EN EL REINO MILENIAL

(Parte primera)

Índice del estudio

Estudio bíblico

“La mano de Jehová vino sobre mí, y me llevó en el Espíritu de Jehová, y me puso en medio de un valle que estaba lleno de huesos. 2 Y me hizo pasar cerca de ellos por todo en derredor; y he aquí que eran muchísimos sobre la faz del campo, y por cierto secos en gran manera. 3 Y me dijo: Hijo de hombre, ¿vivirán estos huesos? Y dije: Señor Jehová, tú lo sabes. 4 Me dijo entonces: Profetiza sobre estos huesos, y diles: Huesos secos, oíd palabra de Jehová. 5 Así ha dicho Jehová el Señor a estos huesos: He aquí, yo hago entrar espíritu en vosotros, y viviréis. 6 Y pondré tendones sobre vosotros, y haré subir sobre vosotros carne, y os cubriré de piel, y pondré en vosotros espíritu, y viviréis; y sabréis que yo soy Jehová. 7 Profeticé, pues, como me fue mandado; y hubo un ruido mientras yo profetizaba, y he aquí un temblor; y los huesos se juntaron cada hueso con su hueso. 8 Y miré, y he aquí tendones sobre ellos, y la carne subió, y la piel cubrió por encima de ellos; pero no había en ellos espíritu. 9 Y me dijo: Profetiza al espíritu, profetiza, hijo de hombre, y di al espíritu: Así ha dicho Jehová el Señor: Espíritu, ven de los cuatro vientos, y sopla sobre estos muertos, y vivirán. 10 Y profeticé como me había mandado, y entró espíritu en ellos, y vivieron, y estuvieron sobre sus pies; un ejército grande en extremo. 11 Me dijo luego: Hijo de hombre, todos estos huesos son la casa de Israel. He aquí, ellos dicen: Nuestros huesos se secaron, y pereció nuestra esperanza, y somos del todo destruidos. 12 Por tanto, profetiza, y diles: Así ha dicho Jehová el Señor: He aquí yo abro vuestros sepulcros, pueblo mío, y os haré subir de vuestras sepulturas, y os traeré a la tierra de Israel. 13 Y sabréis que yo soy Jehová, cuando abra vuestros sepulcros, y os saque de vuestras sepulturas, pueblo mío. 14 Y pondré mi Espíritu en vosotros, y viviréis, y os haré reposar sobre vuestra tierra; y sabréis que yo Jehová hablé, y lo hice, dice Jehová” (Ezequiel 37: 1-14)

¡Cómo la Biblia nos habla con claridad meridiana, si sólo estamos dispuestos a entender y creer confiados en Su Autor!

En el Reino milenial

Si estudiamos detenidamente este pasaje de la Escritura, nos damos cuenta que su contexto queda perfectamente claro al leer el versículo 11: “Me dijo luego: Hijo de hombre, todos estos huesos son la casa de Israel”. Esos huesos secos que poco a poco se van transformando hasta vivir de nuevo, es Israel.

En cuanto a cuando iban a experimentar un cambio hacia la vida, queda claro también por esa misma escritura que es a partir de su regreso a su tierra: “…y os traeré a la tierra de Israel(V. 12b)

Israel ya está de nuevo en Israel, cumpliéndose así la profecía bíblica:

“Di, por tanto: Así ha dicho Jehová el Señor: Yo os recogeré de los pueblos, y os congregaré de las tierras en las cuales estáis esparcidos, y os daré la tierra de Israel (Ez. 11: 17)

Véase también acerca de Jerusalén: “…y Jerusalén será otra vez habitada en su lugar, en Jerusalén” (Zacarías 12: 6b)

Los judíos fueron esparcidos por las naciones, es decir, eran como huesos secos en gran manera llenando todo un valle (vers. 1-3), y así fue por unos dos mil años (ver Oseas 6: 2). Como escribe MacArthur: “Esto ilustra la condición de muerte, dispersión e inercia de la nación, como un árbol seco (Ez. 17: 24) al cual sólo Dios puede dar vida otra vez”

El mismo Señor le pregunta al profeta si esos huesos volverán a vivir, y cuándo, y creo que la respuesta es clara: esos huesos que representan a Israel (y no el mundo), van a volver a vivir, como está escrito:

“… ha acontecido a Israel endurecimiento en parte, hasta que haya entrado la plenitud de los gentiles; y luego todo Israel será salvo…” (Romanos 11: 25, 26)

Los que se han olvidado de Israel, y aún le injurian, quedarán chasqueados cuando se aperciban de la obra que Dios todavía ha de hacer al respecto:

“Y pondré mi Espíritu en vosotros, y viviréis, y os haré reposar sobre vuestra tierra; y sabréis que yo Jehová hablé, y lo hice, dice Jehová(Ez. 37: 14)

Como escribí en mi artículo “¿Quién es el Israel de Dios?” http://www.centrorey.org/escatologia/esc_02.html las promesas incondicionales de Dios, no están sujetas a la debilidad ni al criterio humano. Cuando Dios dice algo, se compromete con Su dicho, hasta cumplirlo a la postre y a la perfección, y todo en su tiempo.

La fidelidad de Dios, no depende de la fidelidad o infidelidad del hombre, ni está sujeta a ellas:

“Si fuéremos infieles, Él permanece fiel; El no puede negarse a sí mismo” (2 Timoteo 2: 11)

Los propósitos de Dios siempre se cumplirán y nada ni nadie podrá detenerlos, y esto también, respecto a Israel.

“El valle de los huesos secos, describe la dispersión de los judíos por todas las naciones, lejos de su tierra y de la bendición de Dios”

“El valle de los huesos secos, describe la dispersión de los judíos por todas las naciones, lejos de su tierra y de la bendición de Dios”

1. Dios va a terminar con el pecado y va traer justicia perdurable en relación a Israel

“Setenta semanas están determinadas sobre tu pueblo y sobre tu santa ciudad, para terminar la prevaricación, y poner fin al pecado, y expiar la iniquidad, para traer la justicia perdurable, y sellar la visión y la profecía, y ungir al Santo de los santos” (Daniel 9: 24)

Dios no terminó con Israel. Como estudiamos en las “Setenta Semanas de Daniel” (Dn. 9: 20-27), quedan todavía siete años en la recámara, para que la Palabra se cumpla en relación al Israel nacional y a su eterna capital, Jerusalén.

El pueblo de Daniel es Israel, y la santa ciudad es Jerusalén. Como vimos, ese terminar la prevaricación, poner fin al pecado, expiar la iniquidad y traer la justicia perdurable, así como a ungir al Santo de los santos, significa respectivamente:

1. Acabar con la desobediencia a lo mandado por Dios; fin de la rebelión.
2. Acabar con el rechazo a la voluntad de Dios, a vivir de espaldas a Dios.
3. Acabar con la iniquidad como tal, que es la injusticia
4. Establecer la justicia eterna.
5. Cumplir con lo descrito proféticamente en la Palabra referente a Israel.

Todo ello, ineludiblemente implica una conversión a Dios, sólo posible a través de creer y recibir a Jesucristo (Jn. 1: 12), y eso ocurrirá con el Israel que será salvo una vez haya entrado la plenitud de los gentiles (Ro. 11: 25, 26)

6. El ungimiento del lugar Santísimo del Templo Milenial (Ez. 40). Como escribe MacArthur al respecto:

“Se refiere a consagrar el Lugar Santísimo en un templo futuro que será el centro de adoración en el reino milenario (Ez. 40-48)”

“La tierra de Israel, el Eretz Israel, será hasta el fin del Milenio la tierra de los judíos, ya que les fue dada por su Dueño, Dios”

“La tierra de Israel, el Eretz Israel, será hasta el fin del Milenio la tierra de los judíos, ya que les fue dada por su Dueño, Dios”

Final feliz para Israel
Resumimos esta parte diciendo que, efectivamente, vienen tiempos de sufrimiento para el futuro Israel de Dios, la llamada “angustia para Jacob”, pero a la postre será librado de todo ello, tal y como dice Jeremías:

“¡Ah, cuán grande es aquel día! tanto, que no hay otro semejante a él; tiempo de angustia para Jacob; pero de ella será librado” (Jeremías 30: 7)

En solo siete años, la última shabua (Dn. 9: 27), Dios restablecerá a Israel como nación suya, y la confirmará como cabeza de naciones, tal y como profetizó Isaías, 730 años antes de Cristo:

“Lo que vio Isaías hijo de Amoz acerca de Judá y de Jerusalén. 2 Acontecerá en lo postrero de los tiempos, que será confirmado el monte de la casa de Jehová como cabeza de los montes, y será exaltado sobre los collados, y correrán a él todas las naciones. 3 Y vendrán muchos pueblos, y dirán: Venid, y subamos al monte de Jehová, a la casa del Dios de Jacob; y nos enseñará sus caminos, y caminaremos por sus sendas. Porque de Sion saldrá la ley, y de Jerusalén la palabra de Jehová. 4 Y juzgará entre las naciones, y reprenderá a muchos pueblos; y volverán sus espadas en rejas de arado, y sus lanzas en hoces, no alzará espada nación contra nación, ni se adiestrarán más para la guerra” (Isaías 2: 1-4)

Nos detendremos aquí. Este pasaje, así como muchos otros, tiene un cumplimiento futuro. Su cumplimiento tendrá lugar en el Milenio (Ap. 20).

Algunos comentaristas claramente reemplacistas, aseguran que este pasaje se cumplió con la primera venida del Señor, pero no es correcta esa interpretación; veamos por qué:

1. Habla de los últimos tiempos. Básicamente, los “últimos tiempos” empezaron con la ascensión del Mesías a los cielos, y seguirán hasta entrado el Milenio (Hchs. 2: 17; 1 Ti. 4: 1; 2 Ti. 3: 1; Ap. 20)

2. En el tiempo de la primera venida del Señor, en ninguna manera Israel fue confirmado como cabeza de naciones, sino todo lo contrario. El Señor declaró sobre Israel: “Vuestra casa os es dejada desierta…” (Mt. 23: 38), y menos todavía las naciones corrieron a Israel para que les enseñara los caminos del Señor.

3. Tampoco Israel juzgó entre las naciones y reprendió a muchos pueblos, etc. Y si alguien pretende decir que es la Iglesia la que tomando el lugar de Israel (reemplacismo), la cual hizo o hace estas cosas, entonces ya tenemos una perfecta excusa para el dominionismo reconstruccionista, tan típico de la institución papal a lo largo de su historia… ¡y tan falso!

4. Que los pueblos y las naciones vuelvan sus espadas en rejas de arado, y no haya guerras, es obvio que jamás ha ocurrido…todavía.

Es del todo evidente, por tanto, afirmar que esa profecía veterotestamentaria no ha tenido su cabal cumplimiento todavía, ni nada que se le parezca. Todavía deberá cumplirse, y lo hará, porque “nuestro Dios no es hombre, para que mienta, ni hijo de hombre para que se arrepienta. El dijo, ¿y no hará? Habló, ¿y no lo ejecutará?”(Nm. 23: 19)

Véase bien, se cumplirá sobre el Israel que Dios dijo y dice que es; el Israel nacional, y no la Iglesia, la cual no tiene ciudadanía en esta tierra (Fil. 3: 20). Entiéndase que la Iglesia glorificada reinará con Cristo (Ap. 5: 10). Como dice Chuck Smith:

“Cuando Jesús venga a reinar, la Iglesia reinará con Él”

Esa profecía de Isaías 2, así como decenas más que hablan de lo mismo, y en cuanto al mismo (Israel), tendrá su cumplimiento cabal y rotundo en el Reino Milenial, llamado también Reino Mesiánico, a partir justo después de la venida gloriosa del León de la tribu de Judá.

Necesitamos luz para comprender lo que de facto ocurrirá durante el Reino Milenial. Pero antes, procedamos a comprender el por qué del próximo regreso del Mesías.

“El que cabalgará un caballo blanco, el Fiel y Verdadero, vendrá. Su Nombre es el Verbo de Dios (Ap. 19: 13)”

“El que cabalgará un caballo blanco, el Fiel y Verdadero, vendrá. Su Nombre es el Verbo de Dios (Ap. 19: 13)”

2. ¿Por qué va a volver Jesucristo a este planeta?

“Y vi tronos, y se sentaron sobre ellos los que recibieron facultad de juzgar; y vi las almas de los decapitados por causa del testimonio de Jesús y por la palabra de Dios, los que no habían adorado a la bestia ni a su imagen, y que no recibieron la marca en sus frentes ni en sus manos; y vivieron y reinaron con Cristo mil años(*) (Ap. 20: 4)

(*) Algunos aseguran que esos mil años no son literales. No hay base para decir eso, ya que la palabra griega que se traduce por “mil”, es “Jíliás”, y justamente ese vocablo significa “mil” o “un millar”

En este pasaje vemos relatados ciertos eventos que han de ocurrir cuando Cristo regrese:

a) Se instaurarán tronos, y se sentarán los que hayan sido constituidos para juzgar al resto de las naciones (ethnos) que hayan quedado después del Armagedón, véase Mateo 25: 31ss.

b) Juan vio por anticipado a aquellos que todavía deberán morir por Cristo en el contexto de la Gran Tribulación (hecho del futuro).

c) Estos amados, así como la Iglesia que ya habrá sido arrebatada y glorificada, también vivirán y reinarán con Cristo (Ap. 1: 6; 5: 10).

d) El periodo de ese Reino sobre este planeta, queda claramente especificado. Serán mil años.

Sobre esto último, los discípulos de Cristo, que sabían y creían acerca de las promesas del Reino Mesiánico reveladas en el A.T. le preguntaron al Maestro justo antes de su ascensión a los cielos cuándo se cumplirían esas promesas (Hchs. 1: 6).

Ellos en esos momentos todavía eran ignorantes que la manifestación visible del Reino aún no se debía producir, sino al final de los días, como lo entendemos por el libro de Apocalipsis, es decir, a causa de Su venida gloriosa.

La Biblia enseña que Jesús regresará a esta tierra. Ahora algunos no han profundizado en esta cuestión, y solamente llegan a entender que lo hará, “para juzgar a todos, llevar a los salvos al cielo y destruir el planeta” (básica posición amilenarista y postmilenarista)…pero, ¿Qué sentido tendría el que Él descendiera de Su trono, sólo para hacer eso?, y, ¿Qué de las promesas mesiánicas acerca del Reino prometido a Israel que todavía no se han cumplido? y, ¿Qué del cumplimiento de la oración modelo que nos enseñó (Mt. 6:9-13)?

No, no. Aunque omitidas por algunos, existen razones poderosas, y expresadas en las Escrituras, por las cuales el Señor de Señores y el Rey de reyes volverá en gloria a este planeta.

Jesús volverá poniendo sus pies sobre esta tierra (Zac. 14: 4; Hchs. 1: 11) para acabar parte de la obra que empezó en la cruz: instaurar Su Reino, aquel Reino que entonces solamente se había acercado (Mt. 3: 2). En ese momento fehacientemente se cumplirán a cabalidad sus palabras: “Venga a nosotros Tu Reino, hágase tu voluntad, como en el cielo, también en la tierra…” (Mt. 9: 10)

Una vez el mundo deje de estar bajo el maligno (1 Juan 5: 19b), una vez el ángel toque la séptima trompeta (ver Ap. 11: 15), la Teocracia visible y tangible deberá ser un hecho constatable por un cierto tiempo en este planeta, antes de los nuevos cielos y nueva tierra (Ap. 21), lo será por mil años, porque así ha sido escrito, y así nos ha sido revelado.

Todavía el lobo deberá morar con el cordero y el leopardo con el cabrito se acostará; el becerro y el león y la bestia doméstica andarán juntos, y un niño los pastoreará (Is. 11: 6).

Todavía la vaca y la osa pacerán, sus crías se echarán juntas; y el león como el buey comerá paja. Y el niño de pecho jugará sobre la cueva del áspid, y el recién destetado extenderá su mano sobre la caverna de la víbora” (Is. 11: 7, 8)

Todos saben que todavía todo esto no ha ocurrido.

Todavía – dijo el Señor - no harán mal ni dañarán en todo Mi santo monte porque la tierra será llena del conocimiento de Jehová, como las aguas cubren el mar (Is. 11: 9)

Todos saben que todavía todo esto no ha ocurrido.

Ese período prometido hasta la saciedad en las Escrituras todavía no se ha producido, y no va dirigido a la Iglesia en primera instancia (léase Ef. 2: 14-16), sino a Israel, el Israel nacional, una vez sea salvo y entre a presidir sobre las naciones (ethnos) en el Reino Milenial (Deut. 28: 13; Miq. 4: 1-3; Is. 2: 1-4; 11: 10; Joel 2: 25-27; 3; Zac. 14: 16ss.; etc.)

“La realidad Milenial se prodigará por toda la tierra; esto será consecuencia del cumplimiento de la profecía que dice que la tierra será llena del conocimiento de Jehová como las aguas cubren el mar (Is. 11: 9; Hab. 2: 14)”

“La realidad Milenial se prodigará por toda la tierra; esto será consecuencia del cumplimiento de la profecía que dice que la tierra será llena del conocimiento de Jehová como las aguas cubren el mar (Is. 11: 9; Hab. 2: 14)”

La Iglesia, una vez glorificada, será de facto la Esposa del Cordero por toda la Eternidad, y estará allá donde el Cordero esté, pero Israel como tal pertenece a esta tierra, y las promesas que Dios hizo a Israel se deberán cumplir, ya que muchas no se pueden adecuar a la Iglesia (ya que su ciudadanía es celestial y no terrenal).

Como dice Timothy J. Demy:

“En los mil años que siguen a la segunda venida de Jesucristo, Israel y Jerusalén serán la tierra y la ciudad santas que se convertirán en el centro de toda la actividad mundial”

De esto habló Dios por medio del profeta Isaías dirigiéndose a los judíos:

“Mas os gozaréis y os alegraréis para siempre en las cosas que yo he creado; porque he aquí que yo traigo a Jerusalén alegría, y a su pueblo gozo. 19 Y me alegraré con Jerusalén, y me gozaré con mi pueblo; y nunca más se oirán en ella voz de lloro, ni voz de clamor. 20 No habrá más allí niño que muera de pocos días, ni viejo que sus días no cumpla; porque el niño morirá de cien años, y el pecador de cien años será maldito. 21 Edificarán casas, y morarán en ellas; plantarán viñas, y comerán el fruto de ellas. 22 No edificarán para que otro habite, ni plantarán para que otro coma; porque según los días de los árboles serán los días de mi pueblo, y mis escogidos disfrutarán la obra de sus manos. 23 No trabajarán en vano, ni darán a luz para maldición; porque son linaje de los benditos de Jehová, y sus descendientes con ellos(*) (Isaías 65: 18-23)

(*) Nótese que habrá descendencia entre los hombres que vivan en el Milenio.

Durante el llamado Milenio, es decir, el periodo de tiempo del Reino prometido a Israel (Hchs 1: 6), Israel será cabeza de naciones en esta tierra, y se cumplirán a cabalidad todas las promesas específicas dadas por Dios por los profetas veterotestamentarios en relación a Israel.

Siendo así, todos los que sobrevivirán de las naciones (Ethnos, o gentes) que hayan quedado para entrar en el Reino, “subirán de año en año para adorar al Rey, a Jehová de los ejércitos, y a celebrar la fiesta de los tabernáculos” (Zac. 14: 16ss). Esto último lo hemos estado viendo cuando analizamos Isaías 2: 1-4.

Proseguiremos en una nueva entrega, ya que es un tema extenso y requiere de toda la atención y estudio detallado.

En una nueva entrega, estudiaremos acerca de la actividad espiritual en el Milenio.

Dios les bendiga.

© Miguel Rosell Carrillo, pastor de Centro Rey, Madrid, España.
Octubre 2009
www.centrorey.org