“¿QUÉ ESPERA EN REALIDAD EL SEÑOR DE SU IGLESIA EN ESTOS ÚLTIMOS DÍAS?”

Parte primera

Este es un estudio para reflexionar en  lo que estamos creyendo, si se ajusta o no a la verdad cabal de la Escritura.

“Mi pueblo fue destruido, porque le faltó conocimiento…” (Oseas 4: 6)

 Índice del estudio

“¿QUÉ ESPERA EN REALIDAD EL SEÑOR DE SU IGLESIA EN ESTOS ÚLTIMOS DÍAS?”

Antecedentes

Conocí al Señor hace treinta años en mi Barcelona natal a través de un amigo de la infancia que al poco se apartó, que entienda yo, hasta la fecha.

Desde el principio experimenté un sano afán en conocer la verdad de Dios en todos sus aspectos, y eso me llevó a estudiar y aprender, no sólo lo concerniente a cuestiones de la vida y proceder cristianos, sino también en cuanto al aspecto profético de la Palabra, dándome cuenta de que la Biblia es un libro eminentemente profético.

Me apasionó la escatología, aún y cuando todavía no tenía conocimiento del término en sí. Me di cuenta de que la Biblia tiene tanto que decir acerca del principio, como del final de los tiempos… y pasaron los años.

Pasé mucho tiempo flotando en los mares de la escatología, a la vez, y sin darme cuenta, en dos diferentes e imaginarios barcos, que navegan en dos direcciones diferentes también.

1. Los dos barcos escatológicos

“Los dos barcos; una analogía a modo de metáfora marinera que nos ayudará a comprender un concepto”

“Los dos barcos; una analogía a modo de metáfora marinera que nos ayudará a comprender un concepto”

El primero de esos barcos pertenece a la armada llamada premilenarista, y navega poniendo rumbo en la dirección literal que da la Biblia.

Va a buen puerto, a recibir al Señor en las nubes. Sube a los cielos con toda la verdadera Iglesia, es testigo del paso de la Iglesia por el Tribunal de Cristo, es testigo también de las Bodas, y luego desciende con todos los santos glorificados, con el Señor como capitán, a proclamar el día de venganza del Dios nuestro; a consolar a todos los enlutados; a ordenar que a los afligidos de Sion se les dé gloria en lugar de ceniza, óleo de gozo en lugar de luto, manto de alegría en lugar del espíritu angustiado (1 Ts. 4: 13-18; 2 Co. 5: 10; Ap. 19: 7; Zac. 14: 5; Is. 61: 2, 3)

Seguidamente, a constatar que se reedifican las ruinas antiguas, se levantan los asolamientos primeros, se restauran las ciudades arruinadas, los escombros de muchas generaciones, y así empiece el Reino Milenial, etc. (Is. 61: 4)

El segundo de esos barcos pertenece a la armada posmilenarista, y navega poniendo rumbo a una exaltación triunfalista de la Iglesia en este mundo y ahora; mucho antes de que el Rey vaya a descender en gloria en él, y antes de que venga a recogerla.

Para ese tipo de escatología de tres al cuarto, la Iglesia ya reina de facto.

En ese barco, se celebran grandes fiestas triunfalistas, cargadas de emocionalismo y motivos de conquista. Hay mucha creencia para alcanzar y conquistar todos los puertos de su periplo, y muchos creen que la Iglesia que navega en él, con sus supuestos capitanes y almirantes al frente – los nuevos súper ungidos, los “nuevos apóstoles” y “apóstoles de apóstoles (y sigue)”,podrán derrotar y echar fuera de los mares y tierras de este mundo al enemigo de nuestras almas. Creen que cuando esto se haya cumplido, podrá volver el Señor Jesús. Siendo de ese modo, la venida de Jesús depende de la Iglesia.

Consecuentemente, la gloria es para esa iglesia conquistadora… pero ausente de la realidad bíblica.

Realmente, y por años me mareé bastante con tanto trajín y con tantas olas. Por un lado esperaba la venida del Señor a por su Iglesia de un momento a otro, por otro lado creía que la Iglesia tenía la encomienda del Señor de establecer el Reino en este mundo, antes de Su venida, y pensaba… ¿Cómo va a haber tiempo material para hacer toda esa tarea, si el Señor ya viene? Y ¿Cómo va la Iglesia a establecer el Reino en esta tierra sin el Rey presente?

No me salían los números. En ese momento, fui consciente de estar en dos barcos a la vez, navegando en direcciones opuestas, hasta que, definitivamente me quedé en un solo barco, el de bandera premilenarista, y en él avanzo seguro en el rumbo que marca la Biblia, sin lugar a dudas… y hasta aquí valga esta metáfora marinera.

“El llamado “poder temporal”

“El llamado “poder temporal” no es solamente el contemplado por el catolicismo romano y papal como teatral columna que sostiene su existencia, sino que es contemplado y anhelado por muchos que se llaman evangélicos, auspiciado, fomentado y alimentado por el falso movimiento apostólico, el G12, y otras hierbas venenosas”

2. El famoso Y2K (el efecto año 2000)

…Y llegaba el año 2000. Una gran mayoría esperaba el paso del terrible “efecto del año 2000”, en inglés el famoso, ya caduco y olvidado Y2K.

Ese fue el momento en el que muchos pensaban que el mundo se iba a pique por la caída de todas las computadoras. Muchos hicieron un  buen negocio con todo ello, y los falsos profetas y profetisas también, porque se les escuchó más que nunca antes.

Los profetas y profetisas de turno, sobre todo los de corte posmilenarista/dominionista, auguraban carencias, desastres y tumultos sin par.

También decían que gracias a ese evento sin precedentes, la Iglesia iba a tomar posiciones de autoridad en la tierra, y que las gentes, en desesperación iban a correr a las iglesias cristianas buscando ayuda y entregándose al Señor sin paliativos; algunos aseguraban que ese evento iba a ser el disparador del ansiado y tantas veces anunciado “Gran Avivamiento Mundial”… Todas sus falsas predicciones iban precedidas del manido “Así dice el Señor…”.

Pero llegó el uno de enero del año 2000, y nada, absolutamente nada ocurrió en el mundo, y todo lo que profetizaron esos profetas y profetisas, quedó reducido a simple y vano vapor de humo.

Muchos se acordaron de Deuteronomio 18: 22, donde la Biblia habla de los falsos profetas que hablan en el nombre del Señor, y no se cumple lo que dicen, que esa no es palabra que el Señor ha hablado.

Los deseos de muchos de ver el ansiado avivamiento quedaron truncados, aunque esto no fue del todo en vano. Gracias a lo ocurrido, y no sólo en cuanto a mi persona, sino a más hijos de Dios, fue motivo para hacerse la gran pregunta:

 “¿Qué espera realmente el Señor de Su Iglesia en estos últimos días?”

“El llamado Efecto Año 2000 fue inexistente, como inexistentes ante Dios fueron el sinfín de “profecías” que se dieron anteriormente a ese tiempo, y en relación a ello, “en el nombre del Señor”

“El llamado Efecto Año 2000 fue inexistente, como inexistentes ante Dios fueron el sinfín de “profecías” que se dieron anteriormente a ese tiempo, y en relación a ello, “en el nombre del Señor”

 3. ¿Qué espera realmente el Señor de Su Iglesia en estos últimos días? (sólo un atisbo)

“…hasta Berea…recibieron la palabra con toda solicitud, escudriñando cada día las Escrituras para ver si estas cosas eran así” (Hchs. 17: 10, 11)

Esta pregunta ha de ser cabalmente contestada, después de escudriñar la Biblia a fondo, desechando toda influencia tanto propia  - véase deseos y entendimientos personalistas – como ajena – véase añadiduras externas, como la casi inagotable cantidad de falsas profecías, falsos “decretos proféticos”, y demás sandeces que se han emitido y vertido en papel, en audio, en video, en directo y a todo color, sobre todo, en los últimos quince o veinte años hasta la fecha.

Lo que el Señor espera de Su Iglesia – es decir, de todos aquellos salvados por Él – es clave para ir en una o en otra dirección. Por eso es tan importante el estudio de la profecía, en su proyección escatológica bíblica.

Veamos. Si uno espera que Dios ha de convertir a naciones enteras (por supuesto, la de uno), y que por tanto vamos a tener una labor indescriptible en “discipular a las naciones” (caso este que en ningún lugar encontramos en la Biblia), pues eso tiene y tendrá toda una serie de consecuencias en la vida del que así procede.

El “discipular las naciones” es algo que no encontramos en la Biblia, entonces ¿por qué se enseña eso como verdad de Dios y tantos ministros lo creen también? ¿Qué está ocurriendo?”

El “discipular las naciones” es algo que no encontramos en la Biblia, entonces ¿por qué se enseña eso como verdad de Dios y tantos ministros lo creen también? ¿Qué está ocurriendo?”

4. No es lo mismo una cosa que otra

“Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos bendijo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo” (Efesios 1: 3)

Si uno cree que todas las obras y bendiciones de Dios para Sus hijos, las cuales Dios ha dispuesto en términos de eternidad, son para aquí y ahora, entonces también eso tiene y tendrá toda una muy importante serie de consecuencias en la vida del que así cree.

Vamos a ir viendo algo de todo esto a continuación.

No es lo mismo creer que estamos ya reinando, a creer que somos siervos (Jn. 18: 36; 1 Co. 4: 8)

No es lo mismo creer que ya tenemos todas las bendiciones y privilegios, a creer que eso no es todavía (1 Co. 4: 8; 1 Jn. 3: 2)

No es lo mismo creer que conquistamos las naciones, a creer que es Cristo el que conquistará las naciones (Ap.19: 11ss)

No es lo mismo creer que los cristianos ocuparemos los medios de comunicación de este mundo, a entender que cada vez se están cerrando más las puertas (Jn. 8: 23; Ef. 2: 2)

No es lo mismo creer que los cristianos ocuparemos todas las instituciones, y manejaremos los poderes a todo nivel de este mundo, a creer y ver que cada vez a los cristianos se nos están cerrando más los accesos al respecto (Jn. 7: 7; 15: 18)

No es lo mismo creer que  las religiones falsas caerán, cuando cada vez surgen nuevas y más dispares abominaciones por todas partes (Mt. 24: 5, 11, 12)

No es lo mismo creer que los gobernantes y las naciones enteras se rinden a Cristo, que ver que ocurre todo lo contrario (Mt. 10: 25; Hchs. 24: 25; 26: 24, 28)

No es lo mismo creer que los reyes y potentados, así como los humildes, y las gentes en general en este tiempo caerán de rodillas confesando sus pecados y recibiendo a Cristo, que creer y ver que es más bien todo lo contrario (Ap. 9: 20, 21; 11: 18; 18: 3)

No es lo mismo creer que las ciudades y pueblos sucumbirán al poder del “avivamiento”, entregándose a Cristo, que ver que genéricamente ocurre todo lo opuesto (Jn. 12: 38; Ro. 10: 16; Ap. 13: 16; 9: 20; 18: 23)

No es lo mismo creer que las riquezas de este mundo pasarán a manos de los cristianos, que ver que los cristianos cada vez estamos más en todo tipo de estrechura (como siempre ha sido) (Jn. 16: 33)

No es lo mismo creer que Cristo vendrá cuando el mundo le esté esperando, a creer que el tiempo de la segunda venida de Cristo será como el tiempo de los días de Noé o de Lot (Lc. 17: 26, 28)

No es lo mismo creer que la política y el gobierno de las naciones estarán en las manos de la Iglesia, que creer que la Iglesia partirá con el Señor antes de los juicios del Altísimo (1 Ts. 4: 13-18; 1 Ts. 1: 10)

No es lo mismo creer que el mundo se rendirá a Cristo, a creer que Cristo hará que el mundo se rinda a Él (S. 2: 5 ss; Ap. 2: 27)

No es lo mismo creer que la Iglesia conquista el mundo para Cristo, a creer que es el Padre el que pone a Sus enemigos por estrado de Sus pies (S. 110: 1; 1 Co. 15: 27)

No es lo mismo creer que ya reinamos, a creer  que todavía no se ha manifestado lo que hemos de ser (1 Jn. 3: 2)

No es lo mismo… ¿cierto? Entonces, deberemos de una vez y por todas escoger.

Lo primero es falsa teología posmilenarista/dominionista- triunfalista. Lo segundo es teología premilenarista y por tanto, bíblica. No hay reino sin el Rey. Cuando venga el Rey, habrá reino.

“Cash Luna disfrazado de guerrero medieval. "

“Cash Luna disfrazado de guerrero medieval. El mensaje actual y engañoso de tantos acerca del dominio y conquista de la Iglesia en este mundo, es falso porque, como poco, está sacado de contexto y tiempo, y sólo puede producir irrealidad, fantasía, faltas expectativas, falsa fe, codicia, soberbia y altivez, etc. etc. en los corazones de muchos que se lo creen”

¿Todo es “por fe”…?
¿Y ustedes creen que creer lo que no se ha de creer no tiene o tendrá consecuencias?...

¿Saben cuál es el más peligroso de los engaños del diablo? Aquel que es agradable al oído del que está dispuesto a creer cualquier cosa porque cree que “todo es por fe”.

Por un mal concepto de lo que es “por fe” se llega a creer y hacer cualquier cosa.

El diablo está encantado con las malas interpretaciones de frases bíblicas como: “Al que cree todo le es posible” (Mr. 9: 23)

Muchos creen que todo está basado en “creer”, pero olvidan que es creer conforme a lo que es de Dios, no conforme al parecer de cada cual, a pesar de la buena intención, la cual no basta.

Muchos dicen que todo “es por fe”, y así creen cualquier cosa; pero olvidan que es por fe sólo que es según la fe de Dios, no el sueño, el deseo, la interpretación al uso de cada uno, aún y sonando el asunto muy “espiritual”.

Por eso el diablo hace su agosto con ese tipo de creyentes que todo lo creen. Y, díganme, ¿Verdad que la idea de contemplar la Iglesia reinando aquí y ahora en este mundo es deseable, atractiva?  Pero ¿es digna de ser creída? y – por qué no – “por fe”?

Es deseable, pero no es de fe, porque no es bíblica. No es digna de ser creída.

¡Creamos a la verdad, no a la subjetividad!

La “fe” como excusa para el egoísmo
Genéricamente hablando, la realidad es que no hay suficiente amor por la Palabra de Dios. El motivo por el cual muchos que se dicen creyentes hacen más caso a su subjetividad que a la verdad, es porque sólo quieren encontrar en su “fe cristiana” la solución a sus problemas, necesidades y anhelos, poco más que eso.

Evidentemente, eso no es amar a Dios, sino a uno mismo, con la excusa de decir que se ama a Dios…

(Continuará)

Dios les bendiga.

© Miguel Rosell Carrillo, pastor de Centro Rey Jesucristo, Madrid, España.
www.centrorey.org
Noviembre 2010

FIN