EL AMILENIALISMO, EL QUE HACE DE LA IGLESIA UN REINO SIN EL REY PRESENTE, Y LE NIEGA A ISRAEL SU RAZÓN DIVINA DE SER

(Hechos 1:6) “Entonces los que se habían reunido le preguntaron, diciendo: Señor, ¿restaurarás el reino a Israel en este tiempo?”

EL AMILENIALISMO, EL QUE HACE DE LA IGLESIA UN REINO SIN EL REY PRESENTE, Y LE NIEGA A ISRAEL SU RAZÓN DIVINA DE SER

El Amilenialismo, como su mismo nombre indica, niega el futuro Reino Milenial prometido a Israel. El origen de esa extraña teoría, está en la noción papista romana de que la Iglesia es el Reino. Arguye que lo que sea el Milenio, se está experimentando en esta edad presente.

Esto último choca de frente con la misma Escritura que asegura que el mundo entero está bajo el maligno (1 Juan 5:19b)… ¿Cómo podrán coexistir dos reinos al mismo tiempo?

Los seguidores de esta corriente escatológica, originalmente católico romana, hacen el enorme esfuerzo de colocar todos los eventos que se aprecian en el Apocalipsis, en la historia de la edad presente. Abandonan el razonamiento y la sana interpretación, con un solo objetivo en mente, colocar los mil años (jilioi en gr.), que se repite ¡seis veces! en Apocalipsis capítulo 20, en el pasado, y por tanto, dejando de ser un evento del futuro.

Niegan lo profético, ¿quizás por aventurado o incierto?, contentándose con la fría y anti contextual seguridad preterista.

El Amilenialismo, no obstante, tiene la ardua tarea de creer dos cosas a la vez respecto al diablo en estos tiempos, a saber, que está atado en el abismo y al mismo tiempo, que está sobre el mundo entero (Ap. 20: 2; 1 Jn.5:19b). Si está atado, es imposible que el mundo entero esté bajo él, pero si todavía no está atado, entonces la cosa cambia.

El Amilenialismo ha dejado de lado todas y cada una de las promesas de un reino literal, mesiánico para Israel, que todavía no se han cumplido, pero se cumplirán en el reino milenial, y las ha asumido para la iglesia, haciendo de ésta, un reino… un reino en el cual Cristo todavía no está presente, porque todavía no ha regresado. ¿Necesita quizás la iglesia de un “rey” substituto, para ese “reino”? Roma ya encontró la solución hace siglos.

El Amilenialismo, no dejado de lado por la Reforma, sigue el mismo planteamiento antimilenialista de Roma. No ha cambiado nada. No es de extrañar que los papas romanos hayan creído y hecho creer que son los "vicarios de Cristo" en la tierra, ya que asumen que la iglesia es el reino, y por tanto ellos son reyes sobre el mundo, como el “nuevo Israel”.

El Amilenialismo niega el hecho de que la iglesia de Jesucristo en los primeros tres siglos creía en un reino milenial literal que empezaría con la venida gloriosa de Cristo, y si algunos no lo niegan, sencillamente, lo obvian. Prefieren creer la doctrina antisemita de Jerónimo, y del resto de hombres pro católicos del siglo IV en adelante, extremadamente influenciados por, entre otros, Orígenes (S.III), y más tarde Agustín de Hipona, ni qué decir de Eusebio de Cesarea.

Sin embargo eso fue así, el cristianismo primitivo fue premilenial, es decir, que creía que cuando regrese Jesucristo, reinará desde Jerusalén, y sólo cambió la creencia, cuando al romanismo le vino muy bien la teología antisemita de la negación del Milenio, haciendo converger todas y cada una de las promesas dadas a Israel, a la iglesia, y por tanto, asumiéndolas de hecho y en la práctica, en relación a Roma y sus papas.

Cuando la iglesia visible fue reconocida y patrocinada por el estado (el Imperio), inmediatamente después del triunfo del emperador Constantino, el catolicismo llegó a ser dominante; los creyentes comenzaron a perder su vívida expectación del pronto regreso del Señor, y comenzaron a buscar la Supremacía Temporal (Poder Temporal), como un cumplimiento –falso a todas luces – del reino prometido de Cristo en la tierra.

Esta manera de pensar, también es muy fuerte en ciertos sectores evangelicales de corte neo pentecostal hoy en día, se llama “Reino Ahora” (Kingdom Now), principio de la doctrina dominionista que a tantos tanto gusta.

El Amilenialismo no sucumbió con la Reforma, sino que en muchos casos (no todos), fue fortalecido y seguido hasta hoy en los círculos reformados. Podemos entender que aquellos hombres de la Reforma bastante tenían ya con la defensa de una soteriología bíblica, con toda la oposición del papado y el peligro que, por tanto, sus vidas corrían. No nos cabe la menor duda de ello. No obstante, también es sabido que la Iglesia ha de ser “Semper Reformanda”, pero en esta cuestión escatológica, ha quedado como una simple anécdota, poco más.

El Amilenialismo ha hecho de la iglesia, el reino, un reino sin el Rey presente; también ve el reino (no sé cómo, ni donde) en este mundo, y además, en su terrible antisemitismo, ha privado a Israel de su reino prometido, llegando incluso a negar la existencia de los judíos, asegurando de que ya no existen, y por tanto, haciendo mentiroso al apóstol Pablo cuando dijo: “Digo, pues: ¿Ha desechado Dios a su pueblo? En ninguna manera. Porque también yo soy israelita, de la descendencia de Abraham, de la tribu de Benjamín. No ha desechado Dios a su pueblo, al cual desde antes conoció…” (Romanos 11: 1, 2)

Esto es pecado y negación de la Palabra de Dios.

No obstante, la Biblia asegura que habrá un reino literal, tangible, visible, una auténtica Teocracia sobre este planeta, por mil años (Ap.20), a partir del momento en que el Señor Jesucristo, ponga sus pies sobre el monte de los Olivos, y de ese modo, todas y cada una de las promesas mesiánicas se cumplirán sobre el Israel de Dios, que entrará en ese reino, como cabeza de las naciones, algo que jamás se ha producido en la historia, pero Dios que no miente, lo hará, y será un hecho ese reino milenial sobre este planeta:

“Lo que vio Isaías hijo de Amoz acerca de Judá y de Jerusalén. Acontecerá en lo postrero de los tiempos, que será confirmado el monte de la casa de Jehová como cabeza de los montes, y será exaltado sobre los collados, y correrán a él todas las naciones. Y vendrán muchos pueblos, y dirán: Venid, y subamos al monte de Jehová, a la casa del Dios de Jacob; y nos enseñará sus caminos, y caminaremos por sus sendas. Porque de Sion saldrá la ley, y de Jerusalén la palabra de Jehová. Y juzgará entre las naciones, y reprenderá a muchos pueblos; y volverán sus espadas en rejas de arado, y sus lanzas en hoces; no alzará espada nación contra nación, ni se adiestrarán más para la guerra” (Isaías 2:2-4)

SOLI DEO GLORIA

© Miguel Rosell Carrillo, pastor de Centro Rey Jesucristo, Madrid, España.
Febrero 2015
www.centrorey.org


Fin