasía, y se manifieste el hombre de pecado, el hijo de perdición...Y ahora vosotros sabéis lo que lo detiene, a fin de que a su debido tiempo se manifieste. Porque ya está en acción el misterio de la iniquidad; solo que hay quien al presente lo detiene, hasta que Él a su vez sea quitado de en medio. Y entonces se manifestará aquel inicuo..." (2 Tesalonicenses 2:3; 6-8a)

Estamos desde hace muchos años ya en el tiempo de la apostasía, pero todavía no se ha manifestado el "hombre de pecado", el "hijo de perdición", es decir, el anticristo. ¿Por qué no lo ha hecho? Esta escritura nos lo dice.

Aquellos tesalonicenses sabían por qué el anticristo no podía manifestarse. Si ellos lo sabían, nosotros también, porque el apóstol nos lo revela.

"...a fin de que a su debido tiempo se manifieste": Ese "debido tiempo" es el decretado por Dios, y deberá corresponderse con el tiempo a partir de la salida de la iglesia de este mundo, como no puede ser de otra manera, y explicaré.

Primeramente hay que comprender que existe una Iglesia, pero que está en dos lugares diferentes. La que ya partió y está en los cielos, y nosotros, los que todavía estamos sobre la tierra, la Iglesia militante. Nos enfocamos en ésta.

¿De qué manera somos militantes? Sin entrar en mucho detalle, lo somos siendo testigos de Cristo (Hch. 1:8), y por otra razón también que no se enseña suficientemente. Porque somos el templo del Espíritu Santo, el cual "detiene la manifestación del inicuo". Es decir, la Iglesia militante con su sola presencia hace que el maligno no pueda levantar a su hijo de perdición y el consecuente misterio de perdición, no por ella, sino por el Espíritu en ella.

Con que el sujeto activo es la manifestación poderosa del Espíritu Santo (Hch. 2), nosotros, como humanos no sentimos ni experimentamos nada al respecto, viviendo el día a día con la mayor normalidad. No hay nada malo en ello.

Sin embargo el Espíritu sí obra a través de nosotros. Ese Espíritu es el mismo que al caer y llenar a a aquellos discípulos primeros hizo que la Iglesia fuera la realidad que empezó a ser en Hechos, y que será hasta que "Él a su vez sea quitado de en medio", es decir, hasta que el Espíritu sea llevado de nuevo a los cielos, y con Él, nosotros, en lo que se denomina el Arrebatamiento (1 Ts. 4:13-18)

La Iglesia sólo lo es porque el Espíritu prometido por Cristo la llena. El Espíritu no sólo está con nosotros, sino en nosotros.

Así pues, en un sólo acto, el Arrebatamiento de la Iglesia, ésta será una y reunida con Cristo, y esto hará que el diablo pueda proceder a levantar al inicuo, y que todas las cosas descritas en el libro de Apocalipsis a partir del capítulo 6 en adelante, se hagan.

Así pues hermano, si te has preguntado "¿qué hacemos en este mundo?", ya lo sabes. Estamos colaborando con Dios para que no se manifieste del todo el misterio de iniquidad y a su cabeza, el hombre de pecado, hasta que sea el momento. //

SOLI DEO GLORIA

© Miguel Rosell Carrillo, Pastor de Centro Rey, Madrid, España.
Enero 2022

www.centrorey.org

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