Compartir por WhatsApp

Recomendar por email

EL ISRAEL DEL SINAÍ Y LA IGLESIA DE HOY

 

El Israel del Sinaí y la Iglesia de hoy

En Éxodo 32, leemos:

(Éxodo 32: 1-7) "Viendo el pueblo que Moisés tardaba en descender del monte, se acercaron entonces a Aarón, y le dijeron: Levántate, haznos dioses que vayan delante de nosotros; porque a este Moisés, el varón que nos sacó de la tierra de Egipto, no sabemos qué le haya acontecido. Y Aarón les dijo: Apartad los zarcillos de oro que están en las orejas de vuestras mujeres, de vuestros hijos y de vuestras hijas, y traédmelos. Entonces todo el pueblo apartó los zarcillos de oro que tenían en sus orejas, y los trajeron a Aarón; y él los tomó de las manos de ellos, y le dio forma con buril, e hizo de ello un becerro de fundición. Entonces dijeron: Israel, estos son tus dioses, que te sacaron de la tierra de Egipto. Y viendo esto Aarón, edificó un altar delante del becerro; y pregonó Aarón, y dijo: Mañana será fiesta para Jehová. Y al día siguiente madrugaron, y ofrecieron holocaustos, y presentaron ofrendas de paz; y se sentó el pueblo a comer y a beber, y se levantó a regocijarse. Entonces Jehová dijo a Moisés: Anda, desciende, porque tu pueblo que sacaste de la tierra de Egipto se ha corrompido"

Introducción

Dios había llamado a Moisés a encontrarse con Él en la cima de aquel ardiente Sinaí, y allí estuvo a solas con Dios por muchos días para entre otras cosas, recibir la Ley, mientras tanto, el pueblo aguardaba abajo del monte. Dios les estaba probando.

Hay un tiempo cuando parece que Dios está lejos de nosotros, es un tiempo de buscar a Dios, de aferrarse a Él, y ese tiempo es comparable al que pasó Israel en el Sinaí.

Moisés y Cristo

(V. 1) "Viendo el pueblo que Moisés tardaba en descender del monte, se acercaron entonces a Aarón, y le dijeron: Levántate, haznos dioses que vayan delante de nosotros; porque a este Moisés, el varón que nos sacó de la tierra de Egipto, no sabemos qué le haya acontecido":

Moisés es un tipo de Cristo. Fue el guía y mediador entre Dios y Su pueblo durante el devenir por el desierto, camino de la Tierra Prometida.

Dándose cuenta de que Moisés tardaba en volver de arriba, se impacientaron, y al no tener a su guía entre ellos, acudieron a Aarón buscando una alternativa a su creencia.

"...haznos dioses que vayan delante de nosotros...":

Buscaron un tipo de religiosidad a la cual poderse amoldar y acomodar. Una religiosidad que les satisficiera, acallara la conciencia, y les hiciera sentirse seguros.

Hoy en día, muchos ya no creen que Cristo va a volver, o que si lo va a hacer, lo hará después de que hayan pasado muchos, muchos años. No esperan su venida.

Por eso, han desarrollado, con la ayuda de esos maestros que actúan conforme a sus concupiscencias (2 Ti. 4: 3), una “nueva” religiosidad presuntamente evangélica, que también se asemeja en gran manera a la de aquel pueblo apóstata del desierto, que buscaba el comer, beber y divertirse (Ex. 32: 6).

Un cristianismo light, de acorde al modelo hedonista de este mundo.

Así como aquéllos, a éstos les encanta vivir una vida terrenal de goces y placeres. Buscan la misma “excelencia” que los impíos en sus metas y en sus obras, y los mismos objetivos en la vida, con un barniz más o menos grueso de cristianismo.

Así como aquellos israelitas ya no esperaban a Moisés, éstos tampoco esperan a Cristo. Viven el día a día, buscando como rellenar sus mentes, sus corazones de felicidad y satisfacción en lo natural, así como sus bolsillos, a todo lo cual llaman, estar en “bendición”, todo ello realmente como único objetivo en la vida.

Moisés en la cima del Sinaí/Cristo en el cielo

Moisés estuvo arriba en la cima del Sinaí, así como Cristo está arriba, sentado a la diestra del Padre.

Así como aquéllos, éstos en vez de buscar las cosas que son las de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios (Col. 3: 1), buscan sólo las cosas que son las de la tierra, así como aquellos apóstatas del Sinaí. Nada ha cambiado.

Aarón aquí, figura del ministro cobarde

(Vv. 2-4) "Y Aarón les dijo: Apartad los zarcillos de oro que están en las orejas de vuestras mujeres, de vuestros hijos y de vuestras hijas, y traédmelos. Entonces todo el pueblo apartó los zarcillos de oro que tenían en sus orejas, y los trajeron a Aarón; y él los tomó de las manos de ellos, y le dio forma con buril, e hizo de ello un becerro de fundición":

Aarón representó en ese pasaje la figura del ministro cobarde, que se deja doblegar y convencer por la insistencia de las masas apóstatas, con tal de evitar la confrontación y los problemas.

Hoy en día existen ministros así también. Prefieren agradar al pueblo y a los consiervos, antes que agradar a Dios. Son cobardes.

Aarón pretendía excusarse ante sí mismo y ante Dios, pretendiendo – a la hora de hacer el becerro de oro – que tal cosa iba a significar adoración al verdadero Dios.

Pero Aarón se equivocó también aquí. Dios busca el ser adorado tal y como Él dispone, y no según la imaginación, obra o voluntad del individuo. Aarón se engañó a sí mismo.

El becerro de oro: el dios humanista

"... y él los tomó de las manos de ellos, y le dio forma con buril, e hizo de ello un becerro de fundición":

Ese becerro de oro fue el resultado de la entrega de las posesiones y trabajo humanos para la “construcción” de un dios (el oro que poseían)

Fue el necio intento de aquellos apóstatas de fabricarse su propio dios hecho a su modo; a su propia imagen y semejanza – es decir - como una extensión de ellos mismos.

No se puede amar, servir y adorar a Dios a través de ninguna clase de “becerro de oro”. No obstante, esto sigue ocurriendo hoy en día también.

Hoy en día, en lo que llamamos “pueblo evangélico”, existe demasiado “becerro de oro”, es decir, demasiada creencia personalista, motivada por el sólo esfuerzo y entendimiento personales, mucho de todo ello, decayendo en lo materialista y emocionalista.

En realidad, no deja de ser una versión más de lo idolátrico.

Diferente entendimiento acerca de “dios”

(Vv. 4, 5) "Entonces dijeron: Israel, estos son tus dioses, que te sacaron de la tierra de Egipto. Y viendo esto Aarón, edificó un altar delante del becerro; y pregonó Aarón, y dijo: Mañana será fiesta para Jehová":

Es interesante como el pueblo entendió el asunto de una manera, y Aarón de otra, aunque el fin fue el mismo.

El pueblo dijo que ese becerro era la representación de los dioses (nótese el plural) que sacaron a Israel de Egipto, mientras que Aarón dijo que la honra de todo ello era para Jehová.

Unos habían apostatado del todo, y el otro se dejaba llevar.

Hoy en día ocurre igual. Aunque quizás no con tanta exageración como ocurrió con el pueblo del Sinaí, muchos hoy en día ya no le dan la gloria a Cristo, sino que se la dan a sí mismos, o a otros.

Dándose prisa

(V. 6) "Y al día siguiente madrugaron, y ofrecieron holocaustos, y presentaron ofrendas de paz; y se sentó el pueblo a comer y a beber, y se levantó a regocijarse":

Se dieron prisa en empezar las “celebraciones”. Hoy en día ocurre igual, a mucho de ese “gozo” y regocijo, le llaman avivamiento, pero no es más que una manifestación emocional.

Cristo viene pronto

(V. 7) "Entonces Jehová dijo a Moisés: Anda, desciende, porque tu pueblo que sacaste de la tierra de Egipto se ha corrompido"

Creo que está ocurriendo de igual manera hoy en día. Mucho del pueblo evangélico está muy ocupado en comer, beber y regocijarse, vivir para sí, en definitiva. Creo que la venida del Señor está cerca.

Lejos de esperar un surgir glorioso de la Iglesia antes de la venida del Señor a por ella, más bien parece que va a ser el asunto muy similar a como fue en el Sinaí, cuando Dios le dijo a Moisés que descendiera pronto.

El pueblo estaba desenfrenado. Hoy el pueblo de Dios está dormido. Siempre hay excepciones, como las hubo entonces. Es tiempo de dejar de lado las ofertas hedonistas de esta sociedad, y buscar el agradar a Dios en nuestra cotidianidad.//

© Ps. Miguel Rosell Carrillo
www.centrorey.org
Febrero 2019

Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar tu experiencia. Si continúa navegando consideramos que acepta el uso de cookies. OK | Más información