
CRÓNICAS EN FREIBURG, ALEMANIAÍndice del estudio
“El que da testimonio de estas cosas dice: Ciertamente vengo en breve. Amén; sí, ven, Señor Jesús” (Ap. 22: 20) |
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“Enseñando en la iglesia de brasileños de Freiburg, del Ps. Rogelio Vidal Moreira”
(2 Pedro 3: 3, 4) “…en los postreros días vendrán burladores, andando según sus propias concupiscencias, 4 y diciendo: ¿Dónde está la promesa de su advenimiento? Porque desde el día en que los padres durmieron, todas las cosas permanecen así como desde el principio de la creación”
A pesar de tantos burladores que hoy en día niegan con desprecio la venida del Señor a por los suyos, o que vienen a decir que faltan miles de años para que eso ocurra, la realidad bíblica es bien distinta.
La profecía bíblica está ahí para decirnos que la Bienaventurada Esperanza se va a cumplir en un momento específico, cuando el Padre envíe al Hijo con todos los suyos a la tierra; Él se quede en el aire, mientras los millones de muertos en Cristo de todos los tiempos, como espíritus, bajen a la tierra y se reincorporen (resuciten) con cuerpos esta vez de gloria.
Nosotros, los que quedemos, seremos entonces transformados, siguiendo a los recién resucitados en su ascenso a los aires para recibir allí al Señor, como las águilas cuando ascienden (1 Ts. 4: 14-17; Lc. 17: 37)
“Todo el que procure salvar su vida, la perderá; y todo el que la pierda, la salvará. Os digo que en aquella noche estarán dos en una cama; el uno será tomado, y el otro será dejado. Dos mujeres estarán moliendo juntas; la una será tomada, y la otra dejada. Dos estarán en el campo; el uno será tomado, y el otro dejado. Y respondiendo, le dijeron: ¿Dónde, Señor? Él les dijo: Donde estuviere el cuerpo, allí se juntarán también las águilas” (Lucas 17: 33-37)

“El pastor y amigo mío Qevork Garabedian”
“Venid y volvamos a Jehová; porque él arrebató, y nos curará; hirió, y nos vendará. Nos dará vida después de dos días; en el tercer día nos resucitará, y viviremos delante de él. Y conoceremos, y proseguiremos en conocer a Jehová; como el alba está dispuesta su salida, y vendrá a nosotros como la lluvia, como la lluvia tardía y temprana a la tierra” (Oseas 6: 2-3)
Los dos días de apartamiento de Israel respecto al trato de Dios (Oseas 6: 2), y la consecuente paralización de la obra divina sobre Jerusalén e Israel respecto a lo concerniente a las setenta semanas de Daniel, está ya en su final, en estos días.
Esos dos mil años profetizados en relación al pueblo judío, que empezaron cuando el Mesías lloró sobre Jerusalén, exclamando que la casa de ellos iba a quedar desierta hasta el momento del retomar Dios la obra con ellos por siete años (Dn. 9: 27), están ya prácticamente finalizados.
“¡¡Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas, y apedreas a los que te son enviados!! ¡Cuántas veces quise juntar a tus hijos, como la gallina junta sus polluelos debajo de las alas, y no quisiste! He aquí vuestra casa os es dejada desierta. Porque os digo que desde ahora no me veréis, hasta que digáis: Bendito el que viene en el nombre del Señor” (Mateo 23: 37-39)
La promesa inefable de Dios sobre los judíos como nación, es que en el tercer día, los iba a resucitar. Iban a volver a vivir para Dios.
Si estos dos mil años de apartamiento de Israel ya han prácticamente finalizado, estando Israel en su tierra original desde mayo de 1948, ¿En qué momento no podría producirse el Rapto de la Iglesia?
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“El lugar era idílico, de un verde insuperable”
Algunos tienen un entendimiento entenebrecido acerca de la Iglesia y de su preparación para ser arrebatada. Dicen que falta mucho para que la Iglesia esté preparada, y sea sin mancha ni arruga (Ef. 5: 27), y por eso el Señor Jesús todavía no puede regresar a por ella. Se equivocan en todo esto.
En primer lugar, el Señor Jesús siempre puede regresar, porque su venida no depende de ningún factor humano. Volverá cuando el Padre le envíe, y punto.
En segundo lugar, la Iglesia según nosotros la entendemos, jamás estará preparada, ¡jamás!
El asunto no es como nosotros vemos la Iglesia, sino la Iglesia que Dios ve, la cual no es la que nosotros vemos: “Conoce el Señor a los que son suyos…” (2 Ti. 2: 19)
Es en el tiempo de Dios cuando Jesús volverá, y el Padre está llevando Su agenda al detalle.
Basándose en un solo versículo, otros dicen que el Señor no puede volver hasta que todos los individuos que pueblan este planeta hayan escuchado el evangelio de salvación, pero eso no dice la Biblia.
“Y será predicado este evangelio del reino en todo el mundo, para testimonio a todas las naciones; y entonces vendrá el fin” (Mateo 24: 14)
La enseñanza de que el mundo entero ha de creer, o ser lleno del conocimiento de Cristo antes del Arrebatamiento de la Iglesia, es doctrina que no se encuentra en la Biblia, y menos aún se puede obtener por la simple interpretación de un solo versículo, en este caso, Mt. 24: 14.
El Señor habló en ese versículo de Mt. 24: 14, no de la predicación del Evangelio de la Gracia (salvación), sino de la predicación (en el griego (kerijzétai), la traducción mejor es proclamación), del Evangelio del Reino (evaggélion tes basileías). ¿Cuál sería la diferencia?
El Evangelio de la Gracia enfatiza la figura del Salvador y su labor al respecto. El Evangelio Del Reino enfatiza la figura del Rey de reyes, y por tanto, de su autoridad en los cielos y en la tierra (Mt. 28: 18).
El Evangelio del Reino es: las nuevas del Reino, y no hay Reino sin Rey. Por lo tanto, el primer capítulo del Evangelio del Reino es la proclamación del Rey Jesucristo mismo.
¡Toda la tierra sabrá que Jesucristo es el Señor y el Rey de reyes en su momento!
Este mensaje será enteramente proclamado en el tiempo cuando el Señor Jesucristo esté en este mundo reinando desde Jerusalén por toda la tierra habitada:
“…la tierra será llena del conocimiento de la gloria de Jehová, como las aguas cubren el mar”(Habacuc 2: 14)
Además, el evangelio del Reino será predicado a todos los grupos étnicos, no a cada individuo, como condición para que venga el fin (*)
(*) Nótese que el fin no es el Arrebatamiento. En todo caso el fin aludido en Mt. 24: 14, no puede ser sino, o bien el fin de este actual orden de cosas (“…el mundo está bajo el maligno” 1 Jn. 5: 19), o bien al fin del Milenio, cuando este planeta sea consumido para que recibamos nuevos cielos y nueva tierra (2 Pedro 3: 10, 13).
El mismo Señor aseguró: “Ciertamente vengo en breve” (Ap. 22: 20)
¡No pongamos condiciones a Su venida!
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“El pueblecito donde estuve, cerca de Freiburg” |
“Enseñando en la iglesia “Luz a las naciones” el domingo, la iglesia del Ps. Quevork” |

“Patricia tuvo mucho quehacer traduciéndome, y lo hizo muy bien”
“Mas como en los días como los de Noé, así será la venida del Hijo del Hombre” (Mateo 24: 37)
“Asimismo como sucedió en los días de Lot; comían, bebían, compraban, vendían, plantaban, edificaban, mas el día en que Lot salió de Sodoma, llovió del cielo fuego y azufre, y los destruyó a todos. Así será el día en que el Hijo del Hombre se manifieste” (Lucas 17: 28-30)
El Señor Jesús nos enseñó que volvería en los días semejantes a los que fueron los días en los que vivó Noé y en los que vivió Lot. Ellos fueron dos justos tremendamente atribulados por la maldad que les rodeaba… ¿y no son así estos días?
En estos años finales, cuando más énfasis se hace acerca del “avivamiento mundial” (que siempre está a las puertas, pero nunca llega), la “conquista y discipulado de las naciones”, etc. etc. el mismo Señor Jesucristo aseguró que la maldad, es decir, la negación de los principios judeo-cristianos, iba a aumentar…. ¿y no es así?
En Ezequiel, leemos al respecto de Sodoma y las demás ciudades destruidas por el juicio de Dios:
“He aquí que esta fue la maldad de Sodoma: soberbia, saciedad de pan, y abundancia de ociosidad tuvieron ella y sus hijas...” (Ezequiel 16: 49)
Esto mismo es lo que está ocurriendo en esta sociedad materialista actual: saciedad de lo necesario, y saciedad de lo innecesario.
A esto hay que añadir las diferentes abominaciones que caracterizaron a Sodoma (de donde viene la palabra sodomita, es decir, homosexual). Seguimos leyendo en Ezequiel:
“Y se llenaron de soberbia, e hicieron abominación delante de Mí, y cuando lo vi, las quité” (Ez. 16: 50)
Fueron quitadas de la vista de Dios, porque fueron destruidas por fuego y azufre. Esas ciudades de los días de Lot se llenaron de orgullo – llegaron a creer que podían subsistir por sí mismas sin necesidad de Dios, como ocurre hoy en día – e hicieron todo tipo de abominación, exactamente como ocurre hoy en día.
La abominación que acaece en nuestro tiempo es como la de los días de Lot. Sólo de un poco a esta parte, los “matrimonios” entre personas del mismo sexo, y hasta la adopción de niños por parte de ellas son una lamentable y abominable realidad. Lo sintomático de esto, es que relativamente no ha habido protestas masivas. Se ha creído el engaño de que hay que aplicar el principio de la tolerancia aquí, pero en realidad han aprendido a llamar a lo bueno malo y a lo malo bueno.
Ni digamos ya del aborto, que es asesinato, de la pederastia, de la violencia de género, del terrorismo de diferente signo, y de un sinfín de malignidades que existieron en los días de Noé y de Lot, aunque sin lugar a dudas, la peor de todas, es la de rechazar al Salvador, cumpliéndose así la palabra: “¿Cuánto mayor castigo pensáis que merecerá el que pisoteare al Hijo de Dios, y tuviere por inmunda la sangre del pacto...?” (Hebreos 10: 29). Curiosamente, esta es una abominación en la que no participó la gente de Sodoma y Gomorra (ver Mt. 10: 15)
Cuando un individuo o sociedad se entregan por completo al hedonismo (búsqueda del placer por el placer), y a la libertad individual mal entendida, y eso siempre puede ocurrir cuando hay saciedad de pan, y abundancia de ociosidad, la consecuencia siempre es soberbia, abominación y todo tipo de perversión. Ese fue el fruto de Sodoma y Gomorra, y lo es el de esta sociedad global.
Jesús lanzó al aire una pregunta: “Cuando venga el Hijo del Hombre, ¿hallará fe en la tierra?” (Lc. 18: 8), y la respuesta la encontramos en Mt. 24: 37 y en Lc. 17: 26; 28-30: Los días como los de Noé y como los de Lot.
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“En la iglesia del Ps. Qevork”
Los días como los de Noé y como los de Lot en los que el Señor volverá, no son días de fe en la tierra, avivamiento y gloria, sino de mucha maldad y apostasía, y lamentablemente, muchos que profesan ser cristianos no quieren abrir sus ojos ante la realidad que vivimos, dejándose engañar y embaucar por una cantidad ingente de falsos maestros (falsos profetas, falsos apóstoles, falsos pastores, etc.) que les inician y dirigen hacia la codicia y la mentira, y en el proceso, les vacían la cartera de su dinero con la falsedad de que así pactan con Dios. No es de extrañar que esos falsos ministerios pulpistas se enriquezcan cada vez más, siempre a costa de tantos ingenuos.
Muchos están engañados, y engañando a muchos, diciendo que el Reino ha de ser establecido en este mundo por la Iglesia, y así podrá volver el Señor Jesús. Esa doctrina postmilenarista, errada desde su base, está haciendo que muchos crean algo que no es cierto y que les puede arrastrar a un significativo bajón en su fe, si no a tirar la toalla definitivamente.
Es tiempo de creer la verdad y a la verdad. El Señor Jesús puede volver a por nosotros en cualquier momento. No pondrá sus pies sobre tierra esta vez (1 Ts. 4: 17), sólo vendrá a recogernos. Será un poco más tarde cuando ponga Sus pies sobre el monte de los Olivos (Hchs. 1: 11), cuando vuelva glorioso, y nosotros con Él.
No nos cansaremos de insistir y enseñar lo mismo, para que nadie quede sin saber, al menos por lo que por nuestra parte se refiere.
Dios les bendiga, y un abrazo singular al Ps. Qevork, su familia, su iglesia, el Ps. Rogelio y todos los suyos, y a todos los que aman Su venida allí donde estén.
MARANATHA!
© Miguel Rosell Carrillo, pastor de Centro Rey, Madrid, España.
www.centrorey.org
Octubre 2010