NUESTRO DIOS RIGE LOS DESTINOS

Estudio sobre profecía del libro de Daniel

Primera Parte

Índice del estudio

Introducción

Genéricamente hablando, hoy por hoy el asunto de la soberanía de Dios no está en la boca de muchos.  Sin menoscabo del hecho de que el hombre toma sus decisiones en esta vida, con sus consecuencias debidas, creo que hemos de buscar en la Biblia un mayor y más profundo entendimiento acerca de la Soberanía de Dios, de que Dios lo tiene todo ante sus ojos desde antes de la fundación del mundo (He. 4: 3).

Dios quiso que Daniel supiera dos cosas: que Él es Quien rige el destino de los hombres, y que eso debía hacerse saber a todos.

En este estudio veremos acerca de ambos conceptos, basándonos en estos finales capítulos del libro de Daniel.

También aprenderemos como la profecía se transformó en historia, y cómo la profecía no sirve para conocer el futuro, sino para conocer que ese futuro ya estaba cumplido desde antes de la fundación del mundo.

Un hombre dispuesto a recibir la verdad: Daniel

Daniel 10: 1-14; 20-21
 
(Vv. 1, 2)

“En el año tercero de Ciro rey de Persia fue revelada palabra a Daniel, llamado Beltsasar; y la palabra era verdadera, y el conflicto grande; pero él comprendió la palabra, y tuvo inteligencia en la visión. 2 En aquellos días yo Daniel estuve afligido por espacio de tres semanas”

Corría el año 536 a. C. y ya habían pasado dos años desde el primer decreto para permitir el regreso de Israel a su tierra para reconstruir el templo:

“En el primer año de Ciro rey de Persia, para que se cumpliese la palabra de Jehová por boca de Jeremías, despertó Jehová el espíritu de Ciro rey de Persia, el cual hizo pregonar de palabra y también por escrito por todo su reino, diciendo: 2 Así ha dicho Ciro rey de Persia: Jehová el Dios de los cielos me ha dado todos los reinos de la tierra, y me ha mandado que le edifique casa en Jerusalén, que está en Judá” (Esdras 1: 1, 2)

En esos momentos, Daniel, quien en ese presente se hace llamar por su nombre babilónico que le diera Nabucodonosor, Beltsasar, se hallaba a punto de recibir otra revelación impresionante y de impresionante manera.

Es evidente que Daniel no marchó con los exiliados de vuelta a Jerusalén, y no sabemos por qué. Seguramente a causa de sus obligaciones de gobierno.

En ese momento, en el tercer año del reinado de Ciro el persa, la obra de reconstrucción del templo en Jerusalén quedó interrumpida:

(Esdras 4: 4, 5) “Pero el pueblo de la tierra intimidó al pueblo de Judá, y lo atemorizó para que no edificara. 5 Sobornaron además contra ellos a los consejeros para frustrar sus propósitos, todo el tiempo de Ciro rey de Persia y hasta el reinado de Darío rey de Persia”

Dios dio la orden de que Ciro diera la orden, y vemos como Satanás inmediatamente se pone en marcha para buscar el detener la obra de Dios. En su voluntad permisiva Dios concede, pero siempre es para un propósito ulterior de bendición.

Muy posiblemente los judíos necesitaban más tiempo para estar preparados para el gran cambio que resultaba el volver a ser lo que eran, pero esta vez no en el exilio, sino en su propia tierra y ciudad.

(V. 2)

“En aquellos días yo Daniel estuve afligido por espacio de tres semanas”:

Veintiún días estuvo afligido Daniel. Ese fue un tiempo difícil, de gran lucha espiritual, invisible, pero que como veremos, incidía (y lo hace) de manera grande en los asuntos de los hombres, en el orden natural.

(V. 3, 4)

“3No comí manjar delicado, ni entró en mi boca carne ni vino, ni me ungí con ungüento, hasta que se cumplieron las tres semanas. 4 Y el día veinticuatro del mes primero estaba yo a la orilla del gran río Hidekel”:

Daniel se abstenía en esos momentos de cualquier ocasión para darse gustos y disfrute de las cosas, porque estaba orando en súplica a Dios por causa del asunto del templo en Jerusalén, el retorno de su pueblo, y la búsqueda de la santidad del mismo.

En esos momentos, Dios estaba moviéndose de nuevo para traer restauración a Su pueblo, y Satanás se le oponía. Eran días de gran lucha espiritual, y Daniel era consciente de eso.

El relato tan detallado de todo esto, es señal de la importancia del mismo, y por tanto bueno que nosotros lleguemos a entenderlo también.

El río Hidekel (el río Tigris), era escenario de la presencia de Daniel, y de lo que iba allí a acontecer.

“Mapa de ubicación del Rio Tigris, el Hidekel de Daniel”

“Mapa de ubicación del Rio Tigris, el Hidekel de Daniel”

(Vv. 5, 6)

“5 Y alcé mis ojos y miré, y he aquí un varón vestido de lino, y ceñidos sus lomos de oro de Ufaz.  6 Su cuerpo era como de berilo, y su rostro parecía un relámpago, y sus ojos como antorchas de fuego, y sus brazos y sus pies como de color de bronce bruñido, y el sonido de sus palabras como el estruendo de una multitud”:

Es la misma descripción que Juan hace de del Cristo glorificado que se le aparece cuando él estaba preso en la isla de Patmos. Si esa era una teofanía, es decir, la aparición del Hijo eterno antes de su encarnación, es lo que algunos comentaristas dicen; personalmente no lo creo, al hilo de la descripción de su tarea, y que se verá más adelante, lo cual me parece indicar que se trata más bien de un ángel poderoso de Dios.

(Vv. 7, 8)

7 Y sólo yo, Daniel, vi aquella visión, y no la vieron los hombres que estaban conmigo, sino que se apoderó de ellos un gran temor, y huyeron y se escondieron. 8 Quedé, pues, yo solo, y vi esta gran visión, y no quedó fuerza en mí, antes mi fuerza se cambió en desfallecimiento, y no tuve vigor alguno”:

Dios escogió a Daniel para lo que quiso, y desechó a los otros hombres, evidentemente porque carecían de la santidad y compromiso de Daniel. Esos hombres no pudieron resistir lo que no entendían, y huyeron.

Sólo quedan los santos solos ante Dios, y a pesar de serlo, en su humanidad, quedan exhaustos, sin fuerzas.

(Vv. 9-11)

“Pero oí el sonido de sus palabras; y al oír el sonido de sus palabras, caí sobre mi rostro en un profundo sueño, con mi rostro en tierra. 10 Y he aquí una mano me tocó, e hizo que me pusiese sobre mis rodillas y sobre las palmas de mis manos.  11 Y me dijo: Daniel, varón muy amado, está atento a las palabras que te hablaré, y ponte en pie; porque a ti he sido enviado ahora. Mientras hablaba esto conmigo, me puse en pie temblando:

Es probable que fuera el ángel Gabriel, quien también interpretó otras revelaciones a Daniel (Cap. 8: 16), y habló de manera similar a Daniel en el sentido de expresarle que él era “muy amado” (véase 9: 20-23).

(V. 12)

“12 Entonces me dijo: Daniel, no temas; porque desde el primer día que dispusiste tu corazón a entender y a humillarte en la presencia de tu Dios, fueron oídas tus palabras; y a causa de tus palabras yo he venido:

Por esta misma declaración, sabemos que lo mismo ocurre con cada hijo verdadero de Dios. Veámoslo con detalle:

  1. a) Dispuso su corazón a entender (no a escuchar su propia voz, sus propios impulsos, sus propios deseos, sino la voluntad de Dios.
  2. b) Se humilló en la presencia de su Dios (no buscaba su bienestar, su gloria, su propio bien egoísta, sino el que Dios se gloriara)

Es evidente que esas son las condiciones para nuestra voz levantada en oración se oiga desde el Cielo.

(Vv. 13, 14)

“13 Mas el príncipe del reino de Persia se me opuso durante veintiún días; pero he aquí Miguel, uno de los principales príncipes, vino para ayudarme, y quedé allí con los reyes de Persia. 14 He venido para hacerte saber lo que ha de venir a tu pueblo en los postreros días; porque la visión es para esos días”:

Ese llamado príncipe del reino de Persia, es un demonio de alto rango, y que por tanto tiene a legiones de demonios bajo él, y este es el que se opuso guerreando al enviado del cielo para Daniel.

Curioso que sea justamente el demonio de Persia, ya que era Persia con Ciro a la cabeza, el reino que había conquistado sólo unos pocos años antes a los babilonios. Podemos entender que la esfera de poder satánico estaba muy activa en Persia en esos momentos.

Esa es la razón por la cual ese ángel de Dios se encontró con tanta oposición al ir a ver a Daniel.

Necesariamente hay que entender en todo esto que realmente existe una guerra espiritual, y por tanto invisible, en los aires y en la tierra, respecto a las naciones de la tierra.

Veintiún días son los que Daniel se pasó ayunando y en oración, y fueron exactamente también veintiún días los que tardó el mensajero celestial en llegar a él.

“… pero he aquí Miguel, uno de los principales príncipes, vino para ayudarme, y quedé allí con los reyes de Persia:

Miguel, a tenor de lo que leemos, no es el único de los principales príncipes del cielo, pero es de los más importantes; su propio nombre lo indica: “¿Quién es como Dios?”. Su mismo nombre es alabanza a Dios.

El es el protector de Israel (Véase Dn. 12: 1). Fue enviado por Dios para ayudar al mensajero celestial en su periplo hasta Daniel.

“Mapa del antiguo imperio persa”

“Mapa del antiguo imperio persa”

Escribe José Grau:

“Así, Miguel se halla dispuesto a enfrentarse con el Príncipe de Persia, es decir: el ángel protector de este imperio; un ángel caído, por supuesto, un demonio. Este esotérico conflicto entre las huestes celestes subraya que el destino de los pueblos es un secreto que ni siquiera los ángeles conocen si no es por revelación divina, y aunque ellos actúan en dicha lucha, y son protagonistas de la misma. Lo que ocurre en la tierra no es ajeno al cielo; el destino del mundo se fragua en las dos dimensiones de la existencia – la terrena y la celeste – al mismo tiempo”

Mientras Miguel y sus huestes angelicales luchaban contra los demonios persas, el enviado celestial “quedó con los reyes de Persia”. Ese quedarse con ellos, implica que ese mensajero estuvo haciendo la obra de Dios con esos reyes, aunque la Escritura no especifica el qué.

(V. 14)

14 He venido para hacerte saber lo que ha de venir a tu pueblo en los postreros días; porque la visión es para esos días”:

En los momentos de mayor aflicción espiritual, es cuando llega la novedad de parte de Dios… ¿o no será al revés? Cuando Dios va a moverse, el enemigo siempre intenta adelantarse para estorbar.

Lo que ese mensajero celestial le iba a mostrar a Daniel era de extrema importancia como veremos en su momento, porque básicamente significa la victoria que Israel va a conseguir al final de esta dispensación de la gracia; es decir, su entrada en el Reino y como protagonista. Eso de ninguna manera el diablo lo quería (ni lo quiere).

Nótese asimismo, que esto nada tiene que ver con la Iglesia, sino con el pueblo de Daniel: Israel;

“En aquel tiempo se levantará Miguel, el gran príncipe que está de parte de los hijos de tu pueblo…Muchos serán limpios, y emblanquecidos y purificados; los impíos procederán impíamente,  y ninguno de los impíos entenderá, pero los entendidos comprenderán” (Daniel 12: 1; 10)

(Vv. 20, 21)

“El me dijo: ¿Sabes por qué he venido a ti? Pues ahora tengo que volver para pelear contra el príncipe de Persia; y al terminar con él, el príncipe de Grecia vendrá. 21 Pero yo te declararé lo que está escrito en el libro de la verdad; y ninguno me ayuda contra ellos, sino Miguel vuestro príncipe”:

El mensajero celestial le pregunta si ya va comprendiendo por qué ha venido a Daniel a revelarle todas esas cosas. Le comenta esto, porque a continuación le revela que ha de volver a donde estuvo, en Persia, para seguir peleando contra el principal demonio de Persia. Le viene a decir que debe ir aprendiendo y entendiendo la gran importancia de lo que ocurre en lo invisible, y de que cómo afecta esto a lo visible.

Nos damos cuenta con esto que la lucha espiritual es una realidad en nuestras vidas también. Tanto los ángeles de Dios como nosotros los creyentes tenemos lucha contra los demonios, aunque siempre desde un posicionamiento de victoria: ¡nuestro Dios está sentado en el trono!

“…; y al terminar con él, el príncipe de Grecia vendrá…”: Una vez ese ángel poderoso hubiera terminado su pelea con el principal de Persia – venciendo – y por tanto siendo derrotado ese imperio (porque lo que acontece en lo espiritual a ese nivel, se plasma en lo natural), entonces, iba a levantarse el demonio principal de Grecia para hacer surgir ese imperio, el griego macedonio, por mano de Alejandro Magno.

Una pregunta podemos hacernos, ¿oramos o hemos de orar (como Daniel) para que ocurran las cosas, o más bien oramos porque las cosas se van a producir? Dicho de otro modo, ¿no será que el Espíritu Santo nos lleva a orar porque las cosas han de ocurrir, y no al revés?

Algunos enseñan que hemos de orar para que Dios haga su obra (como si nos necesitara). Más bien es al contrario: porque Dios va a hacer lo que se ha propuesto, nos inspira a orar. Es su deseo que participemos en Su obra.

A Dios nadie le convence, ni le pilla por sorpresa.

(V. 21)

“21 Pero yo te declararé lo que está escrito en el libro de la verdad; y ninguno me ayuda contra ellos, sino Miguel vuestro príncipe”:

Ese “libro de la verdad” es el plan de Dios que contiene designios ciertos y verdaderos para los hombres y las naciones, que Él puede revelar conforme a su voluntad.

Veámoslo en Isaías 46: 9-11;

“Acordaos de las cosas pasadas desde los tiempos antiguos; porque yo soy Dios, y no hay otro Dios, y nada hay semejante a mí, 10 que anuncio lo por venir desde el principio, y desde la antigüedad lo que aún no era hecho; que digo: Mi consejo permanecerá, y haré todo lo que quiero; 11 que llamo desde el oriente al ave, y de tierra lejana al varón de mi consejo. Yo hablé, y lo haré venir; lo he pensado, y también lo haré”

“y ninguno me ayuda contra ellos, sino Miguel vuestro príncipe”:

No creo que el sentido de esa frase haya que entenderlo en negativo, como que no había nadie dispuesto a ayudar al mensajero celestial, sino todo lo contrario. El énfasis lo hace en la persona del arcángel Miguel, uno de los principales príncipes celestiales. Dicho de otro modo: nadie me tiene por qué ayudar ya que Miguel está conmigo, y éste es vuestro príncipe; como diciendo, con él ya es suficiente.

Continuará en una siguiente parte.

Dios les bendiga.

© Miguel Rosell Carrillo, pastor de Centro Rey, Madrid, España.
Febrero 2011
www.centrorey.org